Diálogo. Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
En la literatura griega, especialmente con los Diálogos filosóficos de Platón, el d. adquiere categoría de género literario en el que se finge una plática en prosa o en verso entre dos o más personajes; desde entonces, la literatura en forma dialogada ha tocado los más diversos asuntos y ha adoptado muy varias manifestaciones. Aunque la obra teatral se basa en el d., no hay que entender que ambos géneros se identifiquen (v. TEATRO); lo mismo se puede decir de la novela (v.), en la cual generalmente el d. es un elemento esencial.En la Edad Media, la literatura castellana, siguiendo precedentes escolásticos, emplea el género en los debates, disputas y recuestas, formas de contiendas verbales, como la Razón feita d’amor con los denuestos del agua y del vino, del s. xiii, lo mismo que la Disputa de Elena y María (donde se plantea el conocido tema polémico de quién tiene mejores condiciones para el amor, si el clérigo o el caballero), que están relacionados con los géneros análogos de la literatura provenzal (v.) y francesa. Petrarca (v.), en Italia, da forma dialogada a obras de introspección, como Secretum o De remediis utriusque fortunae, y contribuye con acierto a la difusión del d. en las distintas literaturas modernas. También en la lírica cortés el d. es forma sustancial de algunas manifestaciones.Una modalidad de los debates son las preguntas y respuestas; estos debates podían ser ficticios (frecuentemente, piezas alegóricas) o narrativos, entre. los cuales puede clasificarse como obra maestra la Comedieta de Ponza, del Marqués de Santillana (v.), quien escribe también Diálogo de Bías contra Fortuna, claro ejemplo del género autónomo. Algunas obritas del s. xv pueden servir de piezas intermedias entre el d., como género propiamente dicho, y el género dramático; de este tipo pueden considerarse el Diálogo entre el amor y un viejo del converso Rodrigo de Cota (m. ca. 1470) y las Danzas de la muerte, tema muy difundido por Europa. El Conde Lucanor de Don Juan Manuel (v.) y el Decamerón de Boccaccio (v.), con otras obras medievales narrativas, son introducidas y enmarcadas en el curso de una conversación, porque el d. está considerado como una de las formas literarias más cercanas a la vida.En el s. xvi, el d. didáctico, cuyos antecedentes pueden remontarse a las obras de Platón, se cultiva ampliamente en la literatura europea; la italiana, que es la primera en emplear este género, facilita a las demás los precedentes inmediatos con las obras de L. B. Alberti (v.), P. Bembo (v.), Maquiavelo (v.), B. Castiglione (v.) (especialmente con su Cortesano, traducido al español por Boscán en 1534) y el judío español afincado en Italia, León Hebreo (v.), con sus conocidos e imitados Diálogos de amor. También Erasmo de Rotterdam (v.), con -sus Coloquios, difunde este género en España y, como escribe M. Bataillon en Erasmo y España, el erasmismo es uno de los vehículos que contribuye al auge del género en el s. xvi, cultivado en prosa especialmente por los hermano,, Valdés. Alfonso de Valdés (v.), en el Diálogo de las cosas acaecidas en Roma o Diálogo de Lactancia y un arcediano, narra el saqueo de Roma y justifica la actitud del emperador Carlos V, cuya apología hace en el Diálogo de Mercurio y Carón, monumento de la prosa castellana del s. xvi; su hermano Juan de Valdés (v.) escribe Diálogos de la lengua, una de las obras filológicas más importantes del humanismo español. De carácter diferente son los d. en verso de Cristóbal de Castillejo (ca. 14901550), entre los que destacan muy especialmente el Diálogo que habla de las condiciones de las mujeres, de sentido misógino, en la línea de la polémica medieval sobre las virtudes y los vicios de las mujeres; y el Diálogo y discurso de la vida de corte, quizá su más sentida producción. Hernán Pérez de Oliva (ca. 1494-1531) sobresale también en este género, en especial con el Diálogo de la dignidad del hombre, su obra más importante. El d. puro en el género imaginativo también se cultiva en la literatura española, y se encuentra, p. ej., en El coloquio de los perros de Cervantes (v.).Sigue el empleo del d. a lo largo de todo el s. xvi, y en. el s. xvii se usa universalmente en escritos de índole muy diversa: literatura, historia, filosofía, política, libros de pasatiempo, etc. Fénelon (v.) con sus Dialogues sur Péloquence y Dialogues des morts es uno de los más ilustres cultivadores del género a finales del s. xvii, y considera el d. como "une espéce de combat dont le lecteur est le spectateur et le juge". En el s. xix el d. adquiere un matiz muy especial, sobre todo en las obras de Leopardi (v.), Schelling (v.) y Renan (v.). En nuestros días, esta antigua forma de expresión ha sido sustituida en su difusión y popularidad por el ensayo (v.), y su cultivo independiente, como género autónomo, sólo tiene algunas manifestaciones en el d. de ideas.En la literatura gauchesca (v. CRIOLLOS II), el d. tiene un cariz determinado, ya que es la forma que adoptaban muchas composiciones (payadas de contrapunto) que improvisaba el payador.P. M. PIÑERO RAMÍREZ.
BIBL.: R. BENÍTEZ CLAROS, El diálogo en la poesía medieval, "Cuadernos de Literatura" VI (1949); 1. EGILSRUD, Le `Dialogue des Morts’ dans les littératures lranpaise, allemande et anglaise, 1934; E. MERRIL, The Dialogue in English Literature, 1911; R. HIRZEL, Der Dialog, Leipzig 1895.
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