Eliot, George
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Biografía GER
Seudónimo de Mary Ann Evans, escritora inglesa. N. el 22 nov. 1819 en Arbury Farm, en Warwickshire; m. el 22 die. 1880, en Cheyne Walk, Chelsea, en Londres. Influyó en el desenvolvimiento de la novela contemporánea, a la que sitúa definitivamente en el ámbito de las artes mayores.Vida e ideas literario-filosóficas. E., dotada de extraordinaria agudeza intelectual, se aparta muy joven aún del puritanismo de su infancia para seguir la nueva teoría positivista de A. Comte (v.). Los principios de la relatividad, del conocimiento y del estatismo y dinamismo sociales la afectarán seriamente; más adelante, su amistad con el filósofo agnóstico H. Spencer (v.) enriquecerá su visión del fenómeno social en esta misma línea, pero no dejará de ofrecer una curiosísima contradicción con estos principios: toda su vida permanecerá agnóstica, pero nunca se podrá desprender de lo absoluto. Este residuo de su primitiva formación religiosa se condensará en lo que ella llama "las leyes de la verdad y la bondad", que, cerrado el paso a lo trascendente, quedarán reducidas a ser "leyes escritas en el corazón". A esta actitud se debe la obsesiva actualización moral de su conocimiento.Los primeros escritos revelan la evolución de sus creencias juveniles; en 1846 completa la traducción de La Vida de Jesús, de Strauss; en 1850 colabora en la "Westminster Review"; cuatro años más tarde traduce la Esencia del Cristianismo de Feuerbach.G. H. Lewes, con quien no pudo contraer matrimonio legal, pero a quien consideró su esposo legítimo según "las leyes escritas en el corazón", impulsará decisivamente su carrera literaria, que se abre en 1857 con la publicación de Scenes of Clerical Life (Escenas de la vida clerical). Su segundo marido John Cross, con quien contrajo matrimonio un año antes de morir, recogerá fielmente su correspondencia para componer su biografía. Las siete novelas que siguen a Scenes of Clerical Life, marcan una evolución deliberada y continua de las viejas fórmulas. Ninguna de ellas rompe abiertamente con la tradición, pero la desarrollan, y al desarrollarla alteran su carácter. En todo este proceso, E. sigue su inclinación intelectual desprovista de intensidad imaginativa. Y, precisamente dentro de estos supuestos, llega a una concepción ambivalente, revolucionaria, de la novela, al convertirla en instrumento de investigación de la realidad humana y en vehículo de ideas.La mente de E. actúa a modo de microscopio o de rayos X que investigan y analizan la idiosincrasia de cada persona. Una vez discriminados los elementos constitutivos de la misma, observa el proceso del acto moral antes y después de realizado; procede luego a estudiar con lógica rigurosa, la conducta que se derivaría de una determinada situación, y de ahí pasa a establecer las conclusiones finales. Surge así una nueva escala de valores, aptos para una visión más compleja y precisa de la condición humana. No descubre en ella ni absoluta libertad, ni absoluto determinismo: "Nuestras acciones nos determinan tanto como nosotros determinamos a nuestras acciones".El individuo como motor determinante de sus hechos repercute en la técnica de la novela, porque tiene que delinearse, necesariamente, desde el interior. Con ello se captan las manifestaciones más inconsistentes y contradictorias de una personalidad, sin que el lector deje de pensar en un mismo personaje.Pero es en las acciones como causas determinantes del individuo, donde brilla a mayor altura el genio de E. El mundo individual, en sí mismo, no es más que un fragmento abocado al caos. Sólo la interrelación de lo individual heterogéneo lo restituirá a un sistema propio, que se manifiesta como síntesis superior viviente, como proceso cósmico, como sociedad.Sobre estas bases se formula la doctrina principal de la escritora: "la influencia de un alma sobre otra alma", y de ahí arranca su empeño en divulgar "la difícil tarea de conocer el alma del prójimo". Pone de manifiesto la dificultad de clasificar a los hombres en buenos y malos; lo aventurado e inseguro del juicio individual, así como el de la sociedad, abriendo barreras infranqueables, cuando todos, absolutamente todos los hombres están llenos de debilidades. Todos los hombres, en virtud precisamente de su imperfección, son dignos de ser novelados, porque la novela no debe servir para enaltecer personajes convencionales, sino para iluminar la realidad humana. Y todo hombre, por el hecho de ser hombre, revela interés biográfico en sus conflictos morales, siempre trágicos.Obras. Este aspecto ya se da en Scenes of Clerical Life, y se consagrará sobre todo en las novelas posteriores. En Adam Bede (1859) adopta un relato tradicional a un esquema excesivamente moralizador, pero ello no le impide retratar a la sociedad rural inglesa de entonces con la precisión de un maestro de la antigua escuela de pintura holandesa. Brilla especialmente un humorismo que capta la idiosincrasia campesina. The Mill on the Floss (El molino junto al Floss), 1860, parece en gran parte autobiográfica y nos presenta el carácter femenino más fascinante de toda su producción. Maggie es poesía viva, aprisionada en un ambiente vulgar, monótono y rastrero. Un humor fino, deliciosamente crítico, se combina con el patetismo progresivo de la novela. El conflicto moral se reitera obsesivamente en la pregunta: ¿cómo obrar rectamente sin un medio satisfactorio para lograrlo? La renuncia, lo más difícil, no basta; sólo la muerte podrá resolver semejante tensión.Silas Marner (1860), la pequeña obra maestra de E., defiende la tesis de la influencia benéfica de las almas humanas entre sí, y de la justicia retributiva de esta vida. En Romola (1863), escrita a raíz de un viaje al continente, y tras una prolongada estancia en Florencia, ya se desarrollan abiertamente sus ideas literario-filosóficas al consistir el núcleo de la obra en la captación de un fenómeno interno, del que surge el carácter y que condiciona la conducta de los personajes. Por otra parte, a pesar de la erudición derrochada, falla lamentablemente en la presentación del ambiente de una Florencia renacentista. Asimismo su paso por España dio origen a un poema dramático: The Spanish Gipsy (La gitana española), 1878, donde se advierte también una falsa ambientación. Felix Holt the Radical (Félix Holt, el radical), 1866, se centra en la agitación rural de los Middlands en 1830. Allí E. afirma su poca fe en la política; la reforma deberá ser predominantemente moral y social.Middlemarch (1871-1872), publicada por entregas, es su obra más ambiciosa y extensa. En ella triunfa plenamente el enfoque intelectual, que desborda la forma y el argumento tradicionales. No hay figura central. El interés se reparte en cuatro grupos separados de personajes, ninguno de ellos heroico, a pesar de las aspiraciones de Dorothea, una Santa Teresa frustrada, al decir de su autora. Todos aparecen retratados en su egotismo particular. La acción se deriva de los conflictos internos con lógica rigurosa, sin admitir fórmulas novelescas o de comedia. El matrimonio no es un final feliz, sino un gran principio, y a través de esta experiencia se nos expone cómo se debe vivir y pensar. El humor limpio y ligero de las primeras novelas se va convirtiendo en sarcasmo. Todos los caracteres están inmersos en un proceso cósmico o drama múltiple de la sociedad. Obra culminante de E., nos descubre como ninguna la pobreza de su credo ético-racionalista: su fruto es la aridez, la oscuridad, el desaliento. La negación propia no puede recompensarse con el solo ejercicio de la virtud, a pesar de los reiterados esfuerzos de E. para demostrarlo; ésta, fiel a su método, termina sin poder expresar más que descorazonamiento, a modo de suave fatalismo que se cierne sobre todos los personajes.En Daniel Deronda (1876), su última obra, el humor se ha evaporado por completo, una ironía cáustica trata de reemplazarlo. Más que novela, resulta un tratado de psicología aplicada. La trama es demasiado visible, los caracteres quedan en la penumbra, disminuidos, atormentándose en clarificar sus ideas para iluminar el sentido de la vida, para encontrarse a sí mismo. Esta novela se reduce a un documento de primer orden para conocer la técnica de la autora.M. L. PÍREZ MARTÍN.
BIBL.: G. ELIGT, Obras completas (en inglés), 12 vol., Edimburgo 1901-1903; ÍD, Cartas, 7 vol., New Haven 1954-1956; ÍD, Adam Bede, Barcelona 1949; ÍD, El molino junto al Floss, Madrid 1932; ÍD, Silas Marner, Madrid 1935; ÍD, Middleruarch, ed. por G. S. HAIGHT, Boston 1956 (excelente edición); E. A. BAKER, The History of che English Novel, 8 vol., Nueva York 1963; J. BENNETT, George Eliot, her Mind and Iter Art, Cambridge 1962; F. R. LEAVRS, George Eliot, en The Great tradition, 1948; C. PINNEY recoge la mejor crítica literaria sobre G. ELIOT, Londres 1956.
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