Chile. Arte Posterior. ARTE
Categoria:
Arte
Época colonial. Este extremo de Hispanoamérica presentó enormes dificultades para el asentamiento de la cultura española. Una geografía áspera e inmensa, que albergaba a los indios más bravíos de América, fue difícil de domeñar. A la violencia sísmica se sumó la inseguridad de unas costas muy largas, fácil flanco de las incursiones piráticas. Parece increíble que entre tantas dificultades aún hubiera tiempo y ganas para construir y reconstruir. El dominio de los indios fue tarea larga y penosa y poco se pudo hacer en pro de las bellas artes, pero en el s. XVII, con la paz llegó la reconstrucción de las ciudades abandonadas y la fundación de otras nuevas, que abrían posibilidades para que la arquitectura y las demás artes se manifestaran con decoro y dignidad. El barroco hispánico (v. BARROCO v, 2) conservó en Ch. las plantas inertes de forma ortogonal, aunque con excepciones de esta norma general, pues también hubo intentos de novedosas búsquedas espaciales; así, los documentos nos hablan de iglesias de planta central, circular u ochavada. Poco es lo que puede decirse de la arquitectura chilena de los s. xvi y XVII, ya que los terremotos apenas casi nada respetaron, y hay que tomar como punto de partida 1730, año de un memorable terremoto.Los planos conservados en el Archivo de Indias nos muestran que la arquitectura limeña (v. LIMA IV) tuvo su influjo en Ch., lo que se corrobora con un dibujo de la fachada de la catedral de Concepción. Dentro de esta tónica está la torre del convento de carmelitas de la Cañadilla, de Santiago (1773). También los balcones mudéjares, que tanto carácter dieron a la arquitectura limeña, fueron imitados en el Ch. hispánico. No sería de extrañar que también llegaran influjos del alto Perú, pues el camino que siguieron los conquistadores, si bien era difícil, continuaba transitado. A estas influencias inmediatas vinieron a sumarse otras lejanas, procedentes de Baviera, especialmente en las artes menores y aun en la arquitectura, como puso de manifiesto la desaparecida iglesia de la Compañía en Santiago. Quizá la aportación chilena más original fue en el campo de la arquitectura doméstica, hasta el punto de que esta escuela popular se constituyó en una de las más variadas de América, pese a sus formas sencillas a base de volúmenes elementales conseguidos con el uso sincero de los materiales regionales (Buschiazzo).Aparte de los monumentos de la capital, es preciso citar algunos en otras ciudades, como la catedral de Concepción, de cuyo templo colonial nada nos ha llegado, pero que conocemos por los planos conservados en el Archivo de Indias, y que pertenecen a la obra realizada por Ludgardo Bravo, de 1736 a 1746. Tuvo portada-retablo siguiendo el modelo que creara Pedro Noguera en la catedral de Lima, y otros detalles que denuncian claramente su vinculación con otros monumentos de la capital peruana. La ciudad de Valparaíso (v.) tuvo catedral colonial y las iglesias de S. Francisco, S. Agustín y S. Domingo, y el fuerte o castillo de S. José, pero los sismos, los maremotos y los piratas apenas han dejado restos. Los monumentos coloniales de mayor interés se encuentran en las provincias de Atacama, Tarapacá y Antofagasta, donde hay numerosas capillas, que parecen relacionadas, en lo que se conoce, con el arte perú-boliviano; tienen como característica el que la torre quede aislada de la iglesia, a veces a cierta distancia.Además de esta arquitectura popular se desarrolló, en la segunda mitad del s. XVIII, una corriente académica iniciada por los ingenieros militares. Se dio el caso paradójico de que Ch., tan escaso de tradición artística frente a otros países, pasara súbitamente ahora a la cabeza del movimiento neoclásico, sincronizándose casi con la metrópoli. Debido al escaso auge que tuvo el barroco en Ch., el neoclasicismo se impuso sin que el estilo precedente mostrara mayor resistencia, y se ha tomado la fecha de 1780 como triunfo del gusto neoclásico. La imposición del nuevo estilo está ligada a la figura arrolladora de Joaquín Toesca (v.), 1745-99, que hizo desde la catedral de Santiago hasta numerosas villas particulares pasando por palacios, iglesias y capillas rurales; pero la obra más expresiva de su fecundidad artística, según G. Guarda Geywitz, vino a ser, sin lugar a dudas, la Casa Real de la Moneda, en la que puso en evidencia todo su ingenio, capacidad e ideas estéticas. Este edificio representa el mayor legado de España a Ch., motivo de admiración para los extranjeros y de orgullo para los chilenos. Gracias a la obra fecunda de Toesca, continuada fielmente por sus discípulos, el neoclasicismo dio una imagen nueva de Ch. Ignacio Andía y Varela fue el escultor neoclásico de mayor interés artístico.Época de la independencia. En el s. xix trabaja en Ch. el escultor francés Augusto Franrois, profesor de la Acad. de Bellas Artes y maestro de Nicanor Plaza. En pintura destaca Raimundo Monvoisin (1790-1870), fundador en 1824 de una Academia de pintura en Valparaíso que trascenderá también al Perú.Pero es en el s. xx cuando el arte chileno alcanza un mayor esplendor. La arquitectura está representada por Claudio Ferrari Peña, cuya labor está encaminada fundamentalmente hacia el urbanismo. La primera figura de interés dentro del campo de la pintura es la de Onofre Jarpa-(1849-1940); en el año de su nacimiento se crea en Ch. de Acad. Oficial de Pintura, en donde se formarán artistas como Pedro Lira (1845-1918) y Ernesto Molina (1857-1904). Posteriores son Alfredo Valenzuela Puelma (1855-1909), buen dibujante y maestro en la composición; y Alberto Valenzuela Llanos (1869-1932), posimpresionista. Dentro de esta misma línea posimpresionista figura Juan Francisco González (1854-1933), autor de innumerables obras.Coincidiendo con la estancia en Ch. de F. Alvarez de Sotomayor (v.), como director de la Acad. Oficial de Pintura, se da a conocer la llamada Generación de 1913, entre cuyos componentes merecen citarse Ulises Vázquez, Andrés Madariaga, Jenaro Prieto, Agustín Abarca, etc., en su mayor parte paisajistas y retratistas.El grupo los Independientes contrasta con el anterior por su carácter innovador. Eduardo Donoso, Fermín Guerra Toledo y Juan Francisco González, representantes de dicho grupo, prepararán el camino al Grupo Montparnasse, de formación parisina. Esta oleada de renovación artística provocó la supresión de la Acad. Oficial (1929) y su sustitución por la nueva Facultad de Bellas Artes (1930), más al día. De estos momentos son Luis Vargas Rosas (n. 1897), José Perotti (n. 1898), Carlos Mori (n. 1896), José Venturelli, etc.La máxima figura de la pintura chilena del s. xx es Roberto Antonio Matta Echaurren (n. 1912), que vivió en Francia y en España, ajeno a los grupos pictóricos locales. Afiliado a la Agrupación sobrerrealista (1936), conoció a J. Miró (v.) y André Breton. La personalidad de Matta Echaurren fue decisiva para la evolución vanguardista y ha dado pie a nuevas generaciones de pintores jóvenes: el Grupo Rectángulo, que pretende integrarse en la arquitectura; Ricardo Yrarrazábal trabaja paralelamente a dicho grupo; Nemesio Antúnez (n. 1918), etc.; todos ellos dan paso al op-art (v.), cuyo principal representante es el pintor neofigurativo Federico Assier.En escultura, después de N. Plaza, figuran Rebeca Matte y Raúl Vargas. Posteriores son María Fuentealba, Matías Vial, Samuel Román Rojas (n. 1907); Lilí Garafulic y Marta Colvín figuran dentro del no imitativismo. Sergio Castillo es más sistemático, y Ernesto Barreda representa el novorrealismo.SANTIAGO SEBASTIÁN.
BIBL.: L. ÁLVAREZ URQUIETA, La pintura en Chile durante el periodo colonial, Santiago de Chile 1933; A. BENAVIDES, La arquitectura en el virreinato del Perú y en la capitanía general de Chile, Santiago de Chile 1941; A. ROMERA, Historia de la pintura chilena, Santiago de Chile 1960; D. ÁNGULO IÑIGUEZ, Historia del arte hispanoamericano, III, Barcelona 1956; G. GUARDA GEYWITZ, El triunfo del neoclasicismo en el reino de Chile, "Bol. De Investigaciones Estéticas" 8, Caracas 1967.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.