Fellini, Federico
Categoria:
Biografía GER
Realizador cinematográfico italiano, uno de los más representativos del neorrealismo (v.) como renovación creadora del arte de la pantalla.N. en Rímini el 20 en. 1920, tenía 12 años cuando se escapó de su casa para unirse a un circo. Vuelto al comercio familiar, se aficionó al dibujo y colaboró en los periódicos ilustrados llamados en Italia fumetti. El trabajo en uno de ellos le llevó a Florencia, pero los fumetti fueron suprimidos por el Gobierno fascista en 1938. Haciendo caricaturas por los restaurantes de Roma y escribiendo monólogos para el actor Aldo Fabrizi, fue conociendo F. personas y situaciones que luego plasmaría dramáticamente en su cine. Hizo una jira teatral de siete meses con Fabrizi, escribió diálogos cortos de humor para la radio, y en 1943 se casó con la actriz Giulietta Masina. Dos años después conoció a Roberto Rosellini (v.) y colaboró con él escribiendo el guión de Roma, ciudad abierta. Esa colaboración fue continuada posteriormente con Paisá, Francisco, juglar de Dios y Europa 51. También escribió para Alberto Lattuada (Sin piedad) y para Pietro Germi (El camino de la esperanza).En 1950 F. y Lattuada decidieron producir independientemente Luces de variedad, con dirección de ambos e interpretadas por sus respectivas esposas, Giulietta Masina y Carla dell Poggio. Fue una pintura realista y cruel de la miseria humana, localizada en una pintoresca compañía ambulante de variedades. La inquietud moral de F. ("lo espiritual cuenta tanto como todo lo demás, y al final de nuestras búsquedas se encuentra Dios") se refleja en El jeque blanco (1951), sátira de los fumetti barroca y ejemplar, con una genial interpretación de Alberto Sordi. Un insuficiente lanzamiento y la incomprensión de la crítica perjudicó el éxito del film, y F. no dirigió de nuevo hasta 1953, en que hizo Los parásitos. Es la historia de cinco vitelloni, cinco vagos de familias burguesas que arrastran su inutilidad por el verano de Pésaro, hasta que uno de ellos decide huir de esa estéril monotonía. En 1953 se afirma la constante neorrealista de F. -la ternura del sufrimiento humilde- con Agencia matrimonial, un episodio del film Amor en la ciudad. En él se vislumbra ya la visión compasiva y dramática de La strada (1954), rodada con poco dinero y en tres meses. Interpretada por G. Masina, Anthony Quinn y Richard Basehart, la película fue un rotundo éxito. De su experiencia personal sacó F. el patético personaje de Gelsomina sobre "la crónica fantástica de un triste viaje, con una póstuma declaración de amor" (Cavallaro). La strada se ha considerado como un acto de amor y de fe en el sentido más evangélico. Según el realizador, "no se trata de una apología de la miseria; es necesario sufrir para salvarse... y la idea original de La strada es una idea cristiana, un mensaje de amor".En 1955 dirigió El timo, con Broderick Crawford, Basehart y Franco Fabrizzi. Es la historia de unos timadores, bidonisti, en los que F. contempla el final de los vitelloni parásitos. Es una comedia amarga que termina en la tragedia del personaje central, el timador que traiciona a sus compañeros y es apaleado por ellos hasta morir. En 1956 realiza, por fin, Las noches de Cabiria, cuya protagonista había aparecido ya cinco años antes en una breve secuencia de El jeque blanco. Su mejor obra para unos, y decepcionante para otros, es la historia de la prostituta Cabiria, que engañada una y otra vez por los hombres con el espejismo de un amor sincero, presenta el acostumbrado contraste felliniano entre las fiestas barrocas y la soledad desamparada. Cruel en su pintura de la ingenuidad burlada, el film termina con una nota de esperanza.A partir de 1954 la línea creadora de F. se había ido apartando del neorrealismo tradicional, interesándose más en los problemas sociales que en los conflictos individuales. Sin embargo, F. defendió enérgicamente su postura. "Considero que soy tanto o mucho más neorrealista que los neorrealistas dogmáticos. Rossellini, al hacer Roma, ciudad abierta, no sabía que hacía neorrealismo. Después se ha querido construir un muro en torno al neorrealismo y se ha plantado una bandera. Se nos reprocha, en suma, tanto a Rossellini como a mí, haber saltado por encima de ese muro... y la historia de un hombre que descubre a su prójimo es tan importante y tan real como la historia de una huelga". Su etapa de "moralista" terminó en 1960 con La dolce vita, un mosaico vergonzosa que pinta las monstruosidades de un mundo corrompido. En ella se mostró F. en la cumbre de su carácter contradictorio y exuberante, capaz de unir a la vez lo excelente y lo mediocre. Su primitiva influencia cristiana ("actitud de amor hacia el prójimo") se ha ido diluyendo en una introversión cada vez más acusada, llena de simbolismos personales y de rebeldía anticlerical. El episodio que dirigió en 1962 para Boccaccio 70 era un ataque contra el puritanismo que traspasaba ya los límites del buen gusto. El mismo año realizó Ocho y medio, una sardónica fantasía de revelación íntima, difícil de interpretar en la oscuridad de sus sugerencias, y presentada con un notable dominio de la imagen.Giulietta de los espíritus (1965) es una extensión de Ocho y medio, cambiando de sexo al sujeto de la confesión autobiográfica. De nuevo se repite F., tanto en las irónicas referencias eclesiásticas como en la condenación de las influencias morales sobre la infancia. Sin distinción entre fantasía y realidad, el film es un brillante ejercicio visual poblado de vacías extravagancias. En 1967 dirigió F. un capítulo de Tres pasos en el delirio, trilogía de horror dentro de la corriente revalorizadora del género terrorífico. Tras ciertas dificultades de producción, en 1968 ha realizado El viaje de Giuseppe Mastorna.La importancia creativa de F. en los años 50 ha sido indudable, poniendo su experiencia humana al servicio de un ideal positivo. Creador de tipos dramáticos inolvidables, fue fértil al centrar sus f ilms en "un personaje humilde que quiere dar amor y vive por amor". Mientras su sentido crítico se nutrió de idealismo y ternura poética, tuvo un verdadero sentido cristiano. Su camino actual, dando entrada al equívoco y a la ambigüedad egocéntrica, ha perdido la cualidad más valiosa: el amor. V. t.: NEORREALISMO III.MARIANO DEL POZO.
BIBL.: P. G. HOVALD, El neorrealismo y sus creadores, Madrid 1962; S. BUGDEN, Fellini, Londres 1966.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.