Estela CIENCIA
Categoria:
Ciencia
Del lat. stela y del gr. stéle. Arqueológicamente se llama e. a todo monumento que se erige sobre el suelo en forma de lápida, pedestal o cipo. En la primitiva etimología griega se considera e. a toda columna o piedra colocada verticalmente. En sentido restringido se aplicaba a las losas funerarias hincadas junto a las tumbas. Actualmente, de acuerdo con su destino, podemos distinguir los siguientes grupos de e.: a) funerarias, indicadoras de sepulturas o erigidas para conmemorar a una persona desaparecida; b) votivas, dedicadas a divinidades o en relación con el culto; c) conmemorativas, perpetuando sucesos importantes en la vida de una comunidad. Estos tres tipos se pueden agrupar en uno solo: e. conmemorativas de diferente finalidad; d) administrativas, expresión de actos que atañen a la vida pública (donaciones de territorio, legislación...) o hitos señalizadores y limitativos. Este tipo de e. puede tener a su vez carácter conmemorativo.Así, pues, según las funcionalidades reseñadas, se engloban bajo el nombre de e. a diversos monumentos conocidos con otras denominaciones: menhires, obeliscos, betilos, kudurru (e. kassita), relieves conmemorativos, aras, cipos, lápidas... piedras miliarias... y simples hitos a modo de mojón.Normalmente las e. no se encuentran in situ y es difícil asociarlas a su emplazamiento primitivo. En las e. funerarias, si su apariencia es de sencilla losa rectangular, no siempre es fácil discernir si se colocaron verticalmente o recubriendo el enterramiento a modo de tapadera (en este caso se trataría de e. horizontales, como las e. mesas rituales encontradas en tumbas egipcias o neroíticas). Con frecuencia se han aprovechado en épocas posteriores, bien como materiales de construcción o reutilizándolas con idénticos fines. Algunas de ellas, por su importancia, fueron preciado botín de enemigos que las trasladaron a su patria en señal de triunfo (e. de Naram-Sim, llevada a Susa por los elamitas victoriosos; el obelisco de París tras las campañas de Napoleón...).Características. El aspecto de las e. depende de su destino, época y grado de civilización del pueblo que las levanta. Materia. El deseo de perpetuidad hace que se prefiera un material imperecedero, la piedra en todas sus variedades, caliza, arenisca, granito, diorita, mármol, cte., en relación con los recursos económicos y la importancia del monumento. Forma. Ligada al gusto y a las influencias religiosas y artísticas. Encontramos e. en simples bloques apenas desbastados o cuidadosamente trabajadas en forma piramidal, troncocónica, paralelipédica, discoidal, ovala da, a modo de columna o en formas caprichosas de casa o templete. Tamaño. Variable, menhires, obeliscos, columnas, cte., pueden llegar a 20 m.’ o más (menhir de Locmariaquer (20,60 m.); columna de Trajano (30 m.). Corrientemente oscilan entre los 70 cm. y el metro, aunque pueden sobrepasar estas medidas o no llegar ni a los 30 cm. (piedras indicadoras de sepulturas tardorromanas o visigodas). Decoración. Pueden ser completamente lisas o con un simple repicoteado, pero normalmente presentan decoraciones aludiendo a la función que desempeñan. Los motivos decorativos pueden afectar a una sola superficie o a la totalidad del monumento (obeliscos, columnas, cte.) con relieves continuos o en frisos e incluso adoptando una determinada forma por medio de la decoración. En las etapas prehistóricas suele ser muy sobria y ejecutada a base de incisiones puntillado o tosco relieve. En las grandes civilizaciones la decoración es profusa y estudiada, generalmente en relieve, aunque no falta la pintura o la combinación de ambas técnicas.E. epigráficas. Dentro de la decoración es importante señalar que existen e. anepigráficas, es decir, sin escritura, pero a partir de su descubrimiento son frecuentes las inscripciones de todo tipo y en todos los caracteres aludiendo al suceso que se intenta perpetuar, llegando incluso a desplazar, por innecesarios, los elementos decorativos que quedan reducidos a la propia forma del monumento (un ej., en las lápidas epigráficas romanas).Tal vez las e. más homogéneas sean las prehistóricas. Con la aparición de las grandes civilizaciones adoptarán las características peculiares de su respectiva cultura, creando prototipos sujetos a constantes innovaciones.Importancia de las estelas. Son testimonios vivos e ilustrativos de determinados aspectos económicos, sociales, religiosos, políticos, culturales y administrativos de ciertas épocas en que los restos arqueológicos son valiosa fuente para el estudio de las civilizaciones y las e. preciados documentos, por su contenido. Analicemos: Anepigráficas. A través de las representaciones, estudiaremos las divinidades, símbolos, ritos y creencias religiosas; la personalidad y jerarquía de las personas o sucesos conmemorados, indumentaria, ocupación, morada y objetos materiales que les rodean, siendo de gran trascendencia las armas y los instrumentos de trabajo. Ante la ausencia de epigrafía, y por paralelismo con materiales muebles o estadios económicos, situaremos su momento cronológico, ayudándonos a perfilar influjos, relaciones e interferencias. Determinados aspectos o símbolos nos delatarán la presencia de una misma comunidad o confesión religiosa (la representación de la Diosa-Madre megalítica se encuentra en las e. desde Troya al Occidente de Europa) o la adaptación a las mismas ideas o gustos.Epigráficas. Cuando aparece la escritura son preciados documentos, a veces únicos para su estudio e interpretación (recuérdese la importancia de la piedra Rosetta), conocimiento de la lengua y evolución. Así, listas de divinidades, ciudades, linajes, cargos públicos, etc., se han confeccionado con ayuda de las e. Igualmente, se ha comprobado la movilidad de los ejércitos, victorias, soldados muertos lejos de su patria, mercenarios, extranjeros asentados en distintos territorios, relaciones comerciales, tolerancia religiosa, etc., y la fecha exacta de determinados sucesos y monumentos que nos sirven como hito cronológico para nuevas relaciones. Disposiciones administrativas, reformas y decretos las podemos encontrar en las e. (es universalmente famosa la e.-columna del Código de Hammurabi). En suma, tanto anepigráficas como epigráficas nos ayudan a hacer Historia.Decoración. Las e. ocupan un destacado lugar en la historia del Arte acusando una personalidad estilística en relación constante con la escultura, pintura y arquitectura. A veces, los personajes son auténticos retratos. Entre los ejemplares áticos tenemos verdaderas obras maestras del círculo de Scopas o Praxíteles. Las e. funerarias llegaron a tal suntuosidad que Demetrio de Phalere en el 315 a. C. promulgó leyes contrarias a su uso. Son de destacar las e. romanas, con representaciones de arcos de herradura con anterioridad a la difusión de este elemento constructivo por los visigodos (e. funerarias de León).Estelas principales. Las e. se extienden por todos los lugares dentro de las diferentes culturas y es posible que hayan existido desde tiempos remotos. Podríamos considerar como precedente la percha o poste de culto erigido en los lugares de sacrificio por los primitivos cazadores de reno de Europa septentrional. Las más abundantes son las funerarias. Aparte de las ya citadas, son famosas las de Morbihan en Francia (megalíticas); la e. Real de Abidos (egipcia); la de los Buitres (babilónica); de Marathus (fenicia); la llamada e. de Micenas; la de Hegeso (ática); de Aules Feluskes (etrusca), etc. En el Nuevo Continente la e. calendario (azteca); la llamada "e. de Madrid" (maya); los monolitos de Copán, etc. Las e. peninsulares más antiguas son las asociadas a monumentos megalíticos como la de Haza del Trillo o la e: ídolo de la Quinta de Conquinho (Portugal). Entre la serie del Bronce final o comienzos del Hierro destacamos la de Solana de Cabañas, de Logrosán. De época protohistórica son las e. con representación de jinetes: e. de Peñalba de Castro (Burgos). Las hay incluso en forma de casa (e. de Poza de la Sal, Cáceres). En necrópolis de la Meseta (Aguilar de Enguita, Luzaga etc. (Guadalajara) o en las Cogotas (Ávila) se localizaron toscas e. de 2 a 3 m., con escasa decoración, unas señalizando sepulturas, otras como hitos de demarcación. La tradición de las e. continúa en la actualidad. Las lápidas o cruces de sepulturas no son sino un eco de las antiguas e. tumbales.M. R. LUCAS PELLICER.
BIBL.: Como estudios de conjunto, V. A. BELTRÁN, Arqueología clásica, Madrid 1949.-Monografías: F. BRAEMER, Les stéles funeraires á personnages de Bordeaux, París 1959; M. ALMAGRO, Estelas decoradas del Suroeste peninsular, Madrid 1966; J. CABRE, El rito céltico de incineración con estelas alineadas, Madrid 1943; 1. MARTÍNEZ SANTA-OLALLA, Estelas funerarias en forma de casa, "Anuario de Prehistoria Madrileña", II-III, 1931-32, 23 y ss.
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