Chino-japonesa, Guerra HIST.
Categoria:
Historia
Conflicto armado entre las dos principales potencias del Este asiático, que tuvo lugar por los a. 1894-95, y que terminó con la ocupación de varias zonas estratégicas del continente por los nipones.La rivalidad chino-japonesa tenía una antigua tradición, y la península de Corea había sido uno de sus más frecuentes escenarios. Pero a fines del s. xix la situación había evolucionado. Desde cinco lustros antes, Japón había experimentado un desarrollo impresionante (v. MEIJI, ÉPOCA, merced a su rápida incorporación a las técnicas del mundo occidental, que colocaba al Imperio del Sol Naciente, de la noche a la mañana, al nivel de las grandes potencias. China, en cambio, no había conseguido operar idéntico proceso. La decadente dinastía manchú seguía luchando entre las tendencias xenófobas y las extranjerizantes y tropezando con las dificultades de una defectuosa administración. El contacto de China con Occidente consistió más en una progresiva dependencia económica que en un auténtico desarrollo interno. En estas condiciones, la enorme superioridad demográfica de los chinos quedaba contrarrestada por la mejor organización de los japoneses, que dominaban el mar con una moderna flota y poseían un ejército, aunque no muy numeroso, bien armado y adiestrado.Corea era entonces un reino independiente, mancomunado en teoría al Imperio chino, aunque el influjo se lo repartían por igual Pekín y Tokio; a los vecinos continentales les interesaba sobre todo el comercio interior, y a los insulares las pesquerías y los establecimientos costeros. La emigración japonesa a la península era cada vez más fuerte, y en 1876 había conseguido el gobierno nipón la apertura de tres puertos francos a su comercio. En 1884, diversos incidentes provocaron una intervención conjunta de chinos y japoneses en Corea, y desde entonces quedó consagrado el derecho de igual influencia, con la consiguiente y progresiva disminución de la autonomía coreana.Fue una nueva intervención, en 1894, la que desencadenó el conflicto. Una intentona revolucionaria, en julio de aquel año, obligó al rey de Corea a solicitar la ayuda china. Las tropas del Celeste Imperio restablecieron la situación, pero el gobierno japonés, invocando los acuerdos anteriores, envió tropas también. El choque se hizo inevitable ante las exigencias de las tropas de Tokio, que pretendían establecer por su cuenta reformas políticas en Corea, y llegaron a acorralar a sus teóricos aliados. El 1 ag. 1894, el gobierno chino declaraba la guerra al Japón.Fue una equivocación tremenda del primer ministro chino, el prestigioso Li Hung-Chang, que confiaba en la capacidad de movilización de su ejército y en su dominio de las rutas continentales. La técnica japonesa se impuso espectacularmente y más pronto de lo que esperaban los observadores occidentales. Los chinos fueron expulsados rápidamente de Corea. En septiembre, la flota japonesa alcanzaba a la anticuada escuadra china y la enviaba al fondo del mar. Aquella victoria permitió dos importantes desembarcos; el primero en la península de Liaotung, que cierra por el N el golfo de Pekín, operación que condujo a la conquista de la estratégica fortaleza de Port Arthur: y el segundo en Weihaiwei, que cierra la orilla meridional del mismo golfo. A comienzos de 1895, aquel mar interior de la China estaba controlado por sus enemigos.Al mismo tiempo, los contingentes japoneses procedentes de Corea habían franqueado el Yalú e invadían Manchuria. En marzo de 1895 tuvo lugar la batalla de Mukden, que terminó con una aplastante victoria japonesa. Tal vez una larga guerra de desgaste hubiera podido, todavía, agotar a los invasores, que no estaban preparados para una campaña prolongada y mucho menos podían aspirar a la conquista del inmenso espacio chino; pero en China cundía la desmoralización y Li Hung-Chang temía, con motivo,` algún movimiento de insurrección interna, con lo que creyó preferible solicitar la paz.El primer ministro nipón, Ito, hubiera deseado llegar a un acuerdo razonable, más que por consideración a los vencidos como medida de prudencia ante la actitud de las potencias occidentales, especialmente aquellas que detentaban intereses en China; pero la euforia de la opinión pública en Japón y las exigencias de los militares, que no estaban dispuestos a renunciar a ninguna de sus victorias, llevaron a Tokio más lejos de lo que aconsejaba la prudencia diplomática.Se firmó así la paz de Shimonoseki (17 abr. 1895), en la que China hubo de aceptar, sin discusión previa, el dictado impuesto por el vencedor. Corea alcanzaba teóricamente su independencia, aunque en realidad su liberación de la nominal soberanía china significaba su caída de facto en la zona de influencia japonesa. Los nipones adquirían la importante isla de Formosa y, en el continente, Port Arthur y la península de Pescadores: todo un rosario de posiciones que pudieran permitir en lo futuro un control eficaz del espacio costero chino.Las condiciones, como había temido el buen diplomático Ito, parecieron excesivas a las potencias occidentales, temerosas de ver suplantada su influencia militar y económica en la zona. Las primeras protestas partieron de Rusia, que ya tenía intereses en Manchuria y soñaba con Port Arthur. Las esperanzas niponas de que a Rusia se opusieran los británicos, que aspiraban a ocupar Weihaiwei, y los alemanes, que también buscaban establecimientos en el mar de la China, no se cumplieron. La presión conjunta de las grandes potencias obligó al Japón a firmar el convenio de Pekín (8 nov. 1895), por el que renunciaba a Port Arthur. Aquella plaza, apetecida por todas las cancillerías europeas, sería al fin ocupada por los rusos en 1898, al mismo tiempo que los ingleses tomaban posesión de Wei-hai-wei. Un par de años más tarde, los alemanes lograrían el cercano enclave de Tsingtao. El Japón no sólo perdía una parte considerable de las ventajas de su victoria, sino que se veía condenado a presenciar cómo los europeos se repartían puertos e influencias en China. Fue una humillación de la que el espíritu de revancha de los nipones supo resarcirse cumplidamente a raíz de la guerra ruso-japonesa de 1904-1905.V. t.: JAPÓN V; CHINA V.J. L. COMELLAS GARCÍA-LLERA.
BIBL.: G. SANSOM, The Western World and Japan, Nueva York 1950; A. ZICHSKA, Le Japon dans le monde, Vexpansion nipone,1854-1934, París 1934; H. NORMAN, Japan’s emergente as world power, Nueva York 1914.
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