Desarrollo Psicopatológico MEDICINA
Categoria:
Medicina
Generalidades y antecedentes. En principio, la noción de Desarrollo parece aludir a un modo peculiar de evolución de ciertos fenómenos psicopatológicos.El término d. fue introducido por Jaspers (v.) en 1910 en un estudio en el que se contraponía, como cuestión psicopatológica fundamental, el concepto de desarrollo de la personalidad con el de proceso. El despliegue normal del psiquismo se realiza en una dirección dotada de sentido y, por consiguiente, psicológicamente comprensible. Lo anormal -en sentido estricto- resulta, desde la perspectiva fenomenológica postulada por este autor, incomprensible (v. FENOMENOLOGÍA II). El proceso alude a aquellos modos de enfermar que, por surgir incomprensiblemente, deben relacionarse con trastornos orgánicos, es decir, con causas físicas. Dichas causas, o son conocidas, o se presumen. Pero en el dominio de lo psicopatológico no todo se ofrece al observador como carente de sentido y, así, el concepto de d. se extiende, más allá de la dirección evolutiva de la personalidad normal, a las anomalías independientes de cualquier alteración somática, siempre que, de alguna manera, sean capaces de ser comprendidas.Estos puntos de vista del gran pensador alemán, vigentes en buena parte al cabo de 60 años, se basan en una singular manera de entender la comprensión psicológica: bien como "Einfühlung" (literalmente introyección -"empatía"- o, más sencillamente, "simpatía"), a saber, intentando "sentir" interiormente lo mismo que el enfermo, o como "Vorstellung" -representación- a través de la cual se trata de captar intelectualmente la relación de sentido entre el fenómeno psicopatológico y sus motivos.Sin embargo, tales conceptos han evolucionado gracias a ulteriores formulaciones del propio Jaspers, de Schneider (v.) y de la psiquiatría actual. Schneider distingue relaciones de sentido en cuanto a la temática aparente del fenómeno y respecto de la forma del mismo: comprensión del acontecer histórico-vital, es decir, del conjunto de la historia interna (personal) del sujeto. El d. correspondería en rigor al segundo aspecto, pues en el primero, y en un orden meramente clínico, se plantea la difícil distinción conceptual entre el d. y las llamadas "reacciones vivenciales anormales" (R.V.A.) en las que la estimación de los motivos recae de preferencia en los caracteres excepcionales (agudos o intensos) de la situación en que se encuentra el sujeto y que, por ello, se considera como desencadenante.El d. como entidad nosológica en la Psiquiatría actual. El mismo análisis fenomenológico y especialmente la clínica, muestran, a menudo, la dificultad práctica de establecer las referidas distinciones y aun de considerar el d. como una entidad singular. Por mucho que se intente comprender, y amainada la pleamar histórica de la llamada psicogenia (como génesis psíquica exclusiva de determinados trastornos mentales), la realidad demuestra que en el ámbito de lo patológico siempre queda algo incomprensible por muy elástico que se haga el concepto. De ahí que se haya intentado verificar la comprensión a través de los rasgos de la personalidad o de otras estructuras del individuo. Kretschmer (v.) ahondó en este aspecto, señalando que lo ambiental sólo es eficaz patogenéticamente cuando la vivencia actúa en relación con determinadas características. Definió tres direcciones fundamentales de la personalidad: esténica (de contacto), asténica (de falta de energía psíquica) y autista (de aislamiento) que marcan el tipo de relación que la personalidad establece con el ambiente.Pero junto a los rasgos de la personalidad intervienen también estructuras "apersonales" que juegan un destacado papel en el enfermar. Tales estructuras están ancladas en lo endógeno, realidad exquisitamente personal e interna, diferente de la causalidad física y de los acontecimientos exteriores que se movilizan con independencia del ambiente. Los desarrollos pueden partir de esta endogeneidad, resultando sólo comprensible la sucesión o progreso de los mismos, pero no su iniciación.De este modo, cabe diferenciar, d. donde lo decisivo es la dependencia del fenómeno de las características de la personalidad y la influencia de lo endógeno en las que las circunstancias ambientales son secundarias, y desarrollos psicogenéticamente elaborados, en los cuales son decisivas las circunstancias ambientales. En todo caso, lo importante es la interrelación entre las características de la personalidad, el ambiente y las fluctuaciones endógenas.Clasificación. Clínicamente puede hablarse de tres tipos de d.: desarrollos simples, desarrollos neuróticos y desarrollos delirantes.Los primeros se caracterizan por tratarse de alteraciones comprensibles desde una consideración de la personalidad global, sin pérdida de la capacidad crítica, como en los delirios (v.), ni escisión en la respuesta psicológica, que resulta siempre unidireccional. Se trata de respuestas a situaciones ambientales graves y persistentes que terminan configurando de algún modo al sujeto. Los límites entre lo normal y lo patológico son aquí difíciles de determinar.En los d. neuróticos el individuo reacciona a las vivencias traumáticas ambientales con impulsos que se oponen mutuamente, surgiendo conflictos internos que no pueden ser aislados o gobernados por el sujeto.Los d. delirantes surgen en personalidades predispuestas y por lo general de un modo autóctono. Las influencias ambientales juegan un papel secundario, como agentes desencadenantes del delirio. Hay aquí toda una gradación desde los delirios típicamente endógenos, como los de la antigua paranoia de Kraepelin (v.) hasta los d. delirantes más aparentemente reactivos: delirios de situación como los inducidos, los carcelarios, los de los prisioneros, etc.Más que una enfermedad, el d. se considera hoy como un modo de evolución de determinados fenómenos psicopatológicos cuyas características son, la persistencia y la posibilidad de establecer entre los elementos de su estructura cierta conexión comprensible.D. BARCIA SALORIO.
BIBL.: K. JASPERS, Psicopatología general, Buenos Aires 1957; K. SCHNEIDER, Psicopatología clínica, Madrid 1961; H. J. WEITBRECHT, Manual de Psiquiatría, Madrid 1970.
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