España.etnografia y Folklore.
Categoria:
Cultura
Es preciso decir de toda E. lo que podríamos aplicar a cada una de sus regiones: señalar su gran variedad de costumbres, formas de vida, artes populares, en fin, todo lo que integra la vida tradicional de un país. E. presenta, a veces, en pocos kilómetros, una gran diversidad geográfica; un claro ejemplo lo constituye Granada, con sus costas y su vegetación tropical y Sierra Nevada con árboles alpinos. Existen dilatadas costas con climas suaves, estepas áridas, grandes montañas verdaderamente frígidas, etc. A la variedad geográfica de la Península se une el ser tierra muy codiciada, y en consecuencia muy visitada por elementos étnicos ajenos al país (fenicios, cartagineses, romanos, etc.), que dejaron algo de su forma de vida.En el estudio folklórico-etnográfico de cada región española (V. ANDALUCÍA VIII; CATALUÑA Ix, etc.), se han anotado datos sobre casa, traje, alimentación, creencias, cantos y bailes y algún otro aspecto destacado de la vida popular. Preferentemente reseñamos aquí lo referente a fiestas, ya que al ser un motivo único tienen muchos puntos de contacto y hasta resulta curioso señalar las diferencias de unas regiones a otras.Navidad (v.). El nacimiento y la muerte de Cristo señalan los dos momentos más solemnes y destacados de la vida de un pueblo cristiano. Las Navidades, de celebración universal, tienen, sin embargo, algunos aspectos especiales, prácticamente generales en toda E. El gran aldabonazo que las anuncia es el premio "gordo" de la lotería. Antes de las fiestas se pide el aguinaldo; muchos lo hacían en verso, también se ofrecía por proveedores, hoy se suelen hacer regalos con los que se agradece un favor recibido. Durante todas las fiestas, las figuritas del Nacimiento presiden la vida española. Las hay muy diversas, desde las napolitanas de algunas casas señoriales o las de Salzillo en Murcia hasta las modestas figuras de barro, que se instalan con pintorescos anacronismos y dan lugar a populares ventas cajelleras, incluso en las grandes ciudades como Madrid y Barcelona. Hoy día las figuras son más de plástico que de barro. Completan la mercancía musgo, corcho, panderetas, zambombas, etc.La cena de Nochebuena es entrañablemente familiar; fuera de los hogares la vida queda paralizada. Dentro, el Nacimiento y los abuelos o los padres presiden la velada. En la cena no faltaba antes el besugo. Hoy, suprimida la abstinencia de carne, el plato preferido son las aves, especialmente el capón y el pavo; también se han olvidado hoy día las lombardas, lo que no ha ocurrido con las anguilas o las figuritas de mazapán de Toledo, el turrón de Alicante y Jijona, las peladillas de Alcoy, mantequilla de Soria, etc. Tras la cena se va a la "Misa del Gallo"; en algunos pueblos encienden una hoguera en la plaza o puerta de la iglesia, que está relacionada con el tronco de Navidad, con la lumbre nueva que trae buena suerte; este tronco, que arde durante la Nochebuena, se guarda para proteger el hogar en caso de granizada, tormenta o enfermedad. Es ésta una costumbre casi universal. Al finalizar el s. xix nace en E., concretamente en la Puerta del Sol de Madrid, la costumbre de tomar las 12 uvas de la suerte, al sonar las 12 campanadas del año que termina. En Año Nuevo hay bastantes creencias sobre el color que trae buena suerte. Es frecuente la interpretación del primer encuentro en ese año que comienza, y especialmente las cabañuelas o predicciones del tiempo, según el que haga los 12 primeros días del año. Cierran el ciclo navideño la festividad de los Reyes Magos (v. EPIFAníA), que traen regalos para todos. Es costumbre en los niños dejar los zapatos para que en ellos depositen los regalos.Semana Santa (v.). Adquiere en E. un esplendor que la hace única, con diferentes manifestaciones según las regiones. En el Norte son días de recogimiento y oración. El Vía Crucis suele rezarse al amanecer del Viernes Santo, cuando Cristo está muerto. En Cataluña destacan las representaciones de la Pasión hechas por las gentes del pueblo, como la de Verges en el Ampurdán barcelonés; termina con la danza de la muerte, que también hacen en el Rosellón. En Aragón son dignas de mencionarse las tamborradas, como las de Híjar, Alcañiz y Calanda, donde el redoble se oye horas y horas, lo mismo que en Hellín (Albacete). Castilla representa en estas fiestas, como en otros aspectos, un equilibrio entre el norte y el sur; celebran procesiones con bellos pasos de Alonso Berruguete y Gregorio Fernández en Valladolid; en Cuenca son largas las hileras de penitentes con sus antorchas; en Zamora, en Toledo, en todas las capitales, las procesiones se contemplan en silencio. En Andalucía las procesiones se convierten en fiesta, dado el peculiar carácter de los andaluces; toda la ciudad se convierte en un templo, con cientos de imágenes (pasos) que exhiben con lujo las cofradías, ya sean religiosas o profesionales, acompañadas de gran cantidad de cofrades, bandas de música y el cántico de saetas que entonan de cuando en cuando aficionados o profesionales del cante.Fiesta del Corpus Christi (Y.). Para festejar el triunfo de la Eucaristía salen procesiones en todas las ciudades. La más antigua es la de Barcelona, que sigue hoy siendo espléndida. Llevan la custodia sobre una obra de arte de orfebrería, la silla gótica de oro del rey Martín, y acompañan a la custodia representaciones del Gobierno, el Ayuntamiento y los profesionales, que caminan bajo lluvia de flores con la animada compañía de los gigantes. Toledo entolda sus estrechas calles y luce el tabernáculo de Juan de Arfe. En Granada, avanza sobre un suelo cubierto de olorosa juncia, ofrecido por los Cármenes (fincas residenciales). En otros lugares como Sitges (Barcelona), Puentedeume (La Coruña), la Orotava en Tenerife, estas alfombras son de flores, o lo que es más curioso, de arenas del Teide, que las ofrece de variados colores.Romerías. Son generales en todo el país, aunque sus manifestaciones, adaptándose a cada región, son muy diversas. La mayoría se celebran en verano. En el Norte, desde Galicia al País Vasco, van a la ermita que suele estar en una pradera, próxima a los pueblos, de los que acuden por veredas y senderos; tras la Misa con la ofrenda del ramo, sale la procesión, que va hasta otro templo al terminar la comida campestre; después viene el baile, ya sea la muñeira en Galicia, la danza prima y el pericote en Asturias y Santander, el aurresku y otras danzas, al son del chistu, en el País Vasco. Madrid celebra romerías por S. Isidro, el 15 de mayo; con comida y baile, sin olvidar el agua del Santo, que durante una gran sequía surgió milagrosamente del suelo a un golpe de S. Isidro (v.) con su cayado. En pleno invierno se celebra la romería de S. Antón con la bendición de los animales, casi desaparecida en las ciudades, a causa de la circulación rodada. Todavía los frailes de S. Antón de la madrileña calle de Hortaleza hacen sus panecillos, benditos con la imagen del santo, que los fieles van a buscar, siendo de pasta de almendra los de las confiterías.Las romerías del Sur son muy diferentes; en La Mancha, en vez de recogidas ermitas, hay grandes santuarios con hospederías para los romeros que llegan de distanciados pueblos. En algunas hay plazas de toros; así son la de N. S. de Cortes, patrona de Alcázar de San Juan, donde acuden hasta de Andalucía, la de N. S. de Peñarroya, Argamasilla de Alba y Tomelloso.La del Rocío es, sin duda, la de más largo desplazamiento, que va desde Sevilla a Almonte (Huelva), saliendo del barrio de Triana el jueves anterior a Pentecostés. En la pequeña ermita dicen la Misa, que casi todos oyen en el campo a pleno sol; luego sacan la Virgen en procesión, y después, bajo las encinas o los pinos, se agrupan para comer en familia e interpretar la amplísima gama de bailes andaluces: polos, sevillanas, malagueñas, fandangos y tantos más. Al acabar la fiesta, algunos, los que acompañan al Simpecado de Nuestra Señora, vuelven en carretas o a caballo con muchachas a la grupa, en un peregrinar que dura tres días, para llegar a Sevilla, concretamente al barrio de Triana, donde triunfalmente son recibidos al hacer justamente una semana que han salido.Los toros. El juego del hombre y el toro en muy variados aspectos se conoce en toda E. y ha dado lugar a la fiesta nacional: las corridas de toros (v. TOROS ii), que caen fuera del campo del folklore. La necesidad de cuidar el ganado bravo hace mostrar el valor del hombre al tener que acosar las reses para seleccionarlas y marcarlas. Es curioso el espectáculo del toro libre corriendo por las calles y, aunque en muchas ocasiones no son bravos, producen carreras y sustos. Del toro libre derivan los encierros como los de Almodóvar del Campo; el tan conocido de Pamplona por S. Fermín; en Soria, a veces, el toro es perseguido por los caballistas, y hasta muerto; o sirve para un festín en algún pueblo de la Tierra de Barros de Extremadura. En el Norte hay afición al toro ensogado, al que se acercan hasta los chiquillos, como ocurre en la fiesta del Corpus de Allariz, en Orense. Casi ha desaparecido el toro del fuego, bou de foc de Levante, o animal embreado, cuyos cuernos se rodean con estopas a las que se hace arder; resultaba cruel y peligroso en algunas ocasiones; hoy se sustituye mediante una cabeza de toro llevada por un hombre, de la cual parten cohetes hacia la multitud, que huye asustada; simulan la muerte del toro, y su "sangre", en forma de barril, es repartida entre todos. El toro júbilo de estopas ardiendo es propio de la Celtiberia; destacaba el de Medinaceli, en noviembre. Fue suprimido hace varios años.Las capeas en una improvisada plaza cerrada por carros se celebran en muchos pueblos castellanos, así en algunos próximos a Madrid como Alpedrete, Galapagar y Colmenar; estas sencillas capeas, en las que el torillo no muere, se elevan a novilladas, hermanas menores de las corridas.M. N. DE HOYOS SANCHO.
BIBL.: L. AGUIRRE PRADO, Romerías, Madrid 1958; J. M. Cosslo, Los toros. Tratado técnico histórico, Madrid 1943; N. De Hoyos SANCHO, Ensayo etnográfico de las fiestas populares de España, Madrid 1931; íD, Fiestas populares de España, Madrid 1949; íD, La Semana Santa, Madrid 1954; íD, Corpus Christi, Madrid 1963; íD, 1. SAINZ Y DíAz, La Navidad en España, Madrid 1953; V. MARRERo, El enigma de España en la danza española, Madrid 1959; D. PRECIADo, Folklore español, Madrid 1969.
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