Dominicana, República. Geografia. GEOG.
Categoria:
Geografía
País que ocupa la porción este de la isla Española (v.) y abarca las dos terceras partes de su extensión (48.486 Km²). La isla, llamada Quisqueya por los taínos, ocupa el segundo lugar por su área entre las Antillas. Los límites de la R. D. son: al N un canal oceánico que la separa de los bancos e islas Bahamas, al E el canal de la Mona (Isla puertorriqueña), al S el mar Caribe, y Haití al O.1. Medio físico. Relieve. La historia geológica de la isla, que comienza en el periodo jurásico de la era mesozoica, se caracteriza como la de las islas de Cuba (v.), Jamaica (v.) y Puerto Rico (v.), por sucesivos hundimientos y levantamientos que terminaron con la definitiva emergencia del periodo mioceno superior. La Española pertenece a la masa terrestre centroamericana-antillana que Ch. Schuchert supone se originó en el periodo pensilvánico, aunque las pruebas reales de que dicha isla perteneció a esa masa datan del jurásico, y que, con notables vicisitudes, subsistió hasta el oligoceno superior, en el que tuvieron lugar importantes fenómenos orogénicos.La isla se sumergió en las etapas correspondientes al eoceno medio y superior sudoeste (sierras de Bahoruco y de Neiba en la R. D.), oligoceno medio y mioceno inferior y medio valle del Yaque del Sur en la R. D. En contraste con los hundimientos, la isla emergió sucesivamente en el eoceno inferior, oligoceno inferior y superior, y mioceno superior. La naturaleza de las formaciones de origen marino y terrestre, correspondientes a las etapas antes mencionadas, atestigua los sucesivos movimientos isostáticos que las originaron. Por otra parte, es notable la antigua actividad volcánica del eoceno inferior, contemporánea a la de Cuba y de otras Antillas, que está representada por lava de andesita, dacita y basalto en el norte de la isla, según F. Guerra Peña (R. D.). La orogenia que dio lugar a la formación de las montañas, en ésta como en otras Antillas, comienza en el oligoceno inferior y es de gran intensidad en el mioceno superior, etapa en la que comienza una moderna actividad volcánica que perdura hasta el pleistoceno.La morfología de la isla es la más complicada de todas las Antillas, pues en su relieve alternan numerosas montañas y depresiones. En el norte se localiza la afallada cordillera Septentrional o de Montecristi (Diego de Ocampo, 1.220 m.), constituida principalmente por rocas cenozoicas; y la península de Samaná, que es su prolongación al este y cuyos elementos morfológicos parecen corresponder, desde el punto de vista tectónico, a las montañas del norte de la provincia de Oriente en Cuba. Entre esas montañas y la cordillera que se encuentra más al sur se halla una depresión que es una prolongación de la llanura del norte de Haití, constituida por los valles del Cibao o Vega Real, como la denominó C. Colón y la bahía de Samaná; dicha depresión abarca, en la porción oeste, la cuenca del río Yaque del Norte, y, en el este, la del río Yuna. Estas dos cuencas están separadas por una altura que sirve de divisoria de las aguas y alcanza 176 m.; ambas cuencas corresponden a regiones con calizas miocénicas, cubiertas con materiales aluviales de los últimos periodos de la era cenozoica, especialmente en la Vega Real propiamente dicha.El siguiente elemento morfológico lo constituye la muy afallada cordillera Central dominicana, también llamada del Cibao, con rumbo NO-SE, nororiental; la cordillera Central dominicana y los macizos del noroeste en Haití constituyen la llamada cordillera Principal de la Española, que está formada por una compleja geología de rocas intrusivas, extrusivas, metamórficas y diversas sedimentarias; la cordillera Principal, a su vez, una prolongación de la Sierra Maestra de Cuba, y sus elevaciones del sudeste continúan en una pequeña porción submarina algo elevada del norte del mar Caribe; las alturas principales de la cordillera en la R. D. son pico Duarte (3.175 m., el más elevado de las Antillas), la Pelona (3.168 m.), pico Yaque (2.995 m.) y monte Tina (2.816 m.); la máxima extensión de la cordillera Central en la R. D. es de 128 Km.El siguiente elemento morfológico de la Española es una depresión, entre la cordillera Principal y la cordillera Media, constituida petrográficamente por rocas cenozoicas de diversos periodos, cuyo principal elemento es en la R. D. la depresión Central dominicana, conocida con el nombre de los valles de San Juan, que constituyen dos cuencas separadas por una divisoria de las aguas de 500 m., la del río haitiano Macasía y la del río San Juan propiamente dicho, tributario del río Yaque del Sur, la cual se prolonga en la llanura de Azua, al SE. En estas llanuras y depresiones se levantan al SE algunas elevaciones de rocas formadas por materiales clásticos y caliza del oligoceno, como la loma de layaco (1.565 m.) y la sierra de Ocoa (1.772 m.) en la R. D.Al S de esta región de depresiones y sierras, se localiza la cordillera Media de la Española, formada en parte por la sierra de Neiba (1.950 m.) y la loma de Martín GARCÍA o del Aguacate (1.260 m.), estas dos últimas con calizas del eoceno superior. Al S de la cordillera Media se halla una depresión relacionada tectónicamente con la parte del golfo de Gonaives, la Hoya de Enriquillo, en la R. D., a 50 m. bajo el nivel del mar; cuenta con lagunas saladas y fue separada del mar Caribe recientemente. A esta depresión le sigue el último elemento morfológico insular, es decir, la cordillera Meridional de la Española, constituido por los macizos afallados con grandes extensiones de calizas eocénicas de la sierra de Bahoruco (1.630 m.), existiendo algunos batolitos cretácicos que los relacionan con las Blue Mountains de Jamaica.Aparte de esta serie de elementos morfológicos que más o menos se orientan de O a E, con excepción de la cordillera Central de la R. D., cuyo rumbo es NO-SE, también se reconocen en la isla: a) los montes de Seibo, al E de la cordillera Central, formados por rocas sedimentarias modernas y con dirección O-E que se extienden hasta el paso de la Mona y están relacionados desde el punto de vista geológico con la cordillera Central de Puerto Rico; y b) la llanura costera del Sudeste, el más plano de los elementos morfológicos de la isla, constituida por sedimentos de la Era cenozoica, incluyendo los de los últimos periodos de la misma, donde corren numerosos ríos de N a S. El anterior esquema geomorfológico se basa en algunos estudios geológicos y especialmente en los trabajos sobre la materia de F. Guerra Peña. La naturaleza reciente de la orogenia, que ha influido en el desarrollo de las montaña de la Española, explica por qué en la isla son frecuentes e intensos los terremotos que la afectan.Hidrografía. El sistema hidrológico de la Española consta de tres vertientes: al norte la del océano Atlántico, al sur la del mar Caribe (ambas comunes a la R. D. y Haití) y al oeste la del golfo de Gonaives, cuyas cuencas son casi exclusivamente haitianas. El sistema montañoso de los dos países determina la naturaleza y orientación de las principales cuencas: 1) En el norte de la R. D. vierten sus aguas al océano Atlántico, con rumbo S-N, los ríos loba, Yásica e Isabela, localizados en el declive norte de la cordillera Septentrional dominicana; el río Masacre, límite entre Haití y la R. D., que desagua en la bahía de Manzanillo; 2) En los valles del Cibao, localizados entre las cordilleras Septentrional y Principal de la Española, se encuentran dos de las principales cuencas insulares del Atlántico: la del río Yuna, con orientación de O-E, el cual cuenta con numerosos afluentes, que en su mayor parte van de S a N desde la cordillera Principal, y desagua en la bahía de Samaná; y la del río Yaque del Norte, con orientación E-O, que también cuenta con numerosos afluentes orientados de S a N, desde la mencionada cordillera Principal. 3) Las cuencas atlánticas de los ríos San Lorenzo y Maguá, del declive norte de los montes de Seibo, que fluyen de S a N en la R. D. 4) Las cuencas de la depresión, situada entre las cordilleras Principal y Media, que tienen escurrimientos tanto hacia el golfo de Gonaives como hacia el mar Caribe: el río Macasía, haitiano, y sus afluentes dominicanos son tributarios del río Artibonite, también haitiano; el río Yaque del Sur, con varios afluentes, que desagua en la bahía de Neiva, en el mar Caribe, las dos cuencas, es decir, la del Macasía-Artibonite y la del Yaque del Sur, tienen una orientación que es principalmente NO-SE y son muy importantes. 5) En la depresión situada entre la cordillera Media y la Meridional existe una cuenca endorreica que corresponde al lago Enriquillo, dominicano, que cuenta con un área de 500 Km² y tiene como afluente al río Colorado. Este lago, así como otros pequeños depósitos de la cuenca, son de agua salada y se hallan bajo el nivel del mar. 6) Por último, al S de los montes de Seibo, en las llanuras del sudeste dominicano, discurren de N a S los ríos Ocoa que desagua en la bahía del mismo nombre, Baní, Nizao, Ozama, Macorís, Chavón y Yuma.El clima de la R. D. se caracteriza por el predominio de una temperatura media mensual superior a los 18° durante todo el año, con máxima en la media de julio-agosto y mínima en enero; sólo en la cordillera Central dominicana la temperatura media mensual es inferior a 18° en invierno. La máxima de lluvia media mensual se registra, en la mayoría de los casos, de julio a septiembre. De 80 estaciones meteorológicas consideradas en un estudio, una registró más de 2.500 mm. (Samaná), seis más de 2.000 mm., 26 más de 1.500 mm., 26 más de 1.000 mm., 14 más de 750 mm. y siete menos de esa cantidad. La lluvia de verano se origina principalmente por la invasión de las masas de aire relacionadas con los vientos alisios que soplan de NE y de ENE al SO. Esa lluvia se complementa por la que se debe a los huracanes, o ciclones tropicales, que se forman en el mar Caribe, principalmente en otoño. Durante el invierno, a consecuencia de la invasión de masas de aire, determinantes de frentes fríos que afectan a la región situada al pie de las cordilleras del norte de la isla, también adquiere importancia la lluvia de esa estación (Puerto Plata y Samaná). Como consecuencia de la convección ascendente que afecta a las masas de aire que atraviesan los dos países, la precipitación es más copiosa en las laderas que miran al norte y nordeste, y de menos interés en las que se orientan al sur y sudeste, con excepción del declive sur de los macizos de la península del sudoeste de Haití. La máxima altura de la lluvia media anual corresponde a las provincias de Samaná, Espaillat, La Altagracia, El Seibo, Duarte, La Vega y Santiago, en el nordeste y norte de la R. D.; y la mínima, a las provincias de Azua, Independencia y Barahona. El conjunto de los datos mencionados explica por qué el clima tropical con lluvia todo el año es propio de las regiones que rodean la bahía de Samaná; el tropical con intensa lluvia en verano, en parte de Espaillat, Duarte, La Vega y Santiago, es decir, principalmente en la Vega Real de la R. D., el tropical con lluvia en verano, en más de la mitad del territorio insular; el templado con lluvia todo el año, en la cordillera Central dominicana, así como en la cresta de las más altas montañas, y el seco estepario cálido con escasa lluvia en verano, en el sudoeste de Santo Domingo (Azua, Libertador y Barahona).Los suelos que predominan en la Española son los pedal fers, que corresponden a las condiciones climáticas de la isla. Son desde lateríticos en las depresiones hasta podzólicos en las cordilleras, pero también son importantes los aluviales en la Vega Real dominicana y en las llanuras haitianas.La vegetación de los dos países insulares fue boscosa antes de que los colonizadores introdujeran la agricultura de tipo occidental. A pesar de la intensa deforestación se conservan bosques en las cordilleras, especialmente en la cordillera Central, que es la más abrupta, y en la sierra de Bahoruco, de la R. D. Los bosques de las montañas de Haití en las penínsulas del noroeste y del sudoeste ocupan pequeñas áreas. La destrucción de los recursos forestales en las depresiones y llanuras fue consecuencia de la expansión de la agricultura. En la actualidad continúa esa deforestación, principalmente en las montañas, por razones de suministro de madera, leña y carbón vegetal. En las montañas predominaban, y ahora se encuentran en menor cantidad, árboles de la familia de las pinaceas (Pinus caribeae) y diversas variedades de encinos (Quercus sp.); en los bosques de las llanuras son típicos la caoba (Swietenia mahogani), el cedro rojo (Cedrela sp.) y la ceiba o mapou (Ceiba pentandra). Oficialmente se afirma que la R. D. tiene 70 millones de árboles. De las sabanas naturales o secundarias es muy característica la palma real (Roystonea regia). Muchas regiones que eran boscosas ahora lo son de sabanas, por lo que predominan en ambos países las asociaciones de vegetación herbácea tropical. Las xerófitas, que en el pasado sólo ocupaban algunas zonas del sudoeste de la R. D. y del departamento de Gonaives, en Haití, en la actualidad se han extendido a aquellas donde la erosión o el agotamiento del suelo han facilitado su expansión, especialmente en las llanuras y hasta en algunas montañas de Haití. Entre las xerófitas pueden citarse el bayahonde (Prosopis juliflora), algunas acacias (Acacia sp.) y varias cactáceas (géneros Opuntia y Cereus); por último, pueden mencionarse los manglares costeros (Avicennia nitida). La fauna carecía de mamíferos superiores, lo cual es explicable por los frecuentes hundimientos y levantamientos de la isla; el mamífero inferior más típico es la jutía (Selenodon paradoxus).2. Poblamiento y población. La población actual de la R. D. es el resultado de un complejo mestizaje. La isla estaba poblada por indios taínos de la familia lingüística aravaca (v.), cuyo número debió ser inferior al que los cronistas señalan, ya que la agricultura de la isla no estaba desarrollada y es imposible que permitiera el sustento de 1 a 5 millones de indígenas, tal como supone el historiador B. Pichardo. De todos modos, la esclavitud a la que fueron sometidos los indios y los estragos producidos por la viruela y otras enfermedades determinaron una rápida despoblación aborigen. Después que se perpetraron atroces matanzas y que varios caciques murieron en la horca, Enriquillo, el último en librar combates contra los españoles en la sierra de Bahoruco, acató a las autoridades al mismo tiempo que se abolió la esclavitud de los indios. Si bien el tratado entre el primero y las últimas permitió que se establecieran 4.000 indios en Boyá, esa población no fue la tumba de los indios dominicanos, como afirma B. Pichardo, pues debieron quedar muchos miles en las regiones montañosas o aisladas. Los numerosos toponímicos indígenas que han perdurado hasta nuestros días y la incorporación de muchas palabras taínas al castellano de la isla, que resultan indiscutibles tras los estudios realizados por E. Tajera, demuestran que después del brutal encuentro de la conquista (v. ESPAÑOLA, LA i), se estableció una convivencia entre los colonizadores y los indios que sobrevivieron a aquélla. Recientes estudios de J. de J. Álvarez sobre los caracteres somáticos de la población y acerca de los grupos sanguíneos comprueban que una parte de la población actual dominicana es de un tipo racial indígena y que éste es más acentuado entre los habitantes de las regiones montañosas o aisladas. En la administración de justicia de la R. D. se acostumbra actualmente a clasificar a las personas según sus rasgos raciales, y se consigna el dato de que son indias, si así se les identifica, en los documentos oficiales. La influencia demográfica española persistió hasta la independencia, aunque no fue tan intensa a partir del s. XVII. Otro aporte racial lo constituyeron los negros importados de África y los esclavos cimarrones procedentes de las plantaciones francesas de Haití. La población de origen africano aumentó a consecuencia de las invasiones haitianas de la primera mitad del s. XIX. Con todos estos elementos (español, indígena y africano) se ha producido un fuerte mestizaje.En 1935-36 se resolvieron los problemas de límites entre la R. D. y Haití, después se realizaron mejoras materiales en las ciudades dominicanas fronterizas; hasta 1949 se habían fundado 16 colonias dominicanas a lo largo de la frontera, que no dieron el resultado perseguido; en 1950 se terminó una carretera cercana a la línea fronteriza de N a S, para impedir la inmigración haitiana, que está bajo estricto control militar. Al terminar la Guerra civil en España se favoreció la inmigración española y más tarde se estableció una colonia de judíos (Sosúa, Puerto Plata). En 1950, según el estudio antropológico de J. de J. Álvarez, todavía existía población con un componente indígena en las montañas y en regiones aisladas, y la composición étnica del país era de 43% de negros, mulatos, mestizos y cuarterones, 40% con ascendencia blanca y 17% con el mencionado componente indio. El 32,7% (1968) de la población es urbana. Las principales ciudades son Santo Domingo (v.) con 696.969 hab. y Santiago de los Caballeros con 109.092 haba (datos de 1970). El único idioma que se habla en el país es el castellano; la población alfabeta en 1960 era del 64,5%; cuenta con la Univ. de Santo Domingo, la más antigua de América, y la de Santiago. El 95% de la población es católica; la alta tasa de natalidad (33,5°% en 1968) y el descenso de la mortalidad en las dos últimas décadas (6,9°’oo en 1968) explican el rápido crecimiento demográfico (3,6%o); la población total del país en 1971 era de 4.324.760 hab. y la densidad de 89 hab. por Km².3. La economía colonial dominicana se basaba en la agricultura de manutención que incluía cultivos alimenticios, trapiches de azúcar y hatos ganaderos destinados a los raquíticos mercados locales. La terrible situación política por la que atravesó el país durante la primera mitaddel s. XIX se debió al atraso inherente a esa economía de subsistencia, que explica la débil defensa de los dominicanos ante las invasiones haitianas, así como la pérdida de su soberanía en favor de Francia (1802-03), España (1809-21) y Colombia (1821-22). Esa caótica situación confiere mayor relieve al movimiento en favor de la independencia, que consumó la constitución de la R. D. el 27 feb. 1844.Un resultado ulterior de la independencia fue el establecimiento en Santo Domingo de nueve ingenios azucareros por los cubanos que emigraron de su país después de la guerra de independencia de 1868-78, con lo cual se inició la agricultura comercial y el régimen capitalista en el país. Más tarde los italianos establecieron ingenios, y en la década de 1870 comenzó el control estadounidense de la industria azucarera, que se consumó después. En 1925, de 22 ingenios, 14 eran de propietarios estadounidenses, seis de italianos y dos de dominicanos. A partir de 1930 comenzó la recuperación nacional de la industria azucarera, y en la actualidad algunos ingenios importantes son del Estado. Las plantaciones e ingenios se hallan en las llanuras del sur y en el Cibao. El azúcar se exporta a Europa y a los EE.UU. La producción de caña es de 6.200.000 t. y la de azúcar de 710.000 t. (1967).La segunda actividad rural es la ganadería, que también se mejoró y pasó a ser comercial con la inmigración cubana del siglo pasado. La R. D. tenía en 1967, 867.000 Ha. de pastizales, 1.002.000 cabezas de ganado bovino, 1.250.000 de porcino, 100.000 de caprino. Existe una importante industria lechera en los alrededores de Santo Domingo y de Santiago; cría de ganado en pie, vacuno en diversas regiones y cerca de la frontera con Haití, para la exportación a ese país. Es importante la fabricación de queso y mantequilla en Puerto Plata. En el bajo río Yaque del Norte, provincia de Libertador, existieron plantaciones de banano o guineo bajo el control de una empresa estadounidense, pero en esa región actualmente se cultiva arroz. El cultivo de plátano para el consumo local se concentra cerca de Santo Domingo y de Santiago. Las fincas de cafetales se hallan en el sudoeste y en el Cibao, donde la variedad de moca tiene fama mundial, ya que el café es producto de exportación. El arroz se cosecha en tierras de regadío del Cibao y del sudoeste; el henequén, en Azua; y otros cultivos, como tabaco, maní, maíz, frijol (habichuela), yuca y batata, principalmente en el Cibao; el cacao y el coco de agua, en Samaná; en la bahía de ese nombre también se concentra pesca. Desde 1940 el riego se ha extendido a muchas regiones con deficiencias hidrológicas para aumentar el rendimiento de los cultivos (110.000 Ha.) y la colonización y el reparto de tierras (447.098 predios rurales en 1960) han contribuido a extender la superficie cultivada, que en 1940 era de 460.000 Ha. y ya pasa de 1.067.000. La superficie forestal era de 2.225.000 Ha. en 1960.Minería. El oro se explotó en placeres, a raíz de la conquista. Se produce bauxita en Bahoruco, hierro en Duarte y sal en Neiba. Se ha explorado el petróleo, del que existe una riqueza potencial en Azua, al sudoeste del país.La industria se concentra en el Distrito Nacional, especialmente en Santo Domingo: elaboración de productos alimenticios, cerveza, química, cemento, calzado, tabaco, madera, pulpa y papel, textil y vestido, destilerías, sombreros de palma; así como en Santiago: industrias alimenticias, química, calzado, tabaco; una fábrica de fósforos en Puerto Plata.Banca. El Estado cuenta con el Banco Central y el Banco de Crédito Agrícola e Industrial, pero existen otros dos importantes bancos comerciales canadienses.Comunicaciones y transportes. Los Ferrocarriles Unidos Dominicanos (1.820 Km.) pertenecen al Estado y comunican a Puerto Plata, al norte, con Sánchez, en la bahía de Samaná, al este, pasando por Santiago, Moca, La Vega, San Francisco de Macorís y Salcedo. En los ingenios y regiones agrícolas existen 1.000 Km. de líneas de ferrocarril. El sistema nacional de carreteras (9.520 Km., de los cuales 6.900 están pavimentados), con punto de partida en Santo Domingo, cuenta con la carretera Duarte, del norte, a Montecristi; la carretera Mella, del este, a Higüey, y la carretera Sánchez, del oeste, a Elías Piña. Forma parte del sistema la carretera Internacional, cerca de la frontera de Haití, de N a S, desde Montecristi a Puerto Escondido. Los principales puertos son el de Santo Domingo, destacado en la importación de mercancías; Puerto Plata, por el que se exportan los productos del Cibao; San Pedro de Macorís, azucarero; y Haina, para la exportación de diversos productos. El Estado cuenta con una compañía nacional de aviación y ha construido numerosos aeropuertos.4. División político-administrativa. La R. D. se divide en un Distrito Nacional, y con capital en Santo Domingo (696.969 hab.) y 26 provincias: La Altagracia (Salvaleón de Higüey, 13.031); Azua (Azua de Compostela, 17.261); Bahoruco (Neiba, 5.832); Barahona (Baharona, 24.500); Dajabón (Dajabón, 5.507); Duarte (San Francisco de Macorís, 36.976); Espaillat (Moca, 15.881); La Estrelleta (Elías Piña, 3.770); Independencia (limaní, 1.970); María Trinidad Sánchez (Nagua, 7.977); Montecristi (San Fernando de Montecristi, 6.801); Pedernales (Pedernales, 7.062); Peravia (Baní, 18.860); Puerto Plata (San Felipe de Puerto Plata, 22.575); La Romana (La Romana, 31.297); Salcedo (Salcedo, 7.612); Samaná (Santa Bárbara de Samaná, 4.892); Sánchez Ramírez (Cotuí, 6.296); San Cristóbal (San Cristóbal, 23.887); San Juan (San Juan de la Maguana, 30.752); San Pedro de Macorís (San Pedro de Macorís, 22.641); Santiago (Santiago de los Caballeros, 109.092); Santiago Rodríguez (Santiago Rodríguez, 4.459); El Seibo (Santa Cruz de El Seibo, 5.312); Valverde (Valverde, 28.472); La Vega (Concepción de la Vega, 23.759). La estimación es de 1970.J. A. VIVÓ ESCOTO.
BIBL.: W. P. WOODRING, J. S. BROWN y W. S. BURBANK, Geology of the Republic of Haití, Puerto Príncipe 1924; CH. SCHUCHERT, Historical Geology of the Antillean-Caribbean Region, Nueva York 1935; H. BLUME, Die Westindischen fnseln, Brunswick 1968; F. GUERRA PEÑA, Contribución a la morfología de la isla de Santo Domingo, Santo Domingo 1946; - ÍD, Las regiones fisiográficas de la isla de Santo Domingo, en Conferencia Regional Latinoamericana, II, ed. Soc. Mexicana de Geografía y Estadística, México 1966, 209-225; G. F. FREEMAN, Report on the Soil Survey of the Artibonite Plain, Puerto Príncipe 1926;. 0. CUCURULLO, Una carta climática de la isla de Santo Domingo, Santo Domingo 1952; R. CIFERRI, Studio geobotanico dell’isola Hispaniola (Antilla), Pavía 1936; B. PICHARDO, Reliquias históricas de La Española, Santiago 1944; E. TEJERA, Palabras indígenas de la isla de Santo Domingo, Santo Domingo 1951; M. M. KNIGHT, Los americanos en Santo Domingo, Santo Domingo 1939; V. TOLENTINO, Reseña geográfica, histórica y estadística de la República Dominicana, Santo Domingo 1944; J. M. INCHÁUSTEGUI, Geografía descriptiva de la República Dominicana, Santo Domingo 1951; J. DE J. ÁLVAREZ, Studies on the blood factors in the Dominican Republic with special referente to the problem of admixture, Washington 1951.
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