Eva HIST.
Categoria:
Historia de la Iglesia
1. Su creación. Al despertar Adán (v.) de su profundo letargo y encontrarse ante un nuevo ser, cuya compañía tanto había anhelado, le llamó ’issah, "varona", por haber sido tomada del varón(’is). Los dos términos hebraicos, ’is e ’issáh, provienen etimológicamente de la misma raíz verbal ’enas, ser débil, y la etimología popular ha visto en ellos también la forma masculina y femenina del mismo verbo. Pero cuando Adán considera a la que Dios le había dado "por ayuda semejante a él" (Gen 3,19-20) en función de su maternidad, la llama E., hebreo hawwáb, forma antigua de la palabra hayyáh, vida, como lo han interpretado correctamente los Setenta y Símmaco cuando tradujeron el nombre de E. al griego, respectivamente, por zoé y zoogónos, vida, engendradora de vida. Es probable que hawwah derive del sumerio ama, y del acádico awa, madre. E. recibió este nombre "por ser la madre de todos los vivientes" (Gen 3,20).a) Primer relato. Según la narración de Gen 1,1-28 (tradición sacerdotal), la creación de la mujer entraba en el primer designio de Dios de crear a la humanidad, que era constituido no solamente por el individuo de género masculino (heb. zakar), sino también por otro de género femenino (hebr. négebáh). Las palabras de Dios: "Hagamos al hombre" deben entenderse en el sentido inclusivo de la creación simultánea del hombre y de la mujer, no en etapas y actos sucesivos, sino sincronizados en la intención y en la ejecución. En el principio, Dios los creó macho y hembra, ambos a su imagen y semejanza. Los dos recibieron la bendición divina para que procrearan y se multiplicaran, sometieran la tierra y dominaran "sobre cuanto vive y se mueve sobre la tierra" (Gen 1,27-28). Así, pues, el hombre y la mujer se encuentran en el mismo plano de igualdad; creados al mismo tiempo, con diferenciación de sexos, que no supone subordinación de uno al otro, sino complemento mutuo; los dos llevando en sí la imagen divina; ambos igualmente obligados a continuar por la procreación de nuevos seres la obra creadora de Dios. Tal es el grandioso cuadro que el autor del relato sacerdotal ha esbozado sobre el tema del origen y naturaleza de la mujer, que aunque no le llame E., la considera como madre, de cuyo seno maternal procederá toda la humanidad posterior.b) Segundo relato. En el texto de Gen 2,7-25, que procede probablemente de la tradición yahwista (v. PENTATEUCO), la descripción del origen de la primera mujer se presenta de otra manera. Dios crea a la humanidad por etapas; primero llama a la existencia al individuo hombre, de sexo masculino y, en último término, crea a la mujer. Dios creó al Adán-varón "y le puso en el jardín de Edén (v. PARAíso TERRENAL), para que lo cultivase y guardase" (2,15). Pero este "jardinero" se sentía solo en medio de aquel frondoso oasis, con agua abundante, y con toda clase de árboles hermosos a la vista y sabrosos al paladar (2,9). Nótese cómo en todo el relato el autor sagrado se acomoda a la mentalidad de su ambiente y recurre a un peculiar modo de decir para expresar la enseñanza religiosa que quiere transmitir de parte de Dios (para este tema de los géneros literarios, v. BIBLIA Iv). Entonces díjose Dios: "No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una ayuda semejante a él (heb. kénegdo, literalmente: como delante de él)". Bien sabía Dios cuál era la causa de esta soledad y qué clase de ayuda anhelaba el hombre; pero en vez de proceder inmediatamente a proporcionársela por creación, formó de la tierra toda clase de animales del campo y aves del cielo y los trajo ante el hombre para ver cómo éste los llamaría (2,19). El inteligente Adán, conocedor de la naturaleza de cada uno de los animales, les dio un nombre apropiado; pero a ninguno pudo dar el nombre de ’issáh, porque no encontró para sí un ser de su misma naturaleza con el cual pudiera intimar y alternar (en el texto hebreo, se llama a los animales, sobre todo a los mayores, béhemáh, que significa: los mudos). El desfile de los animales ante Adán sirvió para reafirmarle en la convicción de que el ser con el cual soñaba no existía en el mundo animal. Únicamente Dios podía proporcionárselo mediante una nueva creación, no sacándolo de la tierra, de la que Dios formó los animales, sino de algo que pudiera producir un individuo de la misma naturaleza que él.Cuando finalmente Dios se decide a crear la ayuda que necesita el hombre, no quiso que éste supiera cómo y de dónde creaba a la mujer. Para ello, y para que hiciera las veces de anestésico, hizo caer sobre Adán un profundo sueño (hebreo, tardemáh), durante el cual no se enteró absolutamente de cuanto operaba Dios en él (1 Sam 26,12; Is 29,10). En este estado de sopor, Dios "tomó una de sus costillas (hebr. sela’; Setenta, pleurá), reponiendo carne en su lugar; seguidamente de la costilla tomada al hombre formó (hebr. banáh, construir, edificar) Yahwéh Dios a la mujer (hebr. ’issáh) y se la presentó al hombre (hebr. ha-adam)" (2,21-22). El autor emplea con profusión los antropomorfismos: cfr. Gen 2,19-22; después conduce la mujer a Adán (Gen 2,22). Todos esos antropomorfismos los utiliza el autor, y se sirve de ellos como modos de afirmación, para expresar una idea teológica profunda. Detrás de estos modismos es fácil adivinar su enseñanza de que Dios intervino de una manera especial en la creación de E., como había hecho con la de Adán (Gen 1,26-27). Subraya la imposibilidad de que la mujer viniera a la existencia por simple generación o evolución natural del mundo animal.Cuando Adán despierta de su sueño, vio que la ayuda que anhelaba existía, y, con alborozo, exclama: "Esto sí (heb. zot-ha-pa pa’am) que es hueso de mi hueso y carne de mi carne, ésta será llamada varona (’issah), porque del varón(’is) ha sido tomada" (2,23). Adán comprueba que la mujer era una realidad que Dios había creado para él, pero ignoraba de dónde la había sacado y de la manera como había procedido en su formación, de lo cual Dios era el único autor y actor. Por su parecido a él, deduce Adán que, en su creación, Dios se propuso que el nuevo ser fuera exactamente igual al modelo que del mismo se había formado Adán en su corazón. Por consiguiente, el autor sagrado podía dejar testimonio de que la mujer fue tomada del lado o del costado de Adán, lo que equivale a decir, que procede del corazón del hombre. Entre los Padres griegos era corriente escribir que Dios sacó a la mujer apó tes pleurás (así los Setenta) de Adán y rarísimamente ponen especial énfasis en la expresión en cuanto traducida por costilla, tanto más que, en griego, pleurá, significando ambas cosas, denota más bien costado que costilla. Adán reconoce que E. es algo suyo, que fue sacada de su misma esencia (ek tez ousias tou Adam, S. Gregorio Niseno, PG 44,1329), que pertenecía a su misma naturaleza humana. Esta idea sublime la expresa Adán con el modismo hebraico: "hueso de mis huesos y carne de mi carne" (Gen 29,14; Idc 9,2; 2 Sam 5,1; 19,19; 1 Par 11,1). El hombre y la mujer están destinados a unirse para formar una sola carne, es decir, constituir la unidad orgánica de la familia. Entre los animales que Adán había visto desfilar, no encontró ninguno que fuera hueso y carne suya, que fuera semejante a él, que tuviera su misma naturaleza, que pudiera formar con ellos una sola carne, una comunión de seres.En la revelación posterior no se halla texto alguno que afirme que la mujer fue sacada del cuerpo del primer hombre. En 1 Cor 11,8, dice S. Pablo "que no procede el hombre de la mujer, sino la mujer del hombre", pero no especifica más. Esta reserva de S. Pablo indujo a los Consultores de la Pontificia Comisión Bíblica a no mencionar la costilla en la Respuesta del 30 jun. 1909, limitándose a hablar "de la formación de la primera mujer del primer hombre (ex primo Nomine) ". En lo que concierne a la creación de E., la Comisión Bíblica misma parece abrir el camino a una interpretación más amplia, y ésta es tanto más plausible en cuanto que el término que traducimos por costilla es una de los vocablos más oscuros del Génesis. Al hablar S. Juan Crisóstomo de la manera como se llevó a cabo la formación de E., escribe: "Uno sólo lo sabe, el que llevó a cabo la operación"; "de la manera que le plugo" (Hom.s.Gen., 10.15: PC, 53,121).2. Conclusión. Ambos relatos (Gen 1,1-28 y 2,7-25) encierran, pues, las mismas verdades. Dios intervino de una manera especial en la creación de E.; ningún animal pudo engendrarla por evolución espontánea, o llamarse en, sentido unívoco su progenitor; su naturaleza es igual a la del hombre-varón; no es una nueva e idéntica edición del varón, sino otro ser humano que completa al hombre (’is) con otra expresión de la esencia del hombre como mujer(’ssáh). En E. reconoce Adán a otro él; su aparición le revela el amor, que une y tiende a hacer del hombre y de la mujer una sola carne. En esta relación de Adán y E. ve el autor sagrado el prototipo del matrimonio (v.) tal como fue instituido por Dios, y que Cristo confirmó (Mt 19,4-8).Por su creación, la mujer estaba destinada a ordenarse, no a subordinarse al hombre. Si en Gen 3,16, se le dice que "él (el hombre) te dominará", no se refiere a una subordinación jurídica de la mujer al hombre como castigo del pecado original, pues también el hombre fue culpable, sino a que, en el acto conyugal, la mujer estará sometida al poder del marido. El fin y sentido de una sobreordenación y subordinación sólo puede ser la unidad de marido y mujer en la comunidad de una caro, pero no una humillación o esclavizamiento de la mujer en el orden jurídico o social (J. Coppens, La soumission de la femme á 1’homme d’aprés Gen 3,166, "Ephemerides Theologicae Lovanienses" 14, 1947, 632). Por ser E. "madre de todos los vivientes" (Gen 3,20) comparte la dignidad del progenitor de todo el género humano (Gen 5,1-5). Uno y otro no son solamente los primeros hombres en el orden numérico, sino los primeros modelos de los que vendrán después de ellos (V. t. MONOGENISMO Y POLIGENISMO; ABEL; CAÍN; SET; PATRIARCAS; etc.).La misión de E. está íntimamente ligada a la vida. Si por causa del pecado no trasmite la vida sino a través del sufrimiento (3,16), sin embargo, triunfa de la muerte facilitando la perpetuidad de la raza; y para mantenerse en esta esperanza sabe que un día su posteridad aplastará la cabeza de la serpiente, que es el enemigo hereditario (v. PROTOEVANGELIO).V. t.: ADÁN; HOMBRE.LUIS ARNALDICH.
BIBL.: 1. CADEs, La femme dans 1’ancien Testament, "Recherches de Science Religieuse" 12 (1922) 115-126; A. GELIN, Le passage de la polygamie á la monogamie. Étude biblique, en Mélanges Podechard, Lyon 1945, 135-146; 1. DANIÉLOU, La typologie de la femme dans l’ancien Testament, "La Vie Spirituelle" 80 (1949) 491-510; A. COLUNGA, Contenido doctrinal de Gén 2, 18-24, "Ciencia Tomista" 77 (1950) 289-309; A. BEA, María SS. nel Protoevangelo, "Marianum" 15 (1953) 1-21; P. TERMES Ross, La formación de Eva en los Padres griegos hasta S. Juan Crisóstomo inclusive, en Miscellanea Bíblica B. Ubach, Montserrat 1953, 31-48; 1. L. McKENZIE. The literary characteristics of Gen 2-3, "Theological Studies" 15 (1954) 541-572: L. ARNALDICH, El evolucionismo en el relato del Génesis 1-2, en El evolucionismo en Filosofía y Teología, Barcelona 1956; íD, El origen del mundo y del hombre según la Biblia, Madrid 1958, 116-132; ID, La creación de Eva, en Sacra Ppgina, I, Gembloux 1959, 346-357; B. RIGAux, La femme et son lignage dans Gen 3,14-15, "Rev. Biblique" 61 (1954) 321-348; H. RONDET, Eléments pour une théologie de la femme, "Nouvelle Revue Théologique" 79 (1957) 915-940; H. RENCKENS, Así pensaba Israel, Madrid 1960, 293302; P. GRELOT, Le couple humain dans l’Ecriture (lectio divina), París 1962; T. GARCÍA, F. NEGRI ARNOLDI, Eva, en Bibl. Sanct. 5,348-353.
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