Coronación
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Varios
Concepto y origen. El acto de la c. constituye una ceremonia pública solemne, que en la Historia forma parte de la entronización. El hecho de la c. ha servido de punto de partida a los historiadores para establecer la cronología de los reinados, pero la c. no es requisito indispensable para la entronización de un monarca. De hecho, en las monarquías occidentales, incluidos los reinos medievales de la península Ibérica, se prescinde muchas veces de la ceremonia de la c.Según se deduce de algunos relieves egipcios, como el del templo de Edfú, la c. constituía un acto de la entronización del faraón, a quien se representa con sus atributos reales. El uso de la corona era frecuente entre los persas, de quienes lo imita Alejandro Magno, trasladando entonces (s. IV a. C.) a Occidente la costumbre oriental de usar corona. Entre los romanos, sin embargo, sólo los Emperadores del Bajo Imperio usaban corona, pero con carácter simbólico. No existía entre ellos la ceremonia de la c., que no encajaba en su concepto de imperio (v.), diferente de las monarquías orientales. En los reinos de Israel y de Judá, a la c. acompaña también la unción (v.), entre una serie de ceremonias que culminan en la entronización. La c. supone, por parte del monarca, la aceptación de un poder y autoridad que le son entregados, por herencia o por elección. Pero no requiere la aceptación, por parte del pueblo, de su autoridad y poder reales, aunque en las monarquías llamadas de derecho divino se prescinda del consenso popular. La aceptación del rey por el pueblo se efectuaba después de la c., de la unción (si la había), y de la entronización. El acto de aprobación popular recibía el nombre de aclamación (v.).C. y unción eran dos ceremonias parejas en los reinos de Judá e Israel, según se describe en los libros de los Reyes y de Samuel. También eran ungidos los reyes hititas y sirios, pero no es probable que ocurriera lo mismo con los faraones egipcios. Por la unción, se confería almonarca un carácter sagrado que no le daba la c. Entre los judíos, constituía una especie de investidura real como representante de Yahwéh. Y así como la corona, que simboliza un reino, se recibía del pueblo, la unción tenía un carácter religioso y era conferida por los profetas. Los israelitas distinguían entre la c. en el templo, ceremonia religiosa consistente principalmente en la imposición de símbolos reales y completada con la unción, entronización y aclamación, y la c. en palacio, ceremonia civil más sencilla, caracterizada por la presentación de homenaje de los súbditos, comenzando por los familiares, nobles, funcionarios, etc.Práctica y modalidades. Así como en las monarquías hereditarias la c. es únicamente el reconocimiento de un derecho, en las monarquías electivas, sin embargo, la c. confirma la elección. La unción se difunde en Occidente a través del cristianismo. A partir de la conversión de Recaredo al catolicismo (589), los reyes visigodos son coronados y ungidos. Esta costumbre se mantiene en los reinos hispánicos de la Alta Edad Media, pero se pierde a partir de la Baja Edad Media (s. XIV). En los rituales de la c. conservados (el de la Bibl. de El Escorial, p. ej.), pueden verse las costumbres de los reyes leoneses y castellanos a este respecto. En Aragón, Pedro IV el Ceremonioso, que fue coronado en la Seo de Zaragoza después de jurar los fueros y privilegios aragoneses, reguló la ceremonia de la c. en su Llibre de les Ordinacions de la Real casa de Aragó. Anteriormente, los reyes aragoneses eran ungidos y coronados normalmente en la Seo de Zaragoza. Pedro II, que declaró su reino feudatario de la Santa Sede, fue coronado por el papa Inocencio III en Roma (11 nov. 1204). Jaime I el Conquistador quiso ser coronado por el papa Gregorio X, en 1274, pero recibió la negativa pontificia al no pagar a la Santa Sede el censo otorgado por su padre Pedro II. A partir de entonces, los reyes aragoneses declaraban explícitamente en la ceremonia de c. que no recibían la corona de la Iglesia y se coronaban a sí mismos (cfr. P. de Bofarull,CORONACIÓN CORONADO, CAROLINACol. de documentos inéditos del Archivo de la Corona de Aragón, III, Barcelona 1888). Los reyes de Suecia eran ungidos y coronados en Uppsala o en Estocolmo; los de Noruega, en Trondheim, por el obispo de esta ciudad; los de Hungría, desde el a. 1000 por primera vez, en la residencia real de Székesfehérvár, en Buda o en Pozsony; los de Polonia, desde 1025 por primera vez, en Gniezno, en Wawel o en Varsovia; los zares de Rusia, por primera vez desde 1547, en Moscú.Era costumbre entre los monarcas, después de su c., que coronaran ellos a la reina y le impusieran las insignias reales. Así sucede con Alfonso XI de Castilla y León, que corona a su esposa después de coronarse a sí mismo (primera mitad del s. XIV). Parece ser que el último rey coronado de Castilla es Juan I (137990). Posteriormente, los reyes castellanos siguen siendo reconocidos por las Cortes, nobles, etc., y proclamados, bastando esto para que se confirme su acceso al trono. También solía armarse caballero al rey en el acto de la c. En las monarquías constitucionales que prescinden de la c., la entronización tiene lugar después de la jura de la Constitución por el rey.La ceremonia de la c. en el Reino Unido se rige por el Liber regalis de 1307. El primer ceremonial data del 973. A partir de la Reforma protestante (s. XVI), la c. equivale a consagración y confirmación popular, que se celebra en la abadía de Westminster, junto con los actos de imposición de insignias reales, entronización y homenaje, después del juramento de las leyes por el rey y del reconocimiento del pueblo, dado el carácter contractual de la monarquía inglesa. Similar a la c. inglesa es la francesa, que desde el s. XI tiene lugar en Reims. Des= pués de la unción, incluida en el ceremonial desde el s. IX, el arzobispo corona al rey, quien después se sienta en el trono (entronización) y es aclamado por el pueblo. Este ceremonial es variado por Napoleón Bonaparte, en la catedral de Notre Dame de París (2 dic. 1804), al colocarse él mismo la corona imperial que tenía que haber recibido del papa Pío VII.El primer Emperador coronado fue Carlomagno, en la Navidad del 800, por el papa León III, aclamado como Augusto y Emperador, con lo que se le consideraba como sucesor de los Emperadores romanos. El título no era reconocido por los Emperadores de Bizancio. Con este acto de la c. imperial, reservado desde entonces al Papa, la Santa Sede simbolizaba el dominio universal, que delegaba en el Emperador para los asuntos temporales. Otón I el Grande fue coronado Emperador del Sacrum Imperium Romanum Nationis Germanicae, en Aquisgrán (962), donde Carlomagno había sido coronado rey de los francos. En la Bula de Oro (1356; v.) se reconoció a Aquisgrán como lugar de c. No obstante, Fernando I, coronado Emperador en Aquisgrán (1531), fue también coronado, pero sólo corno rey de Romanos, en Francfort del Main (1558). El último Emperador coronado en Roma fue Federico III, en 1452, por el papa Nicolás V; y el último Emperador coronado por el Papa fue Carlos V, por Clemente VII, en Bolonia (1530).V. t.: SACRO IMPERIO ROMANO GERMÁNICO; GERMÁNICO, IMPERIO.CARLOS R. EGUÍA.
BIBL.: J. ZURITA, Anales de Aragón, Zaragoza 1610; B. BoMBELI, Storia della corona terrea dei re d’Italia, Florencia 1870; G. BAPST, Histoire des joyaux de la couronne de France, París 1899; A. BERNÁRDEZ, Historia de la doble coronación de Carlos V en Bolonia, Madrid 1934; L. E. TANNER, The History ol the Coronation, Londres 1952.
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