Clará, José
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Biografía GER
Ilustre escultor español, n. en Olot (Gerona) el 16 dic. 1878, m. en Barcelona el 4 nov. 1958. Uno de los seis hijos del matrimonio Juan Clará Corominas y Lucía Ayats Montsalvatge, José Clará Ayats ingresa a los 13 años en la academia de arte que en la localidad regía D. José Berga Boix, y donde las enseñanzas eran de dibujo y pintura, enderezados hacia el paisaje. Otras eran las aspiraciones del muchacho, que en enero de 1897 marcha a Toulouse, ingresando en su Escuela de Bellas Artes. Obtiene premios de escultura, sucesivamente, en 1897, 1898 y 1899. En 1900, otro galardón más importante, el Petit Prix del municipio de Toulouse, por un bajorrelieve de Cincinato. Pero fracasa al intentar obtener el premio consistente en la anhelada pensión en París. De todas suertes, hace el viaje por su propia cuenta y comienza a gánarse la vida con encargos, indistintamente de pintura o escultura. Es presentado a Rodin, trabaja en el taller de Barrias, y obtiene premios en 1902, 1903 y 1904. En 1905 muere su hermano y mentor Juan, también escultor, que por tanto tiempo le había ayudado. En 1906 realiza la estatuaria del Casino de Montecarlo, y, a partir de esta fecha, se suceden los triunfos y los encargos importantes realizados en su taller de la avenida Malakoff.De 1910 data La diosa, quizá la obra más bella, plena y característica de C., que obtiene primera medalla en fa Exposición Nacional de Madrid. En 1911, siendo su sala especial la más notable de la VI Exposición Internacional de Arte, de Barcelona, se le niega el justo premio, lo que no hace sino acrecentar la popularidad del artista. De entonces datan unas palabras emocionadas de Eugenio d’Ors y una bellísima oda de Juan Maragall. En 1911 y 1912, grandes éXItos en París, Roma y Amsterdam. En 1913, exhibición, en Barcelona, de sus extraordinarios dibujos de Isadora Duncan. Pasa los años 1914-18 en el París de sus primeros triunfos, y a la conclusión de la guerra recibe la Legión de Honor. En 1920 concurre a la Nacional de Bellas Artes con su solemne Serenidad, una réplica de la cual le es encargada por el Congreso y el Senado de los Estados Unidos para alzarla en el Meridian Park, de Washington. Para cumplir el encargo, marcha a Norteamérica, en la primavera de 1924, acompañado de Ramón Casas. Al regreso, es elegido individuo de número de la Acad. de Bellas Artes de San Fernando, para cubrir la vacante de Ricardo Bellver, y la solemnidad de ingreso tiene lugar el 13 dic. 1925, regalando C. su obra Voluntad. En 1929, una variante de La diosa pasa a decorar la plaza de Cataluña, en Barcelona. En 1930, viaje a Grecia. En 1932, traslado definitivo del gran escultor a Barcelona, con nuevos éXItos y premios hasta 1936. Pasa en Barcelona y Olot los años de guerra, volviendo a practicar la pintura. Expone con creciente frecuencia; en 1946 da un viraje radical a su inspiración habitual al modelar el S. Benito, para Montserrat, y continúa trabajando en su casa-taller de Tres Torres, legada a Barcelona con toda la obra que guardaba para poder constituir un Mus. Clará.En esa casa-taller se extinguieron los 80 años del gran estatuario. Y es imprescindible, para la más justa valoración de su figura y de su obra, tener en cuenta esa condición cronológica, esto es, la de hombre nacido en 1878, y, por tanto, expuesto a caer en una de las trampas más peligrosas de la escultura a la moda, el bibelot para la gran burguesía o el monumento público grandilocuente. Todas estas amenazas fueron diestramente sorteadas por C., cuyas metas plásticas eran propias y no sumisas a imposición ajena. Sencillamente, diferían poco de las de su coterráneo Maillol (v.), en cuanto a la sublimación de la feminidad desnuda. Losnones dilectos a uno y otro catalán podían diverger, pero los resultados se unificaban en cuanto a la hermosura ideal. Ésta, en las obras fundamentales y centrales de C., es la de alguna mujer tan perfecta que el prototipo, hoy en el Mus. de Arte Contemporáneo de Madrid, no podía recibir otro título sino el justamente ambicioso, por ambición venústica, de La diosa. La gallarda y magnífica, acaso un tanto pesada y engrasada, modelo que posó para este singular acierto sería la misma que protagonizara luego La Serenidad (cuyo original está en el mausoleo de los marqueses de Bermejillo del Rey, en el cementerio de S. Isidro, de Madrid). Es decir, un prototipo humano, femenino, nada lejos de la personalidad cierta de Isadora Duncan, a la que C. sorprendió en tanto delicioso dibujo y de la que debió andar más o menos distantemente enamorado. Pero, con el tiempo, ese carnoso y sólido ideal que diera lugar a las dos obras maestras citadas se transformó, y C. pasó a ser escultor de nuevas edades femeninas, más juveniles, más inexpertas, más dispares de las de Maillol y más próximas a las de Casanovas. En esta evolución, de evidentes dictados biológicos, el escultor ha podido perder algo de grandeza, pero ha adquirido otras indiscutibles cualidades de encanto, y en esta lograda persecución continuó hasta sus últimos años, con lo que pasaba (antihistórica, mas lógicamente) desde lo helenístico a lo puramente clásico. En cualquier caso, Grecia le reconocía como suyo, y recuerdo haber visto en su casa recortes de periódicos de Atenas y Delfos que en 1930 le daban la bienvenida llamándole megalos ispanos gliptes.Ahora bien, no sería sino injusto concluir este elogio basándose exclusivamente en la mitología femenina de C., por preponderante que ella sea; aparte de sus desnudos masculinos sorprendidos en varia edad física, aparte el tan sereno y digno San Benito sedente del monasterio de Montserrat, deben considerarse como sustantiva contrapartida de La diosa y La Serenidad los nobilísimos bustos de Lulio, EXImenic y Luis Vives encargados por el Inst. d’Estudis Catalans; el de Eugenio d’Ors, que tan excelentemente los completa, y el de La voluntad, la prenda de ingreso en la Acad. de San Fernando, porque son retratos ideales de una tensión interna y de una concisión exterior tan sólo posibles en escultor tan amante de lo medular como fuera C. ¿Sólo de lo medular, cuando su obra más digna de gloria, La diosa, es un sensual desnudo femenino? Sí, porque hasta en la belleza más aparentemente epidérmica del gran escultor catalán hay un pálpito advertible, sensibilísimo, de interioridad.I. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: J. CLARÁ, Discurso leído en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando el día 13 de diciembre de 1925 (y contestación de José Francés, recogida también en una monografía de la colección Estrella), Madrid 1925; J. A. GAYA NuÑo, losé Clará, Barcelona 1948.
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