Encajes
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Varios
Se denomina e. al resultado del entrecruzamiento de diferentes hebras siguiendo un determinado dibujo o composición. Estas hebras pueden ser de lino, algodón, seda, oro o plata. El sistema de entrecruzamiento cuya repetición constituye el tejido del e. se llama "punto". Por la forma de su elaboración el e. puede clasificarse en manual y mecánico. EL primero es el que tiene un verdadero valor artístico, tanto en su historia como en su evolución.Los e. hechos a mano pueden ser producidos con la aguja solamente enhebrada, originando el llamado "punto de aguja" o por medio de bolillos que entrecruzan los hilos y dan origen al "encaje de bolillos", que en su función de embellecimiento de la indumentaria se generaliza en el s. XVl. El e. puede elaborarse también con el ganchillo, siempre sobre la base de que ningún otro tejido o red le sirva de apoyo. Las labores anudadas no se consideran e. ni tampoco las de aguja cuando van ejecutadas sobre malla o tela, pues entonces se incluyen entre los bordados (v.).Técnicas. El punto de aguja se hace sobre un pergamino o vitela en donde está marcado el dibujo agujereado.Sobre él se van fijando varias hebras de hilo que sirven de mecha o soporte. Estos hilos se afirman con un hilo fino en los agujeros del dibujo. La encajera cubre los hilos del soporte con un solo hilo a punto de festón, con puntadas más o menos tupidas, valiéndose únicamente de la aguja enhebrada. Cada motivo puede hacerse por separado y por personas distintas, y después unidos con sólido cosido, rellenando los espacios con bridas formando red. Esta técnica, que a primera vista parece simple, exige una gran habilidad y paciencia. Cada país y cada época ha tenido sus puntos y motivos predilectos. Los más característicos y que alcanzan gran renombre por su valor artístico son los de Venecia, Alençon, Argentina y España.El e. de bolillos se hace sobre una almohadilla cilíndrica o cuadrada que se mantiene sobre las rodillas o bien se sujeta con un pie o trípode de madera, sobre el suelo o taburete. En la almohadilla se fija la tira de pergamino o cartulina con el dibujo y las picaduras y en las parte superior se sujetan los hilos fijados con alfileres. Los hilos colgantes se arrollan al bolillo, generalmente de madera de boj, compuesto de cabeza, bobina y mango que sirve para manejarlos y entrecruzar los hilos formando calados y dibujos que se van sujetando al patrón por medio de alfileres. El trabajo se teje hasta el fin de la cartulina y entonces agrupados los bolillos y sujetos, se desprenden los alfileres y se traslada la labor a la parte superior de la cartulina y se continúa nuevamente. Esta operación que implica algún riesgo se evita con otro tipo de almohadillas giratorias, propias de países nórdicos, sobre un eje, donde no se precisa desmontar la labor.Los puntos esenciales del encaje de bolillos son: el punto entero o al pasado, entrecruzando cuatro bolillos; el de gasilla que se trabaja con tres hilos, uno cruza los otros dos previa una vuelta entre sí; el punto de malla, de fondo, de cuatro lados; el de tul o malla de seis lados y el de almendra o punto recubierto, con un hilo que pasa por otros tres. Con estos puntos están hechos todos los e. de bolillos de los diferentes países.Origen y evolución. Los orígenes son remotos. Las noticias de textos nos indican que fueron ya conocidos en la antigüedad, si bien no podemos concretar cuando se trata de decoraciones bordadas o propiamente obras de pasamanería, o trabajo a la aguja. Estos datos imprecisos se concretan con ejemplares hallados en las tumbas egipcias de las últimas dinastías y que actualmente se conservan en diversos museos como en el de Cluny y en el de Lyon, fechados en el año 2000 a. C. o de época copia; o en el Museo Victoria y Alberto de Londres en donde se guardan redes hechas con hilos entrecruzados, verdaderos encajes coptos hallados en sepulcros de Akhmim (Alto Egipto). En otras sepulturas se han encontrado adornos de hilos entrecruzados y trozos de mallas con husillos o plomos colgantes, con hilos arrollados para su ejecución, hallados en Antinoe. Redecillas de hilo blanco con franjas azules y rojas que debieron utilizarse en la cabeza. Asimismo, griegos y romanos también las usaron. Los persas reciben las técnicas textiles del mundo bizantino de donde las aprenden los árabes, quienes las transmiten a Occidente, España y Sicilia. Así puede explicarse que en España el arte del e. empiece con mayor antigüedad que en otros países europeos. En los hallazgos del Monasterio de las Huelgas (Burgos), entre los tejidos de fabricación árabe pueden señalarse adornos y guarniciones de pasamanería. Queda demostrado que en el s. XIII se conocen técnicas de entrecruzamiento de hilos que por evolución natural llegarían a la elaboración del e.Encaje español. En España se llama pasamanos a los e. de oro, plata y sedas y punta, randas o rapacejos a los de hilo blanco mezclados con otros de color. Los pasamanos estaban hechos con hilos entrecruzados y pasados unos con otros. Esta labor fue perfeccionándose con hilos cada vez más finos y más complicados hasta convertirse en e. Randa es el primer nombre que se da al e. y así se llamaron, primero, los adornos que bordean una prenda. Su origen es sajón (rand, orla) y se utilizaban metal y seda. Cuando terminaban en picos se llamaron puntas o puntillas. El nombre popular que aparece en muchos inventarios es el de rapacejos, eran de hilo blanco torcido, hechos a la aguja como los calados y servían también para unir dos telas. El nombre de e. empieza a aparecer en el s. XVI para designar la labor que se hacía por partes y se encajaba después entre lienzos distintos. En España se llamó solamente e. al hilo. El e. español más conocido eri el extranjero fue el metálico, llamado punto de España. Se confeccionaba a bolillos con hilos de plata y plata dorada, combinando gruesos distintos y aun laminillas en la misma labor. En el s. XVII fue imitado, sobre todo, en Francia. Fue también en España, donde con más éxito se logró la policromía en el e., ya tradicional desde sus comienzos. Ejemplares valiosos se encuentran adornando con profusión ropas de imágenes y ornamentos eclesiásticos.En el s. XVII, al tiempo que se hacía el llamado punto de España con bolillos se elaboraba también a punto de aguja otro e. metálico de un carácter y personalidad extraordinaria. Es el conocido con el nombre frisado de Valladolid que se hizo en esta localidad y en otras varias. Está hecho con hilo de oro o plata que se va cubriendo con sedas de colores a punto de festón, dejando espacios de hilo metálico sin cubrir y anillas del mismo hilo de oro al aire, que contribuyen a dar a esta labor una gran suntuosidad y riqueza. Desde finales de este siglo se trabajó bastante el e. llamado de soles sallnalztinos o punto de Cataluña (más variado y más fino). Es un e. a la aguja hecho con un patrón fijo sobre una pequeña almohadilla. Con alfileres o clavos se traza una circunferencia donde se van enganchando los hilos y con la aguja enhebrada, pasando hilos, se consiguen calados. Agrupando estos círculos o cuadros se compone una pieza o se incrustan en un tejido. Esta labor se hizo muy popular y fue transmitiéndose de generación en generación, llegando hasta las islas Canarias y América del Sur, México, Puerto Rico y Filipinas. Hoy día se hace en Tenerife. En Paraguay le llaman ñandutí por la fibra con que se trabaja.Desde el s. XVII se generaliza el e. llamado de torchon o de 12 bolillos. Consiste en una trencilla de tejido a punto de tela con diez bolillos que se cruzan por otros dos. No tiene ningun fondo y el dibujo lo va trazando la trencilla con sus curvas y vueltas sujetas sólo por bridas que se entrelazan. Se hizo en España, tanto metálico como en hilo, y por la simplicidad de ejecución se divulgó extraordinariamente, desde Milán y Génova a la Europa Oriental, Hungría y Grecia, hasta Rusia donde trabajado siempre con hilo tuvo tanta aceptación que se le dio el nombre de e. ruso en algunas localidades.En el s. XVIII con la venida de los Borbones a España, la implantación de modas y costumbres francesas es decisiva en todos los órdenes. El rococó es el momento del e. Se importan entonces los de Alen~on, Valenciennes, Bruselas, etc., y se imponen, hasta cierto punto, sus motivos en los de fabricación nacional y también los materiales, hilos más finos e incluso la seda con la que trabajaban las mujeres normandas sus tocas, que por tener color amarillento se llamaron blondas, y con el nombre de blondas se ejecutaron en Cataluña los e. para las mantillas españolas, en blanco y en negro. Sobre un fondo de tul con diversos puntos hecha con seda granadina mate y muy torcida se desarrollaba la decoración de grandes motivos floreados de seda organcín, brillante y sin torcer, que por lo general se bordeaban con un hilo de seda más gruesa. Las blondas catalanas cobraron fama mundial e hicieron de nuevo famoso el e. español en Europa y América en donde se importaron hasta fines del s. XIX en que su fabricación fue disminuyendo al perderse la moda de la mantilla y por la competencia del e. hecho a máquina, que logró gran perfección y baratura difícil de competir. También se hicieron mantillas en Almagro (Ciudad Real) donde se tejieron otros e. de hilo a la manera de Cataluña, pero menos finos y más populares. En Galicia, en Camariñas y otras aldeas de Pontevedra desde fines del XVIII se hicieron puntillas de bolillos en hilo con flores y estrellas que acusan en sus comienzos la influencia francesa y belga.Encaje en Europa. En Italia el e. es a punto de aguja en el que destacan Venecia y Génova. En Flandes el e. es a bolillos, siendo especialmente famosos, los de Bruselas, Valenciennes, Binche (con su e. de tela de araña como fondo), Malinas, Amberes (malla triangular) y Brujas. En sus comienzos, el e. flamenco debió de acusar la influencia española más que la italiana. En Francia, Catalina de Medicis y más tarde Colbert (1665) dan un impulso y una protección especial al e. que no tarda en imponer sus productos a punto de aguja elaborados en Alenlon, Argentan..., favorecidos también por la incorporación de Valenciennes en 1677 con su malla cuadrada flamenca, e incluso París llega a ser un gran centro encajero.F. NIÑO MAS.
BIBL.: C. BAROJA, El encaje en España, Barcelona 1933; P. HUGUET Y CREXELLS, Historia y técnica del encaje, Madrid 1914; M. FLORENCE LEWIS, Hispanic Lace and Lace making, Nueva York 1933; P. DE ARTIÑANO, Los encajes españoles durante el reinado de :los Austrias, "Arte Español" 1920, 97-114; ÍD, Los encajes durante el reinado de los Borbones, "Arte Español" 1922, 62; ÍD, Randas españolas, "Archivo Español de Arte y Arqueología", mayo-agosto 1925, 220; El encaje de seda. Exposición de lencería y encaje organizada por el Colegio del Arte Mayor de la seda, mayo-junio, Barcelona 1960.
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