Cuenca (españa) II. Visión General. GEOG.
Categoria:
Geografía
La provincia de C. es una de las de mayor extensión superficial. Su capital dista de Madrid 163 Km. por carretera; 190 por ferrocarril. El terreno es muy variado. Dos quintas partes son específicamente montañosas, otras dos manchegas y sólo una alcarreña. Está surcada por el Júcar uno de los ocho grandes ríos de la geografía nacional y otros varios de menos importancia: Cabriel, Guadiela, Escavas, Guadalaviar, Záncara y Cigüela. Nace también en su territorio el Tajo, cuyas aguas, muy próximas durante siglos en su origen a las del Júcar, se orientan pronto en dirección opuesta, por lo que uno desemboca en el Atlántico y otro en el Mediterráneo. Injustamente olvidada por los poderes públicos, se desaprovecharon por ello sus enormes posibilidades de riqueza y perdiéronse en el olvido monumentos artísticos e históricos de inapreciable valor. La belleza de sus paisajes y la significación histórica de sus lugares, escenario muchos de ellos de trascendentales episodios, hacen de C. región específicamente turística.De entre todas las ciudades españolas, es quizá la de fisonomía más original. Toledo o Segovia, p. ej., pueden ofrecer al visitante una mayor riqueza arquitectónica. C. sólo posee un monumento realmente importante, la catedral, arquetipo de la escuela ojival anglonormanda, pero la ciudad, por su singular estructura, desborda el concepto previo que como lugar pintoresco pudo forjarse. C. es más recia, esencialmente distinta a todas y con uncaudal inédito de sugestiones a causa de las razones extrañas que condicionaron su historia. Situada en lo alto de un espinazo roquero que abrazan dos ríos, C., durante siglos, creció, alzándose sobre sí misma sin rebasar su pétreo cinturón defensivo; sus callejuelas, encajonadas, suelen desembocar en las aspilleras de la muralla o en las terrazas naturales alzadas a varios centenares de metros sobre las aguas, desafiando el vértigo desde el hombro de las rocas. No es de extrañar, pues, el origen mítico de la ciudad, creación del mismísimo Hércules, que alzó como uno más de sus legendarios trabajos la arquitectura inverosímil de estas casas de nueve, diez y hasta once pisos erigidos sobre las rocas. Ayuda a pensar así la singularidad del pedestal rocoso sobre el que se cimenta la ciudad, modelado por las aguas y los vientos como pudiera haberlo hecho un escultor genial. Sin forzar la imaginación, hasta el menos dado a figuraciones ve en estas rocas figuras que convierten el conjunto en un friso gigante con rara unidad plástica y en el que se suceden torsos poderosos, raros cortejos y extrañas figuras señeras destacadas de vez en vez. El gran Miguel de Unamuno decía que C. ciudad era paisaje natural, "castillo interior de las entrañas de la tierra madre, aún más que aquel del que hablaba Santa Teresa". Así es, expresada en frase magistral, la correlación entre la ciudad y el paisaje que la rodea, paisaje que se continúa en el mismo tono durante kilómetros, lo que hace de C. una mágica entrada al mundo de portentos resumido en la llamada "Ciudad Encantada" que 30 Km. más allá ofrece al mundo los más originales fenómenos de erosión conocidos. Hasta los menos imaginativos, después de conocer la ciudad os hablarán de una misteriosa impresión que deforma las imágenes reales y que desconcierta al visitante, sumiendo el recuerdo en un mundo extraño desarrollado oscura y apasionadamente entre unos cuantos datos concretos correspondientes a lugares conocidos. De esta sobrerrealidad puede pasarse a la cábala o a la abstracción, según el temperamento de quien vive el ambiente. Lo difícil es mantenerse fiel a la realidad circundante sin perderse en los pasadizos de la sugestión que C. entreabre para toda sensibilidad levemente despierta. La expresión plástica de esta sobrerrealidad ha enriquecido el panorama artístico contemporáneo con creaciones de sorprendente originalidad.C. es, repetimos, serrana, alcarreña y manchega, pero de las tres regiones es la Sierra quien le confiere carácter más original. Y es que la Serranía de C. posee una maravillosa unidad, obra gigante modelada por las manos del agua y del viento, como si quisieran encerrar en la dura materia secretos inexpresables en otro lenguaje que no sea el de las formas. Por ello a cada momento surgen sus "ciudades encantadas"; porque no lo es sólo la que detenta el título, situada a 30 Km. de la capital, cima que erige sus piedras agrupadas bajo las leyes de una misteriosa voluntad esotérica. En este lugar parecen haberse dado cita raras formas diseminadas en un amplísimo sector de la Serranía y que constituyen allí como la selección, índice o muestrario de aquello que adjudicado a míticos creadores se explica mejor que pensando en las fuerzas ciegas de la Naturaleza. Domina esta antología de formas en la piedra el conocido "Tormo Alto", que ha pasado a ser como la expresión en piedra viva del mundo extraño que a su alrededor, y de muy distintas maneras, desazona al visitante de la inmensa ciudad silenciosa. Erguido, casi en retadora actitud o en trance de vuelo, amarrado apenas por un pedúnculo que las aguas y los vientos adelgazan día a día, esta maravillosa cometa de piedra se aproxima lentísimamente, cada año una décima de milímetro, al límite fatal, inexorable, en el que, abatida, hundirá su gallarda proa en el suelo.También en las proximidades de C. se ofrece, repetido en múltiples ejemplos, otro curioso fenómeno geológico: son las depresiones o hundimientos del terreno llamadas "torcas", a manera de embudos colosales o gigantes cráteres, producidos por la acción de las aguas subterráneas en silenciosa y milenaria labor que ocasiona gigantescas oquedades hasta provocar el hundimiento de la bóveda. El diámetro de estas torcas suele exceder del kilómetro y su profundidad alcanza a veces un centenar de metros.El gran acontecimiento conquense es su Semana Santa; para los de esta región, algo más que una conmemoración piadosa. Y es que cada uno se ve representado fielmente en los desfiles penitenciales, en sus dolores y afanes. C. repasa las cuentas de sus rosarios procesionales con la noble sobriedad de su castellanía. Pasan los encapuchados silenciosos arrastrando su dolor por el ir y venir de sus callejas; por el avanzar y retroceder y llegarse al borde del abismo, sobre la cortada impresionante de las hoces o adentrándose por la profunda grieta urbana, que desemboca en la plazuela irregular formada con la naturalidad dolorosa de los solares que edificios fueron y donde la vivienda insignificante se enfrenta con la soberbia portada o el medianil que los años no han patinado todavía y donde quedan huellas de los interiores, de las intimidades de otros tiempos. Y acompaña a las procesiones el gemido largo del Miserere conquense, poderosa expresión musical de un alma que pide misericordia, o los clarinazos destemplados, las notas agrias, lívidas, de la madrugada del Viernes Santo, relámpagos en la amanecida sobre el fondo ronco, diríamos morado, de los tambores.Son numerosos los lugares de esta provincia dignos de mención por su belleza natural, por las obras arquitectónicas que encierran, por haber nacido en ellos personajes ilustres o por su vinculación a episodios importantes de la historia de España. Señalemos, muy a la ligera, la Hoz de Beteta y el Solán de Cabras, típico balneario fernandino, en una extensa zona que debería ser declarada parque nacional; las villas de Priego, Belmonte, Cañete y San Clemente, en las que parece haberse varado el tiempo en un año del s. xvi; el castillo de Belmonte, acaso el mejor conservado de todos los monumentos españoles de índole militar, gracias al celo de la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III, que lo restauró a finales del siglo pasado devolviéndole el esplendor que le habían arrancado los años y que en tiempos de los Pacheco tuvo; la villa de Alarcón, Alarcón de las Altas Torres, alzada en lo alto de una península natural formada en un amplio recodo del Júcar, conserva su carácter medieval, circuida de murallas y coronada por las torres de su elevado castillo, hoy Parador Nacional de Turismo; el monasterio de Uclés que fue cabeza de la Orden de Santiago y que por su poderosa y bella arquitectura ha sido llamado "El Escorial de La Mancha"; Huete, ciudad de regio carácter, con importantes monumentos, solar de ilustres familias y patria de grandes figuras, entre ellas el franciscano fray Ambrosio Montesino, uno de los poetas más grandes de su tiempo, confesor de la reina Isabel la Católica.Las gentes de esta tierra se caracterizaron siempre por la rapidez del pensamiento y la audacia de la acción. Por ello abundan los nombres de pensadores que se adelantaron a su época y de personajes esforzados que se arriesgaron en empresas temerarias. De C. fueron el card. Gil de Albornoz, que reconquistó los territorios de la Iglesia; Alvaro de Luna, político decisivo en su siglo, que gobernó con una concepción del Estado totalmente moderna; Hernando de Alarcón, que mereció por su caballerosidad ser nombrado custodio del rey Francisco I y del papa Clemente VII; Alonso de Ojeda que acompañó en su segundo viaje a Colón y amplió el descubrimiento de Venezuela; el capitán Julián Romero, llamado "el de las hazañas", fue considerado "la mejor pica en Flandes"; fray Luis de León, máxima representación de la poesía española en el Renacimiento; fray Melchor Cano destacó con otros conquenses en la ocasión de Trento; y los jesuitas Luis de Molina, Hervás y Panduro, éste acaso la mente más audaz de todas las épocas, creador de una nueva ciencia, la Filología comparada. En las artes señalemos a los Becerril, maravillosos orfebres que cincelaron las más bellas custodias españolas.C. resignada, que lleva esperando años su incorporación definitiva a la vida española más fecunda, recompensa pródigamente a quien la visita dejándole en el alma con el gozo la semilla de su inquietud, la severa preocupación o tremenda pregunta que ella formula. Misteriosa y clara, quien la visite quedará prendido en las redes de su encanto.**AUFEDERICO MUELAS.
**HISCUENCA (España) III. HISTORIA.
La historia de C. y su provincia es una de las menos conocidas de España. Los documentos que pueden ayudar a conocerla permanecen inéditos, encerrados en el archivo de la catedral y en diversos lugares. Esto explica la brillante literatura con que se le ha descrito siempre, cuyo pasado se envuelve en leyendas que oscurecen cada vez más su acontecer histórico. Característica a lo largo de toda su historia es el poder ejercido por sus obispos, por las órdenes militares y por las órdenes religiosas en general; poder que ha desbordados límites eclesiásticos y ha influido en la vida de los conquenses.La historia documentada de C. comienza con la alcazaba existente ya en el 784, por lo que parece ser que el origen de la ciudad es musulmán. De la época primitiva, de su Edad Antigua, poco o nada se conoce. Hablar de los iberos, de los romanos o de los visigodos en C. parecería un tópico, por falta de apoyatura epigráfica y documental; por ausencia, en definitiva, de fuentes incluso parrativas. En la época califa] (s. X), C. es considerada ya región de cría de corderos. Al descomponerse el califato de Córdoba, en 1031, C. pasa a pertenecer al reino de taifa de Valencia (cfr. A. Prieto Vives, Los reyes de taifas, Madrid 1926) y luego al de Sevilla, después de haber estado, durante algún tiempo, en poder de los Banu diINun de Toledo, que se hacen con el reino de Valencia. Es precisamente alMu’tamid de Sevilla quien arrebata a los Banñ _di1Nun la plaza de C., que junto con Huete (también conquense) y otros lugares forma parte de la dote de Zaida, hija de alMu’tamid (v.), entregada por éste a Alfonso VI (v.) de León y Castilla, a cambio de su alianza frente a los almorávides (v.). Conquistada C. por éstos, la penetración almorávide llega hasta Valencia, tres años después de la muerte del Cid (v.) en 1099. Desde entonces, C. comienza a tener un extraordinario valor estratégico como zona de paso a Valencia, y más tarde adquiere importancia en las luchas entre castellanos y aragoneses, siendo ambicionada por éstos en su expansión hacia el S.El 21 sept. 1177 cae definitivamente C. en manos cristianas, al ser conquistada por Alfonso VIII de Castilla (v.), quien crea la diócesis de C. (v. iii) y concede fuero a la ciudad, al tiempo que la repuebla. En 1354, C. se une a otras ciudades en contra de Pedro 1 de Castilla (v.) y a favor de su esposa Blanca de Borbón, abandonada por el rey pocos días después de la boda (1353) (cfr. J. Catalina García, Castilla y León durante los reinados de Pedro I, Enrique II, Juan I y Enrique III, I, Madrid 1891). Un año después de la rebelión, Pedro I pacta con Alvar García de Albornoz, alcaide de C., porque le interesaba tener sujeta la frontera de Aragón en la zona conquense. En las luchas de Enrique de Trastámara contra Pedro I, C. sigue el partido del primero y reconoce su soberanía, haciéndose sentir entonces sobre C. las pretensiones anexionistas de Aragón, cuyo rey Pedro IV confiaba recibir la ciudad, prometida por Enrique de Trastámara a cambio del apoyo aragonés a su causa por el trono de Castilla.Por seguir el partido de Isabel la Católica en su pugna contra Juana la Beltraneja, también por el trono de Castilla, recibe el título de "muy noble y muy leal". Es entonces, en la Edad Moderna, concretamente en el s. XVI, cuando C. registra su mayor auge, basado en el desarrollo de la industria textil y en su ganadería. La población del equivalente de la actual provincia de C. alcanzaba entonces los 300.000 hab., cifra muy parecida a la actual. En el s. XVII, comienza a despoblarse y la ciudad queda reducida a 1.500 hab. Poco es lo que, desde entonces, ha prosperado C., que en el movimiento de las Comunidades se declara comunera. En la guerra de Sucesión, es conquistada por las tropas del archiduque Carlos, en 1706, y recuperada pronto por Felipe V. En 1808, durante la guerra de Independencia (v.), es asaltada por los franceses y reconquistada por Juan Martín Díaz el Empecinado. Vuelve a ser escenario de lucha durante las guerras carlistas (v.) y republicana en la Guerra española de 193639. Conquistada por las tropas nacionalesen 1939, ha seguido un lento proceso de evolución, con una escasa población activa en parte no calificada, y un fuerte contingente de emigración debido a la escasez de medios de vida.CARLOS R. EGUIA.
BIBL.: Además de la citada en el texto, A. GONZÁLEZ PALENCIA, Fuentes para la historia de Cuenca y su provincia, Madrid 1944; A. SALAZ SERRANO, Cuenca y su provincia, Barcelona 1960.
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