Forment, Damián
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Biografía GER
Vida. Uno de los escultores más importantes del Renacimiento español y centro de la escuela de la Corona de Aragón en dicha época. Es profundamente representativo, como ejemplo de los caracteres e influencias que aparecen en España en el momento de transición del gótico al renacimiento clasicista, fundiéndose en él ambas tendencias.La biografía de F. (en escritos y documentos aragoneses aparecerá, a veces, como Formente) no es suficientemente conocida y, por lo que sabemos, no especialmente dramática ni anecdótica. Su principal testimonio son los documentos y referencias que se relacionan con sus obras y el hecho de que éstas sean, en general, importantes, no sólo artísticamente, sino como volumen material y de trabajo, es causa de su espaciamiento en el tiempo y de su constancia documental. Nació seguramente en Valencia -aun cuando alguno ha lanzado la posibilidad de su origen aragonés estricto-, donde su familia tenía taller de carpintería y escultura religiosa; su padre, Pedro F., se hace ayudar por sus hijos Onofre y Damián en obras de que tenemos noticia, como el desaparecido retablo de la Colegiata de Gandía (realizado antes de 1501) y el de 1503, de la Puridad, para el convento de S. Clara de Valencia, y otro anterior para el pueblo de Molinos. Casó con Jerónima Arboleda y tuvo una hija, Úrsula. Antes de 1510 debía estar en Zaragoza y montar taller, vista la importancia de los encargos que recibe, y de este taller irían saliendo las sucesivas obras que hace para Aragón, cuyas tierras recorrerá, dejando en ellas abundantes testimonios de su arte. Trabajará también en Cataluña y, finalmente, en Castilla, en S. Domingo de la Calzada, donde muere trabajando en el retablo de la catedral, el a. 1540. Su hija continuará con el taller de Zaragoza liquidando la producción que F. dejó.Caracteres y descripción de su obra. Ya se ha indicado al principio la hibridación de gótico y clasicismo italiano característica de este maestro. Se han hecho comentarios abundantes y variadas hipótesis sobre su sentido retardativo y la lenta evolución de su estilo, que habría pasado de un gótico flamenco a ratos, germano en otros, para desembocar en el italianismo; sin embargo, la presencia en una misma obra de esos dos campos ha hecho pensar a otros que, simplemente, va aceptando primero con timidez, luego abiertamente, lo novedoso, hasta presentarlo finalmente en la totalidad de la obra; pero esta segunda interpretación tampoco parece coincidir con la realidad cronológica de las obras, que manifiestan más bien pasos de una a otra manera de modo alternado. La realidad -ya apuntada por Gómez Moreno- puede ser mucho menos complicada: F. (que desde el principio de su formación valenciana tenía conocimiento de las novedades italianas) se vería obligado por los que encargaban obras, y por cabildos refractarios a lo nuevo, a conservar disposiciones y elementos ornamentales de tipogótico, pero siempre que le fue posible se liberó de ello; basta pensar en el escándalo ocasionado por el retablo de Poblet que es, precisamente, el más renaciente; basta pensar también en la conservación de la forma de gran tríptico gótico, para cerrar con puertas, de los retablos del Pilar y S. Pablo de Zaragoza y el de la catedral de Huesca. Pero, además de lo que influyese el gusto de los contratadores, hay otra razón explicativa: F. realiza esas obras no con sus propias manos, sino en su taller y, al recurrir a manos ajenas, era forzoso que aceptase y conjugase varios estilos y maneras; eso explica el mismo matiz vario de lo gótico. Con respecto a este aspecto de colaboración en la ejecución es necesario indicar que el estudio de la escultura aragonesa renacentista es necesario replantearlo, como consecuencia de la mezcolanza de estilos no siempre coincidentes con lo documental a consecuencia de las cesiones y recesiones de obra entre los diferentes talleres. En un momento de plenitud, el taller de F tomó y colaboró con cuanto había en Zaragoza de este arte. Flamencos, franceses, italianos, aragoneses, se juntan en la labor.El retablo de Gandía tenía elementos arquitectónicos y ornamentales italianizantes. Y lo mismo los restos que hay en el Museo de Valencia y otras obras perdidas para la catedral y otros lugares. Hizo también entonces un puente -¿de madera?- en el Grao de Valencia para el desembarco de los reyes D. Fernando y Da Germana. Su gran oportunidad y obra de monumentalidad muy ambiciosa es el encargo del gran retablo mayor para la Iglesia del Pilar de Zaragoza, que, queriendo emular la magnitud del retablo gótico de la catedral del Salvador, es propuesto como modelo de estilo y disposición, así como de material: el alabastro, policromado. Entre las góticas molduras, contrafuertes y pináculos, aparecen bellos relieves renacentistas en la predella y medallones en el zócalo, con los retratos del propio artista y de su esposa y tres densas y monumentales escenas en la parte superior, llenas de nobles figuras y clasicismo naturalista.Gómez Moreno dice: "Forment descubre ya su genio en los tres colosales grupos del Pilar, sin que podamos filiarlo concretamente bajo la acción de ningún otro maestro; guarda un punto de equilibrio entre lo medieval y lo renacentista; es sencillo y grandioso, sensible y plástico, espontáneo y correcto; sus figuras son macizas y aplomadas; pero cuando van sueltas entre la arquitectura, cobran una gracilidad y elegancia capaz de hacerlas vibrar destacándose; no se copia nunca a sí mismo, a pesar de tanta repetición de asuntos a que obligaba el estrecho repertorio iconográfico religioso de sus encargos; y era tal su fecundidad de recursos, libre de rebuscamientos, que será difícil hallar una coincidencia entre los muchos centenares de efigies que constituyen su labor" (Escultura del Renacimiento en España, Barcelona 1932, 26). El retablo había sido encargado a Miguel Gilbert, que sin duda lo proyectó, dio una traza y aun es posible que hiciese algo, pero la muerte interrumpió su labor. Se puso la primera piedra en 1510 y hay testimonios documentales relacionados con F. de 1511 y 1515; se debió concluir hacia 1518. La policromía ha desaparecido en las restauraciones del templo. Si con el del Pilar se quiso emular el de la catedral, con ambos quiso rivalizar -e imitarlos- el de la iglesia de S. Pablo, aun cuando en él se emplease, más modestamente, la madera, que conserva su dorado y policromía; aquí el taller intervino más, pero la escultura del Titular, magnífica, es pieza fundamental del autor, que contrató en 1511. En 1518 -cuando se estaban concluyendo los retablos anteriores- se contrata el de la Iglesia de S. Miguel, bellísimo, sobre todo en algunas de sus partes, muy italianizante, sin goticismos, pero, a pesar de las referencias documentales, no lo creo esencialmente obra de F. Por estas mismas fechas hace sepulcros y retablos para muchas iglesias de Zaragoza, entre ellas para S. Engracia, y también esculturas, exentas varias; la mayor parte se ha perdido. En 1520 contrata el retablo mayor para la catedral de Huesca, que, a su vez, quiere emular a los de Zaragoza; se pide al artista, incluso, que lo haga mejor; es más fino en detalle que el del Pilar, más primoroso, pero también más confuso y abarrocado; la mezcla de estilos es manifiesta; el recuerdo indudable de Donatello en el gran Cristo central resplandece. Contrata en los años siguientes abundantes retablos para distintos lugares, entre ellos el de la Magdalena de Zaragoza, del que queda la parte que fue concluida, con un Cristo muy parecido al de Huesca. En 1527 comienza el retablo del monasterio de Poblet, en mármol, absolutamente renaciente, obra muy bella que pagará con duro castigo el abad promotor y ocasionará disgustos a F., que en ese momento es ya famosísimo y rico; a pesar de las intrigas manifiestas aún ejecutará otras obras en Cataluña. El mismo italianismo aparecía en el casi completamente destruido sepul-ro del virrey Lanuza, en Alcañiz, del a. 1537, el mismo en que comienza el gran retablo de S. Domingo de la Calzada, en madera estofada, de una composición y tono decididamente dentro del plateresco castellano y en que sin duda planea el dramatismo y dinamicidad de lo berruguetesco.El a. 1539 contrató con el platero Lamaison las figuras en plata, estupendas, de la magnífica custodia plateresca de la catedral zaragozana, que coincide en su exuberancia decorativa con el retablo de la Calzada, labor interrumpida por la muerte del artista, en 1540, siendo terminado por dos de sus colaboradores. En Zaragoza, en el taller, quedaba empezado el retablo para la catedral de Barbastro, las partes concluidas de su predella fueron compradas, a la hija de F., por Juan de Liceire, para continuar la obra -muy primorosa- que tampoco él habría de concluir, sino más tarde Juan Miguel de Urliens.FEDERICO TORRALBA.
BIBL.: M. ABIZANDA Y BROTO, Documentos para la historia artística y literaria de Aragón.... Zaragoza 1915, 1917, 1932; ÍD, Damián Forment, Barcelona 1942; F. TORRALBA SORIANO, Guía artística de Aragón, Zaragoza 1960; 1. CAMÓN AZNAR, La escultura y la rejería españolas del siglo XVI, en Summa Artis, XVIII, Madrid 1961; IVI. GóMEZ MORENO, La escultura del Renacimiento en España, Barcelona 1932.
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