Encéfalo BIOL.
Categoria:
Biología
1. Anatomía. 2. Fisiología. 3. Patología. 4. Líquido cefalorraquídeo. 5. Médula espinal.(Gr. encephalon). Es la parte de los centros nerviosos contenida en el cráneo, continuada por la médula espinal alojada en el conducto raquídeo o vertebral. Tanto el e. como la médula espinal están envueltos por las meninges que los recubren y los separan de sus respectivas cavidades óseas.El e. se compone de dos grandes segmentos que se superponen, pero que están separados por un tabique meníngeo denominado tienda del cerebelo. El segmento superior es el cerebro y el inferior está compuesto por el cerebelo y el tronco cerebral. Este último está formado por el bulbo raquídeo, protuberancia anular y los pedúnculos cerebrales.1. Anatomía. El bulbo raquídeo, mielencéfalo o médula oblongada, es, pues, la parte inferior del tronco cerebral y su función es de una importancia extraordinaria, ya que en él están contenidos numerosos centros vitales; tiene una forma casi cilíndrica en la zona inferior y más ancha y aplanada de delante a atrás, en la zona superior.La protuberancia anular, o puente de Varolio, es la parte media del tronco cerebral y cruza por encima y delante, transversalmente, del bulbo. Aparece como un manojo de fibras nerviosas que pasa de un hemisferio cerebeloso a otro.Los pedúnculos cerebrales se funden con una lámina nerviosa compuesta por cuatro abultamientos (lámina cuadrigémina). Esta reunión constituye el mesencéfalo o parte superior del tronco del e. Los pedúnculos cerebrales se introducen en el cerebro por su parte basal.En el tronco del e. tienen su origen los nervios que controlan las sensibilidades de la cara, mucosa del velo del paladar, faringe y laringe, mucosas del macizo craneofacial y músculos estriados de los aparatos digestivo y respiratorio. Los nervios craneales que tienen su origen en el tronco del e. son los siguientes: nervio motor ocular común, en los pedúnculos; nervio patético, en la superficie dorsal del mesencéfalo; nervio trigémino, en la protuberancia; -nervio motor ocular externo, en el surco bulbo-protuberancial; nervio facial, en el surco anterior; nervios glasofaríngeo, neumogástrico, espinal e hipogloso, en el bulbo.El cerebelo (cerebellum) es la parte de los centros nerviosos situados detrás del tronco del e. y se enlaza con éste mediante los pedúnculos cerebelosos, que son tres pares. Los dos pedúnculos cerebrales superiores conectan el cerebelo con el mesencéfalo. Los dos pedúnculos cerebelosos medios enlazan cerebelo con protuberancia. Los dos pedúnculos cerebelosos inferiores unen cerebelo con mielencéfalo.El cerebelo está situado en el occipital, ocupando la fosa posterior del cráneo. Su forma es la de una elipse irregular que estuviese hendida en ambos extremos de su línea media; de esta manera aparecen en el cerebelo tres porciones: dos laterales, denominadas hemisferios cerebelosos o lóbulos laterales, y la porción media que une ambos hemisferios, llamada lóbulo medio o vermis, que presenta forma de gusano. Los hemisferios cerebelosos están más desarrollados en el hombre que en los demás animales; en algunos de ellos, de escalas inferiores, sólo existe el lóbulo medio.El cerebelo mide aproximadamente 10 cm. de anchura, 5 cm. de altura y 3 ó 4 cm. en su medida anteroposterior. Su peso medio es la octava parte del peso del cerebro y oscila alrededor de los 145 gr. en el hombre y de los 130 gr. en la mujer. Si tenemos en cuenta este peso, en relación con el del cerebro, el cerebelo femenino resulta de un peso más elevado que el masculino, aunque el peso absoluto de éste sea mayor.2. Fisiología. Las funciones del tronco del e. son de vital importancia dentro del organismo, no sólo porque en su interior residen los núcleos de los nervios craneales necesarios para nuestra vida de relación, sino también porque es una estación de paso de los haces sensitivos ascendentes y de los haces motores descendentes.Es de interés reseñar la existencia, en el tronco del e., de una zona vital, la sustancia reticular, que comprende todas las masas grises del tronco cerebral que no son núcleos de origen de nervios craneales. Estudiada en 1949 por Magoon y Moruzzi, se demostró que regula el tono muscular y que su lesión ocasiona la rigidez de descerebración. La excitación de la misma produce un estado de vigilia o reacción del despertar, mientras que su destrucción origina un estado de coma profundo; dicho de otra manera, la corteza cerebral está adormilada por la falta de acción estimulante del sistema reticular, y sin él no es capaz de hacer conscientes los impulsos que le llegan. Es, por tanto, la sustancia reticular la encargada de la atención y orientación en tiempo y espacio. Todo ello, sin embargo, no se produce aisladamente, sino en estrecha relación con la corteza cerebral, constituyendo ambos el nivel superior de integración del sistema nervioso.En la sustancia gris de la formación reticular se sitúan, además, centros reguladores de las funciones vitales, como son: el centro cardiovascular, encargado de que la sangre pueda llegar a todo el organismo, coordinando la función del corazón con la contracción de los vasos; el centro respiratorio, que se encarga de regir la inspiración, o entrada del aire en los pulmones, al ser la presión atmosférica superior a la que existe en los alvéolos y la espiración, al hacerse la presión intrapulmonar mayor que la atmosférica; el centro del vómito, situado a nivel del cuarto ventrículo; el centro de la tos y el de la deglución, dos centros reticulares que rigen cada uno el acto que su nombre indica.El cerebelo recibe los impulsos reguladores del tono muscular, impulsos táctiles, visuales, ópticos, olfativos y vagales; gracias a sus relaciones con los órganos vecinos asegura la posibilidad de mantener el equilibrio, no sólo cuando se permanece de pie sino también en marcha, manteniendo una estática perfecta.Si a un mono se le extirpa el cerebelo, se le produce un déficit bastante específico de la coordinación de los movimientos, y el animal se golpea contra cualquier objeto claramente discernible. El cerebelo interviene, pues, en la regulación del equilibrio, influyendo sobre ese grupo de movimientos reflejos gracias a los cuales el centro de gravedad se encuentra siempre sobre la base de sustentación.Merced a la sinergia en los movimientos, el cerebelo sincroniza y coordina la acción de grupos musculares que intervienen en la estática y en la motilidad voluntaria, pero, además, coordina las contracciones de los músculos que intervienen en el lenguaje, de tal manera que el fallo de la actividad funcional del cerebelo determina una gran dificultad para ligar los sonidos en sílabas y las sílabas en palabras.3. Patología. Conocida de una manera global la anatomía y fisiología del tronco cerebral, es obvio señalar su importancia para la vida del hombre.En los traumatismos craneales en los que se produce la muerte del sujeto, se ha podido comprobar en las autopsias que muchas veces no existe lesión en cerebro ni cerebelo; sin embargo, al estudiar el troncoencéfalo, se ven pequeñas hemorragias puntiformes que, al lesionar la sustancia reticular, han producido coma y muerte. La lesión de los núcleos de los nervios craneales originará su parálisis; así se producirán imposibilidad de mover los ojos hacia uno u otro lado, parálisis faciales, alteración de la audición, dificultades para la fonación y la deglución y alteraciones de la sensibilidad de la lengua.Cuando la poliomielitis se hace ascendente y llega al bulbo, el cuadro reviste una enorme gravedad, ya que casi siempre se producen paradas respiratorias. La parálisis bulbar progresiva origina trastornos de la deglución, fonación y masticación, y acaba con alteraciones respiratorias. La siringobulbia se caracteriza por la formación de cavidades en el bulbo, generalmente producidas antes en la médula.Teniendo en cuenta la función del cerebelo, encargado de regular los movimientos finos organizados y asegurar una sinergia en todo tipo de actuación motora, sus lesiones originarán trastornos de tipo motriz, tales como dificultad para los movimientos intencionales finos, como llevar un vaso de agua a la boca, comer, escribir, etc. Suele aparecer un temblor muy acusado en la extremidad superior o una marcha oscilante, como de borracho, e imposibilidad de mantenerse el sujeto en pie, con tendencia a caer hacia uno u otro lado (ataxia). También aparecen trastornos en la escritura y sacudidas temblorosas de los ojos al fijar la mirada (nistagmus).Los procesos patológicos que asientan en el cerebelo con más frecuencia son los tumores; se dan más a menudo en los niños, suelen obstruir el paso del líquido cefalorraquÍDeo hacia la médula y de esta manera los ventrículos se dilatan produciendo una hidrocefalia, dando síntomas de hipertensión endocraneal, vómitos violentos, cefaleas y pulso lento, además de los síntomas cerebelosos que aquí se producen en el mismo lado de la lesión, esto es, si el tumor está en el lado derecho, los movimientos temblorosos son en el lado derecho, mientras que el enfermo, al andar, se inclina también hacia el lado de la lesión.4. Líquido cefalorraquídeo. O líquido cerebrospinalis, es un fluido acuoso y transparente que ocupa el sistema ventricular del neuroeje y el espacio leptomeníngeo, formando una especie de almohadilla líquida en la que se encuentran suspendidos e. y médula espinal. Se atribuye su descubrimiento a Cotugno (1784) y en su estudio han intervenido posteriormente Magendie, Corning y Quincke.La cantidad de líquido cefalorraquídeo ha sido estimada en 150 cc. por término medio, de los cuales la mayor parte (100 cc.) reside en el espacio subaracnoideo. Su producción es continua en cantidad de 0,3 cc. por minuto, lo cual quiere significar que en las 24 horas se produce una cantidad aproximada de 400 a 450 cc. Está perfectamente establecido que la formación del líquido cefalorraquídeo se efectúa, fundamentalmente, en los plexos coroideos de los ventrículos, como fue demostrado por Dandy (1919), tras memorables experiencias realizadas con perros. La exposición quirúrgica de los ventrículos laterales en el hombre, permite observar la exudación de unas gotas de líquido claro a través de los plexos coroideos. Sweet, trabajando con isótopos radiactivos, ha llegado a la conclusión de que el líquido cefalorraquídeo puede formarse también como intercambio entre sangre y sistema nervioso central.El líquido cefalorraquídeo no se encuentra parado sino que tiene una circulación (que Cushing llamó tercera circulación orgánica); desde los ventrículos laterales pasa al tercer ventrículo por los agujeros de Monro y, a través de un estrecho canal, al cuarto ventrículo, desde donde sigue un doble camino: canal de la médula espinal hacia abajo y espacio subaracnoideo, a través de los agujeros de Luschka y Magendie, para rellenar las cisternas de la base del cerebro y la convexidad de los hemisferios.La reabsorción del líquido cefalorraquídeo se produce por eliminación a la sangre a través de las vellosidades aracnoideas; inyectando salicilato de sodio en el líquido cefalorraquídeo se comprobó, a los cinco minutos, la presencia del mismo en la sangre.La presión del líquido cefalorraquídeo en un individuo acostado y mediante punción lumbar, oscila entre 10 y 15 centímetros de agua; naturalmente estando sentado la presión es mayor.La función del líquido cefalorraquídeo es la de amortiguador del sistema nervioso, pues, al rodear a éste interior y exteriormente, impide que los traumatismos se transmitan directamente a los centros nerviosos. Mantiene también la presión intracraneal dentro de límites normales.El líquido cefalorraquídeo normal tiene una densidad de 1,006 a 1,008 y su pH es igual al de la sangre. Químicamente consta de: una pequeña cantidad de albúminas (el promedio en sujetos sanos es de 15,9 gr. por 1.000 cc.); gamma-globulinas (2,7 mgr. por 100 cc.); cloruros, más abundantes, que alcanzan una tasa de 7,2 a 7,5 por mil, disminuyendo esta cantidad en los casos de meningitis; glucosa, cuya cantidad alcanza valores entre 0,40 y 0,60 gr. por mil, aumenta esta concentración en los casos de encefalitis epidémica y disminuye en las meningitis producidas por meningococos. Las células que existen en el líquido cefalorraquídeo normal oscilan entre 1 y 5 por mm³, y suelen ser linfocitos. El número de células aumenta en los procesos inflamatorios meníngeos.5. Médula espinal. Es el órgano del sistema nervioso central que se encuentra alojado en el conducto vertebral, y que conecta los centros nerviosos cerebrales con el tronco y los miembros. Su forma es cilíndrica, aproximadamente de 45 cm. de longitud en el hombre y 43 cm. en la mujer, siendo más corta que la columna vertebral, que mide de 68 a 70 cm. Su diámetro transversal es por término medio de 1 cm. y, en conjunto, ofrece dos engrosamientos, uno a nivel cervical y otro inferior en la región lumbar, relacionados ambos con las zonas de más función en brazos y piernas. Por su porción superior la médula se continúa con el bulbo raquÍDeo; por la porción inferior acaba en forma de cono, prolongándose aún por un delgado filamento llamado f ilum terminales, formado de tejido conjuntivo.Interiormente la médula, vista en una sección horizontal, muestra la sustancia gris situada centralmente, en forma de H, y la sustancia blanca, que la rodea y envuelve. La sustancia gris se divide en astas anteriores, más gruesas y aplanadas, y astas posteriores, largas y delgadas; la porción horizontal que une ambas astas se denomina comisura gris. La sustancia gris es mucho más voluminosa en las regiones cervical y lumbar. Las astas anteriores contienen los grandes cuerpos celulares de las neuronas motoras periféricas, constituyen las raíces anteriores y son las encargadas de la movilización de brazos y piernas, etc. Entre las astas anterior y posterior, existe una columna lateral de sustancia gris, origen de fibras simpáticas encargadas de inervar las vísceras y que tiene funciones vaso-pilo-sudomotoras. Al asta posterior van a parar las prolongaciones de las células que forman las raíces posteriores, esto es, la vía por donde llegan los impulsos sensitivos a la médula.La sustancia blanca queda dividida por las raíces anteriores y posteriores en tres cordones: anterior, lateral y posterior. Estos fascículos son, unos, ascendentes, encargados de llevar la sensibilidad de tronco y extremidades; y otros, descendentes, que llevan los impulsos desde el cerebro al resto del organismo, permitiendo la motilidad.Los cordones posteriores llevan fibras ascendentes, encargadas de la sensibilidad térmica, dolorosa, táctil, y sensaciones de presión o peso.Las principales afecciones de la médula pueden dividirse en tres grupos: traumáticas, tumorales y degenerativas. Traumáticas. Sección total de la médula por accidente, arma de fuego, arma blanca, etc. Si se produce a nivel cervical alto provoca una parálisis de brazos y piernas (tetraplegia), y pérdida de la sensibilidad desde el cuello hacia abajo. Si es a nivel dorsal o lumbar, se produce una parálisis de piernas (paraplegia), con pérdida de sensibilidad desde unos centímetros por debajo del nivel de la lesión y alteraciones esfinterianas (orina y heces), con trastornos vegetativos.Las hernias discales se producen por prolapso del disco intervertebral, originando fuertes dolores en forma de lumbociática y pérdida de fuerza en la pierna afectada. Deben ser tratadas con reposo, cama dura y corsé ortopédico. En el caso de no ceder el cuadro de dolores, deben ser tratadas quirúrgicamente. La operación da muy buenos resultados.Tumores. Los que crecen fuera de la médula suelen ser benignos, mientras que los intramedulares, de crecimiento infiltrante en su mayoría, son malignos. Los primeros son de crecimiento lento y los segundos evolucionan rápidamente, produciendo parálisis. Entre los benignos, son los meningiomas y los neurinomas los más corrientes. Entre los malignos, los gliomas y ependimomas, que tienen muy mal pronóstico.Degeneraciones medulares. Las más comunes son: la tabes dorsal, siringomielia, esclerosis lateral amiotrófica y poliomielitis anterior aguda.V. t.: ANATOMÍA HUMANA; CEREBRO Y CEREBELO; NEUROLOGÍA.J. L. PANIAGUA LÓPEZ.
BIBL.: W. E. DANDY, Ventriculography following inyection of air finto the cerebral ventricles, en "Ann. Surg.", 68, Filadelfia 1918, 5; H. CUSHING, Intracranial tumours, Springfield 1932; L. BRAIN, Enfermedades del sistema nervioso, Barcelona 1966.
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