Descanso. Medicina. MEDICINA
Categoria:
Medicina
En la jornada de todo individuo existe una alternancia entre trabajo y d. Esta alternancia es variable según las costumbres, el nivel social, la profesión, etc., y tiene sobre todo sus máximas variantes según sea la edad del individuo.En la infancia el d. no lo podríamos contraponer a trabajo, sino más bien considerarlo en el sentido de vigilia y actividad frente al sueño. En las primeras semanas de vida, el niño pasa durmiendo casi todo el día; hasta los tres meses duerme de 16 a 20 h. diarias, repartidas entre las comidas. Después de los tres meses suele dormir unas 10 a 12 h. seguidas durante la noche, y por el día unas cinco h. repartidas en dos o tres veces. Desde los 9-10 meses aprox. hasta los tres años, sigue durmiendo unas 12 horas nocturnas y solamente de una a dos h. después de la comida. En esta época, hasta que comienza la edad escolar, el niño ocupa su tiempo de vigilia en jugar. Este juego puede considerarse como el trabajo del niño, puesto que constituye para él un aprendizaje, especialmente en el caso de que se le proporcionen juguetes para el desarrollo de sus sentidos y su inteligencia.El adulto reparte también su jornada en una serie de periodos en que alternan el trabajo y el d. Este d. del adulto no será ya siempre sueño. Podrá no estar trabajando, pero continuará en estado de vigilia. Tampoco se puede identificar d. y ocio. Se ha dicho que descansar es igual a cambiar de actividad. Es fácil comprender que un individuo con una actividad intelectual puede encontrar d. en una actividad manual, p. ej., el médico, el ingeniero o el abogado, con trabajos de carpintería, jardinería, etc. Este es el fundamento de los hobbies. Por el contrario, un individuo fatigado por un gran trabajo manual podrá descansar mejor leyendo sentado un libro.Cuando el sujeto llega a la vejez, su trabajo se hace mínimo, aunque es aconsejable que no se abandone del todo. Su día entonces deberá programarse para que este d. sea lo más activo posible mediante paseos, o incluso deportes adecuados (p. ej., el golf), de forma que hagan su vida menos sedentaria.Fisiología. Para fijarnos en la fisiología del d., hay que hacer primero un breve estudio de la fisiología del trabajo y de la fatiga. Todo trabajo que no sea de carácter estrictamente intelectual se realiza por medio de la acción muscular. Esta se origina por la contracción de los músculos estriados bajo el impulso y el control del sistema nervioso. En casi todos los casos la acción muscular se manifiesta por medio de movimientos, ya sean de miembros, tronco o mediante un desplazamiento total del individuo. En algunos casos, sin embargo, la acción muscular está encaminada tan sólo a producir fuerza. La acción muscular que engendra movimiento representa el trabajo dinámico; la que no se traduce en movimiento, representa el estático. La contracción muscular se provoca cuando un estímulo llega por la vía nerviosa voluntaria, penetra en el músculo por un punto llamado placa motriz y, desde ella, se extiende a todas las fibrillas musculares, las excita y provoca el fenómeno denominado contracción. Una parte fundamental en el trabajo físico es el movimiento, que consiste en el desplazamiento de distintos sectores corporales, originado por la contracción muscular. Los movimientos se diferencian por los siguientes caracteres: rapidez, destreza y fuerza.En el trabajo estático la fuerza es producida por la contracción persistente de un músculo o grupo de músculos; tiene como característica la pronta aparición de una sensación dolorosa en los músculos y obliga a la cesación del esfuerzo. El trabajo dinámico consiste en una serie de contracciones y relajamientos musculares alternados con pequeños periodos intermedios de reposo. Según experiencias de Lehmann el trabajo estático puede considerarse cuatro veces más fatigante que el dinámico. En todos los individuos existe una tendencia instintiva encaminada a realizar el máximo de trabajo con el mínimo esfuerzo. Mediante estudios realizados se llegó a la conclusión de que hay unos principios generales cuya aplicación trae como consecuencia evitar movimientos inútiles y, por tanto, realizar el máximo trabajo de la forma más descansada. Estos principios son: un movimiento que aprovecha la gravedad ahorra energía; los movimientos simétricos de extremidades disminuyen el gasto de energía; cada movimiento debe conducir al siguiente sin esfuerzo, debiéndose evitar las transiciones bruscas; el ritmo en los movimientos produce ahorro de energías; son preferibles los movimientos curvilíneos a los angulares porque éstos se componen, al menos, de dos o más movimientos distintos, que obligan a contracciones y relajaciones musculares y conducen a una mayor fatiga. Aplicados estos principios, pueden ser un buen preventivo de la fatiga.Estudiando desde el punto de vista químico el trabajo muscular, se observa que éste es debido a una serie de reacciones químicas que ocurren en su intimidad. Desde A. Lavoisier (v.) se sabe que el trabajo aumenta el consumo de oxígeno y la eliminación de anhídrido carbónico. Posteriormente se demostró también que durante el trabajo la circulación sanguínea aumenta en cinco veces. Otro hecho comprobado fue la existencia de ácido láctico en el músculo fatigado por el trabajo. Cuando se excita un músculo, se contrae primero relajándose después, mientras que su contenido en glucógeno disminuye y aumenta el de ácido láctico. Cuando esta cantidad de ácido láctico aumenta mucho (llega al 0,3-0,4%) el músculo deja de responder a los estímulos; se ha llegado a un estado denominado de fatiga muscular. En nuestro organismo, como consecuencia del trabajo muscular, los aparatos circulatorio y respiratorio deben aumentar su actividad, con el fin de aportar más oxígeno y retirar el exceso de anhídrido carbónico producido. Cuando el trabajo es prolongado, llega un momento en que se produce la fatiga muscular que puede manifestarse, primero por disminución de la potencia contráctil, más tarde por dolor, y, por último, incluso por la aparición de calambres, todo ello debido fundamentalmente a la acumulación de ácido láctico.Trabajo psíquico. La actividad psíquica es el regulador indispensable del trabajo muscular, y tiene también un trabajo propio y específico, llamado trabajo intelectual. Este trabajo consta de dos etapas, una primera como adquisición de conocimientos, y otra segunda como proyección hacia el exterior de los conocimientos adquiridos. Se han realizado también estudios sobre si el trabajo intelectual produce gasto energético y, por tanto, conduce a la fatiga, precisando d. igual que en el caso del trabajo muscular. Muchos autores han realizado experiencias en este sentido, llegando a la conclusión de que en algunos sujetos el gasto energético asciende hasta un 56% de su valor en reposo, mientras que en otros es pequeñísimo. Se estima que estas respuestas diferentes dependen de la edad, temperamento, inteligencia, etc. Otros investigadores encontraron un aumento en el consumo de oxígeno, lo cual se debe casi con seguridad a la vasodilatación consecutiva al esfuerzo intelectual. Vemos así que en cualquier actividad humana se puede llegar al estado denominado de fatiga, que obliga en consecuencia al d.Fatiga. Podríamos definirla como un estado en que se encuentra alterado el equilibrio fisiológico del individuo. Este estado, en condiciones normales, es reversible mediante un periodo de d. La fatiga se manifiesta de diversas formas, disminuye la capacidad de rendimiento y de la memoria. El individuo se vuelve irritable y agresivo, disminuyen los movimientos automáticos y de defensa contra los accidentes. Este estado se puede prevenir teniendo en cuenta una serie de medidas tales como: organización racional del trabajo, higiene individual y d.; dentro de este último puede verse la enorme importancia que se le atribuye como medio de proporcionar al organismo la oportunidad de recuperar su equilibrio fisiológico.Descanso y jornada laboral. El d. comprende tres aspectos fundamentales: duración de la jornada, pausas durante el trabajo y descansos periódicos. Actualmente la duración de la jornada laboral es de unas ocho horas. Se pudo comprobar que en épocas de guerra, en que por necesidad se aumentó mucho esta jornada, al cabo de un tiempo aumentaron las cifras de morbilidad y el número de accidentes, hechos que se atribuyeron al exceso de fatiga y a la falta de d. La jornada laboral suele estar dividida en dos etapas, entre las que media un intervalo de una a dos horas. Se piensa que pausas pequeñas intercaladas contribuyen a prevenir la fatiga; los d. periódicos son aquellos que tienen una duración de más de 24 h. y tienen como fin, sobre todo, el proporcionar un alejamiento mental del lugar de trabajo. En estos periodos el individuo puede realizar una actividad física, superior en muchos casos a la habitual (deporte), lo cual será beneficioso, porque pone en juego músculos no utilizados normalmente, con lo que se llega a un equilibrio corporal.Dada la absoluta necesidad del d., se han hecho estudios científicos de gran interés sobre la fisiología del reposo. En este sentido la Asociación de Médicos Alemanes Industriales ha anunciado una serie de principios que constituyen la síntesis de lo conocido sobre la fisiología del reposo: 1) todo trabajo físico o intelectual debe ser interrumpido por periodos de d.; si no se hace esto, aumenta la fatiga y disminuye el rendimiento. 2) Los periodos de d. deberán ser intercalados en el mismo trabajo; es antifisiológico suprimirlos con el pretexto de que se puede descansar al final. 3) El rendimiento tiene una curva cuya máxima caída es hacia el mediodía, lo cual indica que es allí donde hay que colocar el periodo de d. mayor.La jornada continua, producto de las grandes ciudades, aunque tiene ventajas, también presenta grandes inconvenientes desde el punto de vista fisiológico. Estos principios revisten especial importancia cuando se trata de mujeres, niños o enfermos. El respetar estas normas contribuye a aumentar el rendimiento total y a prolongar las posibilidades de trabajo y de salud, siendo una norma importante de justicia social. El d. es algo que hay que considerar, por tanto, como totalmente necesario y como tal lo han reconocido las legislaciones, incluso a nivel internacional. Existe un convenio internacional sobre d. semanal en los establecimientos industriales, que fue adoptado en la 111 Reunión de la conferencia Int. del Trabajo, celebrada en Ginebra en 1921. Con respecto a esta necesidad de d. se han hecho estudios estadísticos en diferentes empresas, viéndose cómo, p. ej., el número de accidentes de trabajo aumenta de manera notable en aquellas horas en que los individuos están más fatigados, máxime si esto va unido al sueño, porque el individuo ha realizado una jornada de 12 o más horas. A veces, este exceso de fatiga ha sido el causante de verdaderos desastres.Se considera imprescindible que además de las 16 h. diarias de d. que siguen a las ocho normales de trabajo exista una jornada entera semanal dedicada al d. de las tareas habituales y, además, un periodo de vacaciones de varios días al año. Dentro de las costumbres de la vida actual, estas vacaciones han llegado a constituir una necesidad para todo individuo, como profilaxis de la "fatiga profesional", p. ej., en EE. UU., en 1937, sin leyes que lo impusieran entonces, el 40% de los asalariados de la industria gozaban de vacaciones pagadas. En muchos países se ha instaurado ya la costumbre de d. en la tarde del sábado para hacer más larga la jornada festiva semanal. Se ensaya incluso en algunos casos una prolongación diaria de la tarea por encima de las ocho h., logrando así una labor semanal de 44 h. entre lunes y viernes. Con esto se tendrían sábado y domingo enteramente libres. Desde el punto de vista higiénico, esta práctica se está revisando y es tema de discusión. Hay quienes opinan que estos aumentos de trabajo para reducir el número de días laborales pueden suponer un surmenage para el individuo, el cual, en su mal esforzado afán de diversión del fin de semana, encontrará situaciones en que ponga aún más en tensión su sistema nervioso, constituyéndose, por tanto, un círculo vicioso, que acabará siendo nocivo para su salud. Pongamos como ejemplo el tan conocido caso de las caravanas automovilísticas a la salida y entrada de las grandes ciudades que "atrapan" cientos de individuos y constituyen un verdadero stress para sus nervios. En contraposición, existen países donde la técnica ha hecho ya grandes avances y donde se prevé que el trabajo humano va a poder ser sustituido en parte por la máquina. El hombre quedará, por tanto, con jornadas laborales más reducidas, pudiendo dedicar este tiempo a otras actividades más nobles, como pueden ser las de aumentar su formación intelectual y espiritual, leer, oír música, etc. En estos países, y con miras al nuevo sistema de vida, se estudia una nueva planificación urbanística, con la que se intenta crear ciudades pequeñas que no sobrepasen los 100.000 hab., a ser posible en medio rural y con grandes zonas verdes, con lo cual se conseguiría entre otras cosas que el individuo viviese más cerca de la Naturaleza, y que en su tiempo de d. pudiera dedicarse con mayor facilidad a actividades al aire libre en un medio donde esté ausente la tan temida polución o contaminación.En nuestro ambiente se considera de vital importancia la orientación sobre el d., según el tiempo de actividad laboral. A una persona que realiza un trabajo sedentario es fundamental recomendarle que en su d. incluya la actividad muscular mediante paseos, gimnasia o cualquier tipo de deportes, como pueden ser la natación, el tenis, u otro juego de pelota (siempre como actor y no como espectador). Ello impedirá la aparición de la obesidad, la arteriosclerosis, etc. Para una persona cuyos "nervios" quizá estén puestos demasiado en juego en una actividad siempre "cara al público", es posible que el mejor relajante sea pasar unas horas solo, en medio del campo, leyendo un buen libro.Siguiendo esta misma línea es fundamental enseñar a los niños y jóvenes a emplear sus horas de d., convenciéndoles, p. ej., de lo absurdo que es dedicar las dos o tres horas libres de colegio en estar sentado ante una pantalla de televisión, con lo cual lo único que conseguirán es fatigar extraordinariamente la vista. El sistema no consiste, sin embargo, en prohibir, sino en facilitarles programas que tengan alicientes. Una buena ayuda encontrarán los padres en los numerosos clubs que existen para niños y adolescentes, de montañismo, boy-scouts, natación, tenis, etc.Descanso y sueño. Dentro del d. hay que hacer mención especial del sueño, puesto que supone unas ocho h. de cada jornada, y bajo ningún pretexto debería reducirse a menos de 7 h. Se sabe que el hombre pasa la tercera parte de su vida durmiendo. Para conseguir un sueño profundo y reparador hay una serie de condiciones como son: una temperatura adecuada, un cierto estado de penumbra y ausencia de ruidos. Esto último es muy aconsejable, aunque de todos es conocido el caso de personas acostumbradas a dormir con un gran ruido.Se define el sueño como un estado fisiológico necesario y reparador, normalmente periódico y reversible, caracterizado por una depresión de los sentidos, de la conciencia, de la motilidad espontánea y, en especial, del tono muscular sin que exista disminución marcada del metabolismo y de las funciones vegetativas. Existen muchas teorías sobre el sueño. Las antiguas consideran que la vigilia es el estado fundamental de los centros nerviosos y que el sueño sobreviene cuando se fatigan. Otros sostienen que el sueño es el estado fundamental de los centros, y la vigilia se debe a estímulos que provocan el despertar. Se sabe por experiencias en animales que una parte del sistema nervioso denominada hipotálamo, tiene un papel esencial en el sueño. Se sabe también que existen dos centros: de vigilia y de sueño, el primero situado en el hipotálamo caudal y el segundo en la región preótica.El sueño es el mejor d. para el organismo. Es importante entender que el sueño es el colofón del día, y por eso, el orden en el trabajo, su lograda realización y las pausas de d. a lo largo del día, son la mejor preparación para el buen dormir. Los medicamentos hipnóticos han de estar controlados por el médico, tomarlos en épocas o en días que sean necesarios y no pensar que resuelven todas las situaciones; es preferible observar los consejos antedichos, y, si a pesar de ello no se consigue un buen dormir o el sueño no es reparador, es entonces cuando se debe acudir al médico para un correcto tratamiento (V. SUEÑO; SUEÑOS I).V. t.: TRABAJO HUMANO; OCIO; VACACIONES.M. INGELMO MORIN.
BIBL.: G. LEHMANN, Fisiología práctica del trabajo, Madrid 1960; 1. KAPLAN, Medicina del trabajo, México 1963; N. R. VERÁsTEGUi, Higiene y seguridad en el trabajo, León 1965; R. RicCARDI, Manual de seguridad en el trabajo, 3 ed. Bilbao 1968.
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