Falconet, Étienne-Maurice
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Biografía GER
Escultor parisiense n. en 1716; tuvo comienzos difíciles. Alumno de Lemoyne, artista muy representativo de la crisis "barroca" que atravesó la escultura francesa durante la Regencia y los primeros años de Luis XV, no consiguió ir pensionado a Roma, y la obra que presentó en 1744 para su admisión a la Academia, el tumultuoso Milón de Crotania, no fue aceptada hasta 1754. Trabajó para iglesias parisinas con obras brillantes y ampulosas (como Moisés y David en S. Roch). La protección de la Pompadour le ofreció otras orientaciones y aseguró su éxito. Sus estatuas mitológicas o alegóricas para los castillos de Bellevue, Choisy, etc. -como la Música de 1749 (para la cual la misma favorita sirvió de modelo), la Jardinera de 1753, la Minerva de 1756-, y otras obras del mismo estilo, el Cupido amenazador y la Bañista en los salones de 1755 y 1756, conquistaron al público parisino. En 1757 fue nombrado director de la manufactura de Porcelana de Sévres, creando numerosos y encantadores modelos de estatuillas o grupos de biscuit (Leda, Juegos de niños, episodios de los Cuentos de La Fontaine). Toda la producción de esta época es amable, galante, de un modelado exquisito; pero la pureza y esbelteÍ de las formas, como la imitación a veces (La melancolía) de vestidos "mojados" a la antigua, revelan, además de un gusto depurado, cierta orientación ya "clásica". No olvidemos que F. es un artista erudito y culto, amigo de los filósofos, muy interesado por los problemas estéticos que discute, en su correspondencia, con el gran periodista y crítico de arte Diderot (v.).Esto dio ocasión a un giro decisivo en la carrera del escultor. Hombre de confianza en París de la emperatriz de Rusia Catalina II (v.), Diderot propuso a su amigo F., cuando la "Semíranis del Norte" quiso dedicar un monumento al Zar creador de la nueva Rusia. F. salió en 1766 con su discípula y colaboradora Mdrie-Anne Collot y permaneció doce años en San Petersburgo. Además de varias estatuas para los palacios imperiales realizó allí su obra maestra, con el monumento de Pedro el Grande que se yergue todavía en la orilla del Neva. El efecto es tan original como grandioso: la estatua ecuestre, de bronce, no descansa sobre un pedestal arquitectónico; el caballo se encabrita sobre una roca granítica; el Zar carece de espada; su figura altiva, que parece designar con la mano la nueva capital y marcar un camino a su pueblo, no evoca al guerrero, sino al legislador y al civilizador.F. regresó por Holanda, donde se quedó dos años (1778-80). De vuelta a París recopiló sus obras de crítica artística, que fueron editadas en Lausanne, en seis tomos (1781). Dos años después sufrió un ataque de parálisis que interrumpió su actividad artística hasta su muerte en 1791. Su obra -como la de su gran rival Pigalle- queda como el más elocuente testimonio de una época de transición, que hace convivir las gracias mundanas de la primera mitad del siglo con las aspiraciones clasicistas y heroicas que triunfarán con el reinado de Luis XVI.PAUL GUINARD.
BIBL.: L. RÉAu, Étienne-Maurice Falconet, París 1922.
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