Enrique el Navegante
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Biografía GER
La política de descubrimientos geográficos, en lo que a su aspecto portugués se refiere, va íntimamente unida a la figura de uno de los hijos del maestre de Avís (v. Avía, CASA DE) y primer monarca de esta dinastía, Juan I: D. Enrique el Navegante.Factores determinantes de los descubrimientos geográficos portugueses. Hasta llegar a lo que pudiéramos llamar el "periodo africano" de los navegantes portugueses, hay que analizar la serie de factores que han hecho posibles los descubrimientos geográficos lusitanos en el tránsito a la Edad Moderna: en primer lugar, la preparación previa del terreno a cargo de una serie de viajeros que, desde el momento de plenitud de la Edad Media (y antes aún, si tenemos en cuenta los descubrimientos de los vikingos) han hecho posible al Occidente europeo el lanzarse más allá de su ámbito propio. En este sentido podríamos hablar de los viajes del franciscano Pian Carpino o los del veneciano Marco Polo (v.) en el s. XIII. En éfecto, ateniéndonos al primero es necesario considerar cómo el espíritu viajero y misional del franciscanismo es connatural a los precedentes de la política descubridora del Renacimiento. Al lado de ello, cabría hablar de los adelantos técnicos: la superación de la galera y la galeaza, típicamente mediterráneas, por la coca, carraca, carabela y varinel, barcos típicos de la navegación atlántica. A su lado, los medios auxiliares de la navegación (brújula, astrolabio, mapas portulanos, etc.) representarán también poderosos apoyos a la futura política de descubrimientos geográficos.Factores también de tipo económico y político acelerarán el proceso: el progresivo alejamiento de los cristianos de la cuenca oriental del Mediterráneo, desde el momento en que, en las últimas décadas del Medievo, los turcos se hagan los dueños casi exclusivos de ella, imprimirá un basculamiento hacia el Atlántico, de la navegación de los países del Occidente cristiano. En segundo término, las circunstancias propias del medio portugués (en cierto modo derivadas de las anteriores) y las particulares del propio monarca. En este sentido, habría que considerar, en primer término, la privilegiada posición portuguesa cara al Atlántico, que hace que las viejas ciudades comerciales del Mediterráneo (Génova, Venecia, Barcelona, etc.) vean más rebajada aún su importancia en cuanto este mar empiece a perder su tradicional importancia de foco mercantil.Por otra parte, nos encontramos en estos momentos ante un Portugal, que desde hace tiempo (v. BORGOÑA, CASA DE) ha rematado su empresa nacional de Reconquista al ocupar los Algarves y tiene las manos libres para otras empresas. Por último, desde fines del s. xiv, Portugal cuenta con una nueva dinastía, auténticamente nacional, la casa de Avís (v.), que va a ser la gran propulsora de la política descubridora. En el Portugal del momento, aparte de la concentración de medios y continuidad de esfuerzos, se dará también una estructura social adecuada: burguesía, centrada en torno a Lisboa y Oporto, que ya desde el s. XII mostró tendencias expansionistas, al tomar parte activa en el comercio desarrollado en todo el Atlántico conocido, desde las Azores hasta el mar del Norte.Dentro de este cúmulo de circunstancias, la figura clave que sepa cristalizar en su persona y su obra los impulsos expansivos lusitanos, será uno de los hijos de Juan I de Avís, el infante D. Enrique. D. Enrique es un producto típico de su época, matizado por las peculiaridades del medio portugués del momento. Fuertemente influido por el espíritu medieval de Cruzada, empieza a manifestar ya, sin embargo, una cierta inquietud utilitaria, a la vez que una inquietud científica y política. Mitad caballero y mitad mercader, es el prototipo del hombre a caballo entre dos épocas, el Medievo y el Renacimiento. Hasta la muerte del infante, en 1460, la política descubridora portuguesa llevará su sello inconfundible: bordear el continente africano en busca de tres objetivos claros: atacar al Islam por retaguardia; reconquistar Tierra Santa buscando la alianza del Preste Juan de las Indias; y establecer relaciones directas con los mercados del África oriental y las regiones más extremoorientales productoras de especias, sin necesidad de soportar el papel de intermediarios de los musulmanes.Hasta el 1433, son años difíciles para el infante que, en Lisboa tiene que luchar contra la cerrazón de sus hermanos mayores, lo cual no le impide el laborar para reunir a su alrededor un equipo de gentes expertas en cuestiones náuticas. Algunos años más tarde tiene lugar el momento decisivo de su carrera, al conseguir fundar en el promontorio de Sagres una escuela de navegación, en la que se formarán muchos de los más importantes navegantes lusos. Al lado de ello, el infante D. Enrique procurará poner en juego el apoyo económico de los fondos de la Orden de Cristo, de la que era maestre. Por otra parte, los problemas económicos que vayan surgiendo en el futuro se tratarán de soslayar investigando las mercaderías más apreciadas por los indígenas africanos, e intentando encontrar una región productora de oro que será, a partir de 1471, la Costa de la Mina. Como remate de este proceder del infante, es lo que un historiador portugués (Jaime Cortesao) ha llamado "política de sigilo", consistente en ocultar no sólo los últimos adelantos de la navegación, sino también alguno de los más importantes descubrimientos.El periplo africaro bajo el infante D. Enrique. Su punto de partida es el a. 1415, que señala la conquista de Ceuta por los portugueses. Hasta el 1435 y bajo la dirección del infante, se cubren las siguientes etapas: llegada a las islas Madeira y Azores; intento infructuoso de apoderarse de las Canarias (ocupadas por los castellanos desde hacía algunos años) y llegada de Gil de Eanes al cabo Bojador, centro de toda la mitología terrorífica del Atlántico en la Edad Media.Hasta 1441, las expediciones son escasas, debido sobre todo al fracaso portugués en Tánger (v. AVÍS, CASA DE) y a la minoridad de Alfonso V.Hasta 1449: nuevo impulso. Nuño Tristán llega a cabo Blanco. Los intentos infructuosos de comerciar con las caravanas del Sahara a través de Río de Oro, obligan a seguir hacia el golfo de Guinea, zona mucho más provechosa: oro, marfil, esclavos, fundación de la compañía de Lagos, la primera dedicada al comercio ultramarino. El propio Tristán rebasa la desembocadura del Senegal. Hasta 1460: dos venecianos al servicio del infante (Cadamosto y Usodimare) llegan a las islas de Cabo Verde. Esta etapa, más que por los descubrimientos, destaca por la rivalidad castellano-portuguesa, ya planteada desde la ocupación de las Canarias por los castellanos a comienzos del siglo. Bajo Juan II de Castilla (v. TRASTÁMARA, CASA DE), sigue acentuándose al establecerse los castellanos en Santa Cruz del Mar Pequeña en 1449. El problema queda zanjado en 1454 por la bula papal Romanus Pontifex: Portugal renunciaba a las Canarias pero adquiría el monopolio en las costas de Guinea. Cuando el infante don E. muera en 1460 las bases de penetración portuguesa en el golfo de Biafra, escala hacia nuevas navegaciones, con el Indico por objetivo, quedan asentadas.V. t.: DESCUBRIMIENTOS GEOGRÁFICOS.EMILIO MITRE.
BIBL.: P. CHAUNU, Le Portugal et l’ Atlantique, París 1960; CH. VERLINDEN, Le problème de 1’expansion comerciale portugaise au Moyen Âge, Coimbra 1948; J. OLIVEIRA BOLEo, Descobrimentos marítimos e esploraçoes terrestres, Lisboa 1955; P. DAMIAO, Historia dos descobrimentos portugueses, Oporto 1943; J. BENSAUDE, As dificultades financeiras dos descobrimentos do Infante, Oporto 1942; V. NEMESIO, Vida e obra do Infante D. Henrique, Lisboa 1960; F. PÉREZ-EMBID, Los descubrimientos en el Atlántico y la rivalidad castellano-portuguesa hasta el tratado de Tordesillas, Sevilla 1948; M. N. DiAS, 0 capitalismo monarquico Portugues, Coimbra 1963-64;J. CORTESAO, Descobrimentos portugueses, Lisboa 1960-62.
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