Eternidad TEOL.
Categoria:
Teología
Con la palabra e. denominamos una realidad inalcanzable de forma positiva. Sólo al hilo de otros conceptos ha podido alcanzarse su negativa inteligibilidad. Un recorrido histórico podrá mostrarnos su sentido y diversos empleos y quizá nos sugiera, a la vez, algún matiz en el que no se suele insistir.Usos del término: 1) En la "graecitas" profana: a) En un principio, el término alón significó vida, fuerza vital; Homero lo usa en sus obras con este sentido (psiqué te kai aión: Il. XVI,453; Od. V,152). b) Posteriormente Heródoto, Tucídides, Píndaro y lenofonte le atribuyeron el significado de "duración de la vida".. c) Ya en ciertos pasajes de Demóstenes adquiere el matiz de temporalidad, refiriéndose al tiempo, intervalos de tiempo. d) Heráclito y Empédocles fueron los primeros en relacionar filosóficamente la palabra con el problema del tiempo.e) La culminación de tal problema aparece en el Timeo de Platón (v.). Sus antecesores identifican el crónos con el tiempo en general, mientras que dan a aión el sentido de tiempo relativo a la duración de un determinado ser. Platón precisa los términos al acoplarlos a su concepción dual. Aión significará la e. atemporal e ideal y crónos será una copia de la misma, aplicable al mundo de las sombras. Su discípulo Plotino (v.) dirá en Las Enéadas: "...eleven el pensamiento a esa Realidad de la que todo esto es la copia. Verán ahí las formas inteligibles, no con prestada eternidad sino eternas, y verán también a su capitán, la Inteligencia pura y la Sabiduría inalcanzable y la edad genuina de Cronos, cuyo nombre es la Plenitud... En una sola eternidad las cosas son suyas: esa eternidad que el tiempo remeda al girar en torno del alma, siempre desertor de un pasado, siempre codicioso de un porvenir". Y Filón (v.) definirá el aión como tó crónon paradeigma kai arquetipon.1) Aristóteles (v.), al abandonar dentro de su realismo filosófico el cosmos noetós, abandonará todo lo concerniente al mismo y, por tanto, el sentido de aión como eternidad temporal y se quedará con esa "copia de eternidad" que atribuirá al mundo. Con él pierde, pues, fuerza el sentido de eternidad.2) En Platón ¿tuvo algún sentido religioso el término aión? La solución, si es posible, nos retrotraería bastante en su pensamiento; sin embargo, en principio y sin ánimos de discusión, no encuentro argumentos convincentes para una respuesta negativa. Es cierto que en la época helenística se designa con este nombre al "dios de la eternidad". He aquí a las claras el sentido religioso del término.3) En la Biblia. La palabra e. expresada en los libros del A. T. por olam y ad, y traducida al griego por los Setenta como aión, significa en los escritos más antiguos un espacio de tiempo inconcebiblemente grande. Cabe notar que tanto el término bíblico original, como el empleado por los Setenta en su traducción dicen relación a la vida más directamente que al tiempo. Sobre esto volveremos nuestra reflexión un poco más adelante. En la segunda parte de Isaías, el término adquiere ya el sentido de tiempo infinito. Tal e. se expresa con las imágenes de preexistencia y supervivencia. El judaísmo tardío acusa la influencia platónico-plotiniana al acentuar el carácter ontológico en la significación de eternidad. En el N. T. se aplica a Cristo, como el que en su e. es lo opuesto a la duración del mundo.4) En S. Agustín (v.), las reflexiones siguen en parte la línea de Platón y Plotino, ya que señalan la presencialidad constante de lo eterno. La plenitud de la e. sólo cabe a Dios. Tal conceptualización de la e., bastante independiente del tiempo, parece colorear la definición de Boecio (v.), aceptada sin discusión por la filosofía tradicional: "interminabilis vitae tota simul et perfecta possessio" (De consolatione Philosopitiae, V, prosa 6).Santo Tomás (v.) acepta la afortunada definición de Boecio (cfr. Sum. Th. 1 q10 al) intentando arrancarle inteligibilidad de su comparación con el tiempo "... así como nosotros, para conocer lo simple, necesitamos partir de lo compuesto, así también al concepto de eternidad llegamos por el tiempo". Siendo el tiempo "numerus motus secundum prius et posterius" (número del movimiento según un antes y un después) le caracteriza la sucesión, al tener entrañada la potencialidad, la falta de algo que aún no es. De esta consideración nace un concepto ontológicamente más profundo, ya que lo intemporal y, por tanto, lo absolutamente carente de sucesión es el ser permanentemente. Y si se es permanentemente, ni se comenzó a ser ni se dejará de ser.5) Con muy pocas alteraciones, en la Edad Moderna se maneja el concepto de e. en las mismas coordenadas de inteligibilidad en que lo había sido en el medievo, radicando toda problematicidad en la e. o no e. del mundo. El necesitarismo universal que funda el racionalismo panteísta de Spinoza (v.) da lugar a una nueva definición del término: "Por eternidad entiendo la existencia misma, en tanto que se concibe necesariamente como siguiéndose de la sola definición de la cosa eterna" (Ethica, I,8).Locke (v.) y Condillac (v.) pretenden abrir nuevos derroteros al estudio de la e. No buscan su conceptualización del análisis directo, sino que intentan desentrañar su sentido viendo cómo surge psicológicamente la idea de e. Sería un tiempo sin principio ni fin. F. Alquié (n. 1906) sigue la misma línea de examen que Locke y Condillac, considerando la e. como una exigencia del espíritu en virtud de la realidad del tiempo.Conclusión. Las consideraciones que históricamente se han referido a la e. se han hecho fundamentalmente desde dos ángulos: 1) o bien se ha considerado en sí misma frente a otros conceptos más o menos positivamente conocidos: vida, duración de la vida, tiempo, realidad intemporal y divina, etc.; 2) o bien se ha considerado desde el punto de vista de su formación psicológica. No cabe duda de que la mayor parte de los intentos de desentrañar el sentido de e. han sido a través de precisiones frente al tiempo. Es muy posible que una confrontación, más bien, un estudio con base en los demás conceptos, como la vida, y un análisis fenomenológico del concepto como radicado en el espíritu supondría un conocimiento más jugoso de la e. Tal estudio comportaría además un valor muy positivo para la filosofía de la Religión.J. LISÓN BUENDÍA.
V. t.: Dios IV, 9;FIN;TIEMPO;CIELO III;ESCATOLOGÍA. BIBL.: F. ALQUIÉ, V. JANKELEVICH, R. LAZZARINI, E. PRZYWARA y OTROS, Tempo e eternitá, 1959 (Archivio de Filosofia, ed. E. CASTELLI); A. K. COOMERRASWAMY, Time and Eternity, 1947; A. ANTWEILER, Di Anlangslosigkeit der Welt nach Thomas von Aquin, und Kant, 1961; F. BEEMELMANS, Zeit und Ewigkeit nach Thomas von Aquin, Miinster 1914; J. GUITON, Le temps et l’éternité chez Plottin et Saint Agustin, 3 ed. París 1959; D. MAHNKE, Der Wille zur Ewigkeit, 1917; M. RAST, Welt und Gott, Friburgo (Br.) 1952; TOMÁS DE AQuINO, Summa Theologica, 1 q10; M. WUNDr, Ewigkeit una Endlichkeit, Stuttgart 1917; R. AMERico, Eternitá, en Enc. Fil. 2,1094-11051; A. MICHEL, Eternité, en DTC V,98-921; M. SCHMAUS, Teología dogmática, I, 2 ed. Madrid 1963, 542-551.
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