Devotio, Rito de la
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Biografía GER
Devotio ibérica. Se entiende por devotio ibérica la consagración de la propia vida a un jefe, en virtud de fórmulas mágico-religiosas, que tenía lugar entre los pueblos de la España Antigua. En el concepto de la d. entran dos elementos: uno de carácter religioso, según el cual, ciertas divinidades, probablemente infernales, se contentarían con la muerte del devotus a cambio de la del jefe; y un segundo elemento, de carácter meramente social, que la relaciona íntimamente con la clientela militar. La d. es una forma de la clientela militar hispana y tenía por objeto exclusivo la guerra. El suicidio de los devoti, cuando muere el jefe, se explica porque la muerte es la única forma de expiar el delito de no haber protegido suficientemente al patrono. La d. Ibérica tiene similitudes con la d. romana y el comitatus germano. Si bien ambas instituciones poseían carácter bilateral, sus miembros formaban una verdadera escolta y el número de componentes era reducido, la diferencia entre ellas reside en que el comitatus carece de vínculo religioso.En la península Ibérica la d. se encontraba muy extendida, como se desprende del gran número de devoti, que acompañaban a Sertorio. Otros caudillos tenían muchos devoti, como Mario, Pompeyo, César, Craso, Afranio y Petreyo. Las escoltas militares, a las que fueron tan inclinados los romanos, seguramente estaban compuestas por devoti. Éstos se encontraban en una situación de privilegio con respecto a los simples clientes. El s. i a. C. fue, sin duda, el periodo de máximo auge de la d. Se ha pensado que la d. ibérica influyera en el origen del culto al emperador. El ritual de la d. ibérica era el mismo que el de la clientela: presentación del cliente al patrono, reconociéndole por jefe, y aceptación por éste de su persona. Posiblemente existía una ceremonia especial, con un sacrificio, de la que quedarían huellas en el juramento de Ampudio. Tal vez hubiera un sacrificio humano y el de su caballo, ya que con ambos se refrendaban los pactos. La d. ibérica es una institución típica de Celtiberia. Su aparición en Aquitania se explica por influjo hispano. Decae a comienzos del Imperio.Devotio romana. Es una clase especial de votum, en la que se consagra a los dioses Manes y a la Tierra la vida propia y la del enemigo; su objeto es el aniquilamiento del adversario. El devotus recitaba una fórmula dictada por el pontífice, en la que se mencionaban, en algún caso, a los dioses de los (lamines mayores: Júpiter, Marte y Quirino, y junto a ellos a Jano, que generalmente abre las invocaciones dirigidas a muchos dioses, a Bellona, a los Lares, a los dü Novensiles, a los dü Indigetes, y a los Manes. El uso de la d. no era exclusivo de los romanos, ya que en el a. 293 los samnitas llamaron a filas a toda la juventud y la consagraron a Júpiter. En las grandes calamidades, los pueblos itálicos acostumbraban a consagrar a los dioses todos los seres vivos que nacían en la primavera siguiente, y se les mataba. Ejemplos de d. romana célebres fueron el de M. Curtius, que, a caballo, después de consagrarse, se lanzó al abismo abierto en el Forum; el de los ciudadanos romanos después de la batalla de Allia, en 390 a. C. Estos dos casos no son históricos. Una d. romana bien documentada es la de P. Decius Mus, que se consagró a los dioses infernales para salvar el ejército en el a. 340 a. C., según una fórmula dictada por el pontífice. Durante las guerras samnitas en el a. 395, el procónsul P. Decius Mus, siguiendo el ejemplo de su padre, se consagró con la misma fórmula empleada por él. En el a. 279 en la batalla de Asculum se consagró el tercer Decius. En principio, todo voto debía cumplirse, la sociedad y el Estado estaban interesados en su cumplimiento. La vida del individuo consagrado, ya no le pertenecía. Los pontífices tenían, sin duda, el privilegio de anular el voto por una ceremonia análoga y de sentido contrario. Estaba permitido al cónsul, dictador o pretor, cuando consagraba las legiones del enemigo, consagrar no su persona, sino un ciudadano elegido de una legión legalmente reclutada. Si el sorteado moría, todo quedaba en regla; caso contrario, era conveniente enterrar una imagen de siete pies de altura, y celebrar un sacrificio expiatorio en el lugar donde se enterraba la efigie. A ningún magistrado romano le era permitido pisar este terreno. Si se consagraba un jefe y no moría, no podía dedicarse sin deshonor ni a un culto privado, ni al culto público; podía consagrar sus armas a Vulcano o a otros dioses ofreciéndoles un presente. El terreno sobre el que el cónsul estaba de pie al pronunciar la invocación de la d. no debía caer nunca en poder del enemigo; si caía, había que ofrecer a Marte, como reparación, un suovetaurilia. La d. personal desapareció, después de los Decii, de la estrategia romana. Reapareció, degenerada en su sentido original, en la corte de los emperadores, como lo indica el caso de 1. Paennius Taurus, que se consagró en pleno Senado a Augusto en el a. 27 a. C., y el de P. Afranius Potitus y Atinius Secundus, que se comprometieron, el primero a matarse y el segundo a tomar parte en un combate de gladiadores, con ocasión de una grave enfermedad de Calígula. El emperador les obligó a cumplir su promesa. En la época imperial todos los ciudadanos se sentían consagrados al emperador. En el Bajo Imperio se eltiende por d. el patriotismo bajo la forma de consagracion al jefe, especialmente la fidelidad de los soldados y la exactitud en el pago de impuestos. También es un título metafórico de los funcionarios.J. M. BLÁZQUEZ MARTÍNEZ.
BIBL.: Fuentes: CÉSAR, De bello cavile, 3,22; CICERÓN, De /inibus bonorum et malorum, 2,19,21; ID, Tusculanae disputationes, 1,37,89; ID, De o//icüs, 3,14,16; Corpus luris civilis, 7,64,9; Código Teodosiano, 1,2,9; 11,1,20; 29,35; DIóN CASTO, 53,20,22; 59,8; TITo Livio, 8,9; MACROBIO, Saturnalia, 3,19,10-12; PLUTARCO, Sertorio, 14; SERVIO MAURO, Ad Georgicas, 4,218; ESTRABON, 3,4,18; SUETONIO, Vitae Caesarum. Caligula, 14,27; VALERIO MÁXIMO, 2,6,11; 5,6,6; VEGECio, Epitoma rea militaras, 1,28,2,8,9; 3,4.
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