Córdoba, Emirato y Califato de HIST.
Categoria:
Historia
La historia de alAndalus o de la España musulmana hasta la caída del califato en 1031 se puede dividir en tres grandes periodos:1. Conquista de la península Ibérica por los árabes y emiratos dependiente de Damasco (711756).2. Emirato independiente (756912).3. Califato omeya de Córdoba (9121031).1. Conquista de la Península por los árabes y emirato dependiente de Damasco. Cuando a principios del s. VIII los árabes vencen la resistencia de los beréberes del norte de África, la monarquía hispanovisigoda atraviesa una grave crisis. En las intrigas dinásticas de Rodrigo (v.) y los hijos de Witiza juega un importantísimo papel el conde D. Julián, quien invitará a los árabes a desembarcar en la Península. Estuvo en contacto con Muza (Músá b. Nusayr) gobernador árabe de Qayrawán, y parece ser que le convenció sobre la facilidad de un desembarco, aunque muy posiblemente recurriera a los árabes para destronar a Rodrigo. Las noticias son confusas y contradictorias, y es muy difícil también fijar la cronología. En julio del 710, en cuatro barcas proporcionadas por el conde D. Julián desembarcaron 400 musulmanes en la costa de Tarifa y después de una rápida y fructífera incursión regresaron al norte de África. En abril o mayo del 711 tiene lugar un nuevo desembarco. Las tropas invasoras, unos 7.000 hombres, en su mayoría beréberes, desembarcaron en Gibraltar al mando de Táriq, gobernador de Muza en Tánger. Mientras duran las operaciones de desembarco, el rey D. Rodrigo, que hacía frente a una insurrección de los vascos, se dirige a marchas forzadas a Carteya, la plaza fuerte de la bahía de Algeciras. La batalla decisiva tuvo lugar a orillas del Guadarranque el 19 jul. 711 y los musulmanes, que contaban con el apoyo de D. Julián y de los hijos de Witiza, obtuvieron una gran victoria. Por una confusión de nombres geográficos, este decisivo encuentro ha sido llamado batalla del Guadalete (v.), del Barbate e incluso de la Janda. En el río Guadarranque desapareció, el último rey godo y con él cayó la monarquía visigoda.Asesorado por el conde D. Julián, Táriq se dirige a Córdoba, que será ocupada por el liberto Mugit, después de un prolongado sitio y,. sin encontrar seria resistencia, entra en la capital de España, Toledo. Cuando el gobernador de África, Muza, se entera de la victoria musulmana en Carteya, se decide a pasar a la Península al frente de 18.000 hombres y desembarca en un lugar de la costa gaditana, en junio del 712. Muza cuenta también con la colaboración del conde D. Julián y sigue un itinerario distinto al de Táriq. Después de conquistar Medina Sidonia, Carmona y Sevilla, se dirige a Extremadura y pone sitio a Mérida, que ofrecerá una tenaz resistencia hasta que se rinde el 30 jun. 713. En el tratado de capitulación se estipula que los bienes de los muertos y de los fugitivos, así como las propiedades de la Iglesia, pasen a los mulsumanes. Las fuentes árabes se contradicen al indicarnos el lugar del encuentro de Muza con su lugarteniente Táriq. Se habla de Toledo, de Talavera y hasta de C. La entrevista no fue muy cordial, pues Muza censuró a Táriq haber actuado por su propia cuenta sin obedecer sus órdenes. Las crónicas árabes se recrean contando los maravillosos tesoros encontrados por los árabes en su rápida conquista y citan entre ellos la mesa del rey Salomón, el bastón de Adán, las babuchas de Moisés, etc. La conquista de la Península se prosigue con asombrosa rapidez; pero Muza y Táriq tienen que abandonarla en el verano del 714 para informar personalmente al califa omeya de Damasco, alWalid.Se hace cargo de los asuntos de España el emir `Abd al`Aziz, hijo de Muza, que fijará la capital de la nueva provincia musulmana en Sevilla y se casará con la viuda de Rodrigo, Egilona. Durante su corto gobierno, del 714 al 716, emprende la conquista del Sudeste y firma con el conde Teodomiro un curioso tratado de capitulación. Conservará Teodomiro el gobierno de esta región, gozarán sus habitantes de toda clase de seguridades y del ejercicio de sus prácticas religiosas con la condición de pagar un tributo anual que se detalla en el documento. `Abd al`Aziz es asesinado en marzo del 716 y con su muerte se inicia uno de los periodos más confusos y menos conocidos de la historia de la España musulmana. Fueron 20 los gobernadores o emires dependientes de Damasco que se sucedieron desde la muerte de `Abd al`Aziz hasta el a. 756. Algunos no pasaron de los seis meses y generalmente eran nombrados por los emires de Qayrawán. Las rivalidades de las tribus árabes repercutieron en alAndalus con luchas sangrientas entre qaysíes o árabes del norte y yemeníes o árabes del sur, sin olvidar al elemento beréber. La capital se trasladó a C. En el a. 740 estalló una revuelta antiárabe en el norte de África. Los beréberes de la Península también se sublevaron y, después de vencer a los árabes en varios encuentros, pusieron en serio peligro la capital. Salvó la situación Baly, que al frente de 7.000 sirios desembarcó en la Península y derrotó a los beréberes. Los años siguientes reflejan las luchas entre los árabes establecidos desde los tiempos de la conquista y los sirios.Un nuevo emir, AbñlJattár, hacia el 743, intenta resolver la situación concediendo a las tropas de Baly extensos feudos por el sur de la Península. Según parece fue asesorado por el conde Ardabasto, hijo de Witiza.El yund (ejército) de Damasco se estableció en la provincia de Elvira o Granada; el del Jordán en Málaga, el de Palestina en Sidonia, el de Emesa en Sevilla y Niebla, el de Qinnasrín en Jaén y finalmente el yund de Egipto se asentará en el sur de Portugal y en la provincia de Tudmir u Orihuela. Recibirán un tercio de los productos de la tierra y deberán participar en las campañas militares con la mitad de sus efectivos. Los asentamientos sirios en estas zonas nos indican claramente que a los 30 años de la invasión de la Península, los árabes habían consolidado la conquista al sur de Sierra Morena. En el a. 747 comienza a gobernar el último emir dependiente de Damasco, Yúsuf alFihrz. Los árabes siguen divididos y los clientes omeyas intrigan para imponer a Abderramán I, que desembarca en Almuñécar el 14 ag. 755. Unos años antes, el hambre había hecho estragos en España y las crónicas registran la emigración de beréberes al norte de África, eligiendo Barbate como punto de embarque.Durante este primer periodo de la dominación árabe en España muchos emires organizan y dirigen expediciones contra la Galia. Carcasona, Narbona y Nimes caen en poder de los musulmanes, pero la derrota de alGáfigi por Carlos Martel en la batalla de Poitiers (v.) (octubre del 732) detiene el avance de los musulmanes. No obstante, mantendrán la plaza fuerte de Narbona hasta el 751 y desde ella sus gobernadores árabes lanzarán peligrosas incursiones por la Provenza.Unos diez años después del desembarco de los musulmanes en la Península organiza D. Pelayo (v.) la resistencia cristiana en Asturias y tras la milagrosa victoria de Covadonga (v.) los árabes tienen que retirarse de la zona cantábrica. El yerno de D. Pelayo, Alfonso I (739757), reconquista Galicia y extiende sus Estados gracias a la emigración de los beréberes por el hambre del 750. Según parece, muchos musulmanes que no emigraron se convirtieron al cristianismo y permanecieron en las regiones de Astorga y de la cuenca media del Duero.2. Emirato independiente (756912). Con la derrota y muerte de Marwán II en Egipto, el a. 750, desaparece la dinastía omeya de Damasco y es proclamado califa Abú1`Abbás el Sanguinario, primer califa abbasí. Los príncipes omeyas son perseguidos y asesinados, pero logra escapar el joven Abderramán I (v.) que se refugia en el norte de África. Gracias a la actividad de su liberto Badr consigue la adhesión de los clientes omeyas de alAndalus y de los árabes yemeníes, enemigos del emir de C., Yúsuf alFihri. En la primavera del 756, Abderramán I es proclamado emir de alAndalus en Archidona. En las afueras de C. consigue su primera victoria sobre Yúsuf alFihri y entra en la capital. Tenía entonces 25 años. Su largo reinado (756788) transcurre en luchas para sofocar la resistencia de Yúsuf alFihri, de los hijos de éste y de alSumayl, jefe del ejército sirio asentado en Jaén y brazo derecho de aquél. Graves fueron también las rebeliones de Abd1`Alá de Berja, que enarboló la bandera negra de los Abbasíes y que llegó a ocupar Sevilla, y del beréber lagiya, señor de Santaver y que consiguió la adhesión de la región central desde Cuenca hasta Coria y Mérida.Abderramán I impone un pesado tributo a los cristianos de Cazorla (Qastulla) por haber colaborado con Ytisuf alSumayl. Deben pagar anualmente y por un periodo de cinco años a partir de junio del 759, 10.000 onzas de oro, 10.000 libras de plata, 10.000 caballos y 10.000 mulos, además de 1.000 cotas de malla, 1.000 cascos y 1.000 lanzas de fresno. La situación interna no permite a Abderramán I dirigir las habituales aceifas a los territorios cristianos y las crónicas árabes acusan un silencio muy significativo. En el 788 hay que señalar la famosa expedición de Carlomagno a Zaragoza, invitado por el gobernador de la ciudad. Pero los francos encuentran cerradas las puertas de la misma y en su retirada son derrotados por los vascos en el paso de Roncesvalles (v.), desastre inmortalizado por la Chanson de Roland (v.). En el 785 el gobernador de Gerona entrega la ciudad a los francos.No tenemos noticias sobre la organización política y administrativa de alAndalus durante el reinado de Abderramán I, aunque las fuentes árabes nos digan escuetamente que organizó o creó los servicios administrativos y que estructuró el ejército. Como la comunidad musulmana de C. aumentaba sin cesar, Abderramán I compró a los cristianos parte de la iglesia de S. Vicente, que todavía usufructuaban y decidió la construcción de la mezquita de C. en el 785, que fue ampliada por sus sucesores (v. ISLAMISMO III). A la muerte de Abderramán I es proclamado emir su segundo hijo Hixem (Hisám) I (788796) en contra de los justos derechos del primogénito, Sulaymán, gobernador de Toledo. Éste se subleva y, al no tener éxito, negocia con su hermano, comprometiéndose a emigrar al norte de África a cambio de 60.000 dinares. Sin olvidar las aceifas más o menos fructíferas dirigidas a la Marca Hispánica y al reino asturiano, el breve reinado de Hixem I transcurre tranquilamente. La mayoría de los autores árabes subrayan la piedad y devoción del segundo emir omeya, pero no falta tampoco la versión contraria que nos lo presenta como sanguinario y cruel.En abril del 796 muere Hixem y le sucede su hijo Alhaquem (v.), 796822, que tenía entonces 26 años de edad. Su reinado es uno de los más agitados de la dinastía omeya, pues tuvo que hacer frente a las aspiraciones de sus tíos Sulaymán y `Abd Alláh y a las sangrientas sublevaciones de Toledo, con la famosa jornada del foso, Mérida y C. Su política de mano dura y sus nuevas disposiciones financieras, provocan el levantamiento de los cordobeses del Arrabal. Los amotinados están a punto de asaltar el alcázar, pero una hábil maniobra de la guardia del emir salva la situación. Tres días dura la matanza y saqueo en el Arrabal y el enérgico Alhaquem ordena la crucifixión de 300 notables. Todos los habitantes del Arrabal, que es arrasado, son deportados. Unas 20.000 familias emigran de la Península y parte de ellas se establecen en el norte de África donde fundan el barrio de los andaluces de Fez, mientras que otras se dedican algún tiempo a la piratería ocupando Alejandría y estableciéndose finalmente en Creta, donde fundarán una dinastía cordobesa que se mantendrá hasta el 961. La situación interna permite la reconquista franca de Barcelona en el 801 e incluso, aunque por poco tiempo, los asturianos llegan a ocupar Lisboa. Casi todos los cronistas árabes alaban la política de Alhaquem I y subrayan que cumplía como buen musulmán sus deberes religiosos, que fomentó los contactos con Oriente y que nombró para altos cargos a muladíes, beréberes y eslavos. Contó con una guardia de 5.000 mercenarios de los Estados cristianos del norte.Alhaquem I m. el 21 mayo 822 y le sucede su hijo Abderramán II (822852). Después de unos años de calma, tiene que reprimir sendas sublevaciones en Toledo y Mérida, ciudades que contaban con una gran comunidad mozárabe. Los rebeldes de Mérida, quienes reciben el apoyo material de Alfonso II de Oviedo y el moral de Ludovico Pío, que les anima a resistir en una curiosa carta, resisten durante varios años los ataques de las fuerzas reales. Zaragoza y toda la frontera superior escapan al control de Abderramán II, que no puede evitar la actitud independiente de Mtlsá b. Oasi, el tercer rey de España y pariente de los primeros reyes de Navarra. Durante el reinado de Abderramán II tienen lugar los primeros desembarcos normandos en España. Después de fracasar en un primer intento en Lisboa, entran por el Guadalquivir y acampan en la Isla Menor el 29 sept. 844. Rápidamente Sevilla es abandonada por sus habitantes y los normandos se dedican durante 7 días al saqueo de la ciudad. Un encuentro decisivo tiene lugar el 11 de noviembre y los omeyas derrotan completamente a los invasores. Fracasan posteriores intentos de desembarco y el emir de C. ordena construir las murallas y la atarazana de Sevilla. Por estos años la comunidad mozárabe de C. se ve agitada por las predicaciones de S. Eulogio y Álvaro. La tensión aumenta y el 18 abr. 850 es públicamente decapitado el párroco prefecto, acusado de atacar al profeta Mahoma. Ante la gravedad de la situación, se reúne el Conc. de C., presidido por el metropolitano de Sevilla, Recafredo, y desaprueba la conducta de los mozárabes que buscan el martirio. Son detenidos S. Eulogio y el obispo de C., pero no por eso se resuelve el problema. En el 859, Muhammad I detiene de nuevo a S. Eulogio y ordena su muerte; a partir de aquí no se tienen más noticias del movimiento mozárabe (v.).Con Abderramán II se acentúa la influencia oriental en alAndalus, que se refleja en la organización de la administración pública y en la vida de lujo de la corte. También se preocupó por las obras públicas y hay que señalar las ampliaciones de la mezquita de C. y la construcción o reconstrucción de las de Sevilla y Jaén. En el 831 manda a los árabes de Tudmir abandonar Hellín y establecerse en Murcia que será la capital de la región.Los reinados de los emires Muhammad I (852886), AlMundir (886888) y `Abd Allñh (888912) son de grave crisis interna. Frente a la minoría árabe que controla los destinos de alAndalus se forma una coalición en la que entran los muladíes, los mozárabes e incluso los beréberes. La agitación se inicia en Toledo, unas semanas después de la entronización del emir Muhammad I, y con la ayuda prestada por Ordoño I de León, que envía un fuerte contingente al mando de Gastón, conde del Bierzo, ponen los toledanos en jaque a las tropas cordobesas. En sus algaras atacan Calatrava, cruzan Sierra Morena y derrotan a un ejército de Muhammad I junto al Jándula, cerca de Andújar. A pesar de la victoria omeya del Guazalete (854), Toledo resiste y el emir de C. tiene que negociar con los toledanos. La f itna o espíritu de revuelta se extiende a otras provincias de alAndalus. En Extremadura, Ibn Marwán el Gallego cuenta con la ayuda de Alfonso III el Magno. Desalojado de Mérida, se fortifica primero en el castillo de Alange y después en Badajoz, donde será sitiado por el príncipe heredero alMundir. Se ve obligado a evacuar Badajoz y a buscar refugio en Asturias, de donde volverá en el 894 para ser reconocido finalmente como señor de Extremadura. En el sur (`Umar b. Hafsun), señor de Bobastro, dirige el movimiento antiárabe. Por sus dotes militares y políticas se atrae a todos los mozárabes, muladíes y beréberes de Andalucía. En sus algaras llega a las puertas de C. y en un gesto desesperado, el emir `Abd Alláh dirige en persona la famosa campaña de Poley (16 mayo 891), derrotando al rebelde. Pero, a pesar de algunos éxitos aislados, los emires de C. se ven impotentes para atajar el movimiento nacionalista que se ha extendido por todo alAndalus y los emires solamente pueden ejercer su autoridad en los límites reducidos de la capital. Esta situación anárquica es la que deja al morir el emir `Abd Alláh el 15 oct. 912.3. El califato omeya de Córdoba. La primera preocupación de Abderramán III (v.), 912961, nieto de `Abd Alláh, fue restaurar el principio de autoridad en alAndalus y elevar el prestigio de la dinastía. Para conseguir este objetivo tiene que reconquistar los territorios rebeldes y con una admirable tenacidad emprende una serie de campañas victoriosas que culminan con la ocupación de Bobastro, el 17 en. 928, de Badajoz (930) y de Toledo (932). Las provincias de la Marca Superior escapan al control del califa y, como mal menor, reconoce a los señores de Zaragoza, Tudela y Huesca como gobernadores. En las relaciones con los Estados cristianos, las tropas omeyas sufrieron serios desastres, como en San Esteban de Gormaz (917) y sobre todo en Simancas (939) y singulares victorias, como las de Muez o Valdejunquera (920) y la de Pamplona (924). Durante casi todo el reinado de Abderramán III las fronteras de alAndalus con los reinos cristianos no se modifican sensiblemente y muchas veces las aceifas musulmanas se ven contrarrestadas por las peligrosas incursiones de Ordoño II y Ramiro II. En los últimos años el califa omeya aprovecha la crisis dinástica planteada en León a la muerte de Ramiro II e interviene en los asuntos internos del reino de León, donde se consolida Sancho I el Craso con ayuda de las tropas musulmanas. En el norte de África se establecen los fatimíes y para evitar la expansión de éstos por Marruecos, Abderramán III decide la ocupación de Melilla (927) y Ceuta (931) y favorece con armas y dinero a las tribus beréberes que combaten a los califas fatimíes. En el 929 Abderramán III adopta los títulos de califa y emir de los creyentes y se hace llamar alNúsir lidin Allñh "el que combate victoriosamente por la religión de Dios". A partir de Abderramán III todos los soberanos hispanoárabes adoptaron títulos califales.El segundo califa, 961976, recibirá el título de AlMustansir biIIiáh, "el que busca la victoria en Dios". Su breve reinado es pacífico y representa el momento de máximo esplendor del califato. Sólo altera la paz algún intento de desembarco normando, siempre rechazado. Los Anales palatinos de Alhaquem II son un fiel reflejo de esta etapa del califato. En ellos se recogen las noticias de interminables recepciones de embajadores de los reinos cristianos y de jefes norteafricanos para manifestar su adhesión y rendir los honores debidos al califa de Occidente. Los ataques cristianos son rechazados enérgicamente y la paz vuelve a renacer. En el norte de África se prosigue la política iniciada por Abderramán III, pero Alhaquem II toma una medida de graves consecuencias: alistar en su ejército a los contingentes beréberes vencidos. Alhaquem muere dejando como sucesor a su hijo Hixem II (Hisám, 9761009) que entonces tenía unos 11 años. Por primera vez en los anales de la España musulmana, el príncipe reinante es un menor de edad, que será dominado por su tutor, el famoso Almanzor (v.), cuya carrera política es brillante y sorprendente; después de ir ocupando cargos claves en la administración pública, en el 978 se deshace del regente, el háyib alMushafi y se convierte en dueño y dictador de alAndalus. Sus victoriosas campañas de Zamora, León, Barcelona, Pamplona y Santiago, por no citar más que las más significadas, acreditan sus cualidades militares. Admirado por todos, adopta el título califal de alMansúr billáh, "el que recibe la victoria de Dios", en el 982. Años más tarde dejará a Hixem II solamente la función de jefe religioso o califa y él se arrogará todos los atributos del poder temporal con los títulos de Sayyid (señor) y Malik, rey. Sin escrúpulos, elimina a los que pueden ser obstáculo a sus ambiciones y cuando muere en Medinaceli en el 1002, el califato está también herido de muerte. Las fuentes cristianas del s. XIII recogerán la noticia, no confirmada por las crónicas árabes, de la derrota de Almanzor en Calatañazor.Hixem II nombra háyib al hijo de Almanzor, `Abd alMalik, que gobierna con los mismos poderes absolutos que su padre durante seis años. Muere en circunstancias misteriosas en el monasterio de Guadalmellato, cerca de C., y le sucede su hermano Abderramán Sanchuelo, llamado así por ser nieto de Sancho Garcés II de Navarra. El segundo hijo de Almanzor consigue que Hixem II le designe heredero contra los derechos de los príncipes omeyas. Esta medida insólita pone al descubierto la oposición de C. a una dictadura que ya duraba más de 20 años. Cuando Sanchuelo está en Toledo disponiéndose a entrar con un ejército en territorio cristiano estalla el motín en la capital, dirigido por un príncipe omeya. El alcázar de C. es asaltado y el débil Hixem II abdica en Muhammad II alMahdi. Sanchuelo se dirige a C., pero es abandonado por las tropas beréberes y ejecutado en Guadalmellato por un piquete enviado por el nuevo califa. Estos hechos ocurren en los primeros meses del 1009. Desde esta fecha hasta el 1031 transcurre uno de los periodos más confusos y agitados de la España musulmana. El principio de autoridad está en crisis y califas y pretendientes al califato se suceden con una rapidez asombrosa. Los condes de Castilla y Barcelona prestan su apoyo al candidato que acepta sus condiciones onerosas. Los contingentes beréberes contribuyen decisivamente a fomentar la anarquía y el desorden e incluso llegan a imponer una dinastía beréber (v. BERÉBERES), la de los Hammúdíes, que tampoco consiguen el reconocimiento de toda España musulmana. C. es la más afectada y sufre los horrores de un prolongado sitio de tres años. Las ciudades residenciales fundadas por Abderramán III, Madinat alZahrá, y por Almanzor, Madinat alZáhira, serán arrasadas. Hay algún califa que solamente reina 47 días y se da también el caso de que simultáneamente aparezcan cuatro califas en alAndalus. Cuando la unidad ya se ha roto y la desintegración de alAndalus es ya un hecho consumado, los cordobeses eligirán un príncipe omeya, Hixem III, que será destituido en 1031. El califato ha terminado y comienza el periodo de los reyes de taifas (v.).4. Vida cultural. Las manifestaciones literarias de la España musulmana en los primeros años después de la conquista son escasas. Existen fragmentos poéticos anteriores a la venida de Abderramán I y este mismo príncipe es a su vez poeta que compone versos de vanagloria jactándose de su estirpe y de su audacia, a la que debe su triunfo. Panegirista suyo y de su hijo Sulaymán fue un notable poeta, satírico mordaz, conocido por AbúlMajsi, cuya fama llegó hasta Oriente.En el reinado de Alhaquem I comienza a dejarse sentir un fenómeno importante: el interés en conocer la cultura oriental y el envío de embajadas a Oriente con el encargo de traer libros a España. Los árabes españoles están ávidos de recibir noticias de la evolución cultural en los países de Oriente y de las famosas polémicas entre "antiguos y modernos" que empiezan a llegar hasta ellos. En tiempo de Abderramán II, el cantor persa, Ziryáb, no sólo influye en la corte cordobesa como cantor y poeta, sino que también introduce modas y usos del Iraq en la península de alAndalus. La corte de Abderramán II, orientalizada incluso en sus instituciones, se destaca por reunir una brillante pléyade de poetas. Señalaremos entre ellos a alGazál, así llamado por su belleza, que viajó por Oriente, a Ibn Sámir, Hasána la Tamimiya, etc.En tiempo de Muhammad I vive el famoso poeta `Abbás b. Firnás (m. 887), detenidamente estudiado por Elías Terós, que se lanzó al aire vestido de plumas con intención de volar. El emir `Abd Alláh fue considerado como buen poeta y reunió en torno suyo un destacado grupo de literatos.Ibn `Abd Rabbihi, autor de una obra de carácter enciclopédico, al`Igd alfartd, primera en su género en la literatura arabigoandaluza, vive en tiempos del emir `Abd Alláh.En el campo de la Historia señalaremos a Ibn Habib (m. 853), autor de la primera narración histórica, de carácter fabuloso, y destacado jurista. En cuanto a la literatura filosófica no debemos olvidar a Ibn Masarra (m. 931), cordobés que reunió un gran número de discípulos que se extendieron por gran parte de alAndalus, cuya doctrina fue considerada poco ortodoxa y que fue obligado a salir de España.En conjunto, la literatura de la época del emirato se caracteriza por una enorme influencia oriental que más tarde, en tiempos del califato, irá evolucionando hasta llegar al nacionalismo más acentuado.Ya en el reinado del primer califa, Abderramán III (912961), hay un grupo señalado de poetas que le alaban y rivalizan al mismo tiempo por conseguir la fama. Las letras arabigoandaluzas comienzan a tener su propia personalidad, independizándose de los orientales. El gran filólogo oriental Abú ’Al¡ alQáli viene a C., donde divulga sus enseñanzas, escribe libros y no quiere volver a su patria. En esta misma época se escribe la crónica anónima alAjbar maymu’a, editada y traducida por Lafuente Alcántara, y el cordobés Ibn alQútiyya (m. 987) redacta su Historia de la conquista de España, valiosa sobre todo por los aspectos que recoge de la vida social.Alhaquem II fue el gran protector de las letras. Empiezan a componerse diwanes, se hacen las primeras antologías, como el Libro de los Huertos de Ibn Faray de Jaén (v.). Los poetas rivalizan en la originalidad y la variedad de los temas. Destacan entre ellos el visir Mushaff e Ibn Háni’ de Elvira, poeta de vida licenciosa que termina sus días en Egipto. Pero la corte de Almanzor fue la más fecunda en el aspecto literario y en su palacio de alZáhira se reunían los mejores poetas a cantar sus glorias. Entre ellos están Ibn Darráy alQastalli, su compañero en tantas batallas, Sa’Id de Bagdad, Táliq, alRamádi. Las dos figuras cumbres de esta época son Ibn Hazm de Córdoba (v. HAZAM, BEN) e Ibn Suhayd. El primero es el autor del Collar de la Paloma, maravilloso tratado del amor y reflejo de la sociedad en la época califal, traducido a muchas lenguas europeas y a la española por D. Emilio García Gómez. A él se deben también importantes obras filosóficas y los valiosos documentos para el estudio de las genealogías recogidos en la Yamhara. Ibn Suhayd, poeta satírico y amargo, "estoico como Séneca", según juicio de H. Pérés es autor de un opúsculo conocido por Risálat alTawábi walZawábi, de carácter escatológico y de crítica literaria, anterior a la obra del poeta oriental AbñI`Alá al Ma’arri y a la Divina Comedia de Dante. Tanto Ibn Hazm como Ibn luhayd, quizá las dos figuras cumbres de las letras hispanoárabes, conocen las novedades literarias de Oriente, pero aspiran a superarlas y a darles un matiz occidental. Porque el espíritu de emulación y de exaltación del valor de los árabes españoles va adquiriendo cada vez mayor desarrollo. Este ambiente de fervor nacional que se inicia se encontrará años más tarde en las obras de Ibn Bassám, Ibn Dihya, alIHimyari, allaqundi, Ibn Sa’id alMagribi, etc.Los monumentos artísticos más valiosos que han llegado hasta nosotros de esta época de la historia de alAndalus son la mezquita de C. y el palacio de Medina Azahara(v. MUSULMÁN, ARTE). La mezquita cordobesa ocupa por su importancia un lugar tan destacado como las grandes mezquitas de Damasco o de Qayrawán. Su construcción y reformas duraron más de 200 años y cuatro monarcas dedicaron su atención a embellecerla y amplificarla para que pudiera albergar al gran número de fieles que a ella acudían. Abderramán I, sobre una antigua iglesia, mandó construir la mezquita con su sala de oraciones precedido por un patio y el alminar. Parece ser que tenía 11 naves. Los techos eran de madera y la cubierta de tejas. Las columnas, como ocurre en la de Qayrawán, proceden de otros monumentos, templos romanos o visigodos. Para conseguir una mayor elevación se recurrió a un procedimiento original. Los capiteles, que tienen un cimacio en forma de tronco de pirámide, llevan encima un pilar de sillares sobre los cuales se coloca un arco. Todos estos arcos tenían dovelas policromadas. Resulta así una doble arquería: una de herradura en la parte inferior y otra de medio punto, verdadero apoyo de los techos. En tiempo de Abderramán II la mezquita se amplía hacia la parte sur y se derriba el primitivo mihráb. EJ trabajo de algunos capiteles revela la existencia de un taller de artistas cordobeses. Muhammad I, en cuyo reinado se hizo la Puerta de S. Esteban, terminó las obras de un nuevo mihráb. Abderramán III hizo construir el alminar inspirado en los orientales de Siria. En la decoración de la mezquita trabajaron muchos artistas que intervinieron en Medina Azahara, el suntuoso palacio de Abderramán III cuyas excavaciones van poniendo al descubierto la magnificencia y riqueza del material empleado en él. Alhaquem II realiza la ampliación más importante, que es realmente una nueva mezquita adosada a la primera. Su decoración es muy rica por el empleo de mosaicos y atauriques formando un conjunto que revela el apogeo del arte cordobés. Almanzor, el poderoso ministro de Hixem II, manda hacer una última ampliación cuyo valor artístico es poco notable.Para tener una idea sobre las instituciones, grupos étnicos y clases sociales de alAndalus, y el desarrollo económico durante el emirato y califato de C., v. ALANDALUS.V. t.: RECONQUISTA; ABDERRAMÁN I; ABDERRAMÁN III; ALHAQUEM I; ALHAQUEM II; ALMANZOR; TAIFAS, REINOS DE; GRANADA, REINO DE.J. VALLVÉ BERMEJO.
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