Ensenada, Marqués de la (Zenón de Somodevilla y Bengoechea)
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Biografía GER
Ministro de Fernando VI (v.) y una de las personalidades más descollantes en el reinado de este monarca. Sus reformas financieras y la actividad económica que desarrolló se consideran entre las realizaciones más positivas en la España del s. XVIII. Hijo de Francisco de Somodevilla y Francisca Bengoechea, n. en Alesanco (Logroño) el 2 jun. 1702.Carrera política. Poco es lo que se sabe de él hasta 1720, en que fue llevado a Madrid por el entonces. intendente del Ejército y Marina José Patiño (v.), su protector y una de las personas que más influyeron en su ideología. Se cree que la situación de la familia Somodevilla y Bengoechea, a pesar de su noble linaje, era muy poco holgada. En una visita que Patiño hizo al arsenal de La Carraca se fijó en las dotes de Zenón de Somodevilla, que entonces tenía 18 años de edad y ocupaba el puesto de escribiente de una compañía consignataria de buques de Cádiz. Allí había establecido su residencia, con unos familiares, desde la muerte de su padre. En Madrid, fue nombrado oficial supernumerario de la Armada. En 1728, era ya comisario real de Marina. Como ministro principal (administrador) de la armada que conquistó Orán (1732) y como ministro (intendente) de la escuadra de Cantabria que transportó las tropas que tomaron la ciudad de Liorna en la campaña de Nápoles (1734), Carlos III, entonces rey de Nápoles con el nombre de Carlos VII, recompensó sus servicios concediéndole el título de marqués de la E. (8 dic. 1736), cuando tan sólo hacía un mes que Patiño había fallecido. El título no fue de Castilla hasta después de la muerte de Zenón de Somodevilla, al heredarlo su sobrino Juan Baustista de Terrazas, por concesión de Carlos III (8 mar. 1782).Durante la guerra de Sucesión de Austria (v.), extendida también a Italia, E. pasó a ser secretario de Estado y Guerra (1742) del infante Felipe, hermano de Carlos III, que además de los ducados de Parma, Plasencia y Guastalla pretendía el Milanesado. Vuelto E. a España, Felipe V (v.) le encargó las secretarías de Hacienda, Guerra, Marina e Indias (11 abr. 1743), que hasta entonces había ocupado el fallecido ministro José Campillo. Toda la política de E., de reconstrucción naval, fue una continuación de la llevada a cabo por Patiño y Campillo. Ya con anterioridad, cuando Felipe V creó el Consejo del Almirantazgo, E., secretario de este organismo, se había ocupado de la reorganización de la Armada; de la formación de las matrículas de mar, mediante la Cédula de 18 oct. 1737; y de la reforma de arsenales, por la Ordenanza general de 17 dic. 1738. A su iniciativa e impulso se debió la gran actividad desplegada por los arsenales de La Carraca (Cádiz), Cartagena, El Ferrol y La Habana. Mediante la matrícula de mar o servicio obligatorio se incorporaron a la marina real todos los habitantes varones de la costa dedicados a la industria pesquera. También fue definitiva la contribución de E. a la mejora de la enseñanza de guardiamarinas y pilotos. Ascendió a lugarteniente general del Almirantazgo y recibió los honores de capitán general de la Armada y del Ejército. En la lucha mantenida entre los sectores administrativo y militar de la Armada, favoreció a este último, que fue el que predominó. E. fue condecorado con el Toisón de Oro y la Gran Cruz de Malta. Antes de llegar a ministro de Hacienda, la labor desarrollada en los aspectos económico y fiscal le valieron ya el nombramiento de inspector general de Rentas. Con el apoyo a los infantes Carlos (Carlos III) y Felipe se ganó la confianza de la reina Isabel de Farnesio, que le hizo su secretario (1747). E. fue también consejero de Estado, gobernador del Consejo de Castilla y notario de los reinos de España.A la muerte de Campillo (1743), E. era la personalidad más destacada de la política española. Partidario de una alianza con Francia, su consejo influyó en la firma del segundo pacto de familia (v.) (tratado de Fontainebleau, de 25 oct. 1743), concebido como una defensa de los intereses españoles en América frente a las pretensiones de Inglaterra, y como una garantía de los derechos del infante Felipe en Italia. Pero la política profrancesa alentada por E. no tuvo demasiado éxito. Francia hizo caso omiso del tratado de Fontainebleau cuando le convino. Fernando VI, rey de España desde 1746, era más partidario de la paz y de la mejora de relaciones con Inglaterra, pero continuó la guerra de Sucesión de Austria por no perjudicar los intereses de sus hermanastros los infantes Felipe y Carlos en Italia, al tiempo que abrigaba esperanzas en la recuperación de Gibraltar y Menorca. A partir de la paz de Aquisgrán (1748), que ponía fin a la guerra, pero no colmaba las aspiraciones españolas, E. encontró cada vez más dificultades en su política profrancesa, que tuvo que compaginarse con un cierto equilibrio anglofrancés. Este equilibrio lo preconizaba Fernando VI y lo demandaban los propios intereses españoles tanto en Europa como en América, pues de la exclusiva alianza de Francia no podía esperarse mucho.La tendencia anglófila, contrapeso a la francofilia de E., la representaba el secretario de Estado José de Carvajal y Lancáster, en quien se ha querido ver la cabeza de un partido o más bien de un grupo político antagónico de E. Sin embargo, parece ser que las diferencias de criterio entre los dos hombres eran accidentales. E. había conseguido la salida del marqués de Villadarias de la secretaría de Estado y que le sustituyera Carvajal ya en el primer año de reinado de Fernando VI. Ambos ministros, E. y Carvajal, fueron los directores de la política española hasta 1754, año en que muere Carvajal y cae poco después E. Puede considerarse que los dos pertenecían al mismo partido, el atlántico-mundial, que desde 1749 predominó sobre el continentalista. Ciertamente, tanto E. como Carvajal querían la conservación de las Indias por el mismo procedimiento del equilibrio, aunque E. se inclinaba más bien a una paz armada (Marina y Ejército poderosos), mientras que Carvajal perseguía la paz diplomática, basada en las negociaciones. El reinado de Fernando VI es de un difícil equilibrio entre estas dos tendencias, pues los enemigos de España no podían ver con buenos ojos su rearme. Ésta fue, además, una de las causas que contribuyeron a la caída de E.Caída de Ensenada. Muerto Carvajal, la diplomacia inglesa, a través de su embajador en Madrid, Benjamín Keene, trabajó para que ni E. ni alguno de sus partidarios se hiciera cargo de la secretaría de Estado. Como Fernando VI quería seguir manteniendo el equilibrio anglofrancés, fue nombrado secretario de Estado el anglófilo Ricardo Wall, menos prudente que su antecesor, con lo que la oposición a la política profrancesa de E. se perfila más claramente. Esto, unido a los consejos dados por E. al embajador español en París para que buscase el medio de una nueva alianza con Francia, lo cual significaba hacer política exterior por su cuenta, sin el consentimiento real y sin la aprobación del responsable de la política exterior, que era Wall, además de la oposición de E. al proyecto de Fernando VI, de cambiar parte de Paraguay por la colonia de Sacramento, motivaron su destierro a Granada (1754), siendo sustituido por Juan de Gaona y Portocarrero, conde de Valparaíso, en la secretaría de Hacienda; por Sebastián de Eslava y Lazaga, en la de Guerra; y por Julián de Arriaga en la de Marina e Indias. Con este cambio, Fernando VI perdió más que ganó; E. posiblemente salió favorecido por el declive de la política española hasta la llegada de Carlos III (v.) en 1759.Rehabilitación y destierro. En el reinado de Carlos III, la situación de E. no cambia demasiado, pero sigue siendo una figura estelar por cuanto sus ideas y proyectos son continuados por los ministros reformistas de turno. El rey se inspira en la propuesta de E., desde 1751, de mantener una proporción entre reformistas y tradicionales, pero su rutinarismo y prudencia le impiden llamar a E. a su Gobierno. No obstante, le rehabilita públicamente, nombrándole miembro de la Junta de Catastro y consejero de Estado y de Hacienda. Con ello se hacía caso omiso a la aristocracia reaccionaria, enemiga de E., y se aprobaba su política financiera, basada en la multiplicación de fuentes de riqueza (fomento y extensión de la agricultura, la industria y el comercio) y en la racionalización de los impuestos, no de su aumento, como él mismo expone en su Instrucción reservada a la Junta de Estado (ed. A. Ferrer del Río, BAE, LIX, 1867, 242-243). En líneas generales, Carlos III y sus ministros se inspiran en la política económica de E., del mismo modo que éste había seguido y desarrollado las directrices expuestas por Patiño, Campillo y otros. Sus ideas se plasman en realizaciones hasta el motín de Esquilache (v.), en 1766. La caída de Esquilache arrastró también la de otros reformistas llamados manteístas o golillas por el grupo aristocrático de los colegiales, que eran los que habían tramado la conspiración. Aunque E. no se consideraba manteísta ni colegial, por su ascendiente hidalgo, encajaba en el primer grupo, y para los nobles colegiales el ministro que había saneado la Hacienda real representaba un espíritu encarnado en las reformas de Esquilache, que querían suprimir a toda costa. Y lo consiguieron, involucrándole en la conspiración que tramó el motín. E. fue nuevamente desterrado y fijó su residencia en Medina del Campo, donde m. el 2 dic. 1781, después de 15 años de inactividad política. Sin embargo, es a partir de entonces cuando su política interior triunfa más plenamente, y los nuevos ministros no pierden el contacto con él, consultándole en cuestiones de gobierno. Enterrado primero en la parroquia de Santiago el Real, de Medina del Campo, sus restos fueron trasladados en 1869 al panteón de marinos ilustres de San Fernando (Cádiz).Sin que suponga un demérito para E., tanto sus reformas en la Hacienda como sus realizaciones en el dominio de las obras públicas (caminos y canales), fueron posibles gracias a un equipo de eficaces colaboradores y de técnicos procedentes de Francia e Inglaterra. Aunque no lograra llevar a cabo su proyecto de reforma del sistema tributario, sobre la base del impuesto único, a semejanza de lo que ya se había hecho en Cataluña desde el fin de la guerra de Sucesión española, no se puede negar que E. es el punto de partida, con notables antecedentes, de un cambio en la Hacienda española, que no fue más radical por la oposición de nobles y alto clero, cuando ya se había efectuado el catastro o registro de fincas en parte de Castilla. Favoreció el comercio, iniciando la supresión de las aduanas interiores. De tendencia regalista se aprecia su influencia en el Concordato de 1753. Su reorganización del Ejército puede considerarse el precedente de las Ordenanzas de Carlos III.CARLOS R. EGUÍA.
BIBL.: V. RODRÍGUEZ CASADO, La política y los políticos en el reinado de Carlos tlt, Madrid 1962; A. RODRÍGUEZ VILLA, Don Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada, Madrid 1878 (de interés por la documentación empleada); C. SOLDEVILLA, Ensenada et son temes. Le redressement de l’ Espagne au XVIII siècle, París 1941 ; A. MATILLA TASCÓN, El catastro de Ensenada, Madrid 1948; A. MANZANARES, El marqués de Ensenada, Logroño 1966; D. GÓMEZ MOLLERA, El pensamiento de Carvajal y la política internacional española del siglo XVIII, " Hispania" XV,48 (1955); ID, La política de neutralidad del absolutismo español, en Atti del X Congreso Internazionale de Scienze Storiche, Roma 1955.
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