Filipinas (pilipinas), III. Historia. HIST.
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Historia
1. Época prehispánica. Los más antiguos habitantes del país son los negritos, itas o actas, que todavía subsisten en estado bastante primitivo (v. XI).A estos pueblos corresponden probablemente las armas e instrumentos encontrados en varios lugares, sobre todo en la provincia de Rizal, que atestiguan la existencia de una civilización neolítica. Según parece, la fabricación de armas y utensilios de hierro fue introducida por los primeros inmigrantes malayos venidos del oeste en sus barcos llamados barangays. Entre los s. V y IX se desarrolló en Sumatra y lava una civilización indo-malaya y s formaron varios reinos, entre los que destacó por su alto grado de cultura el de Shri-Vishaya, que llegó a imponer su soberanía en F.; pero este reino se desintegró poco a poco, y fue sustituida su hegemonía por la del reino de Madja-Pahit, así llamado por el nombre de su capital, que llegó a su apogeo en el s. XIV, extendiendo su dominio también a las islas Célebes, y poseyendo el monopolio de las especies, tan codiciadas en Europa. Las F. no parece que tuvieran entonces un gobierno central, sino una serie de rajahs locales llegados de lava; los habitantes se agrupaban en pueblos denominados barangays porque cada uno de ellos había sido fundado por los tripulantes de uno de los buques que conducían inmigrantes malayos.El reino de Madja-Pahit fue sometido por los árabes, que en 1420 se apoderaron de Malaca y poco después llegaron a Mindanao. Hacia 1460 se organizó el sultanato de Joló y sucesivamente otros en Borneo y Mindanao. La llegada de los españoles detuvo la expansión musulmana, pero estos "moros", como les llamaron los hispanos, siguieron establecidos en el archipiélago de Joló, en Mindanao y en otras islas, haciendo atrevidas incursiones piráticas en las que llegaron muchas veces hasta la bahía de Manila, y mantuvieron en jaque a los españoles durante los tres siglos de su presencia en F. En cuanto a los chinos, aunque las primeras crónicas que hablan de estas islas corresponden al s. X, es muy probable que desde mucho antes comerciaran con ellas los mercaderes de Cantón, Amoy y otros puertos, instalándose en los islotes de la desembocadura del Pásig, después unidos a tierra firme, de los que proceden los nombres de los principales barrios de Manila. Legazpi (v.) refiere que numerosos juncos chinos llegaban cada año a vender a los "moros", entre otras cosas, hierro y pólvora, para las armas de fuego que ellos introdujeron en F.2. Descubrimiento y conquista. Los primeros europeos que llegaron a las islas fueron los portugueses: el virrey de la India, Alfonso de Alburquerque, envió una expedición a la conquista de Malaca, y uno de sus capitanes, Francisco Serrano, estuvo en la isla de Mindanao. Las noticias que él dio a Fernando de Magallanes (v.), que también había ido en dicha expedición, hicieron a éste concebir el plan de llegar a las islas de la Especiería por Occidente y lo propuso al rey de España que le ayudó a realizar dicho proyecto. La armada, después de encontrar el estrecho que lleva el nombre de su jefe y cruzar el Pacífico, descubrió las islas de los Ladrones (hoy Marianas) y llegó a Samar, en F., a las que Magallanes llamó archipiélago de San Lázaro. Él y varios de sus compañeros murieron en Mactán, víctimas de la traición de un reyezuelo indígena, y la armada tocó luego en Cebú, donde fueron bien acogidos, pero más tarde los nativos cambiaron de actitud y mataron por sorpresa a un grupo de españoles. Los demás siguieron su rumbo hacia las Molucas. En 1526 una sola nao de la armada de García Jofre de Loaysa, enviada desde España a dichas islas, arribó a Mindanao, donde fue mal recibida y prosiguió su viaje. Ya no volvieron más españoles a las islas de San Lázaro hasta 1542, en que la flota de Ruy López de Villalobos, procedente de Nueva España, llegó deshecha a Mindanao. Uno de sus barcos pasó de aquí a la isla de Leyte en busca de víveres, y Villalobos llamó a ésta Filipina, nombre extendido después a todo el archipiélago.El fin desastroso de esta expedición hizo que transcurrieran más de 20 años sin que ningún buque español llegase a las islas; pero en México vivía uno de los que habían formado parte de la expedición de Loaysa, Andrés de Urdaneta (v.), ya entonces religioso agustino, que creía conocer el derrotero que permitiría regresar desde las islas del Poniente a Nueva España, cosa que hasta entonces se había intentado en vano. El virrey Luis de Velasco dio a conocer el proyecto a Felipe lI y éste le ordenó enviar una expedición, cuyo objetivo principal sería descubrir la "vuelta del Poniente". Para mandar la flota que se preparaba eligió Velasco a Miguel López de Legazpi, amigo de Urdaneta, quien debía trazar las derrotas de ida y vuelta, pero la muerte del virrey produjo un cambio en las instrucciones que se dieron a Legazpi, al que se le ordenó hacer rumbo a F. por creer que estaban fuera de las tierras de Portugal, según la línea señalada en el tratado de Zaragoza (1529), y que, por hallarse próximas a las Molucas, serían también ricas en especiería. En las citadas instrucciones se le encargaba que estableciera relaciones comerciales y pacíficas con los naturales y que desde allí enviara un navío a Nueva España para descubrir la vuelta.La armada, de cinco barcos, que zarpó del puerto de la Navidad el 21 nov. 1564, llegó el 13 feb. 1565 a la isla de Samar, de la que tomaron posesión, pasando después a las de Leyte, Bohol y otras. Llegaron a Cebú el 27 abr. 1565 y allí se estableció la primera población, llamada villa de San Miguel (8 mayo 1565). De esta isla zarpó la nao San Pedro el 1 de junio para retornar a Nueva España, a donde llegó felizmente. Para llevar la noticia a F., fue despachado el galeón San Jerónimo, pero no se envió a Legazpi ningún documento que le autorizara a proseguir la conquista, por lo que hubo de mandar a Nueva España otro barco con este objeto. El 17 sept. 1568 se presentó ante Cebú una poderosa escuadra portuguesa procedente de las Molucas, que pretendía la retirada de los españoles alegando los tratados de Tordesillas y de Zaragoza, pero los españoles los rechazaron por las armas. Después de conquistar personalmente la isla de Panay, Legazpi puso allí su cuartel general y envió expediciones que fueron ocupando las islas próximas. Llegaron al fin tres navíos despachados por el virrey Martín Enríquez de Almansa, y en ellos la real cédula que autorizaba a Legazpi para fundar ciudades y repartir encomiendas. Usó estas facultades por vez primera para erigir ayuntamiento en la villa de San Miguel y convertirla en la ciudad del Santísimo Nombre de Jesús. Después conquistó la capital de Luzón, Manila (v.), y envió a Martín de Goiti y a Juan de Salcedo a pacificar el resto de la isla. Antes del regreso de éstos falleció el conquistador del archipiélago.3. Colonización. Durante casi toda la época española las F. se relacionaron con la Península a través del virreinato de Nueva España, del que en cierto modo dependían en lo económico y militar, o bien sus gobernadores se entendían directamente con el rey y su Consejo de Indias. Sucedió a Legazpi el tesorero de la Real Hacienda Guido de Lavezares (1572-75) que hubo de rechazar el primer ataque contra Manila, realizado por el pirata chino Li Ma-hong en noviembre de 1574. En el asalto murió Martín de Goiti, al que sustituyó como maestre de campo Juan de Salcedo. Para relevar a Lavezares fue enviado como gobernador Francisco de Sande (1575-79), que fundó en la provincia de Camarines la ciudad de Nueva Cáceres y organizó una expedición a Borneo en 1577, consiguiendo que su rey se reconocierra vasallo de España. También envió Sande otra expedición a Mindanao y Joló, e hizo tributarios a los habitantes de estas islas. En 1580 llegó a Manila Gonzalo Ronquillo de Peñalosa, natural de Arévalo, que fundó la villa de este nombre en la isla de Panay. Llevó consigo a F. 600 hombres, muchos de ellos casados, que incrementaron la corta población española de las islas. Este gobernador hizo establecer una alcaicería o mercado, a la derecha del Pásig, para concentrar allí a los chinos que acudían a comerciar con los españoles, ya que la presencia de aquéllos dentro de la ciudad era peligrosa.Por estar unidas en estos años las coronas de España y Portugal en la persona de Felipe II, Ronquillo hubo de enviar refuerzos a las Molucas y mandó él mismo una expedición, que tuvo que regresar a Manila a causa de una epidemia. Murió en 1583 y le sucedió Santiago de Vera, que llegó a F. en mayo de 1584. Con él iban los oidores y el sello real de la audiencia, que fue pronto suprimida (1590). Vera envió otra expedición a las Molucas, fracasada por las mismas razones que la anterior, y se ocupó de hacer levantar en Manila el fuerte de Nuestra Señora de Guía. El sucesor, Gómez Pérez Dasmariñas (1590-93), hizo amurallar la ciudad y construir la fuerza de Santiago, dejando a la capital bien fortificada. Mantuvo relaciones diplomáticas con el Japón y con el rey de Camboya, que le pidió ayuda contra el de Siam, y envió una nueva expedición de socorro a las Molucas, cuyo mando llevó personalmente, pero los remeros chinos de la galera en que iba el gobernador se sublevaron y le dieron muerte. Ejercieron por breve tiempo el gobierno interino Pedro de Rojas, Luis Dasmariñas, hijo de Gómez Pérez y Antonio de Morga, uno de los oidores enviados para restablecer la audiencia de Manila y el primer historiador civil de estas tierras. Su obra Sucesos de las Islas Filipinas (México 1609) es una fuente dé gran interés, sobre todo para el periodo 1595-1603 en que el autor residió en Manila y desempeñó importantes cargos.El nuevo gobernador propietario fue Francisco Tello de Guzmán (1595-1602), en cuyo tiempo comenzó a funcionar de nuevo la audiencia. Bajo su mando empezó la conquista de la isla de Mindanao y se presentó frente a Manila el pirata holandés Olivier de Noort, que trataba de apresar la nao de Acapulco, pero los españoles se anticiparon a tomar la ofensiva y lograron ponerlo en fuga el 14 die. 1600. Éste fue el primero de una serie de ataques que los holandeses dirigieron contra F. en el s. xvit y que, junto a la lucha contra los "moros" joloanos y mindanaos, llenan la historia de esta centuria. Pocos eran los españoles residentes en F. y casi todos ellos se hallaban concentrados en Manila y Cavite. Los vecinos más notables de la capital eran los cargadores de la nao, es decir, los comerciantes a los que el rey concedía una parte del buque del galeón que cada año cruzaba el Pacífico, llevando de Acapulco a Manila el situado, o sea, la cantidad necesaria para abonar los sueldos de los funcionarios civiles y militares, los gastos de fortificación, los estipendios eclesiásticos, y, en suma, todas las cargas que pesaban sobre el erario, así como los refuerzos de tropa y los misioneros destinados a F. A su retorno, este barco iba cargado de mercancías de China en su mayor parte, propiedad de los comerciantes, entre los que se repartían las boletas, que daban derecho a embarcar un cierto número de piezas o fardos que ocuparan determinado espacio en las bodegas del galeón.Aunque en los primeros años las F. podían comerciar libremente con cualquier puerto, desde 1593, a causa de las quejas del comercio de-España que veía descender sus ventas en Indias por la competencia de los tejidos de China, se limitó este tráfico filipino al envío anual de un barco al puerto de Acapulco, cuya carga no sobrepasara el valor de 250.000 pesos y el doble de retorno. Éste se hacía casi todo en plata, y así los pesos mexicanos pasaron a China en grandes cantidades a través de F. Los lucrativos comienzos de este comercio fueron causa de que los españoles hicieran poco caso de sus encomiendas; muy pocos vivían en ellas y la mayor parte se asentó en Manila para hacerse mercaderes. Ello perjudicó a la agricultura y redujo la población hispana. Formaban ésta, además de los religiosos que evangelizaban el país, funcionarios militares y civiles que no solían quedarse definitivamente en las islas, y negociantes que en muchos casos se volvían a Nueva España después de enriquecerse en unos años con las fáciles ganancias del comercio del galeón. Una población escasa y formada por estos grupos sociales no podía producir un mestizaje ni una clase criolla capaces de pesar en los destinos del país. Éstas fueron las causas principales del corto desarrollo económico y político que habían alcanzado las F. hasta mediado el s. XVIII.Ótro mal que produjo la escasez y concentración de los españoles fue la lenta difusión de su lengua por el interior de las islas, que nunca llegó a sustituir a las indígenas, lo que explica la precaria situación actual del castellano en F. (v. vi). También los chinos desempeñaron un importante papel en la vida económica de las islas; sus barcos llegaban a Manila todos los años llevando las mercancías que habían de constituir la carga de la nao de Acapulco, y en ellos iban también muchos inmigrantes que se quedaban sobre todo en la capital donde ejercían los oficios despreciados por los españoles (herreros, carpinteros, zapateros, etc.), abastecían a la ciudad de todo lo necesario para el consumo diario y acaparaban también el comercio interior del país, que llegó a estar por completo en sus manos. Se sublevaron en diversas ocasiones y fue varias veces decretada su expulsión de las islas, pero como los españoles necesitaban de ellos, volvían siempre a ser admitidos.En el s. XVIII se producen cambios importantes en la vida social y económica de F., sobre todo en el reinado de Carlos III. Durante la guerra de los Siete Años, los ingleses conquistaron Cavite y Manila (5 oct. 1762), devueltas en virtud del tratado de París (10 feb. 1763). La guerra puso de manifiesto la necesidad de modernizar las fortificaciones de ambas plazas, y se elaboraron sendos proyectos cuya ejecución duró hasta fines del siglo. En 1765, durante el gobierno de José Raon, llegó a Cavite el navío Buen Consejo, el primero que hizo viaje directo a F. por la ruta del cabo de Buena Esperanza; con ello se intentaba suprimir el monopolio del galeón y, por eso, este barco y los sucesivos fueron mal recibidos en Manila. Mayor importancia tuvieron tales viajes en el aspecto político, puesto que establecieron comunicaciones mucho más rápidas con España, lo que permitía conocer antes cuanto sucedía en F. y controlarlas mejor desde la Península. El gobernador José Basco y Vargas (1778-87) fue el más caracterizado representante de la política de Carlos III; a su iniciativa se debió la fundación de la Soc. Económica de Manila en 1781 y la pacificación de las islas de los Batanes, al N de Luzón. Al final de su mandato llegaron a Manila los primeros buques de la Real Compañía de Filipinas, erigida en 1785 con la principal finalidad de promover el desarrollo éconómico de las islas. Los esfuerzos realizados en los últimos años de esta centuria produjeron un notable incremento de las producciones agrícolas del archipiélago y de su comercio, sobre todo a partir de la apertura del puerto de Manila, decretada en 1790. En estos años decayó el antiguo comercio de la nao de Acapulco, suprimida en 1815.En el s. XIX la historia de F. es una réplica de la agitada historia de la metrópoli; al publicarse allí la Constitución de 1812, gobernando José Gardoqui de Araveitia (1813-16), los indígenas, convencidos de que ya no tenían que reconocer la supremacía de los españoles, promovieron alborotos en todas las islas, que no cesaron cuando llegó la noticia de su abolición por el decreto de Valencia (4 mayo 1814). Al producirse la independencia de México, las F. pasaron a depender directamente de España con la que ya mantenían relaciones más estrechas por la ruta del cabo de Buena Esperanza. La epidemia de cólera que azotó a Manila en 1819 produjo una violenta reacción de los nativos contra los chinos y demás extranjeros por creer que ellos habían envenenado las aguas. El descontento se extendió al Ejército cuando llegaron de la Península jefes y oficiales; siguiendo el ejemplo de sus compañeros de España, hubo un pronunciamiento el 3 jun. 1823 dirigido por el capitán Novales y el teniente Ruiz. Los culpables pagaron con la vida su falta de disciplina. En 1828 fue descubierta otra conspiración militar que acaudillaban los hermanos Palmero. Entre tanto, los piratas malayos de Borneo, Joló y Mindanao, aprovechando la debilidad de los españoles, se hacían cada vez más osados, y desde 1828 a 1836 cautivaron a más de 6.000 personas.En 1830 tomó el mando Pascual Enrile, hombre activo y enérgico que organizó el servicio de correos y fomentó las obras públicas, de modo especial la construcción de caminos y puentes para mejorar las comunicaciones. Relevado en 1835, en los seis años siguientes se suceden varios gobernadores y en febrero de 1841 fue enviado a Manila el general Oraa, cuya energía no logró evitar la insurrección de Tayabas, promovida por la cofradía de indígenas que había fundado Apolinario de la Cruz en el pueblo de Lucbán. Aunque las tropas españolas vencieron fácilmente a los tagalos y su jefe murió fusilado, el espíritu de rebeldía permanece ya vivo hasta 1898. Los gobernadores Narciso Clavería (1844-49) y Antonio de Urbiztondo (1850-53) se distinguieron en la lucha contra los piratas malayos; el segundo dirigió una campaña contra Joló, arrasando su capital y logrando que el sultán y los datos (caciques) joloanos reconocieran la soberanía de España. Envió también una expedición a Mindanao, pero en esta isla se prolongó la lucha hasta el fin de la época española.En los últimos años del s. XIX, sometida España a constantes desórdenes y agitaciones internas no podía apenas atender a las lejanas F. Sin embargo, los gobernadores de estos años pusieron empeño en mejorar la situación del país, realizando obras públicas y fomentando la agricultura y el comercio. La insurrección latente estalló en Cavite cuando gobernaba el general Rafael Izquierdo, que la reprimió con energía, mandando fusilar a los cabecillas, entre ellos los sacerdotes nativos José Burgos, Mariano Gómez y jacinto Zamora. El movimiento de rebeldía prendió en la juventud filipina cuyo principal representante fue José Rizal y Mercado (v.), más teórico que hombre de acción. Su fusilamiento el 30 dic. 1896 lo convirtió en símbolo y fue la chispa que produjo el levantamiento dirigido por Andrés Bonifacio que proclamó la República Filipina, reunió un Parlamento e hizo elegir un Gobierno. Pero pronto surgieron desavenencias entre los jefes revolucionarios, y Bonifacio fue condenado a muerte por los partidarios de Emilio Aguinaldo (v.), aunque éste intentó conmutarle la pena por la de destierro indefinido.Aguinaldo asumió el mando de la rebelión y se vio obligado a evacuar Cavite y refugiarse en Biacnabató (Pampanga). El 23 abr. 1897 tomó posesión del gobierno el general Fernando Primo de Rivera, quien se valió de la mediación del filipino Pedro Paterno y firmó con los insurgentes un pacto que, entre otras condiciones, incluía la libertad de asociación y de prensa, representación en las Cortes españolas e igualdad completa de filipinos y españoles ante la ley y para la provisión de cargas públicos. Los jefes de la rebelión fueron deportados a Hong Kong, y cuando la paz parecía asegurada estalló el conflicto armado entre España y los EE. UU., provocado por la voladura fortuita del buque de guerra americano Maine, fondeado en La Habana (15 feb. 1898). El almirante Dewey recibió la orden de destruir las fuerzas navales españolas en Extremo Oriente. Aguinaldo se puso en contacto con éste, que le prometió de palabra la independencia de F. a cambio de la ayuda contra España. La escuadra mandada por Montojo estaba en la bahía de Manila y allí fue destruida por la norteamericana, superior en número y armamento. Aguinaldo desembarcó en Cavite y tomó el mando de las tropas filipinas. España negoció con EE. UU. y por el tratado de París (10 dic. 1898) les cedió el archipiélago, mediante una indemnización de 20 millones de dólares. Al ver que no se cumplía la promesa de Dewey, los filipinos lucharon contra los americanos, aunque no pudieron resistir mucho tiempo; el general Aguinaldo cayó prisionero y, convencido de que ya todo era inútil, juró fidelidad a EE. UU. el 1 abr. 1901, pero todavía prosiguieron las hostilidades durante dos años.4. Filipinas bajo la administración norteamericana (1898-1946). Sin esperar a que terminase la lucha, el presidente McKinley había nombrado una comisión que debía hacer un detallado informe sobre el estado general del país, y a la vista de él designó otra, presidida por William H. Taft, que asumió el poder legislativo y compartió el ejecutivo con el general Arthur Mac Arthur, gobernador militar. Esta comisión realizó una ingente tarea de reconstrucción y llevó 600 profesores que acometieron la labor de convertir a F. en un país de habla inglesa. Taft luchó incansable contra el hambre y las epidemias de viruela, peste y cólera, a la vez que restablecía las comunicaciones y rehacía puentes, escuelas y hospitales. De acuerdo con León XIII, adquirió las propiedades agrícolas de la Iglesia y fundó un Banco encargado de venderlas a crédito a los campesinos. Nombrado secretario de Guerra en el gobierno de T. Roosevelt, Taft salió de Manila el 23 dic. 1903, pero desde Washington siguió orientando la política de sus sucesores en la presidencia de la comisión, entre los que destacó por su eficaz labor F. Camerón Forbes (1909-13).En 1902 el Congreso americano había aprobado una ley encaminada a establecer en F. un sistema representativo, con una Asamblea elegida por el pueblo, aunque el poder ejecutivo seguía en manos del gobernador general, presidente de la comisión, que actuaba como Senado. Su entrada en vigor se condicionó a la pacificación completa del país y a la formación de un censo de población, no terminado hasta 1905 y que dio la cifra de 7.635.426 hab. En la primera Asamblea, elegida el 30 jul. 1907, empezaron a destacarse Sergio Osmeña y Manuel L. Quezón (v.), que serían las dos grandes figt ras de la política filipina en los años de lucha por la independencia. Quezón fue uno de los dos delegados en el Congreso americano, que establecía la ley de 1902, y consagró sus esfuerzos a convencer a esta asamblea de la madurez política del pueblo filipino. En 1913 consiguió que los nativos tuviesen mayoría en la comisión presidida por el gobernador general, y sobre todo logró que se aprobara en 1916 la Ley Jones, que declaraba de modo explícito la intención de conceder la independencia a F. cuando fuese capaz de mantener un gobierno estable. Esta ley significó un importante avance, pues de hecho dio una casi completa autonomía a las islas, y creó un Senado del que fue elegido primer presidente Manuel L. Quezón.El gobernador general Francis Burton Harrison (191321), sincero partidario de la independencia filipina, trabajó cuanto pudo para preparar al país a gobernarse por sí mismo; fomentó la instrucción pública, filipinizó todo lo posible la administración y puso en marcha el primer programa de desarrollo económico. La Guerra mundial de 1914 a 1918 dejó en segundo plano el asunto de la independencia filipina, y la victoria de los republicanos en las elecciones presidenciales de EE. UU. impuso un nuevo aplazamiento, ya que este partido fue siempre contrario a concederla. Al fin, en 1923, subieron al poder los demócratas, y el gobernador general Frank Murphy secundó con entusiasmo a Quezón en su programa de justicia social, restableció las finanzas del país y se interesó por su bienestar. El 24 mar. 1934, el presidente Roosevelt firmó la Ley Tyding-Mc Duffie, nuevo éxito de Manuel L. Quezón, estableciendo la Commonwealth of the Philippines por un periodo de diez años; transcurrido éste, sería proclamada la independencia. Quezón fue también el primer presidente de la Commonwealth, elegido en 1935, desplegó extraordinaria actividad: estableció el servicio militar obligatorio, fijó en un peso el salario mínimo y limitó a ocho horas la jornada laboral. También hizo expropiar y repartir grandes haciendas, pero muchas de sus reformas no triunfaron a causa de la corrupción administrativa, muy generalizada en el país. Tuvo que luchar además con graves problemas económicos, entre otros, la desconfianza de los capitales norteamericanos hacia la nueva situación política.En las elecciones presidenciales de 11 nov. 1941 el triunfo de Manuel L. Quezón fue aplastante, pues se hallaba en el cenit de su popularidad. Al mes siguiente se produjo el ataque japonés a F. y éstas se convirtieron en uno de los más sangrientos escenarios de la 11 Guerra mundial. Amenazada Manila, el general Douglas Mac Arthur concentró las tropas norteamericanas y filipinas en la península de Bataán y en la isla del Corregidor, que cierra la entrada de la bahía. La capital, declarada ciudad abierta, fue ocupada por los japoneses el 2 en. 1942. Quezón estuvo algún tiempo en Corregidor, pero luego consintió en trasladarse a Australia, comprendiendo que de este modo podría ser más útil a su patria. Cuando ya la resistencia era imposible, el general Mac Arthur recibió orden de marchar a Melbourne desde donde se dirigió por radio a los filipinos, pronunciando su histórica promesa: " ¡Volveré! ".Las islas quedaron en poder de los japoneses, que quisieron realizar una política de atracción del pueblo filipino, contrarrestada por los atropellos y crueldades de los soldados. Crearon una Asociación para el servicio de las nuevas Filipinas, llamada Kalibapi, abreviatura de su nombre en tagalo, y en 1943 hicieron que dicha Asociación eligiera una comisión para-preparar la Constitución de la futura República filipina. Entre tanto, el pueblo esperaba la ayuda americana, y el presidente Quezón, refugiado en Washington, mantenía su moral con mensajes radiados que hicieron saber a los filipinos que su país había sido uno de los miembros fundadores de la ONU, y que él tomaba parte en las deliberaciones del Consejo Supremo de la guerra en el Pacífico. No llegó a ver el presidente la liberación de F., pues murió el 1 ag. 1944; ocho días después se verificó el primer bombardeo americano sobre objetivos militares en Davao (Mindanao) y el 20 de octubre desembarcó en Leyte el general Mac Arthur, acompañado del nuevo presidente filipino Sergio Osmeña. Los americanos hicieron un desembarco en el golfo de Lingayen (Luzón) y marcharon sobre Manila sin hallar apenas resistencia. Antes de evacuar la capital, los japoneses realizaron grandes matanzas de la población civil y dejaron la ciudad reducida a un montón de ruinas (23 feb. 1945). El 15 de agosto se firmó el armisticio entre EE. UU y Japón, y el 2 de septiembre se rindió el general que mandaba las fuerzas japonesas en las islas.5. La República de Filipinas. El presidente Osmeña había entrado en Manila el 27 feb. 1945. El país estaba deshecho y varias provincias se hallaban dominadas por los huks, nombre adoptado por el movimiento de resistencia contra los japoneses, que no depusieron las armas al terminarse la guerra. La población estaba diezmada por el hambre y las epidemias. Restablecidos el orden y las comunicaciones por el ejército norteamericano, la UNRRA inició la labor de reconstrucción. El 23 abr. 1946 se celebraron elecciones generales que dieron la victoria al partido liberal fundado por Manuel Rojas, que se había separado del nacionalista dirigido por Osmeña. La derrota de éste fue rotunda, pues sólo consiguió su partido 11 puestos en el Senado y 31 en la Cámara. Esta legislatura fue la que aprobó la Bill Trade Act que los EE. UU. impusieron como precio de su ayuda.Por ella se establecían entre otras cosas ocho años de franquicia aduanera para los productos filipinos, que en 1954 pagarían el 5% de la tarifa americana, 10% al año siguiente, y así seguiría un aumento anual del 5% hasta llegar al 100% en 1974 (art. 1). Se fijaban las cantidades de azúcar en bruto y refinado, arroz, tabaco, copra y otros productos filipinos que se exportarían cada año a EE. UU., con una reducción anual del 5% (art. 2). Se prohibía a F. establecer impuestos sobre estas exportaciones (art. 3), se fijó en 0,50 dólares americanos el valor del peso filipino y se estableció que los norteamericanos residentes en F. gozarían de los mismos derechos civiles que los filipinos (art. 7) y serían admitidos en las islas a razón de 1.200 al año (art. 6). Esta ley no satisfacía nada a los filipinos, pues la libre entrada de los productos americanos hacía imposible la reacción de una industria nacional. No obstante, fue aprobada el 3 jul. 1946, y al día siguiente se proclamó solemnemente la República Filipina, ceremonia celebrada en la Luneta, en el mismo lugar en donde había sido fusilado Rizal. El 14 del mismo mes se firmó un acuerdo con EE. UU. concediéndoles 23 bases militares en territorio filipino. El Gobierno americano se había reservado también otras facultades que le permitieran seguir controlando la vida económica de la nueva nación.El presidente Rojas obtuvo en Washington un préstamo por valor de 75 millones de dólares de la Reconstruction Finance C° y presentó al Congreso filipino los siguientes proyectos: creación de un Banco Central de la nación y de la Philippine Rehabilitation Finance C° con un capital de 300 millones de pesos para acometer la reconstrucción del país; formación de una policía del Estado, con una división encargada de reprimir la corrupción administrativa; electrificación del país y puesta en riego de una vasta zona, y, por fin, control de las importaciones. Todos estos planes eran fruto de estudios realizados por distintas misiones americanas. Tres eran los problemas principales que se presentaban al Gobierno: dominar la rebelión de los huks, construir una economía estable, capaz de subsistir sin ayuda americana, y sanear la viciada Administración pública. Rojas murió el 15 abr. 1948 y le sustituyó el vicepresidente Elpidio Quirino, creador de una comisión para el progreso social, el Consejo del Trabajo, el Banco de Crédito para las cooperativas agrícolas y los bancos rurales. Pero todos sus esfuerzos no lograron impedir que el déficit presupuestario fuese permanente y que siguieran disminuyendo las reservas internacionales. Pidió entonces al presidente Truman el envío de una misión que hizo un balance completo de la situación económica de F. y señaló las medidas oportunas para mejorarla, adoptadas por Quirino. También, como resultado de este estudio EE. UU. concedieron a F. un donativo de 250 millones de dólares y la firma de un acuerdo (noviembre de 1950) para ayuda técnica, que produjo entre 1951 y 1959 evidentes progresos en todos los sectores.Aunque Quirino fue reelegido en 1949, el partido liberal se hallaba dividido y desacreditado; el vicepresidente López formó junto con Rómulo, embajador en Washington, el partido demócrata, y en 1953 Ramón Magsaysay, que había sido ministro de la Guerra con Quirino, se presentó, apoyado por los americanos, como candidato a la presidencia por el partido nacionalista, obteniendo una aplastante victoria a la que contribuyeron de modo decisivo las asociaciones femeninas. El nuevo presidente creó una Comisión nac. de Reclamaciones que contestó a todas las que se le presentaron de la más diversa índole. Magsaysay se mantuvo en permanente contacto con las masas y logró restablecer la confianza del pueblo en su Gobierno; aplicó las leyes sociales e impulsó los planes de desarrollo económico, haciendo aprobar una ley muy severa contra la usura y otra que asignaba el 70°’o de la cosecha a los cultivadores.En septiembre de 1954 envió a Washington una misión presidida por el Dr. Laurel, que logró la firma de un acuerdo en junio de 1955, en el que se modificaba la Ley Bill en sentido favorable a F.; por dicho acuerdo quedó suprimido el control de la moneda por EE. UU., se autorizaron los impuestos sobre la exportación, desaparecieron los cupos fijados a los productos filipinos que debían enviarse a Norteamérica, la igualdad de derechos entre filipinos y americanos se hizo recíproca y también la facultad de denunciar este acuerdo. Se fijaron asimismo los porcentajes para las tarifas aduaneras sobre las respectivas importaciones con arreglo a unas escalas móviles que en 1974 habrán llegado a su tope normal. Este acuerdo tuvo como inmediata consecuencia la creación de nuevas industrias en F., con lo que mejoró su balanza comercial y comenzaron a abrirse otros mercados exteriores. Magsaysay, en la cumbre de su popularidad, pereció en accidente de aviación (17 mar. 1957) cuando todavía su política no había podido producir los esperados frutos, y la situación económica seguía siendo difícil. El vicepresidente Carlos P. García asumió el poder y supo defenderse hábilmente de los ataques de la oposición.En 1958 empezaron a notarse los resultados del esfuerzo del pueblo filipino: había crecido la producción agrícola y la renta nacional, así como las exportaciones, que dieron un superávit a la balanza comercial en el primer trimestre de 1959. En este año el presidente sometió al Congreso unos proyectos de ley encaminados a remediar los males endémicos del país, pero la oposición dio a conocer nombres de parientes y amigos del presidente implicados en negocios reprobables y ello produjo una disminución del prestigio de García y de su partido, que dio la victoria en 1961 a Diosdado Macapagal (196165), a quien sucedió en 30 dic. 1965 Fernando Marcos, sexto presidente de la República Filipina. Este joven país camina hacia su madurez política y desarrollo económico y tiene una gran misión histórica que cumplir: la de ser un baluarte del cristianismo en Extremo Oriente (v. v) y el único país de esta parte del mundo que posee una civilización occidental, en la cual subsiste una fuerte herencia hispana manifestada en sus costumbres y modo de ser.L. DÍAZ-TRECHUELO.
BIBL.: No existe ninguna síntesis reciente en español; sigue siendo útil la de J. MONTERO Y VIDAL, Historia general de Filipinas desde el descubrimiento de dichas Islas hasta nuestros días, 3 vol., Madrid 1887-95; E. M. ALIN, Philippine History, Political, Social, Economic, Manila 1958; ÍD, Political and Cultural History of the Philippines, 2 vol., Manila 1959; W. C. FORRES, The Philippine Islands, 2 ed. revisada, Cambridge (Mass.) 1945; T. FRIEND, Between Two Empires. The Ordeal of the Philippines, 1929-1946, New Haven y Londres 1965; A. MABINI, La revolución filipina, Manila 1931; A. M. MOLINA, The Philippines through the Centuries, 2 vol., Manila 1960-61; G. WILOQUET, Histoire des Philippines, París 1961; C. D. WORCESTER, The Philippines: Past and Present, Nueva York 1921; G. F. ZAIDE, Philippine Political and Cultural History, 2 vol., Manila 1957; A. ROLAND, The Philippines, Nueva York 1967.
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