El Salvador. Arte Posterior. ARTE
Categoria:
Arte
Época colonial. De las naciones centroamericanas, quizá sea El S. una de las más castigadas por la violencia sísmica, de aquí que sean pocas las ciudades que conservan sus viejos monumentos coloniales. En cuanto a San Salvador (v.), ha sufrido varios traslados, como la vecina ciudad de Guatemala. Fundada la ciudad en el lugar de Bermuda hacia 1525, hubo de ser construida al pie del volcán Quezaltepeque, donde medio siglo más tarde sufrió la furia de un violento sismo. Su actual emplazamiento lo ocupó en 1659, pero en 1798 sucumbió ante el más violento de los terremotos; así se explica que hoy San Salvador presente edificios de madera y chapa. Las muestras de arte colonial se han conservado en los pueblos próximos a la capital, en cuyas iglesias predominan las soluciones mudéjares, tanto en las techumbres, como en los pies que las sostienen, y dividen al mismo tiempo las naves.El s. XVIII puede estudiarse tanto por las muestras existentes como por los planos documentados. Una de las edificaciones más significativas es el templo del Pilar, que presenta muros y pilares muy gruesos, para poder resistir los frecuentes temblores de tierra. Esta solución antisísmica es distinta de la adoptada por los maestros que trabajaron en Cuba o en el Perú, los cuales tendieron al uso de las estructuras de madera. Pese a las necesidades impuestas por razones de estabilidad, el autor quiso ser original, empleando en el ingreso un arco pentagonal y en la fachada unas pilastras de perfil ondulado mixtilíneo, que acusan relación con el arte de Antigua (Guatemala). La mayor novedad reside en el empleo de una media columna anillada en todo su fuste, que por efecto óptico, unas veces parece cóncava y otras convexa; como se ve, este original arquitecto estaba en posesión de elementos barrocos que le permitieron alcanzar efectos decorativos y ópticos, todo ello muy de acuerdo con el espíritu que manifestaban las portadas mexicanas del momento.Un plano conservado en el Archivo de Indias demuestra que El S. fue lugar adecuado para interesantes experimentos barrocos. No sabemos si llegó a construirse la iglesia del Hospicio, que el plano aludido fecha en 1765; aquí, el barroquismo se manifestaba, sobre todo, en el dinamismo de los muros, que presentaban dos semicírculos tanto en el ingreso como en el presbiterio, mientras que el cuerpo central era ovalado. Obra tan original ha sido relacionada con la figura de Luis Díez Navarro. En la serie de obras que presentan puntos de contacto con el arte antigüeño, hay que incluir las iglesias de Troncoso, la Asunción de Izalco y la de Matapán. Esta última presenta una nave con semicolumnas, que se continúan en los arcos torales, siguiendo la tradición del claustro de la Escuela de Cristo, en Antigua, según ha indicado D. Angulo.Menos interesante es el grupo de iglesias que acusan influencia mudéjar, especialmente en la cubierta; las más conocidas son las de Panchimalco, cuyos pies y elementos de la fachada ponen en evidencia la relación que guarda con monumentos nicaragüenses y la iglesia de Mexicanos, que, pese a las restauraciones, aún muestra las zapatas más ricas de toda la serie. Las de S. Sebastián y Santiago, en los suburbios de El S. deben pertenecer, quizá, a principios del s. XIX.La gran obra del s. XVIII es el conjunto administrativo conocido como las Casas Reales, cuya misión era reunir en un solo edificio todos los servicios públicos con el mayor decoro. Lugar adecuado para tal conjunto fue uno de los costados de la Plaza Mayor, y al diseñarlo Pedro Guerrero ocupó toda una manzana, conservando la simetría hasta en los espacios interiores; el modelo que tuvo en cuenta fue el Palacio de los Capitales de la ciudad de Guatemala. Pese a las. sólidas proporciones del vasto edificio, cuando la obra fue revisada por el maestro mayor de Guatemala, Bernardo Ramírez, éste propuso que no fuera tan alto y que se reforzaran los muros por el peligro que entrañaban los violentos y frecuentes terremotos. Observando los planos de este edificio de múltiple destino, se aprecia que el autor procuró distribuirlos con cierta simetría para dar la impresión de que se trataba de un edificio único.SANTIAGO SEBASTIÁN.
BIBL.: D. ANGULO, Historia del Arte hispanoamericano, III, Barcelona 1956.
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