Fernán Caballero (cecilia Bóhl de Faber)
Categoria:
Biografía GER
Vida y obra. Escritora española n. en Morges (Suiza) el 24 dic. 1796 y m. en Sevilla el 7 abr. 1877. Fue hija del erudito Nicolás Bbhl de Faber, cónsul alemán en Cádiz, que reivindicó el teatro nacional español a través de los artículos publicados en el Diario Mercantil gaditano. Fue la iniciadora de la novela realista española (v. REALISMO iii). Recibió una esmerada educación en un liceo francés y en 1816 se estableció en España al contraer matrimonio con A. Planells, oficial de artillería. Tras una breve estancia en Puerto Rico, muerto su primer marido, regresó a España. Vivió algún tiempo en Hamburgo y contrajo nuevas nupcias con el marqués de Arco Hermoso. Una vida fastuosa, a caballo entre Sevilla y París, la colmaría de felicidad. A esta época dichosa pertenecen las primeras obras escritas en francés y alemán, pues la escritora nunca llegó a dominar por completo la lengua castellana. Enviudó de nuevo en 1835 y volvió a casarse con A. Arrom de Ayala, mucho más joven que ella. Un fatal accidente, el suicidio de su esposo motivado por quiebra económica, dejó una huella profunda en su ánimo. Recluida voluntariamente en Sevilla, se dio de lleno a la literatura, a la práctica intensa de la vida religiosa y a la caridad, en la medida de sus fuerzas. Vivió con gran pobreza y a duras penas pudo sostenerse con el trabajo y el producto de sus libros.F. C. escribió cuentos, escenas costumbristas y novelas. En 1849 se dio a conocer con la mejor de estas últimas, La Gaviota, evocación colorista y trágica de los amores fracasados de una aldeana, Marisalda, esposa de un romántico cirujano alemán, Stein, trasladados por capricho de la autora al mundo sensual y brillante de la Sevilla romántica. Mero pretexto para enfrentar dos maneras distintas de enfocar la vida y dar al mismo tiempo una visión panorámica de las costumbres andaluzas. No falta el ambiente marinero, ni las veleidades de una cantante, ni la nota trágica de la tarde de toros, ni el falso oropel de una aristocracia decadente. Todos los tópicos de la España de pandereta. Novelas como Clemencia (1852), La familia de Alvareda (1856) y Un verano en Bornos (1858) fueron intentos loables, pero no plenamente conseguidos, de aclimatar el realismo en España. Un noble empeño de aproximación al mundo andaluz lo encontramos en Cuadros de costumbres populares andaluzas (1852). Destacaríamos también alguna lograda narración humorista, como Un servilón y un liberalito (1857), la romántica Lágrimas (1853) y El alcázar de Sevilla y La corruptora, que significaron un descenso en su labor de creación.Fernán Caballero y la novela realista en España. F. C. no es una novelista excepcional, pero paradójicamente no se podría trazar una historia de la novela española moderna sin ella. Tuvo el don de la oportunidad. En España no existió una auténtica novela romántica; hubo, sí, honrosas y escasas excepciones, tal el caso de E. Gil y Carrasco (v.), creador de una novela histórica que no tenía continuidad posible; el resto de los novelistas fueron figuras de relleno sin calidad literaria ni dominio de la técnica descriptivo-narrativa. Se imponía una renovación por la senda del realismo, movimiento imperante en Europa; a F. C. le cupo en suerte y gloria ser punto de arranque del realismo español y cumplió su cometido sin estridencias, de una manera amable pero digna. Su entronque con el romanticismo (v.) es evidente: nació de él; sus tipos, paisaje y ambiente tienen una deuda incuestionable con dicho movimiento. Afincada en Sevilla, conoció las estampas costumbristas de Serafín Estébanez Calderón (1799-1867) y probablemente las de Mesonero Romanos (v.). Ahí estaba el decorado: había que darle vida y forma novelesca y en ello puso todo su empeño. Dio el paso, decisivo y difícil, desde la mera escenografía folklórica y local a la novela de costumbres. El carácter transicional de su producción no le resta méritos; había que hacerla así, y lo hizo.Romanticismo y realismo se dan la mano tanto en sus cuentos como en sus obras extensas. Andalucismo y técnica a lo Balzac se armonizaron en F. C., difícil armonía en quien, por condición y cultura, estuvo tan alejada de la entraña tradicional española. Las dos notas dominantes del novelista francés, monarquía y religión, serán elementos esenciales en la escritora. El respeto a un sistema consolidado le acercó al mundillo aristocrático, que puso de moda como centro de la acción literaria. Señalemos que ese mundo aristocrático fue vivido por F. C., pero no de la manera dulzona y sentimental como aparece, p. ej., en La Gaviota. Los rasgos idealizantes como nobleza de intenciones, religiosidad, visiones acuareladas del paisaje y análisis superficial de lo sentimentaloide, constituyen el elemento romántico, no sólo de F. C., sino también de alguna de las novelas alarconianas. La visión detallista, la preocupación por los problemas humanos y la verosimilitud de numerosos hechos, tal vez nacidos de la propia experiencia, modelan el entramado realista de sus obras más avanzadas como, p. ej., Un verano en Bornos, que la crítica ha señalado como posible fuente de Pepita Jiménez de Valera (v.). Los rasgos andaluces dominantes en la escritora no apuntan a lo esencial andaluz, captan sólo la piel de tal idiosincrasia. Es posible que Marisalda, apodada La Gaviota, fuera un esbozo de la Carmen española; en cualquier caso, su tipo no llegó a la hondura del trazado por el francés Mérimée. La admiración por la religiosidad hispánica, hecha realidad en su propia vida, le condujo a sentirse catequista y moralizadora; una cierta conformidad con las decisiones divinas empapó de candor e ingenuidad las posibles tesis confesionales que tantas polémicas y quebraderos de cabeza causarían a los novelistas españoles en el último tercio del siglo. Pese a haber sido tachada de reaccionaria, mojigata y pobre de espíritu, esa misma ingenuidad matizará de una suave y femenina delicadeza el mundo, a veces apasionado, de sus sencillos personajes.P. CORREA RODRÍGUEZ.
BIBL.: FERNÁN CABALLERO, Obras completas, Madrid 1855-58 (a pesar de su título no abarcan ni su Epistolario ni sus últimas creaciones); ÍD, Obras completas, 17 vol., Madrid 1905-14; ÍD, Obras, ed. de J. M. CASTRO Y CALVO, Madrid 1961; L. COLOMA, Recuerdos de Fernán Caballero, Bilbao 1910; A. PALMA, Fernán Caballero, la novelista nocelable, Madrid 1931; T. HEINERMANN, Cecilia Bóld de Faber (Fernán Caballero) y Juan Eugenio Hart_enbusclr, Madrid 1944 (interesante por el Epistolario); J. FERNÁNnEz, Fernán Caballero. Ensayo de una justificación, México 1961; J. HERRERO, El testimonio del Padre Colonia sobre Fernán Caballero, "Bol. de Estudios Hispánicos", XLI, 1964, 40-50; J. HERRERO, Fernán Caballero. Un nuevo planteamiento, Madrid 1963 (es hasta hoy la obra más completa y, en algunos puntos, definitiva).
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.