Corresponsal de Prensa MEDIOS
Categoria:
Medios de Información
Llámase así al periodista que trabaja en un lugar ajeno a la ciudad en que aparece su periódico o donde radica su agencia, y que envía a estos medios crónicas, informaciones o noticias, con regularidad. Se le conoce también con el nombre de redactor corresponsal. Por la importancia de su trabajo, el c. de p. puede clasificarse en local, nacional o internacional, según que transmita noticias desde un pueblo, una ciudad nacional o una capital extranjera. El c. de p., en cualquiera de sus variantes, debe ser un periodista muy completo, capaz de abordar por sí mismo todas y cada una de las funciones especiales de un reportero, un articulista, un crítico, un cronista mundano, un redactor judicial o un redactor deportivo, ya que necesitará de sus diversas técnicas para cumplir bien su cometido. El de c. de p. ha sido, con bastante frecuencia, un buen comienzo en la vida de muchos periodistas de éxito. Los periódicos y las agencias suelen tener unos códigos o reglas especiales para sus c. de p., que, aparte de contener una doctrina de preceptiva general periodística, abundan en recomendaciones y orientaciones específicas, acomodadas al público, a la política y a la idiosincrasia a los cuales sirven. Estas normas resultan, para los jóvenes que se inician en esta tarea, como los primeros palotes de un adiestramiento profesional. Contienen desde reglas de sencilla redacción, hasta métodos de transmisión de mensajes, y, generalmente, están salpicadas de una experiencia pragmática que ahorra trabajo al último equipo receptor de las redacciones. El c. de p. local, comúnmente, por vivir las necesidades y los problemas de su ciudad con entusiasmo profesional, ha de verse precisado constantemente a valorar el interés de una noticia de modo extralocal, pensando qué alcance ha de tener lo que ocurre en torno de él a escala nacional. El peso de la localidad sobre el c. de p. ha de ir aligerado con adecuada valoración, y su actualidad entre árboles debe siempre hacerle ver el bosque del interés supraregional.El mundo del c. de p. extranjero es más amplio, diverso y vario. Es éste el representante de su periódico allende las fronteras, y a veces, si el periódico goza de rango internacional, como The Times de Londres, siendo todo eso, es mucho más. Es célebre la expresión del famoso diario inglés, cuando proclamaba que Inglaterra tenía en cada país dos embajadores: el del Gobierno y el corresponsal de The Times.El c. de p. extranjero es eI periodista que recoge la atmósfera del mundo desde el centro de las grandes capitales, y la convierte en rico fruto de opinión. Alterna, visita, habla, lee, entra, sale, escucha, intuye, espera, y a veces desespera, anuncia, escribe... y triunfa, muchas veces con escasez de medios materiales y otras dentro de un disciplinado anonimato. Ha de adaptarse desde el primer momento a los hábitos y costumbres del país donde trabaja, para, de ese modo, tener una más exacta comprensión de sus condiciones de vida, y para adquirir una experiencia psicológica que podrá jugar siempre como una gran baza. La lectura de los periódicos locales le dirá mucho; algo, los funcionarios no recelosos; bastante, las esposas de los dirigentes; un poco, los jefes de la oposición; menos, los financieros, y tal vez le dé la clave de la calle conversar con un detallista de ultramarinos, escuchar a un sereno u oír las cuitas de un taxista. Podrá dudar de los portavoces oficiosos, pero deberá conocerlos, y habrá de tener presente que en la información cotidiana que envíe a su periódico o agencia deberá contar todo lo que cuenten los demás y algo más. En ese algo más de cada día estará su permanente dificultad, el quid del complicado oficio del c. de p.El c. de p. será su propio jefe, pero esta autonomía entrañará una responsabilidad a la hora de tratar un tema, al momento de seleccionar varios entre uno y al instante de hacerse eco de un rumor que, en unos minutos, podrá convertirse en una verdad periodística sensacional o, lo que es peor, en un infundio de manifiesto descrédito. El olfato profesional, no obstante, podrá ser su guardaespaldas contra las audacias y su ángel tutelar frente a las derrotas. En la más brillante biografía de los mejores c. de p. figuran éxitos y fracasos, precisamente por trabajar solos, frente a otros hombres también solos y que igualmente acechan competencias y primicias.Tiene el c. de p. algunas conexiones con la función del enviado especial (v.) y del gran reportero (v.), pero de éstos le separa la fidelidad permanente a la ciudad en que está afincado. Si la política de su periódico coincide con la del país en que reside como c. de p., todo serán facilidades; si, por el contrario, no es así, tendrá bastantes dificultades, que, en una situación límite, abocarán, finalmente a la expulsión. La habilidad del c. consumado es aquella que, haciéndole servir objetivamente a su periódico o agencia e informar verazmente a sus lectores, le aparta de aprovechar demasiado las facilidades que se le brinden, y le ayuda a sortear con ingenio las amenazas qué le rodeen. Ahora bien, estos factores antitéticos sólo se conjugan con una conducta profesional intachable. No obstante basarse el éxito de los mejores c. de p. en el lenguaje que emplean, para la mejor comprensión de grandes masas de lectores, también es verdad que estos periodistas obtienen su mejor triunfo cuando, después de haber familiarizado a sus lectores con su estilo, logran hacerles llegar observaciones o juicios que, en ocasiones, las censuras de los países desde los cuales actúan no habrían permitido. Ese misterioso arte de hacerse entender entre líneas encarece excepcionalmente algunos servicios difíciles del c. de p., sobre todo en emergentes circunstancias revolucionarias, bélicas o de gobiernos de fuerza. Oficio duro y peligroso el del c. de p. Oficio tiránico, pero fascinante, que ofrece, en recompensa, la más hermosa de las satisfacciones: la de la afirmación individual.Un género muy especializado del c. de p. es el corresponsal de guerra. Tiene éste, sobre las dificultades genéricas del c. de p., aquellas propias del acontecimiento que va a cubrir y entre las cuales destaca, en primer lugar, el riesgo de la vida. Riesgo confirmado por la muerte heroica de cientos de corresponsales, desde hace un siglo a nuestros días. Las otras dificultades estriban en cómo, por sentir su oficio con veracidad, ha de compartir las privaciones de la población civil, viviendo con ella e identificándose con sus dolores; y también, en frecuentes ocasiones, ha de llegar hasta las mismas líneas de fuego, para comunicar a su periódico o agencia la realidad de las batallas. En esa línea de observaciones y fuentes de información que va de la retaguardia a la vanguardia, le acechan dos amenazas ant¡periodísticas casi insalvables: la censura y la propaganda. Son los dispositivos oficiales que circundan su quehacer, en el primer caso, para que silencie lo que los Estados Mayores estimen secreto militar, y en el segundo, para que exalte lo que dispongan quienes mueven los recursos de una acción psicológica triunfalista. Un afán insobornable de neutralidad llevará al buen c. de p. a vivir acechado por el peligro de que se le acuse de espía o de corrupción. Saldrá siempre airoso de todos los trances, si a la ética de una conducta digna une el afán de esclarecer con testimonios irrecusables un deseo de servir con humanidad los altos intereses de los pueblos en pugna.Habrá veces en que una información costosa, trascendente, gravemente indiscreta, quede inédita, apresada en su carnet, porque él mismo considere que antes que periodista es caballero, y que esa noticia, puesta en curso, podría ser dramáticamente beligerante. Ocasiones habrá, por el contrario, en que sean los demás quienes le obliguen a él a callar algo que la dignidad humana exigiría airear a los cuatro vientos. Cuando pasen los años, tal vez sus recuerdos, hechos libros de memorias, revivan la grandeza de sus nostalgias profesionales, y, cobrando nueva actualidad, los silencios de ayer podrán convertirse en arquetipos de deontología profesional o en piezas de acusación para la Historia, pues nunca mandan los mismos hombres en diferentes épocas.JOSÉ ALTABELLA.
BIBL.: J. ALTABELLA, Corresponsales de Gue ra. Su historia y su actuación, Madrid 1945.
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