Exploraciones Geográficas GEOG.
Categoria:
Geografía
Las e. g. en los s. xix y xx son una continuación de los descubrimientos geográficos (v.), que se prolongan hasta el s. xviii inclusive, aunque ya en muchos viajes de esta época se explora también lo descubierto y se reconocen tierras de las que se tenía alguna noticia. Reconocer, confirmar la existencia de lo que se sabe, abrir nuevas rutas, avanzar hasta puntos no alcanzados, es el objetivo y el contenido de las e. g. En esta aventura colectiva, emprendida por la audacia de los más arriesgados, con medios de penetración más perfeccionados que en los siglos anteriores, participan las grandes potencias que bien podríamos llamar exploradoras: Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Rusia, Suecia y Noruega, entre las principales. Están casi totalmente ausentes España y Portugal, otrora potencias descubridoras. Las e. responden, por una parte, al "clima" romántico en que vive Europa; por otra, al imperialismo de las grandes potencias, unido al afán de conocimiento y de expansión del hombre, que fomentan las sociedades geográficas de la época y las publicaciones de evasión. En la exposición que aquí se hace de las e. g. se tiene en cuenta exclusivamente el punto de vista europeo en relación con el resto del mundo; sólo se trata de las e. que parten de Europa hacia los otros continentes y se omiten deliberadamente las demás.Las e. g. en los s. xix y xx se dirigen al interior de los continentes (África, Asia, América y Australia) y a las regiones polares, tanto del Polo Norte (tierras boreales o árticas) como del Polo Sur (tierras australes o antárticas). También tienen interés las e. en las regiones insulares de África (Madagascar), Asia (Indonesia y lapón) y Oceanía (Polinesia y Melanesia), pero su exposición resultaría prolija. En todos estos viajes se parte de un supuesto descubrimiento, al que se añaden nuevos hallazgos, posiblemente no tan meritorios, aunque no por ello desmerezca la grandeza de su protagonista: el hombre. La psicología del explorador es muy compleja y digna de estudio; no sólo participan en la aventura geográfica propiamente aventureros, sin profesión determinada, sino también médicos, militares, geólogos, naturalistas, etc. Algunos de sus nombres permanecen en la toponimia de varios continentes. Por muchas razones, las e. g. que aquí se reseñan, pueden considerarse la avanzadilla de la civilización occidental, que encuentra en los indígenas de cada continente una oposición más tenaz a veces que la del medio físico, aunque también es de justicia señalar la ayuda prestada en ocasiones por el elemento autóctono.En un sentido amplio, pueden incluirse en las e. g. los viajes oceanográficos de investigación del fondo del mar y de los movimientos de las aguas (V. OCEANOGRAFÍA), así como la espeleología (v.) y el montañismo (v.). Para las e. espaciales, V. ASTRONÁUTICA; COHETES I; SATÉLITES.Interesante para los viajes de e. ha sido el estudio de las corrientes y de las mareas, el progreso de la navegación con el invento de la máquina de vapor y el empleo del sextante, la navegación aérea y la fotografía también aérea que permite estudiar con cierto detalle el terreno a explorar. Del barco de vela se pasa, en 1840, al barco de vapor, construido primero con madera y luego con hierro y acero. Las ruedas de paletas de los primeros barcos de vapor se sustituyen por hélices, cada vez más perfeccionadas. Barcos rompehielos permiten internarse en regiones polares de otro modo inabordables, a no ser mediante la aviación. Gran auxiliar de los navegantes ha sido y es la meteorología (v.). El mundo, en fin, de las e. que comienzan en el s. xix es muy distinto del de los veleros descubridores, menos costosos pero no tan rápidos como los barcos de propulsión a vapor. El estudio de las rutas marítimas por el teniente de navío Matthew Fontaine Maury, a mediados del s. xix, permite reducir la duración de las travesías en un 50%. El vapor multiplica la velocidad de los barcos. Pero todo esto no cuenta en el interior de los continentes. Aquí es el mismo hombre de siglos pasados, con la misma insaciable sed de conocimiento, víctima también de intereses comerciales de las compañías que buscan expansión a sus productos, o nuevas y más abundantes materias primas. En la e. continentales se evidencia el imperialismo de las, naciones y empresas que las financian. Los relatos de los viajeros constituyen la primera fuente para el conocimiento de estas e. y han enriquecido la literatura de viajes.1. África. En la e. del interior de este continente, casi desconocido hasta el s. xix, han destacado los escoceses. Las principales vías de penetración han sido los ríos, cuyo estudio ha contribuido al avance de la hidrología (v.) en general y de la potamología (v. Ríos i) en particular. Hasta entonces, la imagen del interior africano estaba falseada por una cartografía caprichosa y por las leyendas de los pueblos costeros, interesados en que el "hombre blanco" no penetrara en el interior para seguir ellos siendo intermediarios en el comercio de esclavos, pero, cuando este tráfico declina, comienzan a abrirse las puertas del África a la curiosidad del europeo. La fundación en Londres de la African Association (1788), después del viaje al Nilo del escocés lames Bruce (1768-73), estimula las e. El médico escocés Mungo Park recorre África occidental (v.) y llega al Níger (1795-96); en 1805 perece en los rápidos de Boussa (oeste de Nigeria). El mayor Dixon Denham, el teniente de navío Hugh Clapperton y el naturalista Walter Oudney descubren el lago Chad (v.; 1822) y entran en contacto con pueblos musulmanes hasta entonces desconocidos (peules o fulbes, entre otros). Esta es la primera expedición europea que atraviesa el Sahara (v. SAHARA, REGIÓN DEL). Richard Lander, que había sido criado de H. Clapperton, y su hermano John llegan a la desembocadura del Níger (v.; 1830), donde son atacados por los ibo, mercaderes de esclavos. Hacía tan sólo dos años que había comenzado a usarse el febrífugo quinina, pero tan sólo como curativo. De África ya comienza a conocerse algo más que sus costas y la desembocadura de sus ríos. Los relatos de los exploradores enriquecen las ciencias naturales, la etnografía y el acontecer histórico. Para mayor adaptación en las zonas de dominio musulmán, el explorador vive con frecuencia la misma vida que los africanos, aprende su lengua, viste sus ropas y hasta sigue su religión.El mayor Gordon Laing consigue llegar a la ciudad de Tombuctú (1825) en la actual Malí, pero es asesinado; el campesino francés René Caillé alcanza Tombuctú (1828), habiendo partido de Guinea, y regresa a Tánger atravesando el Sahara. Hasta mediado el siglo, no se reanudan las e. en el África sudanesa (v.). Los alemanes Heinrich Barth y A. Oterweg cruzan el Sahara desde Trípoli al Níger (1849-53). Otros compatriotas suyos siguen su ejemplo: Gerhard Rohlfs va de Trípoli a Lagos (1865-67). Por este tiempo se utiliza ya la quinina como preventiva, lo cual aumenta la "fiebre" viajera. La obra científica de H. Barth la continúa el francés Henri Duveyrier, que da a conocer a los tuareg (1859-61). Zweifel y Moustier descubren las fuentes del Níger (1879). Oscar Lenz va desde Marruecos al Senegal, pasando por Tombuctú (1880).Las e. al África central (v.) comienzan con el británico Tuckey, que consigue remontar el río Congo (v.) hasta las primeras cataratas (1816). David Livingstone (v.) no sólo recorre el centro del continente, sino también África meridional (v.), donde descubre las cataratas Victoria del río Zambeze (v.; 1855) y el lago Nyasa (1859); en su última expedición de 1866-73 parte desde África oriental (v.) en busca del origen del Nilo (v.) y realiza diversos descubrimientos al pasar al África meridional (lago Bangueolo, río Lualaba, etc.). Henri Morton Stanley (v.) explora con él el norte de Tanganica (1871-72), y en 1874-77 lleva a cabo, con abundantes medios y hombres, una de las mayores expediciones de la cabecera meridional del Nilo, circunnavegacióri del lago Victoria (v.) y recorrido de los ríos Lualaba y Congo, por el que desemboca al Atlántico. El escocés Joseph Thomson explora entre los lagos Tanganica (v.) y Nyasa (1878-81), el primero de los cuales habían descubierto los oficiales Richard Burton y John H. Speke (1858) cuando iban en busca de las fuentes del Nilo, siguiendo las indicaciones de los misioneros Rebmann y J. L. Krapf, descubridores de las cimas del Kilimanjaro y del Kenya; pero fue J. H. Speke el que, en el mismo año, encontró el origen del Nilo en el lago Victoria, hallado por él. De la posibilidad de este origen dudó Livingstone y por ello se explica su expedición de 1866-73. J. H. Speke y el capitán lames A. Grant llegan al país de Uganda (1862). Samuel Baker descubre el lago Alberto (1864), que exploran los italianos Gessi y Piaggia, después de remontar el Nilo (1876). El naturalista alemán Georges Schweinfurth comprueba la existencia de pigmeos en la cuenca del Congo (1868-71).Las travesías del continente fueron numerosas: Verney L. Cameron (1874-76), Hermann von Wissmann (1880-86), etc. Pierre Brazza (v.) remonta el río Ogoové desde Gabón y descubre el río Alima, que nace junto a las fuentes del Ogoové y desemboca en el río Congo, cuya salida al mar de este río busca Brazza (1883-85), sin llegar a encontrar ni el río, después de haberlo conseguido Stanley. En Etiopía pueden citarse numerosos exploradores entre los que los italianos han aportado un abundante caudal de conocimientos sobre este país. Las expediciones de Serpa Pinto (1877-79), Ivens (1877-85) y E. A. Capello (1885) sirven a Portugal para reivindicar Angola y Mozambique en el reparto de África, acordado en la conferencia de Berlín (v.). A partir de entonces (1885), comienza una nueva época de e. en África, más científica y con mejores técnicas, pero también más nacionalista. Ocupada África ca. 1912, se inicia la etapa cartográfica y se penetra aún más en el interior de los países, lejos ya de las cuencas de los ríos, pero las expediciones pierden el carácter de e. g. y adquieren un matiz claramente político.2. Asia. Las e. en Asia, más numerosas en el s. xix que en el xx, son científicas y de reconocimiento, no sin cierto margen de aventura, por la distancia cultural y política que separa a europeos y asiáticos, y por las dificultades del terreno, ambiente, clima, etc., al igual que en otros continentes; y también aquí la geografía, la topografía y la arqueología son pretextos que encubren intenciones políticas. En Siberia (v.) se reanudan las expediciones de siglos anteriores, se completa el conocimiento de la red fluvial y el dominio de la cuenca del río Amur (v.). El cuadro de e. en esta zona, estimuladas por la Soc. Imperial de Geografía de San Petersburgo, es bastante amplio. Mayor importancia tienen las del alemán Alexander von Humboldt (v.; 1829) y las de los rusos A. von Middendorff (1840-44), Kropotkine (1854), Staritsky (1866-71) y Tchekanowsky (1873-76). La construcción del ferrocarril transiberiano (1891-1904) acelera la penetración y el conocimiento de Siberia. Los dos grandes exploradores y estudiosos del Cáucaso son G. H. Abiteh (1844-77) y Douglas Fresfield (1868). Gran explorador de Asia central es el ruso Nicolas Mijailovich Prjewalski (1871-84), cuyas expediciones continúan su compañero y compatriota P. K. Kozlov (1899-1908 y 1923-26) y el sueco Sven Hedin (1886-1929). El primer europeo que consigue llegar a la capital del Tíbet es el inglés Younghusband (1904). El reconocimiento del Himalaya culmina con la escalada por el neozelandés Edmund Hillary y el nepalí Tensing Bhutia (1953) del Everest, cuya altura había determinado el coronel inglés George Everest (1852), explorador de lava y la India (1825-66). Las principales e. en Indochina las realizan los franceses Mouhot (1858-61), Francis Garnier (1866, 1868 y 1873) y Ernest Doudart de Lagrée (1866-68). En China, F. von Richtofen recorre la mayor parte de sus regiones (1868-72). Los viajes a Mongolia y Manchuria son frecuentes. A partir de 1911, China vuelve a cerrarse a la penetración europea.La e. de Arabia la llevan a cabo sobre todo William C. Palgrave (1862) y G. B. Philby (1917-18). Siria y Palestina despiertan mayor interés por motivos religiosos. Los alemanes Schubert y Roth descubren que el mar Muerto se encuentra bajo el nivel del Mediterráneo (1837). La e. sistemática de Palestina es iniciativa de la Palestine Exploration Fund. La expedición al Éufrates dirigida por el coronel inglés Chesney intenta nuevas vías de comunicación entre Siria e India (1835-37). Las consecuencias de estos y otros viajes han sido decisivas para el progreso de la arqueología en Mesopotamia (v.). En 1891, el arqueólogo francés detecta la existencia en esta región de petróleo, cuya posterior explotación ha contribuido a financiar nuevas expediciones. Casi todos los exploradores del s. xix a Persia, Afganistán y Beluchistán (v.) son ingleses, parten de la India y su principal misión consiste en contrarrestar la influencia rusa en este sector.3. América. Las e. en América del Sur son una continuación de las ya emprendidas en el s. XVIII. Su finalidad primordial es geográfica: un mejor conocimiento del subcontinente. De estas e. están ausentes los intereses comerciales y políticos. La gran figura exploradora del continente suramericano es el ya citado Alexander von Humboldt, a quien acompaña el naturalista francés Bonpland (1801-02). Paraguay y la Pampa atraen al español Félix de Azara (1781-1802). El botánico y etnólogo francés Auguste P. de Saint-Hilaire recorre Brasil y Paraguay (1816-22). Su compatriota el zoólogo Alcide D. d’Orbigny visita Argentina, norte de Chile y Bolivia (1826-33). Fran~ois de Castelnau llega a Bolivia y Perú desde Brasil (1843-47). Los naturalistas Alfred R. Wallace (1848-52) y H. W. Bates (1848-59) exploran la selva amazónica. Alexander Agassiz estudia la cuenca del Amazonas (1865), en la que también penetran Jules Crevaux (1877-82) y Henri Coudreau (1883-99), exploradores además de la Guayana francesa. Por la Patagonia viaja, entre otros, el argentino Francisco P. Moreno (1873-1902). El norteamericano Hamilton Rice realiza varias expediciones de los Andes al Amazonas (1907-25).Hasta el s. xix, en América del Norte hay regiones tan desconocidas como la Amazonia o el Matto Grosso brasileño. Desde principios de ese siglo, algunos exploradores (Simon Fraser y John Franklin) siguen los pasos de uno de los más grandes viajeros del subcontinente norteamericano: A. Mackenzie (v.); sus nombres han quedado en la geografía de Estados Unidos y Canadá, cuya exploración favorecen las compañías de pieles. La e. de Alaska es continuada por los rusos en el s. xix, encabezados por Otto Kotzebue (1823-26). En 1850, llega a conocerse el curso completo del río Yukon (v.), cuyo valle recorren los buscadores de pieles; el ritmo de e. aumenta con el descubrimiento de los yacimientos auríferos de Klondike, que atraen numerosos aventureros. Uno de los grandes exploradores de Alaska y Canadá es el británico David Thompson (1789-1826). A principios del s. xx,Frédérick A. Cook continúa las e. (1903-06). De Alaska no puede decirse que sea totalmente conocida ni tampoco se ha recorrido en toda su extensión, por las dificultades climáticas. John y lames Ross llegan a la península más septentrional de América: Boothia (1829). Sus viajes están relacionados con la búsqueda del paso del Nordeste (v. más adelante e. en las regiones polares). Una de las expediciones modelo es la emprendida en Luisiana por iniciativa del presidente Thomas Jefferson, a cargo del topógrafo William Clark y del naturalista Meriwether Lewis (1803-06). El desconocido Lejano Oeste, popularizado con la denominación de Far West, atrae a Zabulon M. Pike (1805-07), John Charles Fremont (1838-53) y numerosos aventureros, colonos y buscadores de oro. De este modo, las e. g. en América del Norte contribuyen al poblamiento de regiones casi deshabitadas.4. Australia. La barrera que suponen los montes Azules para la penetración en el interior de Australia es salvada por G. Blaxland, que descubre un paso (1813). G. W. Evans explora la Australia oriental (1810-15). John Oxley (1817-18), Charles Sturt (1829-30) y Thomas L. Mitchell (1831-45) recorren la cuenca del Murray. Todos estos viajes están inspirados por la idea de encontrar pastos para la cría de carneros. Al igual que en África se remontan los ríos o simplemente se sigue su curso en la invariable dirección oeste que señalan, con intención de llegar a una posible fuente común, que ciertamente no existe. A esta conclusión llega el ya citado Ch. Sturt, descubridor del río Darling. Desde 1826, la ciudad de Brisbane, en el este, se constituye en punto de partida de las e. En 1829 y 1836 surgen otros centros de e.: Perth en el oeste y Adelaida en el sur. El alemán Ludwig Leichhardt llega al extremo septentrional de Australia (1842-45) y desaparece cuando intenta atravesar el país de este a oeste (1848). En el mismo año fallece a manos de los indígenas E. B. Kennedy, que pretende llegar al norte de la península del cabo York. El squatter (arrendatario de pastos) John F. Eyre explora Australia meridional, donde descubre los montes Flinders y los lagos Torrens y Eyre (1839-40). La expedición dirigida por el irlandés Robert O’Hara Burke, para atravesar el continente de sur a norte, fracasa (1860-61); el topógrafo escocés John Mac Donal Stuart lo consigue (1858-61). Gregory explora con éxito Australia occidental (1846-61), lo que da pie para las e. de John Forrest (1870-74), P. E. Warburgton (1873) y Giles (1875-76), a través de los desiertos, en los que se utiliza como medio de transporte el camello importado.5. Regiones polares. Las e. en estos territorios constituyen en principio uno de los capítulos más románticos y desinteresados; después se politizan, y los exploradores toman posesión, en nombre de sus respectivos países, de territorios hasta entonces desconocidos. El paso del Nordeste, que comunica el Atlántico y el Pacífico a través del estrecho de Behring (v.), al norte de Siberia, había sido buscado desde fines del s. XV (v. DESCUBRIMIENTOS GEOGRÁFICOS), pero quien lo logra es el sueco Nils Adolf Erik Nordenskjóld, que llega a la desembocadura del Yenisei (v.; 1875) y abre el citado paso (1879). El paso del Noroeste, que une el Atlántico y el Pacífico a través del Ártico (v.) canadiense, de interés en la ruta a la India y Extremo Oriente, también había sido buscado desde la Edad Moderna. Lo encuentra Roald Amundsen (v.), que en 1906 llega a la bahía de Beaufort (v. ÁRTICAS, REGIONES). El camino hacia el Polo Norte se intenta desde el s. xix. William-Edward Parry llega a los 82° 41 de lat. (1827).F. Mansen, en barco, a los 84° (1895), y en trineo, con Johannsen, a los 86° 12’ (1896); el duque de los Abruzzos, a los 86034’ (1897); por fin, el norteamericano Robert E. Peary alcanza el Polo (6 abr. 1909), que logra sobrevolar R. E. Byrd (10 mayo 1926), después de los fracasos de Salomon Auguste André y Strindberg en globo (1897), y de R. Amundsen y Linsoln Ellsworth en hidroavión (1925).Con estos viajes se logra también un mejor conocimiento de Groenlandia (v.), que se extiende hasta 83040’ de lat. Esta isla ha sido recorrida desde su extremo meridional, próximo a Canadá, hasta el archipiélago Ártico, del que la separan el mar de Baffin (v.), el estrecho de Davis, etc. Son de interés los viajes por Groenlandia de Elisha K. Kane (1853-55), Isaac I. Hayes (1860-61), Charles F. Hall (1860-71) y George S. Nares (1875-76). Sin estos exploradores no hubiera sido posible la llegada al Polo Norte; por ello, los fracasos en cuanto a e. son muy relativos. Los viajes de J. P. Koch desde 1920 son de interés para el conocimiento geológico de la costa. El danés Eigil Kunth ha realizado expediciones arqueológicas hasta 1950. La e. de la costa noroeste de Thule se debe al geógrafo francés J. Malaurie (1950-51). En la e. de los glaciares han participado glaciólogos y meteorólogos franceses, alemanes e ingleses. Uno de estos últimos ha sido W. Simpson (1952-54).La Antártida (v.) comienza a ser recorrida por los cazadores de focas norteamericanos, que siguen los pasos de los balleneros en el Antártico (v.). El ruso Fabian G. von Bellingshausen descubre las islas Alejandro I y Pedro 1 (1819-21). El norteamericano Benjamín Morrell explora el mar de Weddell y las islas Kerguélen y Sandwich del Sur, cartografía las Orcadas del Sur y alcanza los 70° 14’ de lat. S. (1822-23). A esta misma altura habían llegado los británicos lames Weddell y Matthew Brisbane (1822-24). John Biscoe descubre la tierra de Enderbery (nombre de una compañía comercial) y las islas Adelaida y Biscoe, y llama Tierra de Graham al archipiélago Palmer (1830-32), que en 1820 había recorrido Nathaniel B. Palmer. El francés J. S. C. Dumont d’Urville descubre Tierra Adelia (1840). Charles Wilkes reconoce la continentalidad de la Antártida (1838-42), que circunnavega lames C. Ross, descubridor del mar de Ross y Tierra Victoria (1839-42). Después de su intento frustrado de alcanzar el Polo Sur, se interrumpen las e., continuadas por Georg S. Nares (1874), A. Gerlache de Gomery (1897-99), Robert F. Scott (1901-12), Otto Nordenskjóld (1901-03), J. B. Charat (1903-05 y 1908-10) y Ernest H. Shackleton (1901-17), que preparan el acceso al Polo Sur geográfico por R. Amundsen (14 dic. 1911). En 1929, R. E. Byrd sobrevuela por primera vez el Polo. A partir de entonces, las expediciones adquieren un carácter más científico, con mejores medios de transporte: John Rymill (1934-37) y Lars Christensen (1936-37). Y también se colectivizan, de modo que hoy día se habla ya de expediciones francesas, británicas, etc., e internacionales, como resultado de la cooperación acordada en el segundo Año polar (1932-33) y en el año geofísico internacional (1957-58).V. t.: DESCUBRIMIENTOS GEOGRÁFICOS.CARLOS R. EGUI IA.
BIBL.: L.-H. PARIAS, Historia universal de las exploraciones, 4, Madrid 1968; 1. RIVERAIN, Diccionario de las exploraciones, Barcelona 1970; H. DEscHAMes, Historia de las exploraciones, Barcelona 1971; F. DEBENHAM, Discovery and Exploration, Washington 1960; 1. GARCÍA TOLSÁ, Navegantes y exploradores, Barcelona 1958.
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