Dialectologia
Categoria:
Cultura
Concepto de dialecto. La palabra dialecto procede del griego diálektos (manera de hablar), derivado de dialégomai (yo discurro, converso). De acuerdo con la etimología, cualquier modalidad de hablar puede recibir este nombre; pero una consideración de la historia lingüística muestra que la denominación se reserva para tres tipos principales: a) los que conviven sin la existencia de una lengua común a la que confrontarlos; es la situación, p. ej., de Grecia antes de la formación de la koiné (s. Iv a. C.), donde existieron simultáneamente una serie de dialectos de origen común, la mayor parte de los cuales alcanzaron cultivo literario, en algún caso muy notable; b) aquellos que se desarrollan junto a un sistema lingüístico del mismo origen que, por razones de distinto orden -predominio político, mayor cultivo literario, etc-, alcanza el rango de lengua oficial o común; el ejemplo de este tipo lo pueden proporcionar el leonés (v. LEÓN VII) y aragonés (ARAGóN v), dialectos hoy del castellano, pero que hasta el s. xlii se mantuvieron en el mismo plano que él; una situación parecida, pero no idéntica, ofrece el territorio lingüístico alemán, donde existen también los dialectos frente a una lengua oficial, que no procede, sin embargo, de la imposición de un antiguo dialecto, sino que es una especie de "lengua artificial", cuya base principal está en los usos cancillerescos; c) los dialectos que se desgajan de una lengua común que continúa existiendo: caso del afrikaans, holandés hablado en África del Sur, o de las llamadas "hablas meridionales hispánicas", sobre todo el andaluz (v. ANDALUCÍA v), al menos en cuanto proceso ya iniciado.Antes de intentar una definición será necesario tener en cuenta varios hechos: 1) al constituir el dialecto un vehículo de comunicación no cabe la menor duda de que, desde un punto de vista puramente científico, es una lengua; por tanto, la diferenciación que se hace entre lengua y dialecto deberá basarse en otros criterios; 2) que el dialecto esté limitado a una concreta extensión geográfica no es decisivo en sí; además es necesario o bien que exista una lengua oficial a la que contraponerlo, o bien que haya otros dialectos respecto a los cuales no esté fuertemente diferenciado; 3) cuando se contraponen lengua y dialecto, la diferencia hay que entenderla así: o tienen un origen común y la primera se ha impuesto como vehículo de una comunidad más amplia -por razones históricas, políticas o literarias- y, por tanto, engloba en cierto sentido a la comunidad que habla el segundo; o el segundo procede de la primera sin llegar a diferenciarse por completo, con lo cual se repite la situación anterior. Teniendo en cuenta estas observaciones se puede aceptar como definición la dada por M. Alvar (v. su primer trabajo citado en la bibl.): "un sistema de signos desgajado de una lengua común, viva o desaparecida; normalmente, con una concreta limitación geográfica, pero sin una fuerte diferenciación frente a otros de origen común". En esta definición se ha olvidado un problema, presente en otras, como en la dada por J. Marouzeau (v. o. c. en bibl.): dialecto es una "forme particuliére prise par une langue dans un domaine donné. Un dialect se déf init par un ensemble de particularités telles que leur groupement donne 1’impression d’un parler distintt des parlers voisins, en dépit de la parenté qui les unit"; la segunda parte de esta definición plantea el problema antes aludido: el de los límites dialectales; ha sido éste un punto largamente debatido por los lingüistas, pero hoy parece fuera de toda duda que no pueden señalarse límites estrictos a un dialecto: deberá procederse determinando el área de cada fenómeno, área que en un mapa vendrá representada por una línea llamada isoglosa (línea de igual modo de hablar); será la condensación de un número amplio de fenómenos (de isoglosas) en una zona determinada lo que inducirá a considerarla como zona dialectal y a reconocer que el paso de unas a otras se va haciendo de modo insensible.Historia. La d. es el estudio científico de los dialectos. Antes del s. xtx es posible encontrar algunas aportaciones que se pueden llamar ya dialectológicas, pero sólo en este siglo se constituye la d. de una manera científica, gracias sobre todo a la obra del indoeuropeísta y romanista italiano G. 1. Ascoli (1829-1907). A partir de entonces la actividad en este campo irá en progresivo aumento. La aparición de esta disciplina no sólo supuso un enriquecimiento en el plano concreto de los estudios lingüísticos, sino que también pudo ser utilizada en alguna discusión teórica; concretamente, fue esgrimida para demostrar cómo la pretendida regularidad de las evoluciones, sobre todo las fonéticas, postulado decisivo de la escuela de los neogramáticos (v. LINGÜÍSTICA I), no se llevaba a cabo ni siquiera en límites tan reducidos como los de una familia.Métodos. El método utilizado en estas investigaciones no ha sido, ni es, uniforme; varias formas de trabajo se han conjugado y mezclado en proporciones diversas. El modo que se puede considerar, cronológicamente, como el primero es el que consiste en estudiar la lengua de los documentos; se ha usado, sobre todo, para los dialectos desaparecidos o para antiguas etapas de los hoy existentes. Al pasar la atención a los dialectos actuales otras orientaciones hicieron su aparición; p. ej., la realización de encuestas por correspondencia y, especialmente, por la fortuna posterior, las encuestas sobre el propio terreno: pronto se comprendió que mejorarían los resultados utilizando en estos trabajos un cuestionario elaborado previamente, que no excluye la recogida de otros datos interesantes que surjan; los adelantos técnicos hicieron posible una modificación de este método, consistente en recoger el material en el propio terreno mediante aparatos -magnetófono sobre todo- para estudiarlo e interpretarlo posteriormente.La utilización de mapas para reflejar los hechos estudiados no era desconocida en los métodos anteriores; y cuando de considerar localidades aisladas se pasó al estudio de las comprendidas en regiones más o menos amplias, el paso para el nacimiento de un nuevo método ya estaba dado. Así, la aparición, entre los años 1902 y 1910, del Atlas linguistique de la France, de J. Gilliéron y E. Edmont, marcó el nacimiento de la geografía lingüística. La ventaja del nuevo método era evidente: un mapa podía presentar algo así como la fotografía de un hecho lingüístico en toda la región estudiada, lo que facilitaba mucho las tareas posteriores. La fortuna de los atlas lingüísticos (v. LINGÜÍSTICA II) ha continuado hasta hoy; los logros concretos obtenidos con este procedimiento han sido innumerables y se puede afirmar que, gracias sobre todo a la geografía lingüística, ha sido posible observar "en vivo" la realidad de la lengua y cómo los fenómenos de tipo histórico, político y social intervienen en la vida de la lengua. También a principios de este siglo apareció una nueva orientación, conocida con el nombre de "Palabras y cosas" ("Wórter und Sachen"), de la que R. Meringer (1859-1931) y H. Schuchardt (1842-1927) pasan por ser los principales creadores: estudiar juntas la palabra y la cosa designada significa que la historia de la lengua va paralela a la historia de la cultura; a partir de la aparición de este método prácticamente todos los estudios sobre hablas populares han sido en cierto modo etnógráficos. Y fecundísima se reveló la unión de los dos métodos anteriores, cuya consecuencia fue el nacimiento de los atlas lingüístico-etnográficos: el primero fue el Sprach- und Sachatlas Italiens und der Südschweiz (19281940) de J. Jud y K. Jaberg, que inauguró una larga tradición.Los métodos anteriormente reseñados no se excluyen los unos a los otros. Una excelente muestra de su combinación la ofrece el Glossaire des patois de la Suisse romande (desde 1928), obra de un equipo de lingüistas; la heterogeneidad de los materiales se explica en este caso por la magnitud de la empresa, en la que se pretende recoger todo lo que el pueblo de la región estudiada ha creado en cuanto a la lengua y al folklore se refiere.Situación actual. Profusamente cultivada desde su creación hasta ahora, la aparición de nuevas tendencias en los estudios lingüísticos -sobre todo las estructuralistas (v. ESTRUCTURALISMO Iv)- la han colocado en una situación difícil, de crisis, en el sentido de que se ve como necesaria una revisión de los planteamientos tradicionales. Los estructuralistas, en exceso preocupados por el aspecto sistemático de los hechos lingüísticos y por las grandes y a menudo demasiado simplificadas construcciones, están a punto de caer en un error ya muy repetido: el de mirar de soslayo a los dialectos como entidades "imperfectas" o "groseras"; al mismo tiempo, muchos dialectólogos no ocultan sus reparos ante la utilización de nuevos métodos en su campo. La conciliación parece, sin embargo, posible: un dialecto no tiene por qué ser estudiado solamente en una perspectiva puramente descriptiva de hechos aislados; también el enfoque sistemático es viable aquí: mayor aplicación del criterio fonológico para interpretar los variadísimos fenómenos fonéticos (v. FONÉTICA Y FONOLOGÍA); estudio de las estructuras gramaticales, a menudo tan abandonadas; consideración del léxico en su totalidad -hasta donde esto es posibleo en parcelas perfectamente delimitadas, y no de palabras más o menos aisladas. Esto es tanto más deseable cuanto que la necesidad del estudio de los dialectos parece evidente, sobre todo porque con la d. el lingüista se introduce de un modo más directo en la vida y en la evolución de la lengua en relación con sus hablantes. En el viraje que esta disciplina habrá de dar, todo lo aportado por los métodos citados seguirá siendo válido: sólo será necesario modificar algo el punto de vista adoptado por los propios investigadores.La dialectología en España. En la ciencia española ha habido algunos precursores notables en el campo de la d. Entre ellos hay que destacar a fray Martín Sarmiento (1692-1770) y a Gaspar Melchor de lovellanos (v.) (1744-1810). El primero desarrolló una gran labor en los estudios lingüísticos; en el terreno que aquí nos ocupa hay que resaltar varios hechos: su atención a una lengua distinta de la oficial (el gallego); su clarísima premonición del método "Palabras y cosas"; su intuición del resultado que podrían dar las encuestas, tanto por correspondencia como sobre el propio terreno. Jovellanos llegó al campo de la d. impulsado por sus trabajos en el dominio histórico: el dialecto asturiano fue el que captó su atención; dio una serie de recomendaciones sobre las características que deben reunir los informadores y los exploradores, puntualizó las normas para la recogida del material y utilizó las encuestas por correspondencia. El s. xix fue parco en España en lo que concierne a investigaciones dialectológicas, aunque debe señalarse en su segunda mitad la labor de algunos hispanistas extranjeros, como M. E. Gessner, M. A. W. Munthe y F. Hanssen, iniciadores del estudio histórico del leonés; H. Schuchardt y F. Wulff, que comenzaron el estudio del andaluz.El panorama cambia en el s. xx; hay que citar en primer lugar a R. Menéndez Pidal (1869-1968); sus trabajos en este campo fueron escasos, pero con su obra El dialecto leonés (1906) inauguró la d. española y con su magisterio personal esparció la semilla de las nuevas ideas entre sus discípulos, algunos de los cuales llegaron a eminentes dialectólogos. Tampoco conviene olvidar la dilatadísima labor desarrollada en diversas regiones dialectales españolas por otro lingüista extranjero, Fritz Krüger. En esta apretada síntesis habrá que reseñar, por último, la aparición de la geografía lingüística en España, comenzada en el dominio catalán por A. Griera con el Atlas lingüístic de Catalunya (1923), continuada con una obra de mayor extensión, el Atlas lingüístico de la Península Ibérica (t. 1, 1962), bajo la dirección de T. Navarro Tomás, y que hoy parece culminar con la empresa de los atlas regionales, de los cuales hasta ahora sólo ha visto la luz el Atlas lingüístico-etnográfico de Andalucía (desde 1961), realizado por M. Alvar con la colaboración de A. Llorente y G. Salvador, aunque el resto de ellos se halla en un estado muy avanzado de elaboración.V. t.: LINGÜÍSTICA I y II.BIRL.: 1. MAROUZEAU, Lexique de la terminologie linguistique, París 1943; S. Pop, La dialectologie, Aperl~u historique et n:éthodes d’enquétes linguistiques, Lovaina 1950 (imprescindible para el conocimiento de esta disciplina); A. ZAMORA VICENTE, Dialectología española, Madrid 1960; M. ALVAR, Hacia los conceptos de lengua, dialecto y hablas, "Nueva Revista de Filología Hispánica" XV, 1 (1961), 51-60; íD, Dialectología hispánica, Madrid 1962 (trabajo bibliográfico); 1. IORDAN, Lingüística Románica, Madrid 1967.**AUJ. A. MOLINA REDONDO.
**MEDDIÁLISIS
Generalidades. Cuando una membrana semipermeable se utiliza para estabilizar el grado de concentración entre una solución, por un lado, y el disolvente puro, por el otro, hay un proceso de difusión a través de la membrana que recibe el nombre de d. y que es el fundamento de una técnica de separación de sales o solutos de pequeño tamaño molecular y solutos de alto peso molecular (macromoléculas y polímeros naturales y sintéticos en general; V. POLI MERIZACIóN). El movimiento debido a la energía cinética de las moléculas de soluto empuja a éstas para que atraviesen la membrana hacia la zona de más baja concentración. Y, por otra parte, debido a la diferencia de presión osmótica, el movimiento neto de las moléculas del disolvente tiene dirección contraria. Sin embargo, dependiendo de su naturaleza, tamaño y otras características, las moléculas de soluto pueden no ser capaces de cruzar la membrana y, por tanto, no se llegará a una difusión de las moléculas de tal tamaño, las cuales permanecerán retenidas al mismo lado de la membrana. De acuerdo con la terminología empleada en esta materia, llamaremos retenida a la solución que queda más concentrada y difusa a la más diluida (V. DISOLUCIONES).
Esta teoría de la d. fue propuesta por primera vez por Thomas Graham en 1861, y, con ella, el método de separación de moléculas de tamaño pequeño, de otras de gran tamaño. Las sustancias con las que llevó a cabo sus experiencias fueron sacarosa y goma arábiga en solución acuosa y las separaciones conseguidas no demostraron un alto grado de selectividad o poder de separación, debido a la gran diferencia de tamaño entre ambas especies. Sin embargo, el procedimiento supuso un claro avance en las técnicas de separación. Muchos de los solutos que se difundían a través de la membrana podían ser cristalizables, por lo que Graham los llamó cristaloides, mientras que a los que, por su tamaño; no podían atravesar la membrana los denominó coloides (v.).El empleo de este método de separación se extendió rápidamente y su desarrollo fue acompañado de modificaciones que han ido afinando la técnica hasta el punto de que hoy es posible separar moléculas de soluto cuya diferencia de tamaño es pequeña, basándose principalmente en la distinta velocidad con que cada soluto se difunde a través de la membrana. Dicha velocidad depende principalmente de la naturaleza de las unidades moleculares del soluto, de la membrana, del disolvente, de la temperatura y de las condiciones físicas de la operación y del propio soluto. Para unos mismos soluto, disolvente, membrana, temperatura y condiciones físicas, la velocidad de difusión a través de la membrana se puede describir por una ecuación como:velocidad de difusión=-DA (dc/dx)donde D es la constante de difusión, A el área de la sección transversal de la membrana de difusión y de/dx el gradiente de concentración.
Sobre la naturaleza del fenómeno de d. existen actualmente dos teorías. En una se considera que la membrana tiene las propiedades de un filtro o tamiz con poros más o menos rígidos de tamaño constante, mientras que en la otra se admite que la membrana actúa a modo de disolvente, permitiendo al soluto que se difunde disolverse en la interfase en el lado de mayor concentración, para atravesar la membrana por difusión y emerger por la otra cara a la interfáse de más baja concentración. Un ejemplo de este último caso lo presentan las membranas finas de caucho que permiten pasar solutos solubles en disolventes orgánicos, pero impiden el paso de los solubles en agua. Las membranas de celulosa, sin embargo, no actúan de esta forma.Dializadores. Los dializadores son los aparatos empleados para realizar la d. Los dializadores preparativos de laboratorio a pequeña escala son muy simples. El método más comúnmente utilizado para una d. consiste en confeccionar un saquito celda con un tubo de celofán o celulosa o cualquier tipo de material semipermeable, cerrado en el fondo y anudado arriba. La solución a dializar se introduce en el saquito y se desata hasta cierto punto el cierre superior, con el fin de que la presión atmosférica evite una elevación del nivel dentro de la celda por efecto del flujo osmótico del disolvente. El saquito normalmente se mantiene durante horas o días en una corriente de agua, si no interesa el difundido, o bien se mantiene sumergido en un baño de agua, o del disolvente correspondiente, a una temperatura constante. Normalmente se utilizan diversos sistemas de agitación con el fin de acelerar el proceso. Se pueden introducir un número indefinido de modificaciones a este procedimiento simple, de acuerdo con el propósito de una d. particular. Los dializadores industriales suelen ser aparatos de régimen continuo. Cuando se trata de dializar grandes volúmenes de disolución se pueden utilizar aparatos que de alguna forma permitan un flujo de corriente a cada lado de la membrana, pudiendo verificarse el proceso en paralelo o a contracorriente. En todos los casos se deben obtener grandes superficies útiles de d. para el mínimo volumen. Los dializadores industriales se diseñan de manera que las membranas se colocan en serie, separadas por espacios hábiles para el soluto y el disolvente en forma parecida a la disposición de los filtros prensa. También se utilizan dializadores giratorios o circulares (en estrella).La efectividad de la membrana es probablemente el factor más importante de cuantos intervienen en el proceso. Se han utilizado membranas de muchos tipos; en los primeros tiempos eran de pergamino o de otros tejidos animales o vegetales (de intestino animal, de vejiga de cerdo, de huevo de gallina liberada de sales inorgánicas, de tallos de carrizos u otras materias vegetales celulósicas, de seda impregnada con lecitina, etc.), pero en la actualidad normalmente son artificiales, de colodión (preparadas a partir de disoluciones de nitrocelulosa en alcohol y éter), celulosa, o celofán (celulosa extruida). La porosidad de una membrana influye en gran manera sobre la velocidad de difusión a través de ella y se puede modificar sencillamente por estirado del tubo de celulosa que va a ser la celda de d. Este estirado se verifica humedeciendo la membrana tubular y aplicando una tensión graduable a ambos extremos de ella; el diámetro del tubo va disminuyendo a medida que va aumentando de longitud y el efecto a nivel microscópico es que los poros, redondos en principio, se van ovalando, de forma que el tamaño de las partículas que podrán pasar a través de ellos será cada vez menor. Se puede obtener el efecto contrario si al mismo tiempo que se estira se aplica una presión hidrostática en la pared interior del tubo semipermeable, con lo que no sólo se impide la disminución del diámetro de los poros, sino que se consigue aumentarlo en el grado que se requiera para una difusión rápida. La disminución del tamaño de los poros se puede obtener también por acetilación de las membranas. El procedimiento consiste en tratar la membrana con una mezcla acetilante, normalmente piridina-anhídrido acético a 65<>C durante el tiempo que se estime necesario, de acuerdo con el grado de acetilación que se desee. Si la membrana se ha estirado antes de ser acetilada será menos porosa para el mismo tiempo de acetilación y, además, será más flexible. Para aumentar la porosidad de las membranas se las suele tratar con una disolución acuosa de cloruro de cinc.También es importante el calibrado previo de las membranas para conocer la velocidad de flujo del agua o del disolvente empleado a través de ellas, bajo unas condiciones dadas de presión, temperatura, etc. Normalmente esta operación se hace sencillamente midiendo la velocidad de dialización de solutos perfectamente conocidos cuya estructura, tamaño molecular y propiedades están determinados y son análogos a los que se van a emplear como problema. En estos calibrados se tiene en cuenta que la velocidad de difusión depende, además, de los factores que hemos citado anteriormente como son la temperatura o la viscosidad del disolvente, de la relación entre el área de la membrana y el volumen del retenido, del espesor y porosidad de la membrana, de la flexibilidad de ésta, de los efectos mutuos del soluto y el disolvente como pueden ser su tendencia a la asociación o sus características configuracionales, del efecto de la membrana sobre el disolvente, y de los posibles efectos de cargas eléctricas.La ecuación para la velocidad de difusión anteriormente citada es válida solamente para solutos de partículas neutras de pequeño tamaño y no lo es para solutos iónicos; en este caso el problema es más complicado. Aunque en virtud de sus diferentes movilidades pudiera esperarse una difusión independiente de los cationes y aniones a través de la membrana, ésta no tiene lugar, porque la separación de los mismos originaría unos potenciales electrostáticos a cada lado de la misma que, por una parte, retardarían a los iones más rápidos y, por otra, acelerarían a los más lentos. Es decir, las velocidades de difusión de los aniones y cationes es la misma, ya que el efecto de las fuerzas electrostáticas es opuesto al de las de difusión.En estos casos el factor más importante en la d. es el comportamiento electroquímico de la membrana. Así, para las membranas de nitrato de celulosa, ampliamente estudiadas, ha podido establecerse que sus grupos ácidos les confieren una carga negativa que repele a los aniones. Como el principio de la electroneutralidad exige un número de cargas iguales a ambos lados de la membrana, la restricción a la difusión de los aniones lleva consigo otra para la difusión de los cationes hacia el disolvente puro.Aplicaciones. El método de d. tal como se utiliza normalmente es un procedimiento tan simple que tiene grandes posibilidades como técnica de separación. En la actualidad se trabaja para mejorar su selectividad, es decir, cuando para dos solutos con partículas (moléculas) de tamaños muy parecidos se consigan velocidades de difusión muy diferentes; y también para lograr rebajar los tiempos que se precisan para realizar una separación efectiva. Como técnica de separación y purificación es ya muy importante dentro del campo de los coloides, pues prácticamente es el método universalmente utilizado para separar las partículas de las dispersiones coloidales de las demás partículas de menor tamaño, de los otros solutos, y en este sentido la d. es imprescindible en Bioquímica, principalmente en la dialízación de todo tipo de proteínas. También es importante en Química macromolecular en la separación de altos polímeros. Industrialmente se utiliza en la recuperación de proteínas y azúcares en las industrias lácteas, en la recuperación de sosa cáustica de soluciones de hemicelulosa que se producen en la fabricación del rayón, y en el refinado del azúcar de remolacha. Médicos e ingenieros están haciendo actualmente un gran esfuerzo para descubrir diseños óptimos que, usando los fundamentos básicos de la d., permitan eliminar de la sangre sustancias nocivas de bajo peso molecular, por medio de los llamados riñones artificiales.Una técnica muy estrechamente relacionada con la d., pero más moderna, es la electrodiálisis, que se empleó en principio para la eliminación de sustancias iónicas de un sol (v. COLOIDES) y que hoy es ampliamente utilizada para la purificación de coloides, tanto hidrófilos como hidrófobos. Es especialmente efectiva al final de la d., cuando el gradiente de concentración es pequeño y, por tanto, la velocidad de difusión es menor. La electrodiálisis se basa en el hecho de que con potenciales eléctricos razonablemente altos se puede producir el desplazamiento de moléculas cargadas en un medio dado a velocidades superiores a las originadas por un simple gradiente de potencial químico. El procedimiento consiste en colocar la disolución coloidal entre dos membranas y aplicar una diferencia de potencial entre ellas; el campo eléctrico así creado provoca el desplazamiento rápido de los iones hacia las membranas y facilita la difusión a través de ellas.C. MENDOZA OCHARAN.
BIBL.: L. C. CRAIG y T. P. KING, Methods of Biochemical Analysis, 10, Nueva York 1962, 175; S. B. TUWINER, Dillusion and Membrane Technology, Monografía de la American Chemical Soc. 156, Nueva York 1962; L. C. CRAIG, Dialysis, Encyclopaedia ol Polymer Science and Technology, 4, Nueva York 1966, 824; J. W. MCBAIN, Ciencia de los coloides, Barcelona 1961.
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