Física I FÍS.
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Física
1. Introducción. Física deriva del griego lisis, naturaleza; en sentido lato es, pues, el estudio de la naturaleza o universo sensible. Sin embargo, en el sentido estricto en que se la entiende actualmente es necesario introducir dos restricciones: en primer lugar, se excluye el punto de vista filosófico, reservado a otra disciplina, la Cosmología (v.), quedando así incluida la F. entre las ciencias empíricas. Pero aún no basta: es necesaria una nueva restricción, por la que se excluye del campo de la F. el estudio de los seres vivos como tales, reservado a otra ciencia empírica, la Biología (v.). Con criterio epistemológico riguroso debería detenerse aquí el análisis, pero por razones más bien pragmáticas, desde tiempo atrás se ha tenido que desgajar del cuerpo de la F. un gran capítulo con el nombre de Química (v.). La verdad es que los criterios que pretenden diferenciar la F. general de la Química no son muy satisfactorios y que cuanto más progresan una y otra disciplina su frontera se hace más imprecisa. Aquí vamos a considerar la F. reducida a su campo más restringido, con lo que podemos dar de ella la siguiente definición: "es la ciencia empírica que estudia las propiedades generales y comunes a todos los cuerpos", diferenciándose concretamente de la Química en que ésta se ocupa de las propiedades específicas, es decir, no comunes, de los mismos cuerpos, aunque es necesario puntualizar que las propiedades comunes a las que nos referimos no se manifiestan idénticas, por lo menos cuantitativamente, en todos ellos.2. Desarrollo histórico. a. La Antigüedad. Aunque en las antiguas civilizaciones del Oriente Medio empezaron a florecer las ciencias de la naturaleza, sobre todo la Astronomía y tal vez la Medicina, no es posible descubrir ningún antecedente de lo que hoy entendemos por F. Es necesario llegar a Grecia, cuyos filósofos trataron de interpretar el funcionamiento del Universo, bien que haciendo uso de métodos que hoy nos parecen demasiado especulativos. En época tan precoz como el s. v a. C. Demócrito (v.) de Abdera concibe su atomismo (v.), apoyado únicamente sobre razonamientos filosóficos falsos, pero que resulta una especie de precedente de teorías físicas modernas. Menos de un siglo después aparece su genial oponente Aristóteles (v.), que fue el primer organizador sistemático de la F. propiamente dicha, a la que dio incluso el nombre que todavía conserva. La F. de Aristóteles dejó una huella tan profunda en el desarrollo del pensamiento científico occidental que no puede prescindirse de ella, pese al descrédito en que ha caído modernamente. Ante todo es preciso reconocerle el mérito de haber visto la importancia de la experiencia en el desarrollo científico, sin despreciar el papel reservado a la razón. Combatió el atomismo imponiendo una interpretación continuista de la naturaleza.Las directrices de la F. aristotélica, prescindiendo del rasgo citado que le imprime su carácter propio, pueden resumirse en los siguientes términos: las leyes por las que se rige el mundo sublunar no son las mismas que rigen para los astros: el movimiento natural de los astros, que nada puede perturbar, es el movimiento circular uniforme, el movimiento perfecto. El movimiento (v.) local es el cambio de lugar en el espacio. Todo cuerpo tiene señalado en el mundo sublunar su lugar propio; si el cuerpo se encuentra en su lugar propio permanece en reposo; si se encuentra fuera, tiende a ocuparlo espontáneamente y adquiere un movimiento natural, para el cual no se requiere la intervención de ninguna fuerza. Un movimiento que se opone al movimiento natural de un cuerpo es un movimiento forzado y no se produce sin intervención de una fuerza. El lugar propio de los cuerpos pesados está "hacia abajo", y el de los cuerpos ligeros "hacia arriba". En cuanto a la estructura de los cuerpos (v. MATERIA), en el plano físico no pasa de la consideración de los cuatro elementos, tierra, agua, aire y fuego, recibidos de la filosofía anterior. La teoría de la materia prima y la forma sustancial pertenece al plano metafísico (v. HILEMORFISMO). Otra particularidad curiosa es la afirmación de que la naturaleza tiene "horror al vacío". Los fenómenos físicos de orden mecánico se explican con la intervención de fluidos imponderables. La electricidad y el magnetismo son desconocidos; las propiedades del ámbar y de la piedra-imán son simples curiosidades.El sistema aristotélico siguió vigente en líneas generales durante los siglos siguientes, y si pueden citarse algunas figuras como Arquímedes (v.; s. III a. C.), a quien se debe la ley de la palanca, y sobre todo el descubrimiento del empuje hidrostático, que le colocan muy por encima de la ciencia de su tiempo, y a Herón (s. II a. C.), que realizó estimables progresos en hidráulica, en realidad cambiaron muy poco las ideas generales reinantes.b. La Edad Media. Durante la Edad Media la F. de Aristóteles, como su Filosofía, se convirtió en doctrina indiscutible. Pero en F. perdió mientras tanto lo único de bueno que había en ella, su apelación a la experiencia, que fue sustituida por la apelación a la autoridad del maestro; ello fue causa del poco progreso de la ciencia experimental en esta época, que en cambio fue muy brillante para las ciencias del espíritu: el Derecho, la Filosofía y la Teología alcanzaron gran desarrollo y llegaron a verdaderas cimas. Algunas figuras del Prerrenacimiento insinuaron cierto cambio de mentalidad, como S. Alberto Magno (1193-1280; v.) y sobre todo Roger Bacon (121494; v.), que sentó teóricamente las bases de la ciencia experimental, y a quien se puede considerar como precursor de los nuevos métodos.c. El Renacimiento. Tres siglos más tarde, ya en pleno Renacimiento, Francis Bacon (1560-1626; v.), se propuso cancelar con el Novum Organum el antiguo Organon aristotélico, sustituyéndolo por una metodología estrictamente experimental. Un siglo antes se había levantado la figura solitaria de Leonardo da Vine¡ (1452-1519; v.), genio enciclopédico típico del Renacimiento, que obtuvo resultados positivos en el campo de la verdadera F., llegando incluso a diseñar aparatos hidráulicos y máquinas voladoras. En la historia de la F. tiene aún mayor interés Simón Stevin (1548-1620), conocedor de cosas tan importantes como la ley del paralelogramo, la de los vasos comunicantes, la paradoja hidrostática, etc. Sin embargo, los verdaderos sistematizadores de la nueva ciencia fueron Galileo Galilei (1564-1642; v.) y Johannes Kepler (1571-1630; v.), sistematización que culminó un siglo más tarde con Isaac Newton (v.). Galileo trató de organizar la Mecánica a partir de la ley de la inercia (v.), que supo formular claramente y le situó en abierta oposición con la doctrina física de Aristóteles. Formuló las leyes del péndulo (v.) y en parte las de la caída de los cuerpos (1590). Kepler, por su parte, ajustándose al más ortodoxo método empírico, enunció sus tres célebres leyes del movimiento planetario (1609).d. Siglos XVII al XIX. La Mecánica. Ya hemos indicado que la F. -adquirió por primera vez su forma que hoy llamamos "clásica" por obra de Newton y sus contemporáneos (v. MECÁNICA I), es decir, en el s. XVII, que fue el siglo de oro de la Mecánica; si bien en la misma época empezaron a elaborarse la óptica y la Electricidad, así como también el estudio del calor. Antes de Newton hay que señalar la obra de René Descartes (1596-1650; v.), para quien la base de la Mecánica es su desacertada ecuación entre la fuerza y la cantidad de movimiento.Isaac Newton (1643-1727; v.) es una de las figuras culminantes en la historia de la F.: su Mecánica resistió incólume cuatro siglos y todavía hoy sigue siendo válida en el dominio de las pequeñas velocidades y de los sistemas macroscópicos. Descansa sobre los tres postulados: ley de la inercia (v.), ecuación fundamental de la Dinámica (v.) y principio de la acción y la reacción, y se desarrolla por vía matemática. Como sustrato para este desarrollo aparecen los conceptos explícitamente formulados del espacio absoluto y del tiempo absoluto. No menos valiosa que la elaboración de la Mecánica racional general es la formulación de la ley de la gravitación universal (v.) en 1686. Hay una faceta en la obra de Newton que no se puede pasar por alto: su descubrimiento del cálculo diferencial en la forma de teoría de fluxiones, porque se trata del instrumento inventado expresamente para la construcción de la Mecánica. Dos siglos más tarde, en 1851, Ch. E. Foucault (v.) llevó a cabo un espectacular experimento para poner en evidencia el movimiento absoluto de rotación (v.) de la Tierra, de acuerdo con las ideas de Newton, haciendo oscilar un largo péndulo bajo la cúpula de los Inválidos en París. Algunos problemas especiales habían sido atacados con anterioridad, como, p. ej., el choque (v.) elástico, cuya teoría dio Ch. Huygens (v.) en 1655, o lo fueron después, como las leyes del rozamiento (v.), formuladas por Ch. A. Coulomb (v.) en 1770, o las del giróscopo (v.) por H. L. Fizeau en 1852.La Mecánica de Newton recibió una forma muy elegante en la obra de J. B. D’Alambert (1717; v.), autor de un principio que reduce formalmente la Dinámica a la Estática (v.), y principalmente en la de J. L. Lagrange (1736-1813; v.), a quien se debe la formulación de las ecuaciones fundamentales en coordenadas generalizadas, y la más brillante aplicación en la Mecánica celeste de P. S. Laplace (1749-1827; v.). Esta disciplina alcanzó su máxima perfección, más adelante, con los trabajos de W. R. Hamilton (1805-1865) y C. G. Jacobi (180451; v.), sobre todo con el enunciado de los principios de la mínima acción (1834), que vienen a ser una generalización del que había sido propuesto en 1747 por P. L. Maupertuis, y tal vez antes por Leibniz (1707). Paralelamente al desarrollo de la Mecánica del punto material y de los sistemas rígidos, se iba desenvolviendo la Mecánica que hoy llamamos "de medios continuos". La ley fundamental de la elasticidad (v.) fue encontrada por R. Hooke hacia 1680, y en el mismo campo trabajaron sucesivamente T. Young, S. D. Poisson y G. Lamé, entre otros.Por otro lado, se iba organizando también el estudio de los gases y líquidos, que pronto iba a desembocar en la Termodinámica (v.). Blas Pascal (1623-1662; v.) debe ser considerado como el verdadero fundador de la Hidrostática, cuyo principio fundamental le debemos. El experimento de E. Torricelli sobre la presión atmosférica data de 1643; E. Mariotte nació en 1620 y R. Boyle (v.) en 1627; J. Dalton (v.) en 1766 y J. L. Gay-Lussac (v.) en 1778: las leyes que llevan sus nombres respectivos constituyen las bases de estas disciplinas. La Mecánica de los fluidos (v.) perfectos encontró su formulación definitiva por obra de L. Euler (1707-1783; v.) y J. L. Lagrange, y sobre todo con la ecuación de Bernouilli (1738; v.), completada más tarde para fluidos reales, al tener en cuenta la viscosidad, por H. Navier (1827), S. D. Poisson (1831) y G. G. Stokes (1845). La Hidrodinámica física ha progresado después por obra de C. A. Reynolds (1842-1912), L. Prandlt (1877-1953), O. W. Richardson (1879-1959) y T. von Karman (1881-1963), sobre todo en lo que se refiere al difícil problema de la capa límite (V. FLUIDOS II).Daniel Bernouilli (1700-1782; v.), que había iniciado el cálculo de probabilidades, inició también la teoría cinética (v.) de los gases en 1738, la cual tuvo un rápido desarrollo en manos de J. C. Maxwell (1831-1879; v.), L. Boltzmann (1844-1906) y otros. La teoría cinética abandona el punto de vista del medio continuo y se inscribe decididamente del lado del atomismo, revalorizado por J. Dalton (1766-1844; v.) en el campo de la Química, y sobre el cual se habían apoyado también J. D. Van der Waals, al proponer su ecuación de estado para gases reales (1738), y A. Avogadro (1776-1856; v.), con su atrevida hipótesis acerca del número de moléculas gaseosas contenidas en un recinto. Esto no obsta para que los investigadores siguiesen usando la técnica de la continuidad como recurso metodológico muy eficaz.La teoría del calor. El estudio del calor (v.) y de la Termología (v.) al principio iba más atrasado; se seguía considerando el calor como un fluido imponderable e indestructible, al que se llamaba calórico, capaz de acumularse en los cuerpos y de pasar de unos a otros. El mismo S. Carnot (v.), que publicó su famosa ley del rendimiento térmico (V. GENERADORES Y MOTORES II) en 1824, lo hizo sin abandonar ese punto de vista. Abundaron las investigaciones experimentales, empezando por el fenómeno de la dilatación (v.) y la definición de la temperatura (v.) (A. Celsius, 1742). Siguieron después los trabajos sobre cambios de estado físico (V. ESTADOS DE LA MATERIA V), con el descubrimiento del punto crítico por Ch. Cagniart de la Tour en 1822, la regla de las fases (J. W. Gibbs, 1876) y las leyes de F. M. Raoult (1886; v.). Los calores específicos (V. CALOR III) y los calores latentes fueron objeto al mismo tiempo de cuidadosas medidas por parte de distintos experimentadores, y P. L. Dulong y J. L. Petit publicaron su ley sobre los calores molares en 1818. El problema de la propagación del calor fue estudiado por J. B. Fourier (1778-1830; v.).La Termodinámica (v.), siguiendo la pauta de la Mecánica de fluidos, empezó a desenvolverse siguiendo dos direcciones independientes. La Termodinámica analítica se proponía formular algunos principios apoyados directamente sobre la experiencia y deducir de ellos todas sus consecuencias. El principal organizador de la nueva disciplina fue R. Clausius (1822-1888), que la estableció hacia 1850 sentando como primer principio el de la equivalencia entre calor y trabajo, que había sido propuesto por R. Mayer en 1842 y comprobado experimentalmente por J. P. Joule (v.) en 1850. El segundo principio es una interpretación muy amplia de la ley de Carnot (v.) sobre el rendimiento térmico, establecida sobre el concepto de entropía (v.), introducido por Clausius. Más tarde, en 1898, W. Nernst (v.) introdujo el llamado tercer principio, al que posteriormente dio M. Planck (1912) una nueva formulación. Dentro de este orden de ideas había que renunciar a la interpretación sustancial del calor y considerarlo como una forma de la energía, punto de vista reconocido explícitamente por H. Helmholtz (v.) en 1847. Otras aportaciones valiosas a la Termodinámica analítica fueron las de B. Clapeyron (1799-1864), cuya ecuación para los cambios de fase data de 1834, y de lord Kelvin (v.) (W. Thomson, 1824-1907) a quien se debe el concepto de temperatura absoluta, etc.La Termodinámica estadística fue sistematizada vigorosamente por J. C. Maxwell (1831-79) y L. Boltzmann (v.), que interpretaron de acuerdo con la teoría cinética los conceptos de presión y temperatura y establecieron la ley de equipartición de la energía. De esta forma proporcionaron una explicación del movimiento browniano, descubierto en 1827, que resultaba incompatible con el segundo principio en su forma analítica. A Boltzmann se debe, además, la expresión de la entropía en términos de probabilidad. Muchos de los investigadores citados como cultivadores de la Termodinámica analítica se distinguieron al mismo tiempo en el campo de la Termodinámica estadística, pues una y otra no son incompatibles. Poco después, 1. W. Gibbs (1839-1903) estructuró la Termodinámica estadística, definitivamente incorporada a la Mecánica (v. MECÁNICA II) como un cuerpo de doctrina perfecto: introdujo por primera vez en la F. el uso de espacios abstractos y abrió el camino a la futura Mecánica cuántica. La consideración del espacio fásico ha sido una de las ideas más fecundas y revolucionarias.La Acústica. Otra rama de la F. también absorbida por la Mecánica fue la Acústica (v.). Una vez reconocido que la causa de los sonidos (v.) reside en el movimiento vibratorio de los medios elásticos, no hubo razón física para reservar un dominio especial a la acústica musical, sino que las vibraciones supersónicas (V. ULTRASONIDO) y subsónicas deben alinearse con las vibraciones sonoras en pie de igualdad. E. Mach (1838-1916) reconoció la importancia que la velocidad del sonido juega en Aerodinámica y describió las ondas de choque.El análisis de las características del sonido, en particular del timbre, fue iniciado por Helinbritz, quien demostró en 1859 que todos los sonidos resultan de una vibración fundamental a la que se superponen varios armónicos, idea inspirada en el análisis armónico de J. B. Fourier (v.). El registro gráfico de las vibraciones sonoras fue llevado a cabo por F. Kónig (1770-1833), y la reproducción fue lograda por primera vez de modo puramente mecánico por T. A. Edison (v.) (fonógrafo, 1877). Las medidas de la velocidad del sonido se llevaron a cabo con métodos acústicos, es decir, empleando el oído humano como detector; dicha velocidad, característica para cada medio, se ha convertido en un parámetro elástico y termodinámico de gran importancia. El efecto Doppler (v.) fue descubierto en 1842 para las ondas sonoras, aunque después ha podido generalizarse a todo movimiento ondulatorio.La óptica. La eclosión de la óptica (v.) y el estudio de la luz (v.) se manifestó con una serie de descubrimientos de orden experimental: las leyes de la reflexión de la luz eran conocidas desde tiempo inmemorial; las de la refracción fueron presentadas por R. Descartes, cuyo nombre muchas veces llevan, aunque habían sido descubiertas por W. Snell en 1621 (V. REFLEXIÓN Y REFRACCIÓN). Las relaciones existentes entre el índice de refracción y la longitud de onda no fueron investigadas hasta mucho más tarde. En Descartes se encuentra también el fenómeno de la reflexión total. Todos estos conocimientos se sintetizan en el principio de P. Fermat (v.), enunciado por este físico en 1658. Los fenómenos de polarización (v.) por reflexión fueron estudiados por E. L. Malus en 1808 y por D. Brewster en 1812 y la doble refracción del espato de Islandia, descubierta por E. Bartholinus (1625-98), fue estudiada por W. H. Wollaston y W. Nicol con vistas a la polarización por refracción y a la óptica cristalina. La refracción cónica fue dada a conocer por H. Lloyd en 1833, y la polarización rotatoria fue estudiada por J. B. Biot hacia 1810. La difusión de la luz a través de medios turbios fue investigada por J. Tyndall (1820-1893) y perfeccionada por lord Rayleigh (1842-1919; v.), que dio la ley de la cuarta potencia en 1881.Newton había descubierto los anillos de interferencia que llevan su nombre, pero fueron T. Young (17731829) y A. J. Fresnel (1778-1827; v.) quienes experimentaron de un modo completo sobre los efectos de difracción (v.) y de las interferencias (v.). Por otra parte, O. Rómer había medido la velocidad de la luz en 1675 por la observación de los eclipses de los satélites de Júpiter; y J. Bradley lo hizo en 1728, utilizando el fenómeno astronómico de la aberración (v.), y A. H. Fizeau en 1849 y J. B. Foucault (v.) en 1854, por medio de ingeniosos dispositivos de laboratorio.Como se ve, todos los descubrimientos citados se refieren a la propagación de la luz en el vacío o a través de la materia. El fenómeno de la emisión de la luz, es decir, de su producción, merece consideración aparte. En 1666 Newton había llevado a cabo el experimento de la descomposición de la luz solar por medio del prisma, pero hasta 1802 no se descubrió la mejora esencial de hacer pasar la luz incidente a través de una estrecha rendija, dispositivo ideado por W. H. Wollaston y con el cual J. Fraunhofer descubrió en 1815 las famosas rayas oscuras que llevan su nombre. Estos trabajos fueron completados por A. J. Angstrom (1814-54), que dedicó casi toda su actividad investigadora a la exploración del espectro solar y ha dado nombre a la unidad que se usa para la medida de longitudes de onda. Más tarde, hacia 1861 R. W. Bunsen y G. R. Kirchhoff (v.) iniciaron el análisis espectral (V. ESPECTROS; ESPECTROSCOPIA), y el último publicó la ley de la absorción que lleva su nombre. El espectroscopio de prisma fue sustituido, con gran ventaja, por el de rejilla de difracción hacia 1880 por el mismo Fraunhofer, y llevado a la perfección por H. A. Rowland.El espectro luminoso fue ampliado en ambos sentidos, el de las longitudes de onda largas y el de las cortas (V. RAYOS ULTRAVIOLETA E INFRARROJOS). F. W. Herschel encontró las radiaciones infrarrojas en 1800 y J. W. Rilter las ultravioleta en 1801, aunque al principio no se reconoció su identidad de naturaleza con las radiaciones luminosas y fueron calificadas de ondas caloríficas y de ondas actímicas o químicas, respectivamente. La exploración del espectro infrarrojo se hizo principalmente con el bolómetro de S. P. Langley (1857) y el radiómetro de J. A. D’Arsonval (1886), mientras que para la del ultravioleta bastaba con la placa fotográfica.Los espectros de rayas habían sido considerados al principio como signos útiles para la identificación de los elementos químicos, pero su distribución, tan desordenada a primera vista, era un enigma. J. J. Balmer, en 1885, encontró la primera regularidad en el espectro del hidrógeno con la serie que lleva su nombre, a la que siguieron las de F. Paschen y J. Lyman. El problema de la distribución de la energía en función de la longitud de onda y de la temperatura para un espectro continuo empezó a preocupar a los investigadores. G. R. Kirchhoff había dado una solución en 1860 que sólo se ajusta bien con la observación para grandes longitudes de onda, y L. Boltzmann, en 1884, otra válida para las ondas cortas. J. Stefan publicó su ley de la cuarta potencia de la temperatura para la radiación total en 1879 y W. Wien la suya del corrimiento del máximo en 1893.El problema de la velocidad de la luz también fue objeto de nuevas investigaciones. A. H. Fizeau, en 1851, trató de estimar la influencia del movimiento del medio transmisor (agua) y comprobó un arrastre parcial del éter, que quedó sin explicación satisfactoria. Finalmente, el estudio de los fenómenos de fluorescencia y fosforescencia, que tanta importancia han adquirido posteriormente, fue iniciado por P. Lenard en 1851 y por H. Becquerel (1852-1908).Paralelamente a este brillante desarrollo experimental aparecía la óptica teórica con dos orientaciones antagónicas: Newton patrocinó la teoría corpuscular de la luz, o de la emisión, mientras su contemporáneo Ch. Huygens (1629-1695; v.) defendió la teoría ondulatoria (V. ONDAS) y enunció el famoso principio que lleva su nombre. Pese a las serias dificultades con las que tropezaba la teoría corpuscular para dar explicación de muchos de los fenómenos observados, la gran autoridad de Newton hizo que se impusiera durante bastante tiempo. Sin embargo, cuando A. J. Fresnel logró presentar una teoría undulatoria completa y coherente, que explicaba todos los fenómenos entonces conocidos, y llegó a la audacia de medir longitudes de onda, la evidencia se impuso. La pieza esencial de la teoría de Fresnel es el éter inmóvil, que llena los espacios cósmicos. El éter, dotado de propiedades contradictorias, era una sustancia difícil de concebir. El panorama cambió cuando J. C. Maxwell (v.) en 1864 publicó la teoría electromagnética de la luz; el éter elástico de Fresnel fue sustituido simplemente por el éter electromagnético, también inmóvil. La teoría de Maxwell era satisfactoria para la óptica del vacío, pero presentaba dificultades cuando se intentaba aplicarla a la propagación en los medios materiales. En 1895 H. A. Lorentz decidió completar la teoría de Maxwell con la consideración de los electrones, que por aquel entonces iban siendo conocidos, y obtuvo un éxito completo. Con todo esto la óptica pasó a ser un simple capítulo de la Electricidad.El Electromagnetismo (v.). La historia de la electricidad (v.) se remonta todo lo más a mediados del s. XV, cuando esta palabra empezó a usarse. Los primeros fenómenos conocidos se refieren a la electrización por frotamiento, y pronto se reconoció la existencia de dos clases de electricidad, que fueron bautizadas con los calificativos de vítrea y resinosa y más tarde con los de positiva y negativa, asignándoles los signos + y -. Benjamín Franklin (1706-90; v.) fue uno de los primeros investigadores en este campo; reconoció que el rayo y el trueno son fenómenos eléctricos e inventó el primer pararrayos. Se sabía que las electricidades del mismo nombre se repelen, y las de nombre contrario se atraen, y se conocían los fenómenos de influencia (v. ELECTROSTÁTICA). Otto de Guericke construyó la primera máquina electrostática en 1671, a la que siguieron otras hasta llegar a la de Wimshurst (1883). La ley fundamental de la Electrostática en forma cuantitativa fue propuesta por Ch. A. Coulomb (v.) en 1785, mientras M. Faraday (17911867; v.) daba una interpretación intuitiva del campo electrostático con sus líneas de fuerza, y S. D. Poisson construía la teoría matemática del potencial en 1811.Casi al mismo tiempo que se trataba de explorar el campo eléctrico empezaron los trabajos sobre la corriente eléctrica. L. Galvani realizó su experimento con ranas y un arco bimetálico en 1786 y A. Volta (1745-1827; v.) encontró el efecto de la electrización por contacto en 1791 y construyó la primera pila en 1800. Durante cierto tiempo se tendía a explicar los fenómenos eléctricos mediante la teoría de los dos fluidos; después se pensó que bastaba con.uno solo. La corriente eléctrica sería el paso del polo positivo (cobre en la pila de Volta) al negativo (cinc). Más tarde hubo de reconocerse que las cosas no son tan sencillas.La corriente eléctrica, aunque invisible en sí misma, produce tres tipos de efectos perfectamente perceptibles: en primer lugar, H. Davy en 1795 había descompuesto el agua haciendo pasar una corriente eléctrica a través de una disolución diluida de ácido sulfúrico, comprobándose luego que descomposiciones químicas más o menos complicadas se producen siempre al paso de una corriente por una disolución de un ácido, una base o una sal (electrólitos; v. ELECTRÓLISIS). En segundo lugar, una aguja magnética se desvía cuando pasa una corriente eléctrica por un conductor cercano, hecho descubierto por H. Ch. Oersted en 1820, de donde se puede deducir el sentido de la corriente. Por último, los conductores metálicos se calientan al ser atravesados por una corriente eléctrica, de acuerdo con la ley formulada por J. P. Joule en 1840. A estos efectos generales hay que añadir otros especiales, que se fueron conociendo poco a poco, y que tienen como característica común el ser reversibles: el efecto Seebeck fue encontrado por este físico en 1826 y sirve de fundamento a las pilas termoeléctricas (v. TERMOELECTRICIDAD); el efecto Peltier, en 1834 (es el inverso del efecto Volta, citado antes); el efecto Thomson, en 1854.En 1826 fue descubierta la ley de Ohm y en 1831 Faraday descubrió la inducción electromagnética y la autoinducción, fomulando las leyes que rigen estos fenómenos, así como las leyes de la electrólisis (1833). A M. Ampére (1775-1836; v.) sistematizó todos los conocimientos de la época y muy especialmente las relaciones entre la electricidad y el magnetismo, formulando el teorema fundamental que lleva su nombre, del que se deduce la ley de Biot y Savart, conocida desde 1820.La teoría matemática completa del campo electromagnético fue establecida en 1861 por J. C. Maxwell (v.), quien introdujo la noción de "corriente de desplazamiento" y anunció la existencia de las ondas electromagnéticas, encontradas por H. Hertz (v.) en 1887. La obra de Maxwell en electromagnetismo es comparable con la de Newton en Mecánica.El descubrimiento del electrón (v.) constituye uno de los hitos principales en la historia de la F. Estudiando la descarga eléctrica a través de tubos llenos de gas enrarecido, J. Plücker descubrió los rayos catódicos en 1858. Pronto se reconoció que están constituidos por partículas diminutas cargadas negativamente e idénticas, cualquiera que sea la naturaleza química del gas que llena el tubo y del cátodo empleado. En 1887 Hertz descubrió el efecto fotoeléctrico (v. FOTOELECTRICIDAD) y poco después se encontraba el efecto termoiónico (v.), ambos con desprendimiento de electrones. Poco antes, en 1883, Svante Arrhenius propuso una ingeniosa explicación del paso de la corriente a través de los electrólitos (v. IONIZACIÓN), y llamó iones a los restos moleculares cargados. Por último, en 1898 J. J. Thomson consiguió medir con exactitud la masa y la carga del electrón y formuló una teoría completa. A partir de este momento muchos investigadores dedicaron sus esfuerzos al estudio del comportamiento de los electrones bajo distintas circunstancias.En 1886 E. Goldstein descubrió los rayos canales formados por iones gaseosos en movimiento. En 1895 fueron descubiertos los rayos X (v.) por W. K. Roentgen (v.), de gran poder penetrante, que nacen al chocar los rayos catódicos contra un obstáculo, aunque no pudo comprobarse su naturaleza ondulatoria hasta mucho más adelante. Ya hemos señalado más arriba el éxito obtenido por H. A. Lorentz al aplicar la teoría de los electrones a la óptica.Otro descubrimiento fundamental se produjo en 1896: la radiactividad (v.), cuando el físico H. Becquerel estaba trabajando sobre la fluorescencia. En seguida se vio que en la radiación compleja emitida espontáneamente por el uranio hay tres clases de rayos: los rayos n, formados por partículas cargadas positivamente; los rayos /3, por partículas cargadas negativamente, y los rayos y, cuya naturaleza ondulatoria no fue reconocida hasta 1912. Los rayos /3 se identificaron con los rayos catódicos (electrones libres), y las partículas a con átomos de helio doblemente ionizados. En el campo de la radiactividad trabajaron muchos físicos, distinguiéndose el matrimonio Curie (v.), que descubrieron el radio en 1898.J. J. Thomson esbozó el primer modelo atómico como partícula compuesta, en cuya constitución entran siempre los electrones, dando una base racional a la clasificación periódica de los elementos (v.) químicos propuesta por D. 1. Mendeleiev en 1861. Por esta misma época (1898) Riecke presentó la primera explicación de la conductibilidad eléctrica de los metales del que posteriormente se llamó gas electrónico.El experimento de Oersted, completado con los de Faraday citados más arriba, pusieron en evidencia el íntimo enlace entre la electricidad y el magnetismo (v.). El campo magnético creado por imanes permanentes había sido estudiado siguiendo la pauta del campo electrostático e interpretado de acuerdo con la teoría de K. F. Gauss (1777-1855) de los imanes elementales, pero una vez reconocida la identidad entre el campo creado por un imán y el creado por una corriente, se pensó que los imanes elementales son sencillamente corrientes eléctricas moleculares (Ampére, 1820) y, más tarde, que estas corrientes se deben al giro orbital de los electrones en el seno del átomo, de acuerdo con el modelo atómico de Rutherford-Bohr (v. CAMPOS, TEORÍA DE).Refundidos los dominios de la óptica y del Magnetismo en el de la Electricidad, se empezaron a investigar las múltiples relaciones que deben surgir entre fenómenos de uno y otro tipo. El mecanismo de la emisión y de la absorción de la luz a nivel atómico permanecía todavía ignorado. En 1875 fue descubierto por 1. Kerr el efecto electro-óptico, y en 1876 el efecto magneto-óptico. El efecto Zeeman (v.) fue descubierto por el físico de este nombre en 1896 y ha sido posteriormente objeto de numerosos trabajos.Al finalizar el s. XIX la F. aparece, pues, dividida en dos dominios: por un lado la Mecánica, que había absorbido a la Acústica y más tarde a la Termología gracias a la incorporación de los métodos estadísticos, -y por otro la Electricidad, que había absorbido por completo a la óptica. La tendencia a la unidad es evidente, pero los esfuerzos realizados para conseguir una interpretación puramente mecánica de los fenómenos eléctricos fracasaron. Sin embargo, se había conseguido un lazo de unión general con el principio de la conservación de la energía, cuyo dominio de validez se fue ensanchando a partir de su primitivo campo de aplicación a la Mecánica pura hasta convertirse en denominador común de la F. entera.Aplicaciones a la Técnica. Paralelamente a los avances de la ciencia pura durante estos dos fecundos siglos, se descubre un no menos espectacular despliegue de sus aplicaciones técnicas. Espigando entre las que mayores consecuencias han tenido para la humanidad, mencionaremos a continuación las principales, siendo de advertir que todas han experimentado tantos perfeccionamientos y mejoras que hoy en día no se parecen mucho a sus primitivas versiones. Es necesario puntualizar también que muchos de estos grandes inventos tuvieron precursores, a veces anónimos, que no alcanzaron éxito completo.Ch. Huygens inventó el reloj de péndulo en 1656; la máquina de vapor fue construida por J. Watt (v.) hacia 1769, y perfeccionada luego durante varios años. Las primeras fotografías fueron logradas por Daguerre en 1789, y B. Franklin construyó su pararrayos hacia 1790.El telégrafo eléctrico fue realizado por S. F. Morse (v.) en 1837. La lámpara de incandescencia fue presentada por T. A. Edison hacia 1860. El anillo de Gramme data de 1864, y la construcción de la primera dinamo práctica por E. W. Siemens, de 1866. A. G. Bell inventó el teléfono en 1872; C. P. Linde licuó el aire en 1876 y G. Marconi estableció la primera comunicación por telegrafía sin hilos en 1896.e. El siglo XX. Coincidiendo con la entrada del nuevo siglo se produce en el ámbito de la F. un profundo cambio de mentalidad. Terminada la que hoy se llama F. clásica, a la F. moderna le sigue rápidamente la F. nueva. Este cambio se caracteriza por la aparición de dos teorías revolucionarias e independientes: la teoría de los quanta (cuantos, v.) iniciada por M. Planck en 1900, y la de la relatividad (v.), iniciada por A. Einstein en 1905. Sin embargo, esta última se desarrolló y difundió más pronto que la de los quanta y conviene empezar por ella.La teoría de la relatividad. Desde la base de la supuesta inmovilidad del éter, varios físicos se habían propuesto determinar la velocidad absoluta de la Tierra en el espacio. En particular, A. A. Michelson en 1881 trató de encontrar la variación de la velocidad de la luz según la dirección, y Trouton y A. Noble, en 1903, buscaron también el llamado "viento de éter" por sus efectos sobre un condensador cargado. Los resultados fueron totalmente negativos, pese a la extraordinaria sensibilidad de los aparatos. Para explicar el fracaso H. A. Lorentz (1853-1929; v.) introdujo la noción de tiempo local y de contracción longitudinal, como efectos físicos del movimiento absoluto, y dio las fórmulas que permiten calcular uno y otra. La solución parecía demasiado forzada y así fue como A. Einstein (1879-1955; v.) en 1905 propuso la llamada teoría de la relatividad (v.) restringida. Las fórmulas que resultan para el cambio de coordenadas son idénticas a las de Lorentz. La nueva teoría obliga a renunciar a muchas ideas intuitivas vigentes en la F. clásica, en particular al espacio y al tiempo absolutos de Newton, y a la noción de simultaneidad absoluta. Poco después, H. Minkowski (que había sido profesor de Einstein) propuso una interpretación geométrica de la teoría relativista, sirviéndose de un espacio abstracto de cuatro dimensiones seudoeuclidiano. En 1916 el mismo Einstein presentó una nueva teoría, más radical, que denominó de relatividad generalizada. Para la debida formulación matemática hay que servirse de un espacio convencional de cuatro dimensiones y apoyarse en el cálculo diferencial absoluto, que pocos años antes había sido puesto a punto por los matemáticos T. Levi-Civitta y E. B. Christoffel. En la ley fundamental de la Mecánica del punto se funden la ley de la inercia y la de la gravitación de la F. clásica. Consecuencia de ella es la equivalencia entre la masa de inercia y la masa gravitatoria de cualquier partícula, hecho puramente empírico pero rigurosamente comprobado por R. von Eótvbs en 1900, y sin justificación en la Mecánica clásica. El espacio-tiempo relativista no es euclidiano; la curvatura local en cada uno de sus puntos depende de las masas que lo rodean, de modo que al cambiar éstas de posición el espacio-tiempo se deforma y estas deformaciones se propagan con la velocidad de la luz. Respecto de la curvatura media, referida a todo el universo, el propio Einstein pensó que es constante y positiva, lo mismo que su componente espacial pura. Sin embargo, A. Eddington (1882-1944) demostró que el universo estático de Einstein sería inestable. Pero hay otras soluciones: una de ellas, la de A. G. Lemaitre, supone que la hiperesfera de Einstein experimenta una expansión indefinida, y cuenta con el decisivo apoyo de la observación aportando el hecho, previamente conocido, de la fuga de las galaxias (v.).Con la teoría de la relatividad el espacio cósmico, el vacío, adquiere una estructura geométrica definida que suele llamarse campo métrico. En la Mecánica de GalileoNewton el campo métrico es euclidiano; en la Mecánica relativista su estructura está condicionada por el campo gravitatorio. En la Mecánica clásica, el campo métrico y el campo gravitatorio eran independientes y ahora aparecen identificados, pero quedan otros dos campos de fuerza todavía independientes: el campo electromagnético y el campo nuclear. Einstein dedicó los últimos años de su vida a la búsqueda de una nueva generalización que permitiese reducir a uno solo todos los campos, al que llamaba campo unificado (1929). En el mismo sentido siguen trabajando muchos investigadores, entre ellos W. K. Heisenberg. La tendencia es a introducir una quinta dimensión (T. Kaluza, 1921) o a interpretar el campo electromagnético como una "torsión" del espacio-tiempo (v. CAMPOS, TEORÍA DE).La teoría cuántica. La teoría de los quanta empezó modestamente con la pretensión de resolver un problema concreto. Ya hemos indicado los esfuerzos que hacían los físicos buscando una fórmula que diese la estructura del espectro de emisión de un cuerpo incandescente en función de la longitud de onda para cada temperatura.Pues bien, en 1900 Max Planck (1858-1947; v.) encontró una fórmula asombrosamente exacta, pero con el defecto de basarse en una hipótesis incompatible con todos los postulados de la F. clásica: la discontinuidad de la energía. Los "átomos" de energía fueron denominados quanta; los quanta son proporcionales a la frecuencia de la radiación, y la constante de proporcionalidad, que fue designada por la letra h y se llama hoy constante de Planck, tiene las dimensiones físicas de la acción hamiltoniana (trabajo. tiempo). Inicialmente, la teoría de los quanta sólo se aplicaba a los fenómenos de absorción y emisión de la energía radiante (al principio sólo a la absorción), pero Einstein en 1905, para explicar el efecto fotoeléctrico, emitió la hipótesis de los fotones (v.), que equivale a la atomización de la luz, o a la vuelta, en cierto modo, a la teoría corpuscular (v. MECÁNICA IV; CUANTOS).La Electrónica. Mientras tanto, la Electrónica (v.) hizo grandes progresos. En 1901 O. W. Richardson dio la verdadera explicación del fenómeno termoiónico, que encontró pronto aplicación práctica en la lámpara de dos electrodos, llamada también válvula en electrotecnia. Lee de Forest añadió el tercer electrodo (triodo) y de él se han derivado una multitud de tubos electrónicos de muy variados usos. En 1909, R. A. Millikan había logrado medir la carga eléctrica de un electrón, y, en 1912, Ch. T. Wilson inventó la cámara de niebla, uno de los más eficaces instrumentos de investigación, no sólo en el campo de la Electrónica sino para toda clase de partículas cargadas. El tubo de rayos X de cátodo incandescente fue diseñado por W. D. Coolidge en 1913. El antiguo tubo de Braun (1897) encontró vastísimas aplicaciones, empezando por los oscilógrafos (v.) y convirtiéndose en la pieza principal en televisión. Finalmente, J. Bardeen y W. H. Brattain inventaron los transistores en 1948. El contador de partículas de Geiger-Müller data de 1928 (V. VÁLVULAS).La Física atómica. Por esta misma época los físicos se interesaron por la estructura del átomo (v.), y dieron vida a una nueva disciplina, la F. atómica (v.). En 1911 E. Rutherford (1871-1937; v.) propuso el primer modelo planetario, completado y mejorado por Niels Bohr (18851962) en 1913. Con este modelo se daba entrada a la hipótesis de los quanta en un dominio, el atómico, hasta entonces inexplorado. Lo extraordinario del caso es que las condiciones de cuantificación postuladas por Bohr estaban en contradicción formal con la teoría electromagnética de Maxwell, y, sin embargo, el éxito en la explicación del espectro del hidrógeno fue completo. Más aún, A. Sommerfeld (1868-1951) en 1916 introdujo en el modelo de Rutherford-Bohr la corrección relativista y con ello pudo explicar la estructura fina descubierta por W. E. Lamb en 1947.Las primeras investigaciones sobre el átomo no disponían más que del análisis espectral, por medio del cual y sirviéndose, sobre todo, de las alteraciones que en el espectro producen los agentes exteriores (sobre todo el campo magnético y el campo eléctrico) pudo llegarse a una descripción bastante satisfactoria de la estructura de la corteza. Además del efecto Zeemann, ya citado, en 1913 se descubrió el efecto Stark, en 1923 el efecto Compton (v.) y en 1928 el efecto Raman. En el aspecto teórico, W. Ritz en 1908 enunció el principio de combinación, N. Bohr en 1923 el de correspondencia y W. Pauli en 1925 el de exclusión, merced a los cuales la teoría de los niveles energéticos del átomo llegó a gran perfección.Ahora bien, el estudio de los espectros ópticos sólo permite explorar la parte más externa de la corteza atómica. En cambio, los espectros de rayos X descubren las capas más profundas de esta corteza. Pero la técnica tiene que ser distinta, ya que los rayos X sólo se excitan bombardeando el átomo con electrones. La espectroscopia de rayos X nació en 1912 cuando a Max Laue (18791960) se le ocurrió utilizar un cristal natural como red de difracción. Al año siguiente W. H. Bragg perfeccionaba el método y, en 1923, P. Debye, Scherrer y A. H. Compton lo mejoraron todavía más usando polvo cristalino; en 1925 se consiguió construir redes artificiales capaces de difractar los rayos X. En 1913 H. G. Moseley formuló la ley que lleva su nombre, que relaciona la frecuencia de las rayas del espectro característico de un cuerpo con su masa atómica.Ya hemos indicado que el modelo atómico de Bohr, pese a sus aciertos, no parecía satisfactorio por su carácter híbrido, pues, mientras por un lado se aplicaban en él las leyes del electromagnetismo, por otro se introducían las condiciones cuánticas que las contradecían. Por otra parte, éste no era más que un aspecto de la antinomia que se iba enseñoreando de todos los dominios de la microfísica, y, muy especialmente, de la óptica: unas veces parece que la luz es un fenómeno ondulatorio, otras se muestra como un fenómeno corpuscular. En 1924 Louis de Broglie (v.) tuvo la idea de invertir en cierto modo el problema, y formuló la hipótesis de las ondas de materia (ondas piloto las llamó al principio), estableciendo de este modo las bases de la Mecánica ondulatoria (V. MECÁNICA ni) y vaticinando la existencia de fenómenos de difracción e interferencia con los electrones. La comprobación experimental fue llevada a cabo en 1927 por C. J. Davisson y L. H. Germer, seguida del espectacular éxito del microscopio electrónico a partir de 1931. La idea básica fue recogida por Ervin Schródinger (1887-1961; v.), a quien se debe la formulación matemática completa (1926). Pero en la ecuación de Schródinger figura una función cuya significación quedó indeterminada hasta que Max Born (1882-1970; v.), en 1927, propuso una interpretación estadística que ha prevalecido.Independientemente de ciertos trabajos, Werner Heisenberg (v.) venía desarrollando desde 1925 una mecánica de matrices llamada también Mecánica cuántica (v. MECÁNICA iv) que demostró ser equivalente a la Mecánica ondulatoria. Tanto la Mecánica ondulatoria como la cuántica introducen en el campo de la F. teórica recurs-)s matemáticos no utilizados anteriormente, pues ni los operadores diferenciales de Schródinger ni las matrices de Heisenberg son números en el sentido tradicional de la palabra. Además, las ondas de probabilidad de que se habla no se propagan en el espacio físico, sino en el espacio f ásico, de muchas dimensiones, y los resultados obtenidos por la F. teórica necesitan pasar por una fase de interpretación antes de poder ser contrastados con la experiencia.El mismo Heisenberg, en 1927, examinando el proceso de la investigación en microfísica, enunció el principio de- incertidumbre (mal llamado de indeterminación) que pone un límite esencial al conocimiento simultáneo de la posición y de la velocidad de las partículas elementales. Esta restricción impide resolver la antinomia onda o partícula, a la que hemos aludido más arriba a propósito del fotón, pero que afecta a todos los entes microfísicos, y a la cual se suele aludir con el nombre de principio de complementariedad o dualismo (Bohr 1930).La Física nuclear. Hasta aquí la F. atómica se había limitado al estudio de la corteza electrónica, pero pronto los físicos se sintieron insatisfechos y quisieron investigar la estructura del núcleo (v.), y al hacerlo provocaron la aparición de un gran número de partículas subatómicas para cuya investigación hubieron de recurrir a nuevas técnicas, dando nacimiento a la F. nuclear (v.). La primera vía de penetración, por decirlo así, la ofrecía la radiactividad (V.) natural. La isotopía entre elementos radiactivos fue descubierta por F. Soddy en 1909. Diez años después F. Aston (1877-1945) ponía a punto el espectrógrafo de masas (V. ESPECTROMETRíA DE MASAS), de enorme poder separador, con el que demostró que la isotopía es un fenómeno general, aunque J. J. Thomson en 1913 ’había ya señalado que el neón (no radiactivo) tiene un isótopo.El paso siguiente consistió en utilizar las partículas emitidas por los cuerpos radiactivos para bombardear otros núcleos atómicos. Rutherford en 1919 consiguió la primera transmutación nuclear artificial. Hasta mucho más tarde (1932) no se introdujo por J. D. Cockroft y E. T. Walton la técnica de acelerar artificialmente los proyectiles subatómicos por medio de un campo eléctrico. Éste es el antecedente de todos los aceleradores de partículas (v.) que se han construido después, cada vez Inás potentes y gigantescos; el ciclotrón, el sincrotón y el betatrón y el acelerador vertical de Van der Graaff. Durante mucho tiempo la radiactividad fue considerada como un fenómeno excepcional, ya que íracasaban todos los intentos de imitarla artificialmente, hasta que Irene Curie (1897-1956), bombardeando el aluminio con partículas a, comprobó que se volvía radiactivo. Hoy en día se sabe que todos los elementos tienen algún isótopo radiactivo, que se obtiene artificialmente. Más aún, también se obtienen átomos más pesados que el de uranio, casi siempre radiactivos (transuranianos), que no se encuentran en la Naturaleza: el primero descubierto lo fue por E. M. Mac Millan en 1940 y se llamó neptunio.Hasta 1932 las únicas partículas subatómicas reconocidas eran las partículas a (núcleos de helio), los protones y los electrones, pero en dicho año J. Chadwick descubrió el neutrón y en seguida se vio que junto con el protón constituyen los dos únicos componentes esenciales de todos los núcleos. Pronto fueron utilizados los neutrones como excelentes proyectiles atómicos. Así fue como Otto Hahn (v.) en 1938 logró escindir el átomo de uranio en dos fragmentos aproximadamente iguales con enorme desprendimiento de energía y liberación de nuevos neutrones. Este hecho fue aprovechado por Enrico Fermi (1901-1954; v.) para provocar reacciones en cadena y construir el primer reactor nuclear (v.) con moderador (1942). La primera bomba atómica de fisión (V. FISIóN Y FUSIÓN NUCLEAR) basada en el mismo fenómeno, pero utilizando neutrones rápidos, fue probada en el desierto de Álamo Gordo (EE. UU.) en 1944. La bomba de fusión o termonuclear, llamada también bomba de hidrógeno o bomba H, fundada en la fusión de cuatro núcleos de hidrógeno para constituir un núcleo de helio, tal como había supuesto el astrónomo H. A. Bethe para explicar el origen de la radiación solar en 1938, lo fue también en los EE.UU. en 1951.Cuando parecía que la F. atómica y nuclear se estaban completando y que la materia estaba constituida a base de sólo tres partículas elementales (quizá sólo de dos), apareció, ante el asombro de los físicos, una avalancha de nuevas partículas elementales, que, sin embargo, no son componentes normales de la materia. Por un lado en 1928 P. A. Dirac (v.) había elaborado una teoría del electrón y vaticinó la posibilidad del electrón positivo o positrón que fue encontrado experimentalmente por C. D. Anderson (1932). En 1930 W. Pauli había señalado la necesidad de admitir la existencia del neutrino, que fue confirmada por E. Fermi en 1934. Por otro lado, en 1913 había sido descubierta por V. F. Hess y Kolhórster la radiación cósmica (V. RAYOS CÓSMICOS) y en ella encontró H. Yukawa el primer mesón en 1935. A. Duperier (1896-1959; v.) y otros investigadores han escudriñado la complejísima composición de esta radiación y han descubierto en ella una gran cantidad de nuevas partículas, de vida efímera. Finalmente, los grandes aceleradores que hemos citado antes permiten arrancar de los átomos estas mismas partículas, no existentes en ellos previamente, pero que nacen y se destruyen con increíble celeridad. Actualmente se sigue trabajando en la investigación de las múltiples interacciones entre las numerosas partículas elementales (cuyo número aumenta de día en día) y los fotones, y se sabe que no sólo el electrón tiene su antipartícula (el positrón), sino que lo mismo ocurre con todas; el antiprotón fue reconocido en 1955 y el antineutrón el 1956 (V. ANTIMATERIA; ANTIPARTÍCULAS). Otro descubrimiento que abre grandes perspectivas teóricas y de aplicación es el laser (v.), puesto a punto por A. L. Schawlow y C. H. Townes en 1958.Entre los años 1924 y 1926 los físicos Dirac, Fermi, Einstein y Bose, inspirándose en el principio de exclusión de Pauli, trataron de extenderlo a todas las partículas, cualquiera que sea la situación en que se encuentren, y crearon dos nuevas estadísticas llamadas cuánticas, distintas de la estadística clásica (la de Maxwell-Boltzmann) que llevan los nombres de Einstein-Bose y de FermiDirac. Como es natural, la investigación sigue abierta en múltiples direcciones.J. M. JANSÁ GUARDIOLA.
BIBL.: V.t.: FÍSICA II.
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