Fábula LIT.
Categoria:
Literatura
Concepto. La palabra f., que la mayoría de los preceptistas llaman también apólogo, designa una narración breve de carácter didáctico-moral protagonizada, por lo general, por animales, y de la que se desprende una enseñanza o moraleja de validez universal. Los animales, y a veces las cosas inanimadas, que hablan o actúan en el desarrollo de la fábula, encarnan intencionadamente vicios y virtudes propias de los hombres a quienes aquélla va dirigida. Se trata, pues, de una modalidad literaria donde predominan la invención poética y la ficción como recursos para describir o censurar una realidad humana y por ello es posible encontrarla en los mismos orígenes de la literatura. Algunos críticos han defendido la idea, hoy desechada, de que nació como un recurso propio de los esclavos para exponer sus desdichas a sus amos encubriéndolas con un ropaje poético simulador.Desarrollo del género a lo largo de la historia. Antigüedad. Las primeras muestras del género se encuentran en la antigua India recopiladas en las grandes colecciones llamadas Panchatantra (v.) (s. iv-vi d. C.; v.) e Hitopadesha (v.), refundición de la anterior en la que las f. adquieren un alto grado de elaboración literaria. También en la epopeya el Ramayana (v.) los animales desempeñan un papel muy activo al lado de los hombres, aunque sin la intención moralizadora de las fábulas. Posteriormente el género adquiere singular importancia en la literatura grecolatina. El gran fabulista clásico es el griego Esopo (v.), que puede considerarse original a pesar de sus analogías con las fábulas orientales y probablemente con una tradición oral, más popular, completamente perdida. Esopo llega en sus f. a una estilización de los animales en favor de la intención moral y sus seguidores terminarán por quitar a aquéllos sus peculiaridades reduciéndolos a meros símbolos. Teniendo presente las f. esópicas, Aristóteles (v.) formula en su Retórica las características y normas del género, que han permanecido prácticamente inalterables hasta hoy. Algunas f. famosas en la época clásica, como la batalla entre las ranas y los ratones, se atribuyen a Homero (v.); hay también elementos del género en las obras de Heródoto (v.), Hesíodo (v.), etc. Entre los romanos destacan Apuleyo (v.), Ennio (v.) y sobre todo Fedro (v.), que imitó en buena parte a Esopo y gozó de extraordinaria fama durante la Edad Media.Medievo. Las nuevas lenguas derivadas del latín cultivaron bien pronto la f. sobre los modelos de Esopo y de Fedro. La literatura medieval halló en la fábula un gran instrumento para la difusión de ejemplos morales y de enseñanzas cristianas dentro del carácter didácticomoral que caracteriza a toda la cultura de la época. En general no son más que adaptaciones de las f. orientales y clásicas, aunque surgen también nuevos motivos propios de las novedades culturales del Medievo. Son sobre todo los clérigos, como grupo ligado a la tradición cultural clásica, los principales depositarios de ese tesoro de f. que se ve aflorar de manera insistente en las grandes obras literarias de aquel tiempo. La literatura castellana de los s. XIII y xiv es particularmente rica en f. gracias al contacto con las culturas árabe y judía, transmisoras a su vez de las f. del antiguo Oriente. Hay que citar la labor de la Escuela de Traductores de Toledo (v.) bajo el reinado de Alfonso X y específicamente las traducciones del árabe al castellano del Libro de Calila y Dimna (v.), los dos lobos hermanos cuyas conversaciones dan pie para multitud de f. entre animales y entre seres humanos, y del Sendebar (v.) o Libro de los engaños el los asayamientos de las mugeres, de intención misógina. Más tarde se escriben el Conde Lucanor o Libro de Patronio, del infante don Juan Manuel (v.) y el Libro de Buen Amor, del Arcipreste de Hita (v.), en los que la f. adquiere gran importancia como ejemplificación de casos. En otras literaturas europeas tuvo mucha fortuna y difusión una nueva modalidad dentro de la f., que es la epopeya de los dos animales clásicos, la zorra y el lobo. Este motivo, como tantos otros, pasó asimismo a la tradición oral.Del Renacimiento a nuestros días. La fortuna de la f. como género literario continúa en el Renacimiento, que no la cultiva con la intensidad anterior, pero que la exalta como producto del mundo clásico. No ocurre así durante el Barroco, que en buena parte la desdeña -y olvida, considerándola como género inferior, apto sólo para espíritus rudos y superficiales. Hay que llegar al francés La Fontaine (v.) para encontrar de nuevo un entusiasta cultivo de la f. Sus Fables (1668), que inician un verdadero siglo de oro del género, siguen utilizando preferentemente los motivos tradicionales, pero acusan gran originalidad desde el punto de vista literario por su refinamiento, su riqueza de matices psicológicos y su lirismo. La Fontaine creó escuela en toda Europa y el racionalismo crítico del s. xvlll acogió la f. con un interés sólo comparable al de los autores de la Edad Media. El gran escritor alemán Lessing la definió así: "Si aplicamos una máxima general a un caso particular y hacemos realidad este caso particular sacando de él una historia en la que intuitivamente reconozcamos aquella máxima general, esta invención es una fábula". La f. era, en efecto, un género que encajaba muy bien en la concepción didáctica e instrumental de la literatura que imperaba en el s. xvin ya que podía ser vehículo de enseñanzas y de críticas. Siguiendo el modelo de La Fontaine, se escriben en toda Europa obras como las de Gay (1685-1732) en Inglaterra, Lessing (v.) en Alemania, Roberti (1719-86) y Passeroni (1713-1803) en Italia, y las de Iriarte y Samaniego en España. Iriarte (v.), en sus Fábulas literarias (1782) hizo gala de un buen dominio de la versificación; sus composiciones aluden con frecuencia a defectos de algunos literatos contemporáneos. Las Fábulas morales (1781) de Samaniego (v.) más pobres de ingenio, poseen, sin embargo, gracia y espontaneidad.Desde el s. xviii el papel de la f. ha decaído sensiblemente en la literatura moderna, sobre todo a partir del romanticismo, que desdeñó toda forma de literatura didascálica. Influye también en ese abandono el hecho de qqe la f. sea uno de los géneros literarios que menos se han renovado, ni en los motivos ni en la intención, a lo largo del tiempo. Hay que destacar, sin embargo, la persistencia de la f. en algunos autores modernos, como el indio R. Tagore (v.).BIBL,: 1. CAMARENA, Bibliografía de fabulistas españoles, "Bibliografía Hispánica" V-VII (1945-47); Fabulario español, Selección, estudio y notas de F. C. SAINZ DE ROBLES, Madrid 1964; E. DU MÉVIL, Histoire de la jable Ésopique, París 1840; Églogas y Fábulas castellanas, selección y prál. de R. ALBERTI, Buenos Aires 1944; 1. M. DE Cossío, Fábulas mitológicas en España, Madrid 1952.**AUR. REYES CANO.
**BIOFACIAL, ÁNGULO
Es el á. que forma, con respecto a una paralela al plano de Francfort (v. CRANEOMETRÍA), la línea del perfil f. perpendicular a él. Sirve para medir la proyección hacia delante de los maxilares o de todo el macizo f.; este saliente se llama prognatismo, y puede ser de varios tipos: 1° á. de prognatismo completo en el que se considera el saliente de todo el macizo f., incluida la mandíbula; 2° á. de prognatismo total, también llamado á. del prognatismo f. superior. Es el grado de salida del maxilar superior y se descompone en dos elementos: a) prognatismo nasal, que es la salida de la parte del maxilar en que está la abertura nasal, independientemente del borde alveolar subyacente; b) á. del prognatismo alvéolo subnasal, que solamente indica la salida de la parte alveolar y subnasal del maxilar superior. A menudo se encuentra en una cara, por lo demás plana; es, entonces, un prognatismo aislado que caracteriza a algunos sujetos y grupos raciales. Lo más corriente es, sin embargo, que esté asociado al prognatismo nasal para formar el prognatismo f. superior.
Todas estas variedades del prognatismo se miden por el grado de inclinación de las líneas del perfil de la cara, y para objetivarlas se han descrito numerosos procedimientos. Prescindimos del prognatismo completo, puesto que no siempre se dispone de la mandíbula y porque está influido por la naturaleza de los puntos de referencia elegidos. Para el prognatismo f. superior se mide, sobre el perfil craneal, el á. que forma la recta NasionProstion (v. CRANEOMETRíA) con la paralela al plano de Francfort. Dicho á. puede ser abierto y próximo a 90°, en cuyo caso la cara es plana y ortognata; o bien ligeramente agudo, a consecuencia de la salida del maxilar, en cuyo caso hay prognatismo. Los valores hallados se interpretan así: maxilar muy saliente (hiperprognatismo), más de 70°; maxilar saliente (prognatismo), 70-79,9°; maxilar un poco saliente (mesognatismo), 80-84,9°; maxilar no saliente y cara plana (ortognatismo), 85-92,9°, cara muy plana (hiperortognatismo), más de 93°. La mujer tiene un á. de perfil ligeramente más abierto que el del hombre (una cara más ortognata); asimismo, el niño en comparación con el adulto. Las razas negras son prognatas; las amarillas, a veces mesognatas; y las blancas, ortognatas, si bien con grandes variaciones individuales (p. ej., algunas razas negras son mesognatas y muchas amarillas ortognatas).El á. del prognatismo alveolar está formado por la inclinación, sobre la paralela al plano de Francfort, de la recta que une el Prostion al punto Naso-espinal. Los valores se clasifican en tres clases: borde alveolar saliente (prognatismo alveolar), por debajo de 80°; borde alveolar poco saliente (mesognatismo alveolar), 80-84,9°; borde alveolar no saliente (ortognatismo alveolar), a partir de 85°. La mujer tiene un borde alveolar ligeramente más saliente que el del hombre. Por el contrario, el niño lo tiene menos saliente que el adulto. Como para el á. del perfil total, existe a menudo prognatismo alveolar entre los negros, mesognatismo entre los amarillos y ortognatismo entre los blancos.V. t.: LATINA, LENGUA Y LITERATURA I.MARÍA DOLORES GARRALDA.
BIBL.: "P. BRAUN, Formulaire d’Anthropologie, París 1963; 1. CoMAS, Manual de Antropología física, México 1966; R. MARTIN y K. SALLER, Lerbuch der Anthropologie, Stuttgart 1958; A. MONTAGU, An introduction to Physical Anthropology, 2 ed..Illinois 1960; G. OLIVIER, Pratique Anthropologique, París 1960.
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