Deportes. Estudio General.
Categoria:
Cultura
1. Concepto y definición. La palabra deporte es de origen latino. Según Paul Adam procede de de-portare, referente a la salida de las puertas (portae) de la ciudad para dedicarse a juegos competitivos. Ya en el latín clásico aparece el vocablo disportat, empleado por Cicerón. Otros la hacen derivar del latín de-portu, término que lo consideran como ya arraigado en la Provenza medieval, con un significado parecido al anterior.Nadie duda de la raíz latina de este término, pero ha existido bastante confusión, de la que hemos participado casi todos los apasionados por el tema, sin esclarecer con suficiente documentación las fuentes (en este fallo incurren culturalistas tan eminentes como Ortega y Carl Diem), hasta que Miguel Piernavieja publicó su riguroso estudio Depuerto, deporte, Protohistoria de una palabra. En él analiza el autor los documentos medievales y cataloga todas las primitivas formas ortográficas del concepto. El trabajo se ciñe a los idiomas provenzal, antiguo castellano, antiguo catalán y antiguo francés. Prácticamente se puede asegurar que alcanza a los verdaderos orígenes de la palabra, ya que los estudiosos de sus fuentes en Alemania e Inglaterra (Grell, Diem, Amsler, etcétera) unánimemente aceptan su paternidad mediterráneo-occidental.Exponemos un resumen de las significaciones del término encontradas en dicha investigación.ConceptoNúm. vecesBurla ... ... ... ... ... ... ... ...3Diversión .. ... ... ... ... ...23Diversión obscena ... ... ... ...6Ejercicio físico ... ... ... ... ...13Juego amoroso ... ... ... ... ...2Paseo ... ... ... ... ... ... ...4El hallazgo principal que puede resumir el resultado de esta investigación es que la palabra d., junto a la primerísima acepción de dio?rsión, está muy vinculada desde sus orígenes con el ejercicio físico. Es decir, nos encontramos ante una realidad que usualmente vendría a señalar "diversión en forma de ejercicios físicos".¿Es ésta la significación que se mantiene en nuestra época? Si acudiésemos a los diccionarios contemporáneos,en general nos toparíamos con la permanencia de la acepción lúdica, recreativa, a la que se han adherido otras diversas. En la recurrencia a las autoridades en la materia, se observa un fenómeno parecido. Sin embargo, ya en la década 60-70, algunos eminentes estudiosos llegan a prescindir del elemento lúdico para la enunciación de las cualidades esenciales al d. Michel Bouet publica en 1963 un trabajo titulado fuego y deporte en el que, captando las nuevas direcciones que ha tomado el d. a nivel internacional, acepta su alejamiento del juego. D. y juego (v.) son cosas distintas. Este autor, que pocos años después publicaría una de las más importantes obras teóricas sobre el d. (Signification du Sport) argumenta con vigor en favor del alejamiento del d. con respecto al juego, partiendo, como ya se ha indicado, de las realidades sociales y psicológicas del d. de nuestro tiempo.En la misma línea está la definición que el BIDI (Bureau International de Documentation et Information del Consejo Int. de Educación Física y Deportes de la UNESCO), en reunión sobre terminología que tuvo lugar en Bucarest en 1969, daba al d.: "Actividad humana significante que se manifiesta y se concreta en la práctica de los ejercicios físicos, bajo forma competitiva". Dicha definición es el resultado de una labor realizada por un equipo de especialistas, los cuales trabajaron sobre un documento base cuya trascripción puede servir de aclaración: "Deporte es actividad específica de competición (emulación) en la que se valora intensamente la práctica de ejercicios físicos con vistas a la obtención por parte del individuo del perfeccionamiento de las posibilidades morfo-funcionales y psíquicas, concretadas en un record, en la recuperación de sí mismo o de un adversario". Tal definición puede ser aceptada, rechazada o discutida, pero, fuere cual fuere la postura de cada estudioso del d., es menester reconocer una realidad creciente en su evolución contemporánea: el d., sobre todo el oficial, está sufriendo lo que podríamos llamar un proceso de "desludificación". Cada vez es menos juego.Ciertamente, el d. oficial no es todo el d. existente. Pero la referencia al d. oficial no alude solamente al estatal, sino, en general, al d. organizado más allá del simple club particular, incluso en el d. espontáneo, individual o de pequeño grupo, influye poderosamente la dirección del llamado d. oficial. Toda información llegada por una u otra vía (televisión, radio, prensa, etc.), participa cada vez más de las características lúdicas del d. Tal información influye decisivamente en la elemental estructuración y entendimiento del d.-esparcimiento personal o de pequeño grupo. El antiguo "divertimiento en forma de ejercicios físicos", "diversión o pasatiempo", "ocioso por sus deportes" corre el peligro de convertirse en arcaico, por falta de uso, de adecuación a la realidad contemporánea. Tal arcaización o fosilización del componente lúdico del d. es asunto que queda todavía por demostrar. Es natural que muchos estudiosos no se avengan a aceptarlo, pese a la autoridad de los elaboradores de la citada definición y otras semejantes. Sin embargo, es conveniente respetar y contar con ese tipo de documentos recogidos por los organismos oficialmente constituidos y elaborados por eminentes especialistas.En favor de los que defienden la pujante pervivencia del juego en el d. está el creciente movimiento inicialmente denominado "El segundo camino del deporte", nacido en la Alemania Federal a principios de la década del 60. Este y parecidos movimientos se han concretado también en otras expresiones, tales como "El deporte para todos", que ganó la acepción oficial internacional en el Consejo de Cooperación Cultural (Comité de Educación Extraescolar) del Consejo de Europa, y posteriormente ha ingresado en las preocupaciones activas del CIEPS de la UNESCO. Se trata de movimientos marcadamente educativos, encuadrados dentro de la preocupación latente en impulsos como "educación permanente", "educación para todos", "educación extraescolar", etc.La evolución oficial de la realidad deportiva en un sentido de desludificación y las reacciones de tipo pedagógico enmarcan de alguna manera los dos grandes derroteros que está tomando el d. en nuestro tiempo. Componente definitivamente incorporado a la primera de estas directrices es el sentido competitivo. Hoy casi es imposible concebir el d. sin un componente competitivo, sea éste de alto nivel o de elemental estructura. En realidad, en las dos acepciones en que principalmente se concretó el término, según la citada investigación de Miguel Piernavieja, aparecía más o menos la realidad competitiva ("juego de pelota", etc.). El sentido competitivo no parece una incorporación moderna, advenediza, al d., sino que figuraba ya en la época de formación del concepto.2. Evolución histórica. El "competivismo" es uno de los elementos esenciales al agonismo griego. Aunque el agon helénico no coincida plenamente con nuestro moderno entendimiento del d., si hemos de clasificar, denominar, encuadrar este importante hecho cultural griego, nos vemos obligados a enmarcarlo dentro de lo que consideramos d. Los juegos griegos pueden dar la pauta de lo que constituye lo esencial al d. de todos los tiempos, y queremos incluir en este término tan diversos modos de ejercicios y competiciones lúdicas como se inclinan a hacerlo los más prestigiosos historiadores del d. Estos elementos esenciales son: juego, ejercicio físico y competición.¿Podemos afirmar que el d. en nuestro mundo del último tercio del s. xx significa juego, competición, ejercicio físico? Pese a todas las transformaciones, es muy difícil demostrar que no lo sigue siendo; quienes lo han intentado no aportaron argumentos suficientes. Lo que es menester admitir es que, junto a ello, hoy d. significa también, o se refiere, o tiene relación con: superación de sí mismo, educación corporal, función higiénica, expresión estética, espíritu y organización competitiva, rivalidad, esparcimiento, diálogo social, dinámica de grupo, técnica, ciencia, estructura socio-económica, empresa, instrumento político, gran espectáculo, profesión y experienciá hedonística. Atendiendo a círculos especializados, evoca y realiza funciones de: readaptación, salvamento, psicoterapia, terapia de grupo, etc.La confusión que puede crear tan variada extensión de valores y realidades puede ser aclarada acudiendo precisamente a los dos grandes caminos que marcan, por un lado el agigantamiento del d. oficial que tiende al espectáculo (v.), y por otro las reacciones que se reflejan en su realidad espontánea, primera, elemental, y de ella extraen sus posibilidades pedagógicas. Está de moda la división del d. en profesional y aficionado (amateur). Tal división no deja de ser artificial, inducida de realidades extrínsecas al propio d. Este se escinde más bien en dos grandes direcciones: el d.-espectáculo, con toda su comparsa de profesionalismos en acto o en potencia, intereses económicos, instrumentaciones políticas, exigencias científicas; y el d. de sencilla práctica individual o de pequeño grupo. El "amateurismo-profesionalismo" no es plano principal de clasificación; precisamente el más voluminoso espectáculo deportivo de nuestro tiempo, el más prestigiado y políticamente disputado, es una institución y organización llamada amateur: los Juegos Olímpicos (V. OLIMPIADA).El esquema amateurismo-profesionalismo es totalmente secundario. El mojón central para la bifurcación de los dos grandes caminos del d. es el espectáculo. Por ello, el movimiento de pedagogía deportiva más importante de nuestro tiempo tiene una denominación dinámica, de disponibilidad, de posibilidades; es el anteriormente aludido segundo camino del d. Hoy, con esta y otras denominaciones se ha convertido, más que en un movimiento, en un entendimiento creciente. Su talante es correcto, realista, humilde; acepta la realidad incontestable e importante de un primer camino, el d. espectacular; y pretende recordar que hay otro camino de uso y disfrute del d.: espontáneo, sencillo, ajeno a publicidades y nerviosismos, lleno de valores pedagógicos; la sencilla práctica o juego deportivo.3. Organizaciones internacionales. Cada una de las modalidades deportivas cuenta ya prácticamente al menos con una federación internacional que acoge a las federaciones nacionales competentes en dicha especialidad deportiva. Citar aquí todas estas federaciones e instituciones internacionales sería dar una extensión desmesurada a este artículo, que se concreta en el d. en general. Por ello, resultará ilustrativo señalar la importancia que la estructuración de organizaciones del d. ha adquirido en los últimos 20 años a nivel internacional.Organismos internacionales perfectamente estructurados, con incumbencia en los problemas del d. en general y con extensión realmente mundial existen en 1971 los siguientes: Consejo Int. de Educación Física y Deportes (CIEPS) de la UNESCO y Consejo Int. de Higiene, Educación Física y Recreación (ICHPER). Entre las organizaciones relacionadas con algún aspecto científico del d. en general pueden citarse las siguientes: Comité de Investigación del CIEPS de la UNESCO, Bureau de Documentación e Información del CIEPS de la UNESCO, Soc. Int. de Psicología del Deporte, Consejo Int. de Pruebas de Aptitud Física (ICSPFT) y Federación Int. de Medicina Deportiva (FIMS).A estas organizaciones habría que añadir otras que más bien se refieren al ámbito de la educación física (V. EDUCACIÓN Iv), pero que tienen una directísima relación con el d. internacional, entre las que podemos citar: Federación Int. de Educación Física (FIEP) y Asociación Int.de Escuelas Superiores de Educación Física (AIESEP). Esta proliferación de organizaciones internacionales revela el crecimiento, el vigor, la trascendencia social que ha adquirido en nuestro tiempo el hecho deportivo y la seriedad con que ya ha sido tomada por los más representativos organismos internacionales de la cultura en general (UNESCO).4. Valores pedagógicos. En el artículo correspondiente a cada una de las especialidades deportivas (fútbol, baloncesto, balonmano, etc.) se señalan valores pedagógicos propios de cada uno de los d. y se hace alguna referencia a valores pedagógicos del d. en general. Donde más claramente se pueden descubrir valores educativos es en el d. práctica. Pero es interesante atender también al d.-espectáculo. En éste existen dos grandes grupos: el deportista protagonista y el espectador. El primero puede hallar los valores educativos propios de la práctica deportiva, aunque en general esta práctica está interferida por otras realidades. En el caso del profesionalismo, pueden añadirse los valores usuales de todo ejercicio profesional. De todas formas, en el d. espectáculo es más importante el análisis del espectador que forma la gran mayoría.En el espectador deportivo se dan cita las características de liberación y alienación típicas de la psicología de masas; pérdida relativa de la individualidad; inmersión en una emotividad colectiva; sustitución del pensamiento propio por la idea madre, el estereotipo, el tópico permanente o efímero. Se ha hablado mucho de las nefastas consecuencias del hábito a la masificación (V. MASA). El hombre habituado a la comodidad estereotipada del pensar y del sentir masificados va dejando en alguna manera de ser persona autorresponsable para convertirse en pieza, en registro reactivo, en número, en reflejo o en entidad biológica puramente resonadora.Hay que aceptar la verdad de todo ello. Pero, volviendo al espectáculo deportivo, quizá se pueda aclarar que no es dicho espectáculo el principal instaurador de una conducta humana de masas. El espectáculo deportivo encuentra especial facilidad en una sociedad masificada; pero no tiene categoría de primer agente masificador. Otras muchas realidades sociales que son objeto de estudio por parte de la sociología, la socio-economía, la psicología, desencadenan las necesidades masivas. El espectáculo deportivo se acopla a ellas y, en algunos casos, puede ser utilizado como coagente del hábito masivo; pero no se le puede atribuir la condición de autor principal.Por el contrario, el espectáculo deportivo puede ofrecer al hombre sumergido en los hábitos masivos ciertas liberaciones. Entre ellas destacan las incluidas en los más habituales mecanismos de defensa, tales como el "desplazamiento", la "proyección", la "formación reactiva", etc. El hombre sometido a permanente presión proveniente de autoridades de todo tipo que se acumulan en la moderna vida social (jefes laborales, prohibiciones cívicas, encuadramientos, puntualidades, etc.), si no tiene ocasión de liberarse de la angustia autodestructiva producida por las frustraciones y represiones, descarga su realidad sobre las personas más allegadas o más débiles. El gran espectáculo deportivo ofrece al ciudadano, que durante la semana ha acumulado multitud de tensiones angustiosas, de frustraciones por represión, la posibilidad de ejercer "desplazamientos" y "proyecciones", liberadores de secretas y sutiles angustias y de tensiones auto destructoras. El árbitro es un símbolo excelente de proyección de todo tipo de frustración autoritativa. Los jugadores son objeto de "identificación", merced a la cual se libera el individuo de la angustia producida por fracasos personales. La mitificación de que son objeto los deportistas famosos obedece en gran parte a la identificación que brindan por la calidad sencilla de sus éxitos.Otras muchas fórmulas de liberación psicológica y social tienen lugar en el vituperado espectáculo deportivo. Indudablemente, el vituperio no es del todo infundado, puesto que el gran espectáculo es uno de los lugares donde a veces toman forma casi corpórea los arrebatos de deshumanización de la sociedad de masas. Es discutible hasta qué punto el espectáculo deportivo favorece esta masificación o, por el contrario, hasta qué grado es una ocasión que encuentra el individuo de nuestro tiempo, masificado por otras realidades estructurales, para su necesaria liberación y recuperación de equilibrios. El tema es vasto y polémico y no es posible dedicar a ello más extensión en este lugar.Donde aparecen con claridad ciertos valores pedagógicos es en la otra vertiente del d.: la práctica. A nivel individual pueden citarse el estímulo a la superación sobre sí mismo; la adquisición de hábitos de constancia y tenacidad, tan necesarios en todo tipo de entrenamientos y ejercitaciones para mejorar el rendimiento deportivo; el hábito al esfuerzo, incluso a la superación y casi desprecio del dolor físico en muchas ocasiones, y la capacidad de entrega. A nivel social, son aún más rentables las positivas consecuencias de una práctica deportiva bien orientada: la vinculación al grupo deportivo, cediendo incluso en muchos casos el brillo propio por la efectividad colectiva. La adquisición de hábitos de camaradería, de amistad, de lealtad, de honradez y juego limpio (a este respecto tiene gran trascendencia en la práctica deportiva el huir de todo lo que suene a trampa). El aprendizaje a una aceptación de autoridad, cosa necesaria para toda vida social. La libre aceptación de las contrariedades, de las sanciones.Quizá la virtud humana más importante desde el punto de vista socio-pedagógico que puede ser desarrollada por una bien enfocada práctica deportiva es el aprendizaje a la derrota. Un deportista, al cabo de los años ha triunfado en el 50% de sus encuentros y ha sido derrotado en otro 50%. Eso va a ser la vida, donde a la larga obtenemos el 50% de nuestras aspiraciones y fracasamos en el otro 50%. El ambiente lúdico, festivo, alegre, con que se desenvuelve la competición deportiva hace que estas derrotas sean muy fácilmente asimilables por el sujeto, con lo cual se adquiere un hábito general a la aceptación de la derrota. Con el d. bien orientado en este sentido se ayuda a la más importante pedagogía de la vida, la que enseña al hombre a aceptar la mitad más dolorosa de su existencia. Frente a toda esta visión de valores positivos, el d. ofrece una serie de peligros pedagógicos y psicológicos, entre los que cabe destacar, dada la moderna exaltación del triunfo y del sensacionalismo, el divi’smo, es decir el endiosamiento personal por el triunfo.JOSÉ MARTA CAGIGAL.
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