Entente Cordial POLÍTICA
Categoria:
Política
Política de alianza entre Gran Bretaña y Francia, concretada en el acuerdo de 8 abr. 1904, pero consistente, de hecho, en una actitud de colaboración mucho más amplia que la letra de los tratados y que culminó en 1914 con la entrada conjunta de ambas potencias en la I Guerra mundial, contra Alemania.El mecanismo de las combinaciones diplomáticas que desembocaron en la E. C. es extremadamente largo y laborioso. La Gran Bretaña vivía, durante la era victoriana, su splendid isolation (espléndido aislamiento), que era, para la política de Londres, algo parecido a un dogma o a un precepto diplomático. Existía, por otra parte, una especie de convención tácita, pero admitida en todas las cancillerías, en virtud de la cual los ingleses no se interferirían en la política continental a cambio de que las potencias de tierra firme les dejaran las manos libres en su expansión oceánica.Dos factores, sin embargo, acabaron convenciendo a Inglaterra de los posibles peligros de la política de aislamiento. Uno fue el de las grandes alianzas continentales, derivadas del sistema Bismarck (Liga germanoaustro-rusa de los Tres Emperadores, de 1873; Triple Alianza germano-austro-italiana, 1882), que podían transformarse un día en directorio mundial, en detrimento de la política ultramarina de la Gran Bretaña. La defección de Rusia del sistema y la firma de la consiguiente Entente franco-rusa (v.) en 1891-1893, fue un respiro para Londres, que veía así enfrentados a sus posibles enemigos. La política británica fue desde entonces la de un discreto y casi invisible arbitraje del equilibrio, que le permitiera mantener -y hacer valer -su neutralidad. Sin embargo, los recelos crecientes de las potencias ante el mundialismo y el navalismo británico, y sobre todo la indignación producida por la imperialista guerra de los boers (v.), estuvieron a punto de provocar hacia 1900 la unión de los dos bloques en una alianza general antibritánica. El peligro era gravísimo, y se hacía preciso conjurarlo inmediatamente. El otro factor fue el comienzo de las corrientes colonialistas (v. COLONIALISMO) por parte de las potencias continentales, a partir sobre todo de 1881. Gran Bretaña chocó varias veces con el expansionismo ruso en Asia central y en Extremo Oriente; con Francia, en África -sobre todo en el violentísimo incidente de Fachoda, en 1898-, y con Alemania en las luchas de competencia comercial por los mercados de los países subdesarrollados, y, a partir de la gran política naval de Guillermo II (v.), en la pugna por el dominio de los mares. Lord Salisbury, el hombre símbolo de la isolation, comenzó a ser desbordado por los intervencionistas. Joseph Chamberlain (v.) aseguraba que no había otra salvación para la Gran Bretaña que la entrada en un sistema de alianzas. La amenazadora, aunque vaga, crisis de 1900 aconsejó los primeros pasos sin más dilación.En 1901, falleció la reina Victoria, y su sobrino, el kaiser alemán Guillermo II, acudió a Londres para asistir personalmente a los funerales. Fue una ocasión excepcional, que aprovecharon las dos mayores potencias del mundo (ambas necesitadas de una consolidación de sus posiciones) para emprender contactos de alto nivel. Sin embargo, eran muy profundas las diferencias que existían entre germanos y británicos, sobre todo en los campos económico y naval, para que pudiera llegarse a un acuerdo. Por otra parte, Guillermo II sólo estaba dispuesto a la entrada de Inglaterra en la Triple Alianza (v.), en tanto que Londres prefería un acuerdo bilateral.La verdad es que el nuevo monarca, Eduardo VII, sentía muy poca simpatía hacia los alemanes y veía en cambio con buenos ojos a los franceses. El detalle no pasó inadvertido a los diplomáticos de París, siempre ávidos de nuevos elementos que incorporar a su alianza antialemana. El enojoso incidente de Fachoda fue progresivamente olvidado y la oposición de Londres a la intervención francesa en Marruecos se suavizó un tanto.En 1903, Eduardo VII visitó París, siendo cordialmente recibido por el presidente Loubet y el pueblo francés en general. Idénticas demostraciones de afecto se registraron meses más tarde en Londres, cuando Loubet devolvió la visita. La Prensa francesa hablaba ya de una entente cordiale, nombre, que finalmente, se acabó dando a la alianza entre los dos países. El acuerdo formal se firmó el 8 abr. 1904. Por él, Francia reconocía a Inglaterra sus derechos sobre Egipto, y Gran Bretaña admitía las pretensiones galas sobre Marruecos, a condición de que los intereses británicos en la zona quedasen resguardados y de que los franceses no se plantasen frente al estrecho de Gibraltar (circunstancia que favoreció y hasta obligó la presencia española en el norte de Marruecos). Otros viejos litigios quedaban igualmente resueltos. Era, simplemente, un acuerdo sobre puntos concretos, no una alianza formal; pero el clima de E. C. fue mantenido y fomentado por la Prensa y por el mismo lenguaje oficial de modo que llegó a ser considerada como una alianza de hecho. Por demás, el viaje de Guillermo II a Marruecos, en 1904, y el incidente de Agadir en 1911 -provocado también por Alemania- unieron más que nunca a franceses y británicos.Francia era así aliada simultánea de dos potencias rivales, Gran Bretaña y Rusia. Pero la increíble victoria del Japón en la Guerra ruso-japonesa (v.) de 1904-1905, vino a despojar a los rusos de todas sus apetencias en Extremo Oriente y, por tanto, a calmar los recelos del Gabinete de Londres. El 31 mar. 1907, ingleses y rusos llegaban a un acuerdo sobre todos sus puntos de fricción y se reconciliaban solemnemente: la entente franco-rusa y la E. C. quedaban fundidas en una única alianza: la Triple Entente. Tampoco, es cierto, se trataba de un pacto formal entre las tres potencias, que no llegó a estipularse nunca; pero fue un instrumento virtual eficaz de la política antialemana de cada una de ellas, como lo demuestra la entrada simultánea de Rusia, Francia y Gran Bretaña en la I Guerra mundial.JOSÉ LUIS COMELLAS.
BIBL.: P. RENOUVIN, Historia de las relaciones internacionales, II, Madrid 1964; P. RENOUVIN, G. HARDY y E. PRECLIN, L’époque contemporaine, II. La paix armée et la grande guerre, París 1960; B. SCHMITT, Triple Entente and Triple Alliance, Nueva York 1934; E. L. WOODWARD, England and the German Navy, Oxford 1935; P. MAGNus, Edward VII, Nueva York 1964.
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