Dana, James Dwight
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Biografía GER
Geólogo norteamericano n. en 1813 y m. en 1895. Fue profesor de la Univ. de Yale entre 1850 y 1890. Su labor como geólogo fue notable, estudiando entre otros temas la relación entre los procesos metamórficos, especialmente los de contacto, y la formación de yacimientos minerales. En su libro Characteristics of volcanos (1891) clasificaba las lavas en superfluentes, efluentes e interfluentes, teniendo en cuenta su posición respecto a los conos volcánicos. Junto con Mallet, expuso la idea de que la formación de los magmas primarios posarcaicos se debía a la fusión de las rocas durante la deformación de las zonas corticales.Es, sin embargo, más conocido por ser el autor del importante System of Mineralogy, obra de consulta para todos los mineralogistas desde que apareció por vez primera en 1837. De ella se han hecho numerosas ediciones que fueron revisadas inicialmente por E. Dana y W. Ford, posteriormente por Ch. Palache, H. Berman y C. Frondel. Últimamente, en 1962, se ampliaron los dos tomos clásicos de la obra con un tercero, dedicado exclusivamente al cuarzo.**AUA. ARRIBAS MORENO.
**BIODANIEL
Personaje israelita de la época del destierro en Babilonia, protagonista del libro del mismo nombre. El libro de D. forma parte del canon bíblico (v. BIBLIA I-II); en las biblias hebreas se lo incluye entre los Hagiógrajos (kétúbim), colocándolo entre Ester y Esdras; los Setenta, la Vulgata y las otras versiones antiguas lo colocan entre los Profetas, a continuación de Ezequiel, y así lo siguen haciendo las biblias cristianas.
1. La persona de Daniel. El nombre de D. significa "Dios es mi juez". Prácticamente todos los datos que tenemos sobre el personaje de ese nombre al que nos estamos refiriendo provienen del libro mencionado. Resumimos a continuación los principales, tal y como los ofrece el texto mismo.D. pertenecía a la nobleza de Judá (Dan 1,6). Muy joven aún, y como consecuencia de una campaña de Nabucodonosor (se duda si el 11 o el IV), conoce la vida del destierro en Babilonia (v.). Junto con otros jóvenes judíos fue educado en la corte real babilónica, cuya cultura asimiló, pero manteniéndose fiel a la fe y a las prácticas judías. Su inteligencia e instrucción le hacen adquirir prestigio en la corte. En ello influye también, y decisivamente, su temple y fidelidad religiosa, que le hacen sobresalir espiritualmente sobre los cortesanos dóciles a los caprichos reales, y que explican que los monarcas acudan a él con confianza. D. es un modelo de dignatario judío en el destierro: fiel a la ley israelita, pero dispuesto a servir a los poderes dominantes en lo que sea según justicia. De hecho, aunque sufre diversas persecuciones por su fe, y aunque su vida transcurre en un periodo particularmente movido en la historia de la región mesopotámica sobre la que se suceden diversos imperios, D. permanece en posición relevante no sólo bajo Nabucodonosor, sino también bajo varios de sus sucesores: Baltasar, Darío y Ciro. El libro de D. se cierra con una visión que tuvo lugar el año tercero del reinado de este último. El nombre de D. aparece en la lista de los israelitas que, a raíz de los decretos de libertad religiosa dados por Ciro, volvieron a Palestina (Esd 8,2; Neh 10,7), pero no hay ninguna prueba de que se trate de la misma persona. Un tradición tardía habla de su sepulcro situándolo en Susa (Elam).2. Texto, contenido y estructura del libro de Daniej. En la forma en que ha llegado hasta nosotros está escrito en hebreo (1-2,4a y 8-12), arameo (2,4b-7,28) y griego (3,24-90 y 13-14). En las biblias hebreas se recoge un texto breve (sólo los 12 primeros capítulos, menos 3,2490). Los Setenta, la Vulgata y demás versiones antiguas, añaden la historia de Susana (cap. 13), la de Bel y el Dragón (cap. 14), intercalan en 3,24-90 la Oración de Azarías y el Canto de los tres jóvenes (estos tres fragmentos reciben el nombre de partes deuterocanónicas).El libro, en su forma actual, puede dividirse en tres partes: narrativa (1-6), visionaria (7-12) y episódica (13-14).a) La sección narrativa (1-6) recoge una serie de episodios de la vida de D., enmarcados en el ambiente histórico, geográfico y cultural de los imperios neobabilónico y persa. El héroe central del relato es D. La narración es anónima y se habla de D. en tercera persona. Los episodios principales son los siguientes: D. y sus compañeros, educados en la corte babilónica, permanecen fieles a la Ley del Señor y en premio reciben la sabiduría y la capacidad de explicar los sueños (cap. 1); Nabucodonosor tiene un sueño, D. se lo interpreta, el rey reconoce al Dios verdadero y premia a D. (cap. 2); Nabucodonosor persigue a los tres compañerós de D. (a D. no se le menciona) porque se niegan a adorar la estatua que el rey ha mandado erigir; Dios los conserva ilesos en medio del fuego y el rey, en presencia del milagro, reconoce la potencia de Dios (cap. 3); D. interpreta otro sueño del rey: por su soberbia y arrogancia Nabucodonosor será arrojado del reino hasta que se humille; el castigo divino se cumple en la misteriosa enfermedad que aflige al rey, pero Dios lo cura y el monarca reconoce de nuevo la grandeza del Dios del cielo (cap. 4); Baltasar usa sacrílegamente durante un banquete los vasos del templo de Jerusalén, pero, aterrorizado por una escritura misteriosa que le decreta el fin, honra al siervo de Dios D. (cap. 5); por envidia de los sátrapas (v.) D. es arrojado a la fosa de los leones; Dios lo conserva ileso y Darío reconoce la potencia del Dios de D. (cap. 6).b) Sección visionaria (7-12). Está redactada casi toda en primera persona. Pone de relieve las cualidades extraordinarias de D. como vidente y profeta. Las visiones son cuatro: 1) D. contempla cuatro monstruos saliendo del mar; un anciano venerable los juzga; la cuarta bestia muere y las demás quedan impotentes; el anciano da al "Hijo del hombre" un reino eterno (cap. 7). 2) Un carnero es atacado por un macho cabrío; éste sale victorioso de la lucha, pero se le rompe el único cuerno que tenía, luego le salen otros cuatro y posteriormente un quinto; este poder adverso es destrozado sin intervención humana: el carnero representa el imperio medopersa, el macho cabrío el de Grecia, sus cuernos son sus sucesores, el quinto cuerno es Antíoco (cap. 8). 3) D. busca una explicación a los setenta años de la profecía de Jeremías sobre la duración del destierro; el ángel Gabriel le anuncia setenta semanas de años hasta que llegue una nueva era y el devastador sea destruido (cap. 9). 4) La era de salvación vendrá después de un tiempo de gran angustia (cap. 10); un ángel expone los principales sucesos de los reinos de Persia, Grecia y sucesores de Alejandro (cap. 11); después de la gran tribulación final, el pueblo de Dios saldrá victorioso por la intervención del ángel Miguel (cap. 12).c) Sección episódica (13-14). En la tercera parte (deuterocanónica) vuelven a aparecer episodios que ilustran la impotencia de los dioses paganos frente al poder de Dios: la historia de Susana (v.) describe la sabiduría de D., que hace triunfar la fidelidad y la justicia (cap. 13); siguen luego dos episodios: D. descubre el fraude de los sacerdotes de Bel y destruye su santuario (14,1-22); después mata a la serpiente adorada por los babilonios y Dios le libra de la fosa de los leones (14,23-42).Del esquema precedente resulta clara la unidad literaria, de finalidad y de pensamiento del libro de D. Después de una introducción (cap. 1), viene una parte episódica (3-6), precedida de un sueño introductorio (2); sigue la parte visionaria (8-12), precedida a su vez de una introducción (7), parecida a la del cap. 2; termina con una parte narrativa (14), precedida de una nueva introducción (13).3. Autor y origen. En cuanto al origen del libro, hasta fines del s. xix la opinión tradicional sostenía que el autor era D., cortesano en Babilonia en el s. vi a. C. y protagonista de la obra. Se invocaba para ello la tradición antigua, bíblica (1 Mach 2,59-60; Mi 24,15), profana (F. Josefo, Antiquitates Iudaicae, X,11,4.7; X1,8,5) y cristiana. Se encontraba una confirmación en las referencias de la obra al ambiente babilónioo y persa (desarrollo de la magia, estatuas colosales de reyes y de dioses, suplicio por el fuego y las fieras) y en la unidad de plan y desarrollo. A pesar de todo, ya en la antigüedad Porfirio (m. 354) atribuyó la obra a un autor de la época macabea (cfr. PL 25,91) y parte de la crítica moderna, basándose en las dificultades históricas, lingüísticas y redaccionales que presenta la obra en su factura actual, lo atribuye igualmente a un autor posterior a D., que lo habría compuesto entre el s. iii y u a. C. Los argumentos principales que se aducen err favor de una composición reciente son los siguientes: En el canon judío D. no figura entre los Profetas, sino entre los Hagiógrafos. Este hecho supondría que la colección de los Profetas estaba ya cerrada (se clausuró hacia el a. 200) cuando apareció la obra. El Eclesiástico, compuesto hacia el 200-170, no menciona a D. entre las glorias de Israel, recuerda en cambio a Isaías, Jeremías y Ezequiel (Eccli 49). El hebreo de D. parece posterior al s. vi y el arameo se encuentra a medio camino entre el arameo de los papiros de Elef antina (v.), s. v, y el de los s. ii-i a. C. Hay unas 15 palabras de origen persa que suponen una época posterior a la de la conquista de Babilonia por Ciro y tres de origen griego que hacen descender aún más la fecha de composición. El libro contiene imprecisiones sobre la historia babilónica y persa, y, en cambio, detalles muy precisos sobre la historia de los Macabeos (v.) y las guerras de los Seléucidas (v. SELÉUCIDA, DINASTÍA). La terminología sobre los ángeles, la resurrección de los muertos, el juicio final y las sanciones ultraterrenas presentan semejanzas con la de la literatura apocalíptica (v. APOCALIPSIS II), que empezó a difundirse en torno al s. iv. La redacción actual de la obra presenta una serie de anomalías, como relatos en primera y tercera persona, parte hebrea, aramea y griega, que resulta muy difícil atribuir a un solo autor más aún al D. del exilio.En la valoración de esos datos influyó, por lo que res.. pecta a la crítica del s. xix, el prejuicio racionalista que lleva a negar -o, al menos, a intentar disminuir- lo sobrenatural y, concretamente, la profecía. Si ese prejuicio se supera, muchos de los datos mencionados pierden en parte importancia y se pueden explicar de diversas maneras, es decir, sin necesidad de acudir a la hipótesis de otras épocas en su redacción. Por ello, tanto en el s. xix como en la actualidad, diversos críticos e historiadores protestantes y católicos siguen manteniendo la tesis tradicional. Otros, en cambio, se apartan de ella; entre ellos reina gran diversidad. Algunos atribuyen todo el libro a un autor anónimo de la época de los Macabeos (S. Driver, J. Kónig, J. Steinmann). Otros sitúan las visiones en la época macabea, entre el 164 y el 107, y las narraciones en el s. iii (J. G. Eichhorn, W. Baumgartner, H. Cazelles). Otros distinguen entre partes de redacción antigua, provenientes incluso de la época babilónica, y otras posteriores. Tal es, p. ej., la tesis de C. Schedl (Storia, o. c. en bibl.). Según este autor, el nombre de D. no es un pseudónimo, sino un verdadero escritor profético surgido en los años turbulentos del 522-520 a. C., que fue luego actualizado en la época macabea. Schedl establece la fecha de la vocación de D. a base de Dan 10,4, "el 24 del primer mes", y de Dan 11,1, "el año primero de Darío el Medo"; esa fecha corresponde al 7 mayo 521 a. C. En esos momentos el imperio persa se encontraba en plena ruina, provocada por la muerte inesperada de Cambises (a. 522) y la lucha por el poder entablada entre Darío y el mago Gaumata y otros varios aspirantes al trono, de tal modo que todo hombre reflexivo se preguntaba ansiosamente por el,significado de "aquellas cosas espantosas" (Dan 12,6). Un lector de la época de los Macabeos actualizó este texto primitivo con sus propias reflexiones y lo aplicó a la época calamitosa en que vivía. La visión originaria contenida en los cap. 10 y 12 fue dividida en dos secciones, separadas por el cap. 11, que es una consideración histórica retrospectiva compilada en la época macabea.4. Problemas de cronología. El libro de D. presenta algunas cuestiones complejas por lo que se refiere a situar cronológicamente algunos de los hechos de los que habla. Vamos aquí a considerar algunas de las más significativas. Digamos en primer lugar que para resolver esas cuestiones es necesario tener en cuenta los datos basados en la famosa inscripción de Darío de Behistun, editada críticamente por F. Weissbach (Die Keilinschrilten der Achümeniden, Leipzig 1901), datos a los que hasta ahora se había prestado poca atención, y basados también en las tablas cronológicas babilónicas (cfr. R. A. Parker-W. H. Aubberstein, Babylonian Chronology 626 B.C.-A.D. 75, "Brown University Studies" vol. XIX, 1956). Según estos documentos, la muerte de Cambises ocurrió en julio del 522. A su muerte siguieron grandes disturbios en todo el imperio. El 11 mar. 522 subió al trono de Persia Bardiya, quien fue vencido y muerto por Darío (v.) I el Grande el 29 sept. 522. El 6 oct. 522 subió al trono de Babilonia Nabucodonosor 111, a quien Darío consideró como un rebelde y le declaró la guerra, venciéndolo una vez a orillas del Tigris el 13 dic. 522 y una segunda vez en Zazannu el 18 del mismo mes y año. El 22 dic. 522 Darío entró victorioso en Babilonia, "subiendo así al trono del reino de los caldeos" (Dan 9,1). El primer reinado de Darío en Babilonia duró apenas nueve meses (desde el 22 dic. 522 hasta el 8 sept. 521), porque después de esta fecha se apoderó del trono Nabucodonosor IV (Araka), haciéndose pasar por hijo de Nabonides. Su reinado, sin embargo, duró muy poco, pues el 27 nov. 521 fue vencido y ajusticiado por Darío. El segundo periodo de gobierno de Darío en Babilonia comenzó el 25 en. 520. Entre tanto estalló una rebelión en Media por obra de Fraortes. La batalla decisiva se libró en Kurundni el 7 mayo 521. Darío venció al rebelde y la victoria fue tan estrepitosa que los contemporáneos le dieron el nombre de Darío el Medo, no porque fuera de nacionalidad meda, sino por ser el vencedor de los medos. De esta manera se resolvería el enigma, hasta ahora insoluble, de la mención de un Darío el Medo en el libro de D., y la profecía de las setenta semanas de años (Dan 9) se sitúa, por consiguiente, entre el 7 mayo 521 (fecha de la vocación de D.) y el 8 sept. 521 (fin del primer periodo de reinado de Darío en Babilonia), y la profecía da una respuesta a las angustiosas preguntas que se hacían los piadosos judíos residentes en Babilonia en aquellos momentos en que el imperio persa se estaba desmoronando.Respecto a las noticias sobre Baltasar (v.), que el autor de D. menciona como rey de Babilonia (Dan 7,1) y de los caldeos (Dan 5,30), la historia profana nos informa que fue asociado al trono por su padre Nabonides, cuando éste se retiró a Teima (cfr. Ancient Near Eastern Texts relating to the Old Testament, ed. por J. B. Pritchard, 2 ed. Princeton 1955, 305) y qúe fue expulsado de Babilonia, junto con su padre, cuando Ciro (v.) 11 el Grande conquistó la ciudad el 539, pero en ninguna parte se dice que haya muerto el 539, por consiguiente no hay ninguna imposibilidad en admitir que intentara apoderarse del trono de Babilonia y que lo consiguiera en los turbulentos años del 522 al 520, cuando Darío se debatía por recuperar y reorganizar el imperio persa. El "primer año de Baltasar" (Dan 7,1) habría comenzado según esta hipótesis en octubre del 521. Las "cuatro bestias" que D. contempló saliendo del mar (Dan 7,2 ss.) pueden muy bien referirse a los tres reyes rebeldes que venció Darío entre el 522 y el 520, es decir, Nabucodonosor 111 de Babilonia (el león), el insaciable Bardiya (el oso) y Fraortes (la pantera). La cuarta bestia, la más terrible y que destruía todo a su paso, sería el propio Darío. Más allá de Darío, esa misma bestia se refiere a Antíoco IV Epífanes, cuyos rasgos pondría de manifiesto el redactor de época macabea -en el caso de que sea aceptada esa hipótesis-, y posteriormente, en perspectiva profética, a otros imperios.Respecto a la juventud de D. hay que advertir que el joven hebreo fue educado en la corte babilónica, pero esto no es probable que ocurriera antes de la liberación de Jeconías hacia el año 560. Daniel, por consiguiente, debió de nacer ya en el destierro. Permaneció al servicio del rey de Babilonia hasta el año primero de Ciro (a. 539). Con la caída de Babilonia en manos de los persas, terminó también su servicio en la corte (Dan 1,21). Volvió a ocupar su puesto en la corte, cuando subió al trono otro rey babilónico, es decir, Nabucodonosor- IV (a. 521). Basándose en Dan 1,1, en que se habla del año tercero de Joaquim (lo que correspondería al 605 a. C.), los autores afirman generalmente que D. fue deportado de Jerusalén a Babilonia en tiempo de Nabucodonosor 11 (v.) el Grande, precisamente el 605/604. Contra esta afirmación se pueden poner dos serios reparos. En primer lugar, no consta en ningún documento profano que haya habido un ataque a Jerusalén por parte de Nabucodonosor el año 605/604. En ese año, que es el cuarto de Joaquim (Yéhóyagim), Nabucodonosor subió al trono de Babilonia. Tal vez, habría que hacer una corrección al texto; en vez de "En el año tercero de Yéh6yagim" (Dan 1,1), debería leerse "En el mes tercero de Yéhóyakin (Jeconías)". Éste reinó sólo tres meses y después de la primera conquista de Jerusalén (a. 597) fue llevado cautivo a Babilonia y con él fueron transportados los vasos sagrados del templo. En segundo lugar, el relato de la educación de D. en la corte babilónica (Dan 1,3-21) sólo habla de Nabucodonosor en 1,18, texto que bien pudiera ser una interpolación posterior, pues en todos las demás casos siempre usa el término genérico de "rey" (1,3.5.8.10.13.15.18.19). Por otra parte, Dan 1,1-2 no menciona para nada á D., ni se dice expresamente que haya sido llevado cautivo a Babilonia. El acento se pone únicamente sobre la conducción de los objetos sagrados del templo. Por eso es muy probable que esos dos versículos hayan pertenecido originariamente al relato del banquete de Baltasar (Dan 5), durante el cual fueron usados y profanados los vasos sagrados. Según esto, el sueño de la estatua (Dan 2,1-49) no se refiere a Nabucodonosor el Grande, sino a Nabucodonosor IV, a quien D. anuncia la caída de su reino. Desde el punto de vista histórico, "la piedra que se desprendió del monte" (Dan 2,34) podría designar a Darío, que bajó de los montes del Irán para aniquilar al rebelde; aunque es claro que el profeta va más allá e intenta describir la historia final. El sueño del árbol cortado y abatido (Dan 4,1-34), a pesar de las manipulaciones posteriores que ha sufrido, es un nuevo testimonio del terror que invadía al usurpador Nabucodonosor IV. Como sabemos por inscripción de Behistñn, Darío lo venció y lo hizo ajusticiar. El banquete de Baltasar (Dan 5,130) no tiene nada de inverosímil, pues ya sabemos que en aquellos trágicos años del 522 al 520 hubo varios usurpadores del trono babilónico, entre los cuales pudo hallarse muy bien Baltasar. El relato de D. en la fosa de los leones (Dan 6,1-29) ha debido de sufrir también manipulaciones posteriores. En vez de, "Darío el Medo recibió el reino a la edad de sesenta y dos años" (Dan 6,1), habría que leer "En el año segundo en que Darío el Medo recibió el reino". Esta corrección concuerda perfectamente con el curso de los acontecimientos, pues sabemos por la historia que Darío comenzó a reorganizar su vasto imperio el año segundo de su gobierno (a. 520-519), después de haber vencido a todos sus enemigos y pacificado el país.5. Lengua. Como hemos dicho el libro nos ha llegado en tres lenguas: hebreo, arameo y griego. ¿Cuál fue la lengua del texto original? No existen más que hipótesis. Unos sostienen que la lengua original fue el hebreo, sustituido en las partes perdidas por una traducción aramea (F. Lenormant, J. Góttsberger, P. Haupt, G. M. Price). Otros dicen que el arameo fue la lengua original y el hebreo una traducción unida a su admisión en el canon (K. Marti, R. H. Charles, H. L. Ginsberg). Otros admiten las dos lenguas como originales, el arameo para la parte histórica dirigida al pueblo, o como "cita en boca de arameos" (Dan 2,4), y el hebreo para las visiones dirigidas a los doctos (A. Merx, H. H. Rowley). Quienes aceptan la hipótesis de dos épocas en la redacción del libro (la caldea-persa y la macabea) explican las cosas más o menos así: El texto más antiguo de D. fue escrito en arameo y terminaba en Dan 7,28: "Hasta aquí, fin de las palabras". El contenido fundamental de esta obra se encuentra en Dan 2,4b-7,28. A este núcleo primitivo debía pertenecer también el relato de la vocación profética y la profecía de las setenta semanas, que actualmente se encuentran en Dan 9-12 en forma muy reelaborada en la época macabea. En tiempo de los Macabeos un escritor judío tradujo el texto primitivo al hebreo, lo amplió con datos históricos de su tiempo y actualizó las antiguas profecías y visiones. A él se debe también el orden actual de los capítulos. De esta disposición se originó luego una cierta oscuridad en la cronología. Una vez concluido el texto arameo-hebreo, los traductores griegos lo completaron con otras fuentes añadiendo las partes deuterocanónicas (13-14) al final del libro y, en el relato de los tres jóvenes arrojados al horno, intercalaron varios himnos (3,26-45; 51-56; 57-90). La Biblia hebrea puso a D. entre los Hagiógrafos y no entre los Profetas, porque el libro adquirió la forma actual después de cerrado el canon de los Profetas. La solución definitiva al problema lingüístico de D. queda aún abierta. Los manuscritos de Qumrán han dado a luz tres fragmentos de D., dos en arameo (Dan 3,23-30) y otro que incluye el paso del hebreo al arameo (Dan 2,2-6).6. Finalidad de la obra. El libro de D. nos habla de un Dios solo y Señor universal, los príncipes inmortales del cielo, el espíritu maligno siempre al acecho para tentar, el reino futuro, la alianza, el juicio final y la sentencia definitiva de Dios. En el momento de su vocación D. recibe la garantía de que triunfará, finalmente, el reino de Yahwéh de los ejércitos y no el reino del dios de los persas de cuño zaratustriano. Detrás de las luchas de su tiempo, D. contempla en acción a las potencias demoniacas y celestiales y comprende que las fuerzas del mal no podrán impedir la realización del reino de Dios. En aquellos tiempos turbulentos y calamitosos el pueblo de Dios no está solo ni se halla abandonado. Dios viene en su ayuda por medio de su guerrero celestial, el príncipe Miguel. El libro de D. intenta también sostener la fe y reavivar la esperanza de los judíos perseguidos por Antíoco Epífanes. Es un mensaje de exhortación y consuelo. El perseguidor será aniquilado, terminará la persecución y comenzará el establecimiento del reino de Dios. En definitiva, es Dios, no el hombre, quien dirige el curso de la historia. La obra esboza una teología de la historia válida para todo tiempo, y se anuncia el triunfo definitivo del Mesías (v.). Cristo se refiere repetidas veces a él, aplicándose a Sí mismo uno de los títulos mesiánicos formulados en D.: el de Hijo del hombre.V. t.: APOCALIPSIS 11; BALTASAR; ADVENTISTAS.0. GARCÍA DE LA FUENTE.
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