Escalante, Juan Antonio de Frias y
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Biografía GER
Uno de los más destacados adalides del barroquismo madrileño de mediados del s. XVII. Su estilo está impregnado por influencias flamencas y venecianas. N. en Córdoba el 16 nov. 1633, y no en 1630 como se dice; muy joven se traslada a la Corte donde trabaja en el taller de Francisco Rizi (v.) quien influye en sus obras primerizas, entre las que sobresalen un S. Antonio de Padua de 1659 (col. Oquendo, Madrid) y la Andrómeda y el dragón del Prado. En 1660 realiza ya dos obras maestras, la Santa Catalina de Alejandría de la iglesia de las Maravillas de Madrid y el Cristo camino del Calvario en la Academia de S. Fernando, en las cuales ya acentúa su sorprendente agilidad técnica y usa magistralmente típicos empastes y veladuras, que dan un gran sentido cromático a estas obras y a las posteriores.Como en la mayor parte de los grandes pintores del momento, destacará en su producción iconográfica la Inmaculada, que supera en barroquización a las de Mateo Cerezo (v.) y Antolínez (v.). En ellas sus rostros, enmarcados por largas cabelleras expresan el candor virginal en contraste con el sentido eclosivo de los turbulentos angelitos que le rodean. Ordenando con cierto criterio cronológico los ejemplares conocidos, podemos citar en primer lugar el del Colegio de Villafranca de los Barros (h. 1660), siguiéndole los de la parroquia de Robledo de Chavela, Museo de Budapest (1663), Convento de Benedictinas de Lumbier (Navarra) y culminando la serie posiblemente con el conservado, por ahora, en el anticuariado madrileño (h. 1668). Encantadoras son sus Anunciaciones de la Hispanic Society de Nueva York y del Museo Fabregat de Beziers. Además del Cristo camino del Calvario citado, al Hijo del Hombre lo representa a lo largo de su obra en distintas facetas, desde la Adoración de los pastores (col. particular, Oviedo) al Ecce Homo (Prado). La figura de su padre putativo, la pintará varias veces con gran nobleza, destacando la de la col. Strömfelt de Estocolmo y el Sueño del Santo (1666) de la col. Chrysler de Nueva York.Su admiración por Rubens hace que en algunas ocasiones llegue a copiar sus obras casi literalmente; así en la Conversión de S. Pablo del Museo Cerralbo de Madrid se limita a seguir un grabado del pintor de Amberes en su composición, pero la agilidad cromática le convierte en una obra magistral. En el Prado existe una Santa Rosa de Viterbo cuyos bellos rosas y azules preludian a los de Boucher.Sus preocupaciones por la alegoría, tan de moda a mediados de siglo, le hacen realizar obras como la Caridad del Museo Lázaro Galdiano de Madrid, de cuya figura principal dimana una fuerte femineidad. Pero las obras más conocidas dentro de este género son la serie eucarística hecha en 1667-68 para el Convento madrileño de la Merced Calzada, hoy repartida entre distintos museos españoles: Prado, Villanueva y Geltrú y La Coruña. Uno de estos cuadros, el Elías y el Ángel, se repite en un delicioso ejemplar conservado en el Museo de Berlín, donde se atribuye a importantes pintores italianos.Al parecer muere en 1670, o sea a los 37 años, más a pesar de ello logra dar una nueva tonalidad al variopinto barroco hispánico.J. R. BUENDÍA.
BIBL.: E. LAFUENTE FERRARI, Escalante, "Príncipe de Viana", septiembre 1941, 8-23; ÍD, Escalante, "Arte Español", XV (1944), 29-37; J. R. BUENDÍA, Sobre Escalante, "Archivo Español de Arte" XI (1970); ÍD, Recordatorio de Escalante en los trescientos años de su muerte, "Goya" 99, noviembre-diciembre (1970), 146-153.
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