Estados Unidos de América Del Norte.lengua y Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
l. Lengua: v. LENGUAS PREHISPÁNICAS DE AMÉRICA. Y para las características del inglés, la lengua oficial, v. INGLESA, LENGUA.2. Literatura. La literatura estadounidense propiamente dicha es un fenómeno reciente. En sus orígenes, fue una continuación de la inglesa en distintas circunstancias ambientales y un reflejo de la cultura de Europa, y como tal se consideraba. Sin embargo, desde principios del s. xix, la fuerza de los hechos fue alterando el panorama de un modo decisivo, y actualmente Inglaterra es la primera en reconocer que la literatura de EE. UU., a pesar de servirse de la misma lengua, ofrece unas características especiales nacionales que la distinguen de la inglesa. Es imposible inventar una cultura e improvisar una tradición literaria. Pero lo que apenas existía individualizado antes de 1800, y lo.que pudiera parecer incierto. en la primera mitad del s. xix, es hoy una manifiesta realidad: la literatura estadounidense en todos sus géneros es una actividad independiente -y original, que presupone una suma de experiencias, vividas o intuidas, que delatan tinas cualidades y actitudes diferentes de las que proporciona el ambiente vital y cultural europeo.Periodo colonial. La literatura colonial, sobre todo la de creación, sigue por el mismo cauce que la de la metrópoli, y su contenido artístico es limitado; sin embargo, hay que reconocer que es sumamente orientadora en un sentido práctico y rica en valores de carácter religioso y moral. Las figuras más representativas de este periodo son John Smith (1580-1631), William Bradford (15901657) y Mary Rowlandson (ca. 1635-ca. 1678) en la literatura histórica o narrativa, anecdótica, de diarios y viajes; los entusiastas escritores y predicadores, místicos y teólogos Cotton Mather (1663-.1728) y Jonathan Edwards (170358); las personalidades de William Penn (1664-1718) y Benjamín Franklin (v.), portadoras de valores tan característicamente estadounidenses, y los poetas, cronológicamente anteriores a varios de los citados, Anne Bradstreet (ca 1612-72), autora de la primera notable colección de versos escrita en EE. UU., y Edward Taylor (ca 1644-1729), el asiduo seguidor de la poesía religiosa y metafísica (v.) (v. METAFísICOS, POETAS). Como es natural en una fase de formación y adaptación de una cultura en unas circunstancias difíciles y diferentes, la literatura más abundante de esta época es la religiosa, la patriótica y la doctrinal.Hacia el nacionalismo. En este periodo transicional, la literatura se encuentra mediatizada por las realidades impuestas por su nueva condición. Su principal interés es la historia, la geografía y la biografía locales, ordinariamente de escaso mérito literario. En esta línea sobresalen las cartas de Crévecoeur (1731-1813), en las que se trata de describir la vida rural y definir al hombre americano, y los persuasivos folletos de Thomas Paine (1737-1809), en los que comunica a sus compatriotas sus inquietudes nacionalistas. No es que no exista literatura, pero ésta sigue siendo derivativa y está dominada por la política y la religión. En la poesía resuena todavía el eco de los llamados poetas caballeros del s. xvii inglés, y los escritores que están más al día reflejan el ambiente prerromántico o el drama elegante inglés del s. XVIII. Los poetas y patriotas Philip Freneau (1752-1832) y W. C. Bryant (v.), paralelamente a sus escritos políticos, en prosa o en verso, recogen el ambiente meditativo y el sentimiento de la Naturaleza de los prerrománticos ingleses Thomson, Young y Gray, o el liberalismo romántico de Byron (v.), en el caso de Bryant.Los orígenes de la novela en EE. UU. siguen una orientación parecida: The Coquette (1797) de Hannah W. Foster (1759-1840) deriva de la fuente richardsoniana, epistolar, sentimental y moralizadora, y la vena turbulenta y melodramática de Brockden Brown (1771-1810) también tiene su origen en Richardson (v.) y en la novela gótica inglesa. H. H. Brackenridge (1748-1816), en cambio, en su deshilvanada y extensa narración. Modern Chivalry (1792-1815), ofrece una panorámica del mundo estadounidense, orientándose en el estilo y el método de Cervantes (v.) para ejercitar su sátira social.El teatro se desarrolla lentamente (v. xli, 5) y hasta la segunda mitad del s. xviit no empieza a liberarse del puritanismo, estableciéndose edificios a propósito en Nueva York, Charleston, Filadelfia y Baltimore. Las obras representadas son generalmente de importación. Una interesantísima comedia de costumbres estadounidenses es The Contrast (1787), de Royall Tyler (1757-1820), estructurada en The School for Scandal (1777) de Sheridan, que en algunos aspectos no es inferior a su modelo inglés. J. N. Barker (1784-1855) sigue los pasos de Tyler en Tears and Smiles (Lágrimas y sonrisas), 1807; sin embargo, adopta temas americanos en The Indian Princess (1808), un drama convencional sobre la leyenda de la bella y sacrificada princesa Pocahontas, y en Superstition (1824), tragedia de amor, incomprensión y conflicto con los indios, ambientada en un complicado episodio de la Nueva Inglaterra colonial.Romanticismo. El romanticismo en EE. UU. acumula gran variedad de elementos culturales, religiosos, políticos y sociales. El desarrollo de la conciencia nacional y su confianza hacia el futuro desatan de un modo insospechado las energías literarias de este país. Es necesario admitir la falta de madurez cultural y el sentimentalismo dominante del periodo, fervorosamente inclinado hacia los ambientes, costumbres y leyendas locales; pero es evidente que, a pesar de estas condiciones, el romanticismo estadounidense lanzó al mundo los primeros grandes nombres de su literatura.Las corrientes novelísticas que predominan en esta época son el sentimentalismo moral richardsoniano, de reconocida aceptación en la novela menor, el medievalismo y pintoresquismo internacionales de Washington Irving (v.), la primera explotación directa del material autóctono realizada por J. F. Cooper (v.) y las narraciones de terror y misterio de E. A. Poe (v.). Éste es también el primer poeta estadounidense de categoría, junto al cual, aunque no en su dirección efectista y visionaria, figuran los nombres de H. W. Longfellow (v.), de estro y musicalidad marcadamente tennysonianas; J. G. Whittier (1807-92), cantor del color local de Nueva Inglaterra, del amor al trabajo y la religión; J. R. Lowell (1819-91), el apóstol de lo bello y lo sagrado de la vida; y la musa posromántica, característicamente americana, libérrima, individualista, confiada, acogedora y universal de Walt Whitman (v.).Dos novelistas de verdadera profundidad y magnitud hay que incluir en el marco de esta época: N. Hawthorne (v.) y H. Melville (v.). Ambos tienen una vertiente alegórica: el primero, interesado en la revelación del problema del mal y el pecado existente en la vida, y las relaciones sociales y morales de los hombres; el segundo, empeñado en resolver el misterio del hombre en su lucha con las fuerzas negativas que se enfrentan a su paso. Estos aspectos de la vida fueron a menudo olvidados por los escritores trascendentalistas que, amparados en el escudo de su mística de la verdad, la belleza y la bondad, descuidaron inocentemente la doctrina cristiana del pecado original. R. W. Emerson (v.) y M. D. Thoreau (v.) son los representantes más conspicuos del trascendentalismo estadounidense, los promotores de aquel movimiento espiritual liberador y optimista de tanta influencia en su época y que es aún el sueño de muchos estadounidenses de la actualidad, a pesar de la. oleada posterior de pragmatismo. Uno de los componentes del grupo, Orestes Brownson (1803-76), fecundo escritor y reformador social, se convirtió al catolicismo, hecho que ocasionó en su tiempo una extraordinaria conmoción.Periodo realista. Terminada la guerra civil, en 1865, se abrió un nuevo periodo para la literatura estadounidense, en el que predominó una actitud realista. EE. UU. se encontraba de súbito en una nueva era, y la generación subsiguiente adoptaba el realismo (v.) literario como la expresión natural de su modo de interpretar la vida. Es verdad que Whitman siguió fiel a sí mismo; que Sidney Laniez (1842-81) cantó la moral, la religión y la hermandad humana con espíritu musical; y que la poesía de Emily Dickinson (v.), escrita mucho antes de su publicación en 1810, no es exactamente realista, sino fruto de una visión y emoción, de derivación trascendentalista. Pero en este periodo ya no era posible, sobre todo en la novela, escribir obras como Uncle Tom’s Cabin (La cabaña del tío Tom), 1852, y la propia Harriet Beecher Stowe (v.) evoluciona en sus novelas siguientes hacia el realismo, mediante la descripción del ambiente físico o social de Nueva Inglaterra. Los novelistas más representativos son Mark Twain (v.), W. Howells (v.) y H. James (v.); pero es indispensable además tener en cuenta aquellos que aportan en sus obras una pintura o comentario de carácter regional; p. ej., la presencia de California en las narraciones y poemas de F. Brett, llamado Bret Harte (18361902), el derrumbamiento del Sur, tan bien interpretado en Belles Demoiselles Plantation (1874) de G. W. Cable (1844-1925); el conflicto entre el mundo rural y el capitalismo en el Oeste, patentemente manifestado en The Octopus (El pulpo), 1901, de F. Norris (1870-1902); y la rigurosa o irónica censura que de ciertos niveles sociales del Este se hace en las novelas de Edith Wharton (v.). Al lado de las grandes individualidades, cabe tener en cuenta la masa de literatura narrativa y de acción de fines del s. xix, sobre todo la referente al Oeste, al Sur y a la guerra civil: uno de los ejemplos más significativos y recientes lo constituye Gone with the wind (Lo que el viento se llevó), 1936, de Margaret Mitchell (1900-49).El drama de esta época carece de vigor: se multiplican las versiones dramáticas de La cabaña del tío Tom; aparecen los temas españoles medievales con Leonor de Guzmán (1853) y la escenificación dantesca de Francesca de Rímini (1855) de G. H. Boker (1823-90); se adapta con éxito Rip Van Winkle de Irving en 1865; y surgen los melodramas del Oeste, como The Girl of the Golden West (La joven del dorado Oeste), 1905, de David Belasco (1859-1931). Pero seguramente los dramaturgos más importantes anteriores a la aparición de O’Neill son: Clyde Fitch 1865-1909), con su estudio psicológico de los celos en The Girl with the Green Eyes (La joven de ojos verdes), 1902, y L. Mitchell, con su delación de la frivolidad de las relaciones amorosas y matrimoniales en The New York Idea (1906).Siglo XX. Este siglo constituye una explosión del potencial literario estadounidense, cuyo evidente despliegue de energías ha invadido en lengua original o en traducciones todo el mundo civilizado. La producción es tan pródiga y conocida que el esquema no requiere sino una simple enumeración. Arrancando con la I Guerra mundial, por tanto, la novelística presenta nombres tan eminentes como los de Willa Cather (v.), T. Dreiser (v.), Hemingway (v.), Sinclair Lewis (v.), Dos Passos (v.), W. Saroyan (v.), T. Wolfe (1900-38), F. S. Fitzgérald (1896-1940), Pearl S. Buck (1892), J. S. Steinbeck (v.), W. Faulkner (v.), y los más modernos de J. G. Cozzens (n. 1903), Saul Bellow (n. 1915), J. D. Salinger (n. 1919), J. Kerouac (n. 1922; v. BEAT, MOVIMIENTO) y 1. Baldwin (n. 1924). En poesía ocurre un hecho parecido; y empezando con E. A. Robinson (v.) y R. Frost (v.), continúa con C. Sandburg (n. 1878), Ezra Pound (v.), W. Stevens (1879-1955), H. Crane (1889-1932), S. V. Benet (1898-1943), para alcanzar los reconocidos poetas más recientes, A. MacLeish (n. 1892), E. E. Cummings (1894-1962), T. Roethke (1908-63), K. Shapiro (n. 1913), R. Lowell (n. 1917) y R. Wilbur (n. 1921). No existen canciones populares del periodo colonial. Pero siguiendo el ejemplo de Childe en su colección de baladas inglesas y escocesas (1882-98), John Lomax (1872-1948) y su hijo Alan (n. 1915) han recogido en sus Cowboy Songs and Other Frontier Ballads (1810) y Our Singing Country (Nuestro país cantor), 1941, un interesante conjunto de material folklórico.A partir de E. O’Neill (v.) hay giae reconocer que exis te verdadero teatro en EE. UU. É1 es quien inaugura una auténtica floración dramática, y. con él o a partir de él aparecen Elmer Rice (n. 1892), Tennessee Williams (v.), Arthur Miller (v.), W. Inge (n. 1913) y E. Albee (v.). Es éste un teatro delator, acometedor y violento, con vibraciones poéticas, simbolismos filosóficos y sinceras introspecciones; es una dramática en ebullición, discutida y discutible, pero que por primera vez sacude los escenarios y se levanta con la auténtica vitalidad que precisa el verdadero teatro.En el campo de la historia, la crítica y la investigación literarias, es muy considerable la labor sistematizadora, interpretativa y documental realizada en EE. UU. durante este siglo. En cuanto a la llamada "generación perdida", nombre que Gertrude Stein (1874-1946) dio a Hemingway y al grupo de jóvenes literatos de la primera posguerra, fue una generación de novelistas, poetas y críticos, algunos de ellos de gran categoría, que, en realidad, supo encontrar bien pronto el camino de vuelta de la desilusión. Hoy día la denominación tiene un valor simplemente anecdótico, de cierto contenido mítico, cuyas figuras más prominentes se han citado en la relación precedente. En resumen, el esfuerzo literario creador de EE. UU., cara a la revelación del mundo y la vida, es en la actualidad extraordinario por su interno vigor, su descarnada sinceridad, su abrumadora cantidad y, a menudo, por su valor artístico. Para las narraciones populares en prosa, v. XIII, 4.V. t.: VI.ESTEBAN PUJALS.
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