Determinismo. Psicologia. MEDICINA
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Medicina
Definición. El d. psicológico es la teoría o principio actuante, según el cual los hechos psíquicos se consideran efectos necesarios de condiciones precedentes. De un modo más o menos explícito, se encuentra en la base de una serie de corrientes psicológicas cuyo denominador común es la negación de la libertad humana. "Empíricamente el determinismo interpreta la conciencia de la libertad como un juicio erróneo nacido del desconocimiento de los móviles inconscientes (tendencias determinantes). Una ulterior fundamentación empírica del determinismo alude al hecho de que, conociendo bien el carácter, los hábitos, las inclinaciones y la situación motivadora, pueden predecirse las decisiones de la voluntad de otro hombre. El determinismo intenta salvar los conceptos de responsabilidad, castigo, etc. (libertad de la voluntad), vacíos de sentido si se suprime la libertad" (Willwoll, citado en B. Székely, Diccionario de la Psique, Buenos Aires 1958). El d. no es sólo noción antónima a la de finalismo, sino que surge de una actitud contrapuesta a la que interpreta la cualidad significativa de los fenómenos psíquicos (v.) en forma teleológica, es decir, de acuerdo con fines precisos.El determinismo en la Psicología actual. Dos son, especialmente, las escuelas que conceden al d. la condición de principio fundamental. La primera tiene un antecedente remoto en la vieja Psicología empírica y experimental (V. PSICOLOGÍA II), y a través del asociacionismo (v.) y del conductismo (v.) es recogida, en parte, en la serie de las llamadas teorías factorialistas de la personalidad (v. ANÁLISIS FACTORIAL). Spearman (1904), Thurstone (1938) y, en particular, Eysenck (n. en 1916 en Alemania, profesor del Inst. de Psiquiatría del Hospital Maudsley de Londres y de las Univ. de Pennsylvania y California de EE. UU.), que intenta el conocimiento científico de la personalidad a través del método experimental estadístico, denominado por él "análisis dimensional". El riguroso empeño objetivador de los fenómenos psíquicos conduce de manera inevitable a la exclusión de la realidad subjetiva y de las operaciones a ella atribuidas. La personalidad (v.) sería la resultante total de los "patrones" (patterns) reales o potenciales del organismo, determinados por la herencia y el ambiente. Cuatro son, según Eysenck, los sectores que integran los patrones de comportamiento: inteligencia (sector cognitivo) carácter (sector conativo), temperamento (sector afectivo) y constitución (sector somático). Desde la perspectiva científiconatural de Eysenck, "el individuo único es simplemente el punto de intersección de cierto número de variables cuantitativas" (Estudio científico de la personalidad, o. c. en bibl. 19).No obstante el interés de ciertas aplicaciones de la anterior concepción del hombre y su conducta, esta dirección psicológica ha tenido menos influencia de cara a la opinión pública que el Psicoanálisis (v.). Con Freud (v.) se actualiza una vez más la dialéctica entre d. y libertad (v.). Todo acto humano responde a una causa que lo determina necesariamente. Dicha causa es la insoslayable satisfacción de los instintos, concebidos en su mera condición biológica. El comportamiento humano es el epifenómeno aparente de la tensión creada por tales exigencias frente a las limitaciones impuestas por la inercia de las realidades externas. El ser personal se contrae a la superestructura creada por el dinamismo del "aparato psíquico". La conciencia psicológica queda reducida a un simple registro de contenidos sin espacio ni tiempo posibles para la decisión. El desarrollo de la personalidad consistiría en tal caso en la eliminación de todo aquello que se opone a la satisfacción adecuada de las demandas instintivas.Los presupuestos del d., tanto en el dominio de las ciencias psicológicas como en el de cualquier teoría general de la vida humana, son tan antiguos como el hombre mismo. De hecho, radican en esa tendencia anclada en las profundidades del ser personal y se concretan, tanto en el afán incondicional de seguridad, como en el temor a la decisión responsable. Para el pensamiento moderno aparece formulada en Leibniz (v.), quien afirmaba que "no existe acto voluntario sin motivo ni razón". Tras un análisis de esta opinión, Leibniz concluía que el último determinante que decide la conducta humana es "el motivo que de manera más fuerte" se impone a la razón. Los actos realizados bajo esta fuerza seguirían siendo libres, ya que cumplirían las condiciones necesarias de todo acto libre ("infallibiliter, certo, sed non necessario"). Pero este argumento es paradójico, como señala Jolivet, ya que, si "el motivo más fuerte" es la determinación de querer, la libertad queda reducida a una libertad de ejercicio y no supone la auténtica libertad. De este modo, la determinación de los actos del hombre por el citado "motivo más fuerte" se nos manifiesta como un neodeterminismo muy próximo al psicoanalítico. El "motivo más fuerte" se identificaría de esta suerte con la necesaria satisfacción instintiva."Ser libre no es ser indiferente a las tendencias que se manifiestan en la conciencia, ni menos aún sufrir necesariamente la acción de la más fuerte entre ellas, sino esencialmente determinarse a sí mismo" (Jolivet). "No es la voluntad la que quiere, sino el hombre por la voluntad y, por tanto, si existe libertad de querer, esta libertad es la del hombre mismo o, con otras palabras, si es cierto que no puede haber acto libre sin motivo, éste no es causa del acto (lo que nos llevaría al d.), sino parte integrante de él o, más exacto aún, lo que le constituye como libre" (id.).El hombre, pues, antes de elegir pasa por una etapa cuya característica esencial es la competencia de varios motivos diferentes. Sólo se da un único motivo en las acciones impulsivas o en las acciones voluntarias simples. Después de esta etapa de competencia entre motivos diferentes (cada motivo sería una invitación a una conducta posible), el hombre mediante la resolución se identifica con una determinada tendencia, actualizando así y decidiendo, finalmente, la potencialidad de su conducta. Como dice Lersch, "esta decisión se basa en reflexiones, o sea, sobre actos noéticos (de conocimiento), que proporcionan la comprensión necesaria para la realización práctica, teniendo en cuenta las consecuencias de una acción en su finalidad o falta de finalidad, en su valor o falta de valor respecto de la meta a que se aspira, encaminada a lograr una configuración y una forma de vida con responsabilidad". De este modo, la acción electiva permite, gracias a la conciencia (v.), un compromiso responsable en base a la libertad personal. De los distintos motivos que se nos aparecen en la conciencia, la libertad concretada por la decisión escoge uno de ellos, nutriendo de manera responsable la acción. Tanto da que el motivo sea aparente o verdadero, basta con que se escoja. Es la elección lo que compromete al identificar nuestra conducta con el propósito subsiguiente. El gran argumento del d. se funda en la presunción de que, conocidas las leyes que rigen los fenómenos, éstos pueden predecirse, por cuanto estarían causados por dichas leyes. No habría otro problema que el de llegar al conocimiento y formulación de semejante legalidad. Pero acontece que este argumento es tan falso como ingenuo, puesto que supone la transposición al orden de la naturaleza sensible del concepto de ley usual en el ordenamiento jurídico. En este último la ley prescribe tales o cuales acciones o prohibiciones que, porque se consideran posibles, son penales. Sin embargo, en las llamadas leyes de la naturaleza lo que realmente se significa en ellas no es una prescripción, sino una descripción de un hecho que, precisamente, se produce cuando concurren determinadas condiciones, ninguna de las cuales suele ser de por sí causa suficiente para determinar el hecho en cuestión, p. ej., la llamada ley de la gravedad es la descripción del fenómeno de la caída de algo material cuando pesa más que el aire y no hay otro factor que lo impida. Es decir, que las referidas leyes de la naturaleza lo que en definitiva expresan son las múltiples formas de la inercia, mientras que las disposiciones legales (more usualis) lo que tratan es de orientar. de conducta personal, precisamente en base de que ésta no es infalible, como lo sería en el caso de un d. absoluto.Cuestión aparte es la del condicionamiento (v.). Que las propias decisiones libres están condicionadas es justamente algo insuperable de la libertad como vivencia. La posibilidad de elegir no está en el plano psicológico al menos, tanto en la deliberación sobre lo elegible como en la de las condiciones de la elección. En último caso, aquello que puede determinarnos realmente no pasa de ser, por mucho que sea el peso de su incidencia, un dato más a favor de tal o cual decisión. En definitiva, el acomodarse a aquello que resulta o parece menos oneroso es, sielhpre, operación voluntaria.J. M. POVEDA ARIÑO.
BIBL.: H. J. EYSENCK, Estudio científico de la personalidad, Buenos Aires 1959; J. HOSPERS, La conducta humana, Madrid 1961; G. W. LEIBNIZ, Teodicea, I, Madrid 1928; fD, Nouveaux essais sur L’entendement humain, II, 13-54; P. LERSCH, La estructura de la personalidad, Barcelona 1963, 442 ss.; R. JOLIVET, Tratado de Psicología, Buenos Aires 1956.
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