Ecuador, República de El. Historia de la Iglesia. HIST.
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Historia de la Iglesia
Cabe distinguir en la historia de la Iglesia en E. dos periodos de acusada personalidad propia: el colonial y el republicano; ambos contribuyen a definir el momento actual.1. Periodo colonial. En 1546 se erigió el obispado de Quito (v.), encomendado a Garcí Díaz de Arias. La conquista había precedido a la evangelización y la raza indígena acogió con docilidad la doctrina. El grave problema social, creado por los nuevos modos de vivir impuestos al indio, dio lugar a la decisiva influencia eclesiástica. El sistema de reparto de tierras (encomienda), el régimen tributario, las relaciones laborales y otras, recibieron una neta impronta cristiana. El primer Concilio limeño (1567), y el primer sínodo de Quito (1569), dejaron una inspirada legislación sobre el tema.Hacia fines del s. XVI puede considerarse cerrado el periodo de fluidez institucional. La diócesis y las fundaciones de franciscanos, dominicos, mercedarios y agustinos quedaron sólidamente asentadas. Llegó en 1568 la Compañía de Jesús que extendió una red de colegios en las principales ciudades; tomó a su cargo el Seminario y la extensa Misión de Mainas, en el oriente transandino.Desde el primer plantel educativo que fundó fray Jadoco Ricke para enseñar gramática, canto llano y órgano, absolutamente todos los centros de enseñanza brotaron por iniciativa eclesiástica (v. VIII). A las escuelas y colegios, se añadieron las Univ. de S. Fulgencio, San Gregorio y Santo Tomás, a la sombra de cuyas aulas surgieron los literatos más notables, como J. B. de Aguirre y Espejo (v.).La religiosidad fue muy intensa y caló hondo en el alma nacional, incluso en sus manifestaciones artísticas. La fe se mantuvo, apenas afectada por el jansenismo (v.) y enciclopedismo hacia fines del s. XVIII. La piedad, cultivada en numerosas iglesias y capillas, se manifestó en actos cultuales solemnes; las cofradías y los santuarios se multiplicaron por doquier. Una santa, Mariana de Jesús de Paredes y Flores (v.), testimonia la autenticidad de ese espíritu. Era continua la leva de vocaciones al estado clerical o religioso.Como contrapunto, destacaba el escaso aprecio de ciertos valores humanos, el trabajo, principalmente. La misma abundancia de clérigos propiciaba su intromisión en asuntos ajenos a su ministerio. Fueron frecuentes los conflictos y susceptibilidades dentro de los conventos, entre las distintas órdenes y entre éstas y los obispos. La propiedad inmueble en manos eclesiásticas llegó a ser la mitad del terreno cultivable. Decayó la observancia religiosa, particularmente en los llamados conventos menores. El marco jurídico rector de la Iglesia venía fuertemente caracterizado por las facultades que los Papas habían concedido a los reyes españoles y por los usos introducidos en su aplicación. En virtud del llamado Patronato de Indias, la autoridad civil intervenía minuciosamente en la vida interna de la Iglesia (v. INDIAS, INSTITUCIONES DE). El sistema dio buenos frutos en los primeros tiempos. Luego, oprimió a la Iglesia con el peso de la decadencia política y el regalismo (v.) borbónico del s. XVIII dictó algunas medidas claramente perjudiciales. Tal fue, p. ej., la expulsión de los jesuitas, ejecutada por el presidente Diguja en 1767.2. Periodo republicano. Anotar que los próceres quiteños rubricaron con el rezo de una Salve la conspiración que culminó en el primer grito de independencia, es señalar un hecho simbólico más que anecdótico. La religiosidad del pueblo no se quebró en el turbulento periodo guerrero. El clero, por su parte, ayudó a la causa patriótica con la puesta en juego de su ilustración y ascendiente moral, con sus bienes e incluso con su brazo armado, acentuando la vieja tendencia a la intervención en lo temporal. Al cabo del proceso de liberación surgieron, sin embargo, cismas parciales y un deterioro extremo del testimonio sacerdotal.En la joven república la organización eclesiástica, que estaba ligada por tradición y por leyes abusiva,5 al poder civil, sufrió las conmociones de la época. En 1886 quedó instaurado un débil vínculo directo con Roma a través de la Nunciatura de Bogotá. La sede quiteña fue elevada a la categoría de archidiócesis y se erigió el obispado de Guayaquil (v.) en 1838. Por segunda vez, fueron expulsados los jesuitas, bajo la presidencia de Urvina.La subida al poder de García Moreno (v.) supuso un enérgico cambio de rumbo durante 15 años (v. In, 4). El presidente se interesó vivamente por la celebración de un Concordato, que fue al fin firmado el 26 sept. 1862. Desaparecieron muchas trabas a la libertad de la Iglesia. Incluso se ofrecía el auxilio del brazo secular a los obispos y se les concedía el derecho exclusivo de designar los textos apropiados para todo tipo de enseñanza. Este concordato fue denunciado poco después por el general Veintemilla y se suscribió otro en 1881. Incansable, García Moreno instó la celebración de un concilio reformador. Obtuvo de Pío X el nombramiento de un delegado con plenos poderes para la reforma. Muchos religiosos emigraron y otros fueron secularizados. Se crearon nuevas diócesis. El gobierno facilitó la venida de congregaciones religiosas dedicadas a la enseñanza y a la beneficencia; apoyó la obra misional. Este sistema no pudo sobrevivir a la muerte de García Moreno, pero había hecho cristalizar el partido católico, demasiado exclusivista y, por desgracia, amigo de cierto absolutismo. La oposición liberal se había radicalizado hasta posiciones sectariamente anticlericales. Una tercera fuerza, el catolicismo liberal (v.), formada por hombres de sincera fe y respetuosos de las libertades públicas, rigió durante unos años los destinos del país. Pero cayó en 1895, acorralado entre dos intransigencias, ante las armas triunfantes del caudillo liberal Eloy Alfaro (v.).Los cuatro periodos alternos de los generales Alfaro y Plaza presentaban a finales de 1910 un panorama nuevo, modelado según los postulados de un laicismo (v.), extremo e impopular. Después la revolución prosperó en alas de la plutocracia. Creó un sistema burocrático impermeable a los no partidarios y tuvo el control de la prensa. Expulsados muchos sacerdotes y religiosos extranjeros, las diócesis vacantes por largos periodos, decaído el prestigio del clero, se empezó a experimentar vergüenza de llamarse católico. Se alcanzó entonces el punto más bajo de vitalidad eclesial.A partir de la revolución de 1925 tomó cuerpo un estilo democrático de la vida pública que hace reflotar, lentamente y no sin equívocos, la conciencia cristianadel pueblo. Primera manifestación de los nuevos tiempos fue la normalización de las relaciones con la Santa Sede con el Modus vivendi del 14 sept. 1937, firmado por el cardenal Cento y el canciller Carlos Manuel Larrea.3. La actualidad. La organización eclesiástica se articula en tres provincias eclesiásticas y ocho territorios de misión. La sede archidiocesana de Quito abarca las diócesis de Ibarra y Riobamba, erigidas en 1865, junto con las más recientes de Ambato (1948), Guaranda (1957), Latacunga (1964) y Tulcán (1965). La circunscripción de Guayaquil fue elevada a categoría de archidiócesis en 1956 e integran su provincia la diócesis de Portoviejo (1869) y la Prelatura Nullius de Los Ríos, encomendada desde 1948 al clero diocesano de Vitoria (España). Al mismo tiempo que la de Guayaquil, fue erigida en arzobispado la sede de Cuenca (v.), a la que acceden las diócesis de Loja (1865), Azogues (1968) y Machala (1969). A su vez, los territorios de misión son vicariatos apostólicos en Napo, Zamora, Méndez, Esmeraldas y Canelos; prefecturas apostólicas en Galápagos, S. Miguel de Sucumbíos y Aguarico. Se encuentran encomendados a religiosos josefinos, salesianos, franciscanos, colombianos, dominicos, carmelitas y capuchinos.Trabajan en E. (estadísticas de 1967) 680 sacerdotes seculares y 812 sacerdotes religiosos, que atienden un total de 670 centros- parroquiales o asimilados a parroquiales. La relación global entre el número de sacerdotes y el de fieles es, por tanto, una de las más elevadas de Hispanoamérica. Sin embargo, esta relación varía mucho según las regiones, presentando un serio problema de redistribución del clero y una posibilidad, en trámite con la Santa Sede, de ordenar diáconos en el futuro.En Quito, Cuenca y Ambato se localizan los tres seminarios mayores diocesanos, el último de los cuales fue creado para los territorios de misión; las órdenes religiosas tradicionales tienen sus propios seminarios, así como algunas congregaciones, entre las que sobresale por su pujanza la de .los salesianos. Existen además ocho seminarios menores en las distintas diócesis; de 301 casas, los religiosos destinan 30 a casas de formación y las religiosas, 48 de 454.En los tres grados de enseñanza tiene viejo arraigo la presencia de centros confesionales católicos, agrupados ahora en federación autónoma. El crecimiento demográfico y la progresiva democratización de la enseñanza viene provocando el inexorable descenso del tanto por ciento de alumnos que se educan. en centros católicos. Según orientaciones de validez continental, el nuevo esfuerzo a desplegar en este campo consiste sobre todo en un acercamiento pastoral a los institutos laicos, oficiales y privados. Se han establecido las bases para esta labor en la religiosidad general del pueblo y en el retroceso del sectarismo laicista del Estado: la actual Constitución, vigente desde 1967, reconoce el derecho primordial de la familia a la educación de la juventud. De otro lado, la misma Constitución ha establecido la posibilidad de ayuda económica estatal a la enseñanza privada.La gran mayoría de la población del E. es bautizada en la Iglesia católica, pero no cabe hablar de una comunidad eclesial perfectamente coherente; el principal obstáculo a la unidad interna sigue siendo el anticlericalismo de raíces decimonónicas, al que se une la indiferencia o teísmo práctico extendido en las generaciones intermedias y modernas. El laicado católico consciente, tras muchos años de indigencia en ideas y en realizaciones, no se ha encerrado en organizaciones y ligas de carácter defensivo, sino que participa en la convivencia nacional con espíritu de tolerancia, abierto al pluralismo político:su influjo es cada vez más claro. Respecto al capital problema del subdesarrollo y de las desigualdades sociales, opta en su mayoría por las soluciones innovadoras, estimulado por el ejemplo de la Jerarquía (ésta ha procedido motu proprio a realizar la reforma agraria en sus propiedades, y directamente promueve con éxito el movimiento coperativista) y por su enseñanza, valiente y tenaz. Marcado retraso presenta, en cambio, el campo de los medios de comunicación social (v. IX), donde solamente un diario de importancia (El Tiempo, de Quito) puede considerarse inspirado en la doctrina católica.Se declaran protestantes poco más de 50.000 ecuatorianos. Los grupos principales son sectas norteamericanas apenas penetradas por el ideal ecuménico; se muestran activas en las misiones, en iniciativas de orden asistencial, difusión de escritos, radio y TV.V. t.: III, 3 y 4; CUENCA III; GUAYAQUIL III; QUITO III.ANTONIO ARREGUI.
BIBL.: ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA (ECUADOR), Documentos para la Historia, Quito 1922; ARCHIVO MUNICIPAL, Libros de Cabildos de la ciudad de Quito (1534-1616), Quito 1934-55; F. GONZÁLEZ SUÁREZ, Historia General de la República del Ecuador, Quito 1890-1901; J. M. VARGAS, Historia de la Iglesia en el Ecuador durante el Patronato español, Quito 1962; J. TOBAR, La Iglesia ecuatoriana en el s. XIX, Quito 1934; ÍD, La Iglesia modeladora de la nacionalidad, Quito 1953; J. LARREA, La Iglesia y el Estado en el Ecuador, Sevilla 1954; La Iglesia en el Ecuador. 1968, Quito 1968; Declaración Programática de la Conferencia Episcopal para la Iglesia en el Ecuador, Cuenca 1967.
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