De Gaulle, Charles
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Biografía GER
Militar y estadista francés, una de las figuras más polémicas y sobresalientes de nuestro tiempo. N. en Lille el 22 nov. 1890, en el seno de una familia legitimista y hostil a la III República, De G. destacó pronto entre sus compañeros de la Acad. Militar de Saint-Cyr por la energía de su carácter y la lucidez de su talento. Destinado al 33 Regimiento de Infantería de guarnición en Arras (1912) atrajo pronto la atención de su jefe, en aquel entonces coronel Pétain, bajo cuyas órdenes volvió a servir heroicamente en la defensa de Verdun, en la que fue herido y hecho prisionero por los alemanes. A la terminación del conflicto, en cuyo transcurso recibió tres heridas y la Cruz de Guerra junto con el ascenso a capitán, llegó a ser íntimo colaborador del mariscal Pétain (v.) que le distinguió con su admiración y aprecio, llegando incluso a apadrinar civilmente al primogénito de De G., que tomó su patronímico.I y II Guerra mundial. Hasta 1940. Durante el periodo de entreguerras De G. dedicó la mayor parte de sus esfuerzos y energías a difundir entre la oficialidad y el generalato francés la idea de que en la próxima contienda, a diferencia de lo que había sucedido en la primera, las tácticas ofensivas primarían sobre las defensivas, jugando en esta guerra móvil un papel de capital importancia las nuevas armas aparecidas a la terminación de la primera conflagración mundial: los carros de combate y la aviación militar. Expuestas en numerosas conferencias. y en algunos libros, las teorías de De G. sobre la guerra mecanizada del futuro no encontraron casi ningún eco ni audiencia en los medios militares a que iban destinadas. Su defensor llegó incluso a ser objeto de diatribas y desconfianza por parte de un sector muy cualificado de la oficialidad y del Alto Estado Mayor. La invasión de Austria y de Checoslovaquia por las tropas del III Reich y, sobre todo, el comienzo de la II Guerra mundial, evidenciaron la exactitud de las profecías y precisiones de De G., a quien le fue confiado el mando de uno de los escasos cuerpos motorizados de que disponía el ejército francés, en loss de la contienda. Al mando de la 4a División acorazada, el general De G. (nombrado a título temporal el 15 mayo 1940) participó en la primera fase de la ofensiva alemana sobre Francia, que presenció la espectacular cabalgada de las Panzerdivisionen del general Guderian, lo que ratificaba una vez más sobre el propio suelo francés lo acertado de las predicciones de De G.De Gaulle, jefe de la "Resistencia". El jefe del nuevo Gobierno galo, que sustituyó al de Daladier, Paul Reynaud, que había leído en los a. 30 las obras de De G., y le había apoyado entusiástica pero infructuosamente desde su escaño parlamentario, le designó subsecretario de Estado en su Gabinete (7 jun. 1940). Desde este puesto, De G. intervino activamente . en las dramáticas jornadas que se produjeron en el país ante el cuartelamiento de sus ejércitos, frente a la fulminante ofensiva alemana. Enlace en los numerosos contactos entre Churchill y varios miembros de su Gabinete con los del Gobierno de Paul Reynaud, De G. se mostró abiertamente partidario de la tesis británica, que preconizaba la defensa a ultranza del territorio galo y la marcha de su Gobierno a la Francia de ultramar, para continuar desde allí enarbolando la bandera de la independencia y de la lucha contra el III Reich. Ante la actitud contraria del Gabinete francés, influido por su vicepresidente el mariscal Pétain, De G. se embarcó en el último avión que despegó de Burdeos, llevando a un miembro del equipo ministerial británico (18 jun. 1940). Poco más tarde, De G. lanzaba desde las antenas de la BBC una elocuente y dramática alocución a sus compatriotas para la defensa de la Francia subyugada, al tiempo que se erigía en jefe de la Resistencia. Rotas las relaciones entre Gran Bretaña y el régimen de Vichy tras la acción de Mazalquivir, De G. fue reconocido, si bien en términos no muy precisos, por el Gobierno de Jorge VI y contó a partir de entonces con el apoyo de la mayor. parte del Gobierno de Churchill, en especial de su ministro de Asuntos Exteriores A. Eden.Para el conde de Avon, los ocasionales contactos mantenidos en 1942 entre agentes petainistas e ingleses para llegar a un acuerdo entre sus respectivos Gobiernos sobre la base del sacrificio de De G. y su movimiento, no pasaron de un simple escarceo diplomático que respondía al deseo de Churchill de intentar restringir así las que consideraba exorbitantes exigencias del general. Mientras tanto, en Francia De G. había sido degradado y condenado a muerte en rebeldía por el tribunal militar que le juzgó en su ausencia, aunque el mariscal Pétain anotó con su propia mano al margen de la sentencia que ésta, llegado el caso, no debería jamás cumplirse.Desembarco en África. Conferencia de Casablanca. El desembarco aliado en las costas marroquíes en noviembre de 1942 significó para De G. y su movimiento el punto de arranque decisivo y crucial para la obtención del triunfo de su causa. Una vez asesinado Darlan (cuya muerte sigue siendo objeto de viva polémica entre los historiadores galos), que constituía el mayor impedimento para la fusión de las armas de la Francia libre con las acampamentadas en África del Norte, fieles hasta la muerte del almirante a la autoridad personal de Pétain pero no a la de su Gobierno, controlado por los alemanes tras su invasión de la zona de Vichy (10 nov. 1940), De G., merced a las instancias y recomendaciones de Eden, asistió a la conferencia de Casablanca. En ella, gracias a la intervención de Eden, que presionó a Churchill para que éste, a su vez, lo hiciese sobre el presidente norteamericano, De G. asumió realmente el liderazgo de la Francia libre como potencia de rango internacional. A pesar de haber reconocido, al menos de forma tácita, la supremacía del general De G. sobre su compañero en la dirección del Comité de Liberación creado en Argel, general Giraud, los norteamericanos persistieron en apoyar a este último, enconando y dividiendo al Gobierno de la Resistencia. Al producirse el desembarco en Normandía (6 jul. 1944), la Casa Blanca siguió indesmayable en su actitud antigaullista, presionando a Churchill para que De G. no obtuviera el poder en la Francia continental sin unas previas elecciones generales, en las que deberían ser apoyados por las autoridades anglo-norteamericanas los hombres de la III República desafectos a la rectoría de De G. Aunque la política internacional desplegada por éste al frente de la V República no se haya basado primordialmente en motivaciones de índole personal, resulta innegable que algunas de las causas de sus directrices antinorteamericanas tienen su origen en la continua hostilidad que le demostró en los días de la guerra gran parte de la opinión pública estadounidense, particularmente Roosevelt y su administración.De Gaulle en el poder. Nacimiento de la IV República. Con todo, el general De G. se convirtió bien pronto en el primer dirigente de la Francia liberada. El más urgente y grave problema con que se enfrentó en los últimos meses de 1944 fue evitar la guerra civil, que con tanta fuerza gravitaba entonces sobre el país. Merced a la energía del general, pudo ponerse fin al terror desatado en algunas regiones por los comités locales de las fuerzas integradas en la Resistencia, al tiempo que el Estado anulaba la nacionalización, realizada anárquicamente, de algunas empresas. De G. debió contar con el apoyo del partido comunista para implantar en todas las esferas de la vida pública francesa la autoridad del Estado. Para lograr el concurso de las fuerzas comunistas, emprendió a fines de 1944 un viaje a la URSS, en donde consiguió de Stalin la colaboración a su política nacional. El sentarse a la mesa de los "tres grandes" en la conferencia de Yalta, segundo gran objetivo del mencionado viaje a la URSS, fue inalcanzable por el general al solidarizarse Stalin con los puntos de vista antifranceses de la Casa Blanca. Sólo a la terminación del conflicto vería De G. satisfechos algunos de sus anhelos en política internacional, al ser admitida Francia como una de las potencias ocupantes de la vencida Alemania (si bien los "tres grandes" se negaron al intento galo de apoderarse de Renania y de internacionalizar la zona del Ruhr) y al firmar el general Leclerc los tratados de paz con el Japón, compensaciones con que los aliados intentaron paliar el desaire cometido contra el régimen de De G., al no ser admitido a la mesa de negociaciones de Potsdam.Poco antes de la capitulación de la Alemania nazi, el general De G. daba satisfacción al programa social de la mayor parte de las fuerzas que integraban la Resistencia, y de forma particular a los partidos de izquierda, el Partido Comunista y el SFIO, al decretar la nacionalización de Houilléres du Nord et du Pas-de-Calais (13 dic. 1944), la creación de los comités de empresa (22 feb. 1945) y, en fin, la nacionalización de todas las fuentes de energía y de crédito (2 mar. 1945). Tras los agitados meses que siguieron a la terminación de las hostilidades, y en los que se celebraron los procesos más resonantes contra los dirigentes del régimen de Vichy -condena a muerte del mariscal Pétain, conmutada por De G. a prisión perpetua, ejecución de Laval, etc.- el general fue elegido unánimemente presidente del Gobierno provisional (13 nov. 1945) de la IV República, surgido de un referéndum nacional en que los franceses votaron mayoritariamente a favor de una nueva Constitución y en contra de la omnipotencia de la Asamblea Constituyente.Formado definitivamente a fines de noviembre de 1945 el primer Gobierno de la IV República, en él estaban representadas las tres grandes fuerzas que habían integrado la coalición de la Francia libre: el partido comunista, el SFIO y el Movimiento Republicano Popular (MRP), oponiéndose De G. al desempeño de las carteras ministeriales claves -interior, Asuntos Exteriores y Ejército- por los comunistas; actitud que estuvo a punto de provocar la primera gran crisis del nuevo régimen. Los intentos de Maurice Thorez de crear un nuevo Frente Popular sobre la base de la alianza del partido comunista con el SFIO que descartase del poder a De G. y a los demócratas cristianos del MRP no llegaron a tomar cuerpo por la negativa de los socialistas a unirse con una fuerza a la que censuraban ser instrumento y servidora de la URSS.La reanudación de la vida política francesa por los mismos cauces del pluralismo partidista anterior a 1940, hizo surgir en De G. la idea de la imposibilidad de dar al país un programa nacional, alejado de los intereses de partido, según era el pensamiento vertebrador de su acción gobernante. Tal sentimiento, junto con su arraigada convicción de que ante el que suponía inminente conflicto entre la URSS y los anglosajones sólo su figura podría encarnar nuevamente la unidad del pueblo francés, le decidieron a abandonar el poder en enero de 1946, ante el estupor y la sorpresa de la mayor parte de la opinión pública. Separado del poder se dedicó intensamente a la redacción de sus Memorias, escritas en una de las prosas más bellas y precisas de la literatura francesa contemporánea. Ello no le privaría, sin embargo, de ejercer una intrépida actividad pública, en la que fustigó acremente al régimen de partidos, que conducía inexorablemente, según su pensamiento, a la disolución de Francia en la anarquía y la impotencia. Sus campañas propagandísticas- cristalizaron en abril de 1947 en la creación de una tercera fuerza, el Rassemblement du Peuple Frangais, cuyo liderazgo asumió. Desde aquel momento, se acentuaron sus diferencias con los dirigentes de la IV República, desechando el general los honores con que ésta quiso realzar la figura de su creador: recepción en la Academia de Francia, bastón de mariscal, etc.La vuelta al poder: el "Putsch" del 13 de mayo de 1958. La inestabilidad ministerial, la descolonización, agudizada en su última fase con la guerra de Argelia, y la persistente crisis económica constituyeron el triple embate de mayor relevancia, que cuarteó los cimientos de la IV República, hasta llevarla a su colapso en mayo de 1958. Ante la inminencia de la guerra civil, a que se vio abocada la nación por los últimos sucesos argelinos, De G. se presentó ante las dos fuerzas enfrentadas -el ejército y el sistema parlamentario- como la única solución para preservar al país del golpe de Estado y garantizar su unidad. Con la vuelta al poder de De G. concluyó el movimiento militar, que no estuvo inspirado en sus comienzos por su adhesión a la causa gaullista, pero que desembocó en ella porque no quiso derivar hacia una sedición abierta contra el poder constituido ni a una dictadura castrense. Dentro de las más puras tradiciones nacionales, un nuevo régimen bonapartista se impuso al mando del general De G. Anulada la Constitución de la IV República, el pueblo francés aprobó en septiembre de 1958 la de la V. Al año siguiente el presidente Coty abandonaba el Palacio del Elíseo, siendo reemplazado por De G., electo por referéndum popular y no por el voto de los partidos, como era norma en los anteriores regímenes republicanos.Primer septenado. Una vez recortado el poder de los partidos según el patrón de la IV República, el más acuciante problema planteado a De G. en loss de su primer septenado era el argelino. Aunque algunos de sus principales componentes no dejaron de expresar desde el mismo 13 de mayo su recelo y desconfianzas ante el hecho, la subida de De G. al poder significó para el ejército la realización efectiva de la Argelia francesa. Con una de esas felices y un tanto románticas frases de que parecía tener el secreto, el general prometió en los primeros meses de su gobierno que mientras él viviera "la bandera del FLN no flotaría sobre Argelia". En adelante, las fronteras de la metrópoli se extenderían desde Dunkerque a Tenrramasset... Pero el hecho es que la propia escisión de la conciencia nacional ante el tema argelino, la presión internacional y la inagotable capacidad de sacrificio demostrada por los partidarios de la independencia, hicieron, entre otros factores, que De G. cambiase su primitiva política para dar paso al reconocimiento de Argelia como estado soberano y autónomo. Los aires de África difundieron su nuevo slogan de la paz de los valientes y la autodeterminación comenzó a tomar cuerpo a pasos agigantados. En el verano de 1962, y entre escenas dantescas, los últimos pieds noirs abandonaron la tierra donde habían querido vivir "históricamente". Es obvio que, cualquiera que sea la exactitud de las críticas suscitadas por la política argelina de De G., para el hombre que hizo "don de su vida a Francia" la inevitable amputación del más bello y cordial florón de su imperio no debió ser empresa fácil.Tras la liquidación del drama argelino, la mayor parte de los esfuerzos del general se consagraron a la elevación de Francia como auténtica potencia de rango internacional. El espectacular resurgimiento de su economía y la nueva dirección de su política exterior alejada de su anterior encadenamiento a las directrices norteamericanas, fueron los pilares más. firmes sobre los que se asentaron los planes de De G. para renovar "la grandeza de Francia". Su liderazgo en las actividades del Mercado Común, lo sugestivo de su concepción de la unidad europea bajo la fórmula de la "Europa de las patrias", su posición ante el conflicto vietnamita y ante el papel internacional de la URSS y los Estados Unidos han hallado un amplio consenso en extensos sectores mundiales, especialmente en los pueblos subdesarrollados, para los que Francia vuelve a ser, en cierta medida, el tajamar de su vida cultural y económica.Segundo septenado. A fines de 1965, De G. fue reelegido para gobernar su país durante un segundo mandato presidencial, cuya política estuvo impulsada por idgnticos motivos que los del primero, aunque con una marcada preferencia a la solución de los problemas nacionales, en particular los de índole socio-económica y los planteados por la institucionalización del régimen gaullista.Después de la revuelta estudiantil de mayo de 1968, volvió a ganar las elecciones del 30 de junio del mismo año. La respuesta de los electores a la reforma del Senado y la estructuracióri regional, planteada por De G. como un plebiscito a su persona, fue negativa por escaso margen (27 abr. 1969), por lo que al día siguiente abandonó el poder, retirándose a Colombey-les-deuxEglises, donde m. el 9 nov. 1970.V. t.: FRANCIA V; GUERRA MUNDIAL, SEGUNDA; PÉTAIN, HENRI PHILIPPE.J. M. CUENCA TORIBIO.
BIBL.: CH. DE GAULLE, La France et son Armée, París 1934; íD, El filo de la espada, Barcelona 1961; fD, Memorias de Guerra, 3 vol., Barcelona 1956-60; fD, Memorias de esperanza, 2 vol., Madrid 1970-71.R. ARON, Charles De Gaulle, París 1964 (uno de los más penetrantes estudios sobre los puntos clave del ideario y la acción gaullista); fD, Histoire de Vichy, París 1953; fD, Histoire de la Libération, 2 vol. París 1956-59; 1. FAUVET, La IV République, París 1961; R. ECHEVARRfA, La V República francesa, Madrid 1962; 1. R. ToURNOUX, Pétain et De Gaulle, París 1964; fD, Secretos de Estado, Barcelona 1961; A. EDÉN, Memorias, 1939-1944, Barcelona 1965; G. BLOND, Pétain, Madrid 1967 (ofrece un pormenorizado y objetivo análisis del controvertido tema de las relaciones entre ambos soldados); F. MAURIAC, De Gaulle, Barcelona 1965; E. ASHCROFT, De Gaulle, Barcelona 1964.
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