César, Cayo Julio
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Biografía GER
Es la máXIma figura militar del Imperio romano. N. en Roma el 12 jul. 100 a. C. (según algunos autores en el 102). Eran los julios una noble familia patricia de Roma, aunque de poco relieve político y económico. En su árbol genealógico se cuentan varios cuestores, pretores y hasta dos cónsules, que militaban en el partido aristocrático o en el democrático. Los Julios pretendían que su origen se remontaba hasta Venus, a través de Eneas. Su padre, Cayo, ocupó el cargo de pretor, no sabemos en qué año, y Aurelia, su madre, descendía de familia poderosa. Su tía Julia estaba casada con Mario (v.), y él mismo tomará como esposa a Cornelia, la hija de Cinna, durante el gobierno de Sila. Estas circunstancias inclinan a C., desde joven, hacia el partido democrático, en el que se mantuvo toda su vida. De su infancia apenas tenemos noticias, salvo que tuvo como educador al maestro galo Antonio Grifón, bajo cuya influencia se aficionó a las letras. Contaba 16 años cuando su padre pretendió casarle con Cosuttia, hija de simples aunque opulentos caballeros, según Suetonio. Ya prometidos, sobrevino inesperadamente la muerte de su padre. Rompió el compromiso y tomó por mujer a Cornelia, hija de Cinna, el jefe del partido de Mario. Intervino Sila y le ordenó el divorcio. C. se negó y por ello, tuvo que huir de Roma, refugiándose en tierras danubianas. Por intervención de algunos parientes y amigos, fue indultado por Sila, después de ordenar la confiscación de la dote de Cornelia. Advertía Sila que "en César hay muchos Marios". Vuelto a Roma no encontró favorable acogida. Decidió partir para Asia. Pasó algún tiempo en Bitinia, en casa del rey Nicomedes. Participó en la toma de Mitilene. Luego sirvió en Cilicia a las órdenes de Servilio Isáurico hasta que se enteró de la muerte de Sila. Volvió a Roma de nuevo, decidido a hacer carrera política.En aquellos momentos la República romana atraviesa una época de gran inestabilidad. El partido democrático ha venido tomando conciencia de sus derechos y ejerce cada vez mayor presión política, basado en su número creciente. Las antiguas luchas entre patricios y plebeyos perviven en las reformas de los Gracos (v.) y a través de las luchas entre Mario y Sila. En los momentos de apogeo democrático, los grandes poderes de los comicios y tribunos de la plebe llegan casi a anular la autoridad del Senado. Durante la dictadura oligárquica, Sila se propuso destruir la fuerza política del pueblo, anulando los decretos de Mario. Esta coyuntura se presenta muy favorable para las aspiraciones de C. al poder. Para ello lo primero que hace es adherirse públicamente al partido democrático. Trata de captarse las simpatías de la plebe con frecuentes intervenciones en el Foro. A los 23 años acusa públicamente a dos de los principales partidarios de Sila, Gneo Cornelio Dolabela y Antonio. Esto le ocasiona problemas y marcha a Rodas, donde asiste a la escuela del célebre gramático Apolonio Molón. Rumbo a Asia Menor es capturado por unos piratas a los que, una vez rescatado, persigue y hace ejecutar. Es la época en que Mitrídates VI (v.) ocasionaba disturbios en la zona del mar Negro. C. pasa a estas tierras y realiza, por cuenta propia, una serie de expediciones militares con notable éXIto. En el 74 vuelve a Roma y es nombrado miembro del colegio sacerdotal. Se aplica de nuevo a conseguir popularidad, sin reparar en los medios. Aparece en el Foro en cualquier ocasión, pronunciando discursos con una oratoria sobria y rara, pero eficaz. La muerte de su tía Julia y de su esposa Cornelia le inspiran dos solemnes oraciones fúnebres. En el 72 es nombrado tribuno militar. En el 69 pasa como cuestor a Hispania Ulterior. Su misión consiste en administrar justicia en las reuniones de mercados de la provincia. Nos cuenta Suetonio que, durante su estancia en Cádiz, visita el famoso templo de Hércules, al igual que antes lo hiciera Aníbal. Allí admira la figura de Alejandro al contemplar su estatua (según Plutarco fue durante una lectura), y se lamenta de no haber hecho nada grande a su edad. Consulta a los augures el significado de un sueño que tuvo, en el que violaba a su madre, y éstos le interpretan que su madre representa la tierra, de la que será dueño.En Roma contrae matrimonio, en el 68, con Pompeya, sobrina del general Pompeyo, que está luchando en Asia contra Mitrídates. En el 65 es nombrado edil curul. Para atraerse a la masa organiza toda clase de espectáculos circenses y teatrales, incluso escándalos políticos, como el que levanta cuando hace decorar el Capitolio con los trofeos y estatuas de Mario, que habían sido retirados por orden de Sila. Es nombrado juez en la causa, preparada por él mismo, contra el impopular senador C. Rabirio, que es condenado. En el 63 es nombrado por el pueblo pontífice máXImo, cargo que le permite juzgar las causas de tipo religioso y presidir los espectáculos públicos. Todo esto ocasiona en C. un gran prestigio político y una total ruina económica. Es una época de gran tensión política. Desde el 65 Catilina está preparando un golpe de Estado. Participaban en el complot miembros de toda clase social. Es difícil juzgar con exactitud el caso, dado que sus biógrafos Salustio (v.) y Cicerón (v.) fueron enemigos suyos. Lo cierto es que Catilina había presentado sin éXIto su candidatura al Consulado varios años. La enérgica oposición de Cicerón fue decisiva. Al ser derrotado en las elecciones del 62, Catilina se reúne con sus conjurados en Fiésole, presentan batalla y terminan siendo aniquilados por el cónsul Cayo Antonio. Es muy probable que C. en un principio estuviera complicado en el plan, al que pudiera haber tomado como medio de derrocar al régimen y reponer su economía, cambiando su opinión después. C. y el opulento Craso apoyaron la candidatura de Catilina al Consulado del 62, y cuando varios de los principales conjurados, Léntulo, Estatilio, Cétego y otros, fueron juzgados y condenados a muerte, fue C., ya pretor, quien se opuso, pidiendo para ellos prisión preventiva. Aunque su propuesta no fue aceptada, puso en guardia al partido aristocrático, al enfrentar su oratoria con la de Cicerón y Catón (v.). Su prestigio aumentó en proporción a las serias amenazas de que fue objeto. Ese mismo a. 62 se divorcia de Pompeya, acusada de relaciones con Publio Clodio. En el juicio C. los declara inocentes con el fin de tener a Clodio siempre a su disposición.1. Propretor en Hispania. Antes de terminar su pretura en Roma, consigue ser nombrado propretor de la Hispania Ulterior. Sus acreedores quieren impedir su marcha. Craso, que ve en el joven C. las cualidades que a él le faltan, aporta la fianza necesaria. No hay duda de que C. pensaba en Hispania como el medio ideal de hacer fortuna y saltar al Consulado. Llega a Hispania a mediados del 61, según Apiano, en busca de gloria y dinero, y Suetonio nos dice que fue llamado por los provinciales que sufrían continuas incursiones de los lusitanos. Sabemos que recorre la costa atlántica. Se enfrenta a los lusitanos de Monte Herminio (sierra de Estrella) y los obliga a asentarse en el llano. Llega hasta Brigantium (¿Coruña?) y la toma. Exige mucho dinero en estas expediciones. En Cádiz suprime la costumbre fenicia de quemar vivos a los criminales y toma medidas en favor de los ciudadanos con deudas. En el verano del 60 vuelve a Roma, pensando en el Consulado.2. Triunvirato y Consulado. La situación en Roma es complicada. Resuelto el problema de Catilina, el Senado refuerza más su posición aristocrática. Se enfrentan en Roma tres hombres con iguales aspiraciones políticas: C. Pompeyo (v.), M. L. Craso y C. Los dos primeros habían sido cónsules en el 70. Por la Ley Gabinia del 67 recibe Pompeyo un ejército y poderes extraordinarios sobre Oriente. Acaba con los piratas que impiden el comercio y.la llegada regular de trigo a Roma, pacifica las tierras del mar Negro, sublevadas con Mitrídates y avanza más al E, convirtiendo a Siria, Bitinia, Fenicia y Palestina en provincias romanaS. Vuelve triunfante a Roma y licencia sus tropas prometiéndoles reparto de tierras. Pero el Senado no concede estas tierras ni ratifica las medidas tomadas en Oriente por Pompeyo. El segundo pretendiente, Craso, es el que reprime la sublevación de Espartaco (v.), pero su fama se basa en el dinero; tiene la mirada puesta en Egipto, y en el Senado no es atendido. C. tiene también sus problemas. Al volver de Hispania en el 60 encuentra fuerte oposición en el partido senatorial mayoritario de Catón. No puede ser elegido cónsul un candidato ausente y, antes de la ceremonia del triunfo, un general no puede presentarse en Roma. Consecuencia de todo ello es la alianza que los tres grandes hicieron en el verano del 60, según la cual, C., Pompeyo y Craso gobernarán la República por su cuenta y C. subirá al Consulado, desde donde favorecerá a sus dos colegas. En las elecciones C. es elegido cónsul, pese a la fuerte oposición senatorial. Su colega, a modo de figura decorativa, es M. C. Bíbulo. Desde el poder pone en marcha todas las medidas, planeadas el año anterior, destinadas a quebrantar el poder senatorial y el favor de Pompeyo y Craso. Casa a su hija Julia con Pompeyo, consigue la aprobación de una reforma agraria, con la que se reparte tierras a 20.000 ciudadanos pobres y veteranos de Pompeyo y son confirmadas las medidas de Pompeyo en Oriente.Como el Senado se opone a estas medidas, C. las presenta directamente a los comicios y son unánimemente aprobadas. Ordena también que diariamente aparezcan, para lectura pública, las actas del Senado, dando así un carácter popular a los problemas políticos. Era costumbre romana definir un año por sus cónsules. El 59 era "el consulado de Julio y C.". Antes de terminar su año de cónsul prepara un plan para los años siguientes: se hace nombrar, por cinco años, procónsul de la Galia Cisalpina, Iliria y Galia Narbonense, con plenos poderes y ejército propio. P. Clodio, tribuno de la plebe, sometido a la voluntad de C., es elegido cónsul para el 58. Y, para no dejar enemigos peligrosos en Roma, consigue desterrar a Cicerón y alejar a Catón. Pompeyo sigue con plenos poderes en Oriente, asegurando la llegada de trigo a Roma.3. Conquista de las Galias. La mitad norte de las Galias eran tierras bárbaras y desconocidas para los romanos, aunque éstos habían oído hablar de su abundancia de oro. La componían una serie de diferentes pueblos agrícolas, con organización tribal. Los diversos pueblos, eduos, secuanos, alóbroges, eburones, etc., tenían muchos problemas y se encontraban en continua rivalidad. El primer enfrentamiento tuvo lugar con los helvecios (V. HELVETIA), una masa empobrecida que emigró del oeste de Suiza en busca de mejores tierras. Contra ellos los secuanos pidieron ayuda a los germanos de Ariovisto, mientras los eduos acudieron a los romanos. C. derrotó a los helvecios en Bibracte y les permitió volver a sus tierras aceptando la soberanía romana. En el mismo a. 58 se propuso expulsar a los germanos. En una entrevista con Ariovisto no llegaron a un acuerdo, se enfrentaron sus tropas, y C. acabó con ellos en BesanQon, a orillas del Rin. Fortaleció esta frontera con tribus indígenas. Los pueblos del norte se aliaron ante la proXImidad romana. Uno tras otro y tras dura resistencia, fueron sometidos, en el 57, estos pueblos belgas. El año siguiente C. tuvo que sofocar, luchando por tierra y mar, una rebelión de estos pueblos del norte, siendo muy duras las medidas represivaS. Volvió a Roma. Aunque aclamado por la asamblea, no encontró favorable acogida en el Senado. La vuelta de Cicerón y Catón reforzó la oposición senatorial. C., Pompeyo y Craso se reunieron en Lucca, al N. de Etruria y tomaron las siguientes decisiones: prorrogar otros cinco años el gobierno de C. en las Galias, al final de los cuales subiría al Consulado. Pompeyo y Craso asumirían el Consulado el 55 y después, Pompeyo tomaría el mando de las dos Hispanias y Craso el de Siria. La oposición senatorial a estas medidas se solucionó presentándolas directamente a los comicios, que las aprobaron. El dinero de Craso aseguró los votos necesarios para acceder al Consulado.C. vuelve a las Galias donde tiene que enfrentarse a una nueva invasión de germanos empobrecidos. Los castiga duramente. Construye en dos días un gran puente de madera sobre el Rin y penetra en tierras germanas con el fin de atemorizar a los pueblos fronterizos y lograr el respeto de la frontera. Pasa dos veces a Britania (Inglaterra) para someter a las tribus costeras. En la segunda expedición, en la primavera del 54, tiene algunos enfrentamientos, en los que triunfa, llegando a la altura de Londinium (Londres). Regresa pronto a la Galia, donde continuas provocaciones le obligaron a ejecutar movimientos rápidos con sus legiones. En los últimos meses del 53 estalla una sublevación general organizada por los arvernios y acaudillada por el valeroso Vercingetórix. Apoyados por los druidas de cada tribu, la Galia entera parece unida contra Roma. C. organiza una serie de maniobras militares con las que logra desmembrar a Vercingetórix, que se refugia en Alesia con el grueso de sus tropas. Tras un penoso sitio de la ciudad, el ejército galo acepta la rendición sin condiciones. En el 51 quedan las Galias totalmente sometidas a Roma. Con gran botín, C. regresa triunfante a la Galia Cisalpina.4. Guerra civil. La situación en Roma es anárquica y desordenada. Craso, terminado su año consular, parte a su destino de Oriente, donde, después de obtener algunos éXItos, muere en el 53 tras una grave derrota del ejército romano ante los partos (v.) (Persia), en Carre. Pompeyo encomienda el gobierno de las Hispanias a sus lugartenientes, mientras él permanece en Italia. Su enemistad con C. aumenta a medida que éste progresa en triunfos. A finales del 54 muere Julia, hija de C. y esposa de Pompeyo. C. le ofrece su sobrina Octavia y Pompeyo se niega. En Roma la oposición personal entre los cónsules Clodio y Milón provoca grandes disturbios, especialmente en el 62, cuando Clodio es asesinado por agentes de Milón. Pompeyo, cuyo gobierno de las dos Hispanias había logrado prorrogar cinco años más, es nombrado cónsul único con plenos poderes durante dos meses, a fin de imponer orden con su ejército. Aprovecha esta ocasión para eliminar a C., su único rival. Los poderes de éste terminaban el 1 mar. 49. Era fácil encontrar motivos legales para impedir la candidatura de C. al Consulado del 48. C. entiende la situación. Su portavoz ante el Senado, C. E. Curión, comunica la disposición de C. de abandonar su poder a condición de que Pompeyo renuncie a los suyos. El Senado, presionado por Pompeyo, exige a C. el licenciamiento de sus tropas. La oposición de los cesaristas en Roma hace que el 7 de enero el Senado declare la República en estado de emergencia y Pompeyo recibe la misión de defenderla con su ejército. El Rubicón señalaba la frontera de la Galia Cisalpina y la Italia propiamente dicha. C. licencia gran parte de sus tropas y, con su favorita legión XIII, atraviesa el río ("alea jacta est") en dirección a Roma, no sabemos si antes o después del 7 de enero. Apenas encuentra obstáculos a su paso. Recluta nuevas tropas de voluntarios. Ante la noticia, Pompeyo y los senadores abandonan Roma en dirección S. Catón se retira a Sicilia con una parte del ejército. Pompeyo trata de llegar con el suyo a Brindis para desembarcar a tiempo rumbo a Macedonia. C. intenta impedirle la salida, pero no le alcanza. Vuelve a Roma a mediados de marzo y deja el ejército extramuros. Actúa con gran diplomacia. Abre el tesoro público, que permanecía intacto, y aporta nuevos ingresos. Reanuda la actividad normal de la ciudad, cuya dirección asume M. E. Lépido. Es el 49, C. se encuentra dueño de Italia, pero rodeado por tres frentes enemigos: el ejército pompeyano de España, Catón en Sicilia y Pompeyo en Macedonia. Contra Sicilia manda a Curión con dos legiones. Catón entonces pasa al norte de África donde el rey Juba apoya a los pompeyanos. Curión muere y su ejército es derrotado. C., mientras tanto, se dirige a España. Encuentra resistencia en los griegos de Marsilia (Marsella). Deja sitiada la ciudad y avanza a tierras de Lérida. El ejército pompeyano estaba mandado por L. Afranio y M. Petreyo en la zona N., y M. T. Varrón controlaba la Bética desde Cádiz. La campaña hispánica sólo dura 40 días. La operación de C. se basa en tácticas militares más que en francas batallas. La dificultad de aprovisionamiento es grave, debido a que los pompeyanos acaparan las reservas alimenticias de la región. Las inundaciones del Segre les ocasionan serios problemas. C. se da cuenta de los planes y errores de sus enemigos y los desbarata en Ilerda (Lérida). Rápidamente baja al S. contra Varrón. Las ciudades de la Bética se pasan al lado de C. y Varrón tiene que rendirse. De vuelta a Roma, conquista Marsella. En Roma sustituye el título de dictador, que ostentó algunos meses, por el de cónsul. Organiza la expedición contra Pompeyo, teniendo que calmar una sublevación de sus tropas. Zarpa de Brindis rumbo a Dyrraquio (Durazzo), y tras serias dificultades consigue acampar cerca del ejército de Pompeyo. Después de algunas escaramuzas, favorables a Pompeyo, C. se retira a la zona de Tesalia (al E de Grecia). Por iniciativa de Pompeyo, el 9 ag. 48, se enfrentan los dos ejércitos en la llanura de Farsalia: 110 cohortes de Pompeyo contra 80 de C. La técnica de éste se impone sobre la superioridad numérica de su rival. Pompeyo huye hacia la costa. Según C., mueren 15.000 pompeyanos y 25.000 son hechos prisioneros. Pompeyo termina refugiándose en Egipto, donde espera buena acogida en la corte de Ptolomeo XIII, niño todavía. Los visires de la corte, entre ellos Potinos, pensando atraerse el favor de C., hacen decapitar a Pompeyo el 28 de septiembre. C. pasa a Egipto con la excusa de cobrar deudas económicas con Roma. Castiga a los asesinos de Pompeyo. Interviene en el asunto dinástico planteado desde la muerte de Ptolomeo XII Auletes, y une en el trono a Cleopatra VII (v.) con su hermano Ptolomeo XIII. Estalla en Alejandría una fuerte rebelión contra C., con participación directa del rey. Es asediada la guarnición cesariana. Un incendio destruye la famosa biblioteca de Alejandría.Llegan refuerzos a C., tras seis meses de espera y con ellos impone su dominio en Egipto. En marzo del 47 instala a Cleopatra en el trono. Una sublevación del rey Farnaces en el Ponto le hace salir de Egipto. En veloz campaña de cinco días ("llegué, vi, vencí"), C. soluciona el conflicto. En otoño de este año se presenta en Roma y tiene que solucionar tajantemente algunos problemas surgidos en su ausencia. En África y España quedan aún dos fuertes núcleos enemigos. C. levanta el ánimo a sus tropas, ya cansadas, y parte para África. Allí está concentrado el grueso del ejército pompeyano con sus principales partidarios: Catón, Q. Metelo Escipión, Labieno, Afranio, Petreyo y los hijos de Pompeyo, Cneo y Sexto. El rey Juba de Numidia es su principal aliado. En diciembre del 47 tienen lugar los primeros enfrentamientos, favorables a los pompeyanos. Pero en agosto del 46 las legiones de C. aniquilan en Tapsos a su enemigo. Se calcularon 50.000 pompeyanos muertos. Labieno y los hijos de Pompeyo consiguen escapar. C. lamenta el suicidio de Catón. En Roma organiza grandes fiestas para celebrar sus triunfos. Elegido cónsul por cuarta vez, pasa a la Bética con ocho legiones selectas para terminar con el último gran núcleo pompeyano, concentrado en esta región. El 17 mar. 45 se produce la batalla de Munda (al S de Córdoba), descrita en el anónimo Bellum Hispaniense. Cuenta Plutarco que C. consideró ésta como su batalla más encarnizada. En septiembre del 45 se celebra en Roma su último triunfo.5. Dictadura y muerte. Con C. agoniza la República. Emprende toda una serie de reformas, utilizando el ejército como base de imposición. Recibe sucesivamente los títulos de tribuno vitalicio, cónsul por cinco años, dictador por 10 años, dictador perpetuo y pontífice máXImo. En su reforma comienza por democratizar el Senado, incrementando el número de senadores de 600 a 900, con miembros procedentes de las provincias. Extiende ampliamente el derecho de ciudadanía. Organiza la hacienda y los impuestos. Construye grandiosos edificios en Roma: El Foro julio, el templo de Marte, etc. El 1 en. 45 impone el nuevo calendario Juliano (v. CALENDARIO), basado en el egipcio. Adopta el ciclo de 365 días con años bisiestos en vez de 355 del calendario anterior, y añade al año último los 90 días retrasados respecto al año solar.Pese a su gran prestigio, C. contaba con una fuerte oposición. Los representantes del viejo Senado, que aún soñaban con instalar sus anacrónicas instituciones, presentían las disimuladas tendencias monárquicas de C. Las últimas medidas de éste, por otra parte, nada favorecían los intereses de la plebe. A principios del 44, mientras C. planeaba una expedición contra los partos (v.) para vengar la muerte de Craso, un grupo de conjurados dirigidos por C. Casio y el yerno de Catón, Marco Bruto, planearon su muerte. El 15 de marzo (Idus de marzo) el Senado había convocado sesión extraordinaria, con el fin de conceder a C. poderes especiales para su expedición. Salió de casa, esta vez sin su fiel escolta hispana, y a la entrada del Senado fue acuchillado por los conjurados. El cónsul Marco Antonio (v.) y el cesarista M. E. Lépido se ocupan de calmar los desórdenes ocasionados por el suceso. El testamento fue leído en público, y, contra lo que M. Antonio esperaba, apareció como principal heredero Octavio (v. AUGUSTO, OCTAVIO), SObrino de C. Al pueblo dejaba sus jardines y palacio, y 300 sestercios para cada ciudadano pobre. El pueblo exaltó al máXImo su persona en apoteósicos funerales. Prácticamente moría con él la República y quedaba instaurado el Imperio. Siguió una corta guerra civil de lucha por el poder que terminó con el segundo triunvirato: Marco Antonio, Octavio y Lépido.6. César, hombre de letras. También para el campo literario estuvo dotado C. de especiales cualidades. Tenemos noticia de varias obras suyas de juventud, sobre temas variados, perdidas en casi su totalidad. Escribió algunas elegías, epigramas, un poema sobre Hércules, sobre los astros, una tragedia (Oedipus), un libro de viaje a España (Iter), un tratado sobre cuestiones de gramática (De Analogía), dos libros contra Catón (AntiCato). Parece ser que estas primeras obras no destacaban por su calidad, y Augusto prohibió la publicación de algunas de ellas. En lo que sin duda alcanzó gran perfección literaria fue en sus discursos y oraciones fúnebres. Y sobre todo, en las dos inmortales obras que han llegado hasta nosotros: los comentarios Sobre la Guerra de las Galias y Sobre la Guerra Civil (De Bello Gallico y De Bello Civile). El primero comprende siete libros originales (hasta la batalla de Alesia), y el octavo, que completa la obra, escrito, con parecido estilo al de C. por Aulo Hircio. El comentario Sobre la Guerra Civil comprende tres libros. Termina en la guerra de África. Se complementa con otros tres: Sobre la Guerra de Alejandría (De Bello Alexandrino) posiblemente del mismo Aulo Hircio, Sobre la Guerra de África (De Bello Africano) y Sobre la Guerra de España (De Bello Hispaniense). Estos dos últimos son anónimos y literariamente pobres.Los comentarios son una especie de apuntes rápidos tomados en campaña. La narración aparece fluida, sencilla y precisa, opuesta por completo al floreado estilo de su coetáneo Cicerón. C. sabe dar a cada momento su valor exacto. Frecuentemente intercala discursos sintetizados y con acierto lógico. Pueden apuntarse algunas faltas literarias de unidad y de estilo. Históricamente su valor es inapreciable como documento de primera mano. La crítica actual ha señalado, no obstante, una gran falta de objetividad general en la exposición de los hechos. Los relatos, juicios y omisiones están intencionadamente medidos hacia los objetivos políticos de C. Con todo, estas obras han situado a su autor, histórica y literariamente, en la primera línea de los clásicos latinos.J. DE LA TORRE FERNÁNDEZ.
BIBL.: Fuentes: J. CÉSAR, Comentarios de la guerra de las Galias, Madrid 1964; íD, Memorias de la guerra Civil (bilingüe, preparada por S. MARINÉ, con interesante introducción), Barcelona 1959; SUETONIO, Vida de los doce Césares, Barcelona 1964; PLUTARCO, Vidas paralelas, Madrid 1967; A SCHULTEN y P. BoSCH GIMPERA, Fontes Hispaniae Antiquae, V, Barcelona 1940.
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