David, Gerard
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Biografía GER
Vida. Ilustre pintor de origen holandés, pero de actividad flamenca, n. en Oudewater en fecha ignorada, pero que ha de situarse dentro del decenio 1450-60. Es de suponer que en su ciudad natal, confirmada por más de una fuente, comenzase su carrera artística, pero no hay noticias acerca de ella, iniciándose las sabidas a partir de 1484, en que consta su nombre en el gremio de pintores de Brujas, del que habría de ser jurado cuatro años más tarde, y seguiría teniendo cargos gremiales hasta 1501. En 1496 había casado con Cornelia Cnoop, hija del decano del gremio de orfebres de Brujas; no era mujer vulgar, sino diestra miniaturista, y se cree que por su influencia y por la de su padre fuera admitido G. en la Cofradía del Árbol Seco, de muy estrechas condiciones para nuevos ingresos. Parece haber emigrado de Brujas tras la ruina marítima de la plaza, y haberse establecido en Amberes. O no le fue bien en la nueva residencia o sentía nostalgias de su Brujas adoptiva, porque lo cierto es que a esta ciudad regresó y en ella encontró su muerte el 13 ag. 1523. Su longevidad alcanzó los sesenta y tantos años. Pero estos años son muy sustantivos en un aspecto, el de haber sido D. un pintor de estirpe cuatrocentista, sumergido en los nuevos conceptos artísticos de la segunda mitad de su vida. Por esa razón es por la que se vacila frecuentemente entre los historiadores de arte en asignar el puesto de D. al s. xv o al xvl.Obra. Mas, como aquí no importa otra cosa que su calidad y sus valores, convendrá hacer caso omiso de la cuestión y analizar su personalidad artística. De que ella proceda de principios estéticos cuatrocentistas, no puede existir duda. No en vano estaba lo mejor de ella dentro de la tradición de Brujas. Tan tempranamente como en febrero de 1488, la municipalidad de esta ciudad le encarga la historia del juicio de Cambises, pareja de tablas -en el Museo de dicha ciudad- con un sentido, a la vez grandioso y narrativo, del tema. En una de las composiciones, Cambises decreta el desuello del prevaricador Sisamnes, y en la otra se representa, muy a lo vivo, este suplicio. El espectador recuerda inmediatamente los temas semejantes realizados por D. Bouts (v.), siempre respondiendo a la intención moralizadora y prestigiadora de la justicia que animaba a los estamentos jurídicos flamencos. Pues bien, la versión de D. de la escena del juicio es de una solemnidad totalmente nueva, lo que, unido a cantidad de detalles renacentistas bien advertibles, obliga a considerar a nuestro artista, aún en esa temprana etapa de su vida, como un hombre que está superando los modos góticos. Otra obra juvenil de D. es el tríptico de la Crucifixión, del que la National Gallery, de Londres, posee la tabla central, con el tema dicho, en tanto las laterales fueron a parar al Museo de Amberes. Creemos que éstas son las más interesantes y decidoras del estilo del artista. En la de la izquierda aparecen los dignatarios de la sinagoga -uno de ellos a caballo, pero cuya estatura no emerge de las de quienes marchan a pie, increíble torpeza que no volverá a repetir D.- y en la de la derecha, muy superior, las Santas Mujeres y S. Juan, con ese estilo de nobles y altas figuras ya visto en las obras anteriores.Tras estas pinturas se hace más difícil intentar un orden cronológico en la producción de D. Posiblemente continúen la etapa juvenil las alas de un tríptico del Museo de Viena, figurando a S. Sebastián y a una mujer y un niño, quizá donantes o devotos, figuras todas de gran dignidad. Sí, es posible fechar otro tríptico importante, el del Bautismo de Cristo, en el Museo de Brujas, porque en las tablas laterales, interiores, aparecen los retratos del donante Juan de Trompes y de su primera esposa Elisabeth Van der Meersch, muerta en marzo 1502, mientras que las partes exteriores de las dichas tablas representan a la segunda esposa, Magdalena Cordier, y a sus cuatro hijas. La tal Magdalena falleció en 1510, de modo que el conjunto puede ser fechado por 1507. He aquí, en la escena central, uno de los grandes aciertos de D., tanto en la excelente composición, con la figura de Jesús en el preciso centro, la del Bautista contrapesada por un ángel arrodillado, y el fondo, de gran sentido naturalista de paisaje, como en el riguroso canon humano de los protagonistas, curiosamente más cercanos a toda la gran pintura flamenca que en las obras anteriormente citadas. Es una de las piezas más famosas y conocidas de D., pero seguramente no la más encantadora, ya que por las mismas fechas pintó La Virgen rodeada de santas. El propio pintor regaló esta hermosísima pieza, en 1509, a la iglesia de Carmelitas de N. S. de Sion, en Brujas, y hoy es gala del Museo de Rouen. Se ignora la razón del donativo, pero poco importa ante la belleza de la pintura. En el centro, la Virgen con el niño en el regazo. A la izquierda, las santas Dorotea, Catalina e Inés; a la derecha, Bárbara, Godeleva, Cecilia y Lucía. El coro de ángeles músicos del fondo -seguro recuerdo de los Van Eyckno altera la sensación de sencillez del dulce conjunto, mostrando una especial maestría en la tarea de enaltecer figuras de mujer, lo que ya habíamos comprobado en las alas del tríptico del Bautismo.Otras notables piezas han de quedar forzosamente con la fecha en suspenso. De lo más insigne, la tabla de la National Gallery en que aparece el donante Bernardino de Salviati con los santos Martín, Bernardino y Donaciano, cuatro rostros masculinos de honda caracterización psicológica. En el propio museo londinense quedan otras nobles pinturas de D.: el excelentísimo Descendimiento, quizá ya de época tardía, y las Bodas místicas de S. Catalina. Como el donante de esta tabla, Richard de Wish Van der Cappelle, murió en 1511, es posible que la fecha sea anterior a tal año. Y, sin posibilidad de fecha, una serie de obras importantes. Será una el tríptico de Juan de Sedano, en el Louvre. La tabla central, preciosa, representa a la Virgen y al Niño entre dos ángeles músicos, teniendo por grato fondo una arquitectura renacentista. En las alas, partes interiores, el donante con su hijo, amparados por el Bautista y la esposa de Sedano, presentada por S. Juan Evangelista. Más notables son los reversos de estas alas, con las figuras desnudas de Adán y Eva. Siendo evidente el eco de las mismas representaciones por los Van Eyck, no se puede negar la maestría y la delicadeza con que D. ha figurado a Eva, se diría que todavía adolescente, frágil, admirable de línea. Esta obra procede de España, y ése es el mismo origen del tríptico del Metropolitan Museum, de Nueva York, y que por mucho tiempo se atribuyó erróneamente a H. Memling. En verdad, la exquisitez de factura justificaba la equivocación. Pues este tríptico, un tiempo en la colección de la familia Urrutia, de Madrid, es prueba de total maestría: su tabla central representa el nacimiento, añadiéndose a la iconografía normal un gozoso coro de ángeles que llega por la izquierda, batiendo las alas. En las partes internas de las tablas laterales, el donante y su esposa, respectivamente presentados por S. Jerónimo y S. Vicente, y ella, lujosamente ataviada. Pero mucho más importantes son las pinturas exteriores de las mismas tablas. Como quiera que el conjunto fue pasado a lienzo, esos exteriores corrieron vida propia y fueron a parar al Rijksmuseum, de Amsterdam; son dos deliciosos paisajes, en los que no hay referencia alguna religiosa, sino que debieron ser pintados para propio disfrute de su autor. Casi toda la superficie está cubierta por una alta arboleda, a la que se acompañan, en un caso, un edificio rústico; en el otro, un río. Otras pinturas de D. procedentes de España, son: en el mismo Metropolitan, un hermoso panel figurando la Crucifixión y un tema muy original y emotivo, La despedida de Cristo y su madre, siendo de destacar la actitud de ¿la Magdalena? enjugándose las lágrimas; otro noble tríptico es el de la National Gallery de Washington; la tabla central representa a S. Ana selbdritt, esto es, teniendo sobre sus rodillas a la Virgen y al Niño; en las laterales, S. Nicolás de Bar¡, revestido de pontifical y S. Antonio de Padua, con el Niño. Todavía pudiéramos mencionar más pinturas importantes de D. salidas de España, lo que demuestra, igual que los indudables influjos sobre nuestros pintores, la popularidad que aquí disfrutó el arte de este maestro.De lo que todavía queda de D. en España, son obras sustantivas, la Virgen, Niño y dos ángeles que la coronan, Virgen y Niño y Descanso en la huida a Egipto, en el Museo del Prado, y la dulcísima Virgen de la Rosa, en la Abadía del Sacro Monte, de Granada. Muy personal en las más de las ocasiones, otras veces influido por los Van Eyck (v.) y por H. Van der Goes (v.), su característica principal es la del cometido de puente entre la pintura flamenca del s. xv y la del xvi.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: J.WEALE, Gerard David painter and illuminator, Londres 1895; E. vox BODENHAUSEN, Gerard David una seine Schule, Munich 1907; M. FRIEDLÁNDER, Altniederlündische Malerei, VI, Berlín 1924; J. A. GAYA NUÑo, Pintura europea perdida por España, Madrid 1964.
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