Cervantes Saavedra, Miguel de
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Biografía GER
Escritor español; n. en 1547 y m. en Madrid el 23 abr. 1616. Se desconoce el día de su nacimiento; pero consta que fue bautizado en la iglesia parroquial de S. María la Mayor, de Alcalá de Henares, el 9 oct. 1547; según algunos biógrafos pudo haber nacido el 29 de septiembre, festividad de S. Miguel. Representa la cumbre más alta de la literatura española y es una de las mayores figuras de las letras universales. Surge a la vida en uno de los momentos más fecundos de la historia cultural de España; forma su personalidad en los años en que el Renacimiento hispano ha logrado su plenitud y madurez, y su vida se prolonga hasta contemplar las exuberancias del barroco. Su producción literaria, que se extiende- desde 1585 hasta 1616, se reparte exactamente entre las dos centurias. De ahí que su obra, especialmente el Quijote, se presente como síntesis armónica y crucial de dos épocas distintas con un sentido universal y humano que supera a cualquiera de las creaciones del Siglo de Oro (v.). En la vida de C. podemos distinguir dos etapas claramente diferenciadas: la primera (niñez, Italia, Lepanto, Argel) corresponde al momento de apogeo del Imperio, y la vida de C. transcurre por cauces de gloria y esfuerzos heroicos. La segunda, iniciada tras el regreso del cautiverio, es la época en que surge el escritor en C. en medio de privaciones económicas y sinsabores, y que corresponde (desastre de la Invencible, muerte de Felipe II, etc.) al comienzo de la decadencia imperial.1. Biografía. Ambiente familiar e infancia de Cervantes. El abuelo del escritor, el licenciado Juan de C., ejerció diversos cargos públicos, entre ellos el de corregidor de Osuna en 1546. Su hijo Rodrigo, padre del autor del Quijote, fue un modesto cirujano, profesión no muy productiva en aquellos tiempos, y en 1541 se casó, según algunos con la oposición de su padre, con doña Leonor de Cortinas, de la que apenas se posee dato alguno, salvo que era tan pobre como su marido. Del matrimonio nacieron siete hijos, cuyo cuarto lugar corresponde a Miguel, que estuvo especialmente vinculado a sus hermanos Andrea (n. 1544), Rodrigo (n. 1550) y Magdalena (n. 1552 ó 1554). En su niñez, la vida de C. se desenvolvió en un ambiente mezquino y turbio, y de moralidad un tanto dudosa. Poco antes de nacer, una hermana de su padre, María, que convivía con la familia, era la amante de un arcediano, hijo bastardo del duque del Infantado; tales amores provocaron un pleito escandaloso del que salió bastante maltrecha la dignidad del abuelo de C.Tratando de mejorar su profesión de médico, Rodrigo, que tras algunos cambios de residencia se había establecido en Alcalá de Henares (1547), se traslada en 1550 a Valladolid junto con su madre, su mujer, sus hijos y su hermana María; allí es encarcelado por deudas y le son confiscados sus haberes, y permanece varios meses en la cárcel, aun cuando alega y demuestra su hidalguía. De, Valladolid parece ser que pasa la familia a Córdoba, y en 1564 los vemos en Sevilla. En esta última ciudad, la hermana de Miguel, Andrea, es seducida por un tal Nicolás de Ovando, y de tal amorío nace una niña, Constanza. A su vez, el cirujano Rodrigo sostiene un nuevo pleito y sufre otro embargo. En 1566 la familia se había establecido en Madrid.Juventud y estudio. Muy poco se sabe de la vida de C. durante estos años de juventud. Se ha supuesto, por conjeturas deducidas de sus propias obras, pero sin pruebas concluyentes, que estudió con los jesuitas de Sevilla (y quizá también con los de Córdoba), y es posible, asimismo, que realizara estudios en la Univ. de Salamanca. A partir de 1568 se comienzan a conocer los primeros pasos de la vida literaria de C., cuando éste contaba apenas 21 años. Estudiaba gramática y retórica en la escuela de Buenas Letras que dirigía en Madrid el presbítero Juan López de Hoyos (1511-83), cuando falleció la esposa de Felipe II, doña Isabel de Valois, y con tal motivo, el card. Diego de Espinosa encomendó a López de Hoyos un trabajo en memoria de la reina, el cual tituló Historia y relación verdadera de la enfermedad, felicísimo tránsito y sumptuosas exequias fúnebres de doña Isabel de Valoys, nuestra señora; relación que consta de numerosas composiciones, parte de las cuales encargó a sus discípulos, entre los que C. fue el más favorecido de elogios por parte de su maestro, aunque ninguna de sus composiciones nos parece hoy merecedora de grandes alabanzas.Estancia en Italia. En 1569 marcha a Italia. Se supone que esta salida de España estuvo relacionada con cierto lance en que resultó herido un tal Antonio de Segura. En una real orden dada por los alcaldes de Madrid en el mes de septiembre de este año se manda prender a "un Miguel de Zerbantes" que andaba "por estos nuestros reinos", y se le condenaba por rebelión a que "con vergüenza pública le fuese cortada la mano derecha y destierro por diez años". Si éste es nuestro escritor, no hay duda que pasó a Italia en busca de refugio. Allí entró al servicio de Giulio Acquaviva, elevado poco después al cardenalato, y con él recorrió las principales ciudades de Italia, cuya lengua aprendió y así pudo leer en su texto original a los más famosos escritores italianos. En las obras de C. hay abundantes testimonios de la admiración que desde entonces sintió por la Italia renacentista.Incorporación a la milicia e intervención en Lepanto. Este mismo año, o a comienzos de 1570, atraído por la vida militar, se despidió de Acquaviva para alistarse como soldado en las tropas pontificias del general Marco Antonio Colonna, entre las que figuró, probablemente, hasta principios de 1571, aunque se desconoce la fecha exacta en que pasó, también como soldado, al servicio de España.Formalizada la alianza entre el Papa, España y Venecia contra el turco, C. interviene gloriosamente en la batalla de Lepanto (octubre 1571), acción que representaría para él la mayor gloria de su vida, de la que se muestra orgulloso en varios pasajes de sus obras y sobre la que compuso una comedia, La batalla naval, hoy perdida. Intervino en la lucha formando parte del tercio de D. Miguel de Moncada, compañía de D. Diego de Urbina, la cual, para asistir a este hecho de armas, fue destinada a la galera Marquesa, mandada por D. Francisco de Sancto Pietro y encuadrada en la división de Juan Andrea Doria. En fecha tan señalada se encontraba C. enfermo y con fiebre, y aunque sus jefes le aconsejaron que se quedara bajo cubierta, quiso para sí uno de los puestos de mayor peligro, consiguió que se le confiase el mando de un pelotón, y, luchando valerosamente, fue herido de dos arcabuzazos, uno en el pecho y el otro en la mano izquierda, que desde entonces le quedó inútil para mayor "gloria de la diestra", como escribió con justo orgullo. Para curar y convalecer de sus heridas pasó en el hospital de Mesina un largo periodo, que terminó a fines de marzo de 1572. Apenas salido del hospital se incorporó al tercio de D. Lope de Figueroa y asistió a la expedición naval de Navarino (1572) y en 1573 a la ocupación de Bizerta y Túnez. Con el deseo de obtener el grado de capitán zarpó en Nápoles con destino a España en la goleta Sol el 20 sept. 1575.Llevaba cartas encomiásticas del propio D. Juan de Austria y del duque de Sessa, virrey de Sicilia. Seis días después, la embarc,-^,ión fue atacada y apresada por tres naves corsarias argelinas mandadas por el renegado albanés Mamí, y C., junto con su hermano Rodrigo y los demás prisioneros, fue conducido a Argel, en cuyos famosos baños permaneció cinco años haciendo gala siempre de un heroico comportamiento, y dedicándose a organizar planes de fuga para él y sus compañeros.Cautiverio en Argel. En el primer intento de fuga, quiso alcanzar por tierra la plaza de Orán, pero el "moro" que había de guiarlos los abandonó a medio camino. Entretanto, la familia de C. tuvo noticias de que los frailes mercedarios preparaban una redención de cautivos y reunió dinero para rescatar a los dos hermanos. Pero la cantidad recogida no bastó para lograr la libertad de ambos, puesto que por Miguel los argelinos pedían 500 escudos. Miguel prefirió que todo el dinero fuese destinado al rescate de Rodrigo, que en 1577 marchó a España con el propósito de organizar un nuevo plan de fuga: enviaría desde la Península una fragata que embarcaría a los fugitivos; pero, uno de los cómplices, el renegado el Dorador, denunció a sus compañeros y dijo al bey que el organizador de la fuga había sido C., por lo que fue cargado de cadenas y permaneció de esta suerte en la cárcel durante cinco meses. Con motivo de esta tentativa de evasión, C. dejó de ser esclavo de Mamí, y pasó a depender del bey de Argel, Hasan Bajá, según la entonces vigente ley de presos. No se desanimó C. ante este segundo fracaso, y planeó un tercer intento de evasión, otra vez con destino a Orán, pero con igual resultado que los anteriores. En 1579 los padres trinitarios anunciaron una nueva redención y la madre de C. les entregó 250 ducados, y su hermana Andrea, 50.Por aquel tiempo, C. escribía su famosa epístola en tercetos A Mateo Vázquez, secretario de Felipe II, refiriendo sus hazañas y desventuras e instando al rey a la empresa de libertar a los cristianos de Argel (escrito que no produjo ningún eco en la corte de España), y poco después tenía lugar el cuarto intento de fuga organizado por C. (septiembre 1579): los cautivos se hicieron con una fragata en la que poder evadirse; pero el intento fue descubierto por denuncia también de un español, el doctor Juan Blanco de Paz, que había sido fraile dominico y que trató más tarde de dificultar el rescate de C. con toda clase de insidias. El bey encerró a C. en la "cárcel de los moros que estaba en su mesmo palacio" y pensó llevarlo consigo a Constantinopla.En mayo de 1580 llegaron a Argel los frailes trinitarios Juan Gil y Antón de la Bella con el propósito de rescatar el mayor número posible de cautivos. Fray Juan Gil entabló amistad con C., cuyo rescate resultaba difícil por la fuerte suma que pedían por él. Entretanto, Hasan Bajá se disponía a regresar a Constantinopla llevándose en varias naves a su familia y todos sus efectos; era el 19 sept. 1580. En el último instante, ya casi a punto de partir, fray Juan Gil logró reunir los 500 escudos que Hasan pedía por C. y obtener su libertad.Llegada a España. C. partió para España posiblemente el 24 oct. 1580 y desembarcó en Valencia. En 1582 se esforzó por conseguir un puesto con destino a América, que no alcanzó y en 1584 abandonó definitivamente la profesión de soldado. El 12 de diciembre del mismo año, en la parroquia de S. María del pueblo de Esquivias, contrajo matrimonio con Da Catalina de Salazar y Palacios, que aportó al matrimonio una pequeña dote. Ella contaba sólo 19 años y C. 37. A causa de los continuos cambios de residencia vivió C. casi siempre alejado de su esposa, la cual no consintió en salir de Esquivias, sino en contadas ocasiones. Poco antes, y de sus amores con la mujer de un cómico llamada Ana Franca de Rojas, C. tuvo una hija natural, llamada Isabel de Saavedra, aunque algunos críticos han supuesto, con poco fundamento que la tal Isabel no era hija de C., sino de su hermana Magdalena.Actividad literaria y otros oficios. En 1585 se trasladó C. a Madrid, donde este mismo año se había publicado La Galatea, que C. había vendido por 1.300 reales, y que no tuvo el éXIto que su autor esperaba. Se dedicó con éXIto al teatro, escribiendo comedias como La Numancia, Los tratos de Argel, La batalla naval y otras de las que hoy apenas se conocen los títulos.A partir de 1587 su actividad se dirigió hacia otras ocupaciones poco en armonía con la literatura. Residió muchos años (1587-1600) en Sevilla, recorriendo casi toda Andalucía en calidad de comisario para el aprovisionamiento de la Armada, cargo que desempeñó hasta 1593. En 1594 se le nombró comisario en Granada para la recaudación de rentas debidas a la Hacienda. Tales actividades, que le obligaban a manejar importantes sumas, le proporcionaron numerosos disgustos, culminando con la quiebra de su banquero, Simón Freire, hecho que le valió a C., al no poder reponer los fondos a él confiados, tres meses de cárcel en Sevilla (1597).No obstante, estos años transcurridos en medio del ambiente popular (caminos, posadas, gentes del hampa, comerciantes y traficantes) supusieron un conocimiento del pueblo muy útil para su arte; así, durante su prisión en Sevilla parece haber iniciado la composición del Quijote. En 1602 reside en Castilla y en 1605 vivía en Valladolid con toda su familia, donde había sido llamado, establecida allí la Corte, con objeto de que justificara definitivamente las cuentas a la Hacienda, quedando patente su honestidad como recaudador. A principios de 1605 se publicó en Madrid la primera parte del Quijote, cuando C. contaba 57 años. Una nueva desdicha vino a turbar su vida: el 27 jun. 1605 cierto caballero llamado Gaspar de Ezpeleta fue muerto frente a la casa de C. en Valladolid. El novelista nada parece haber tenido que ver con el acontecimiento, aunque fue incoado proceso contra él y su familia, y fueron llevados a la cárcel. Al no encontrarse cargos concretos, fueron puestos en libertad. Años después, en 1608, se pusieron de manifiesto detalles equívocos sobre la moralidad de los familiares femeninos de C., a excepción de su madre y de su esposa, y que revelaban un sórdido ambiente familiar que C. hubo de soportar y quizá consentir, prueba sin duda de las estrecheces económicas que siguieron atormentándole hasta el final de su vida.Últimos años: enfermedad y muerte. Cuando la Corte se trasladó de nuevo a Madrid, la siguieron C. y su familia (septiembre 1608). En Madrid vivió el resto de sus días. Fueron éstos los años de mayor actividad literaria. En 1613 aparecieron las Novelas ejemplares; en 1614 el Viaje del Parnaso; en 1615 las Ocho comedias y ocho entremeses nuevos y la segunda parte del Quijote; en 1616 terminó los Trabajos de Persiles y Sigismunda, poco antes de su muerte. La enfermedad que C. sobrellevaba (hidropesía o arteriosclerosis) había tomado un curso desfavorable y C. decidió ir a pasar una temporada a Esquivias buscando alivio. Allí llegó a primeros de abril; pero encontrándose peor y presintiendo su Próximo fin, regresó a Madrid, donde el día 19 escribió la emotiva dedicatoria del Persiles al conde de Lemos "puesto ya el pie en el estribo con las ansias de la muerte", y cuatro días después, el 23, le sorprendía ésta rodeado de su esposa e hija. Fue enterrado en el convento de las Trinitarias descalzas de la calle hoy llamada Lope de Vega, en lugar que no ha podido precisarse.Existen varios retratos que se han supuesto de C.; pero ninguno de ellos se tiene hoy por auténtico. El último aparecido como tal, y propiedad de la Acad. Española, cuyo salón preside, lo fue en 1910; se atribuía al pintor y poeta Juan de Jáuregui (v.) y está fechado en 1600; pero parece estar fuera de duda que se trata de una falsificación.2. El poeta. La obra de C. se desenvuelve en el terreno de la poesía lírica y el teatro (primeros géneros en los que se ejercitó), y en el de la novela.Como poeta, C. posee una obra que alcanzó notable extensión. No sólo gran parte de su teatro está escrito en verso, sino que intercala abundantes poesías en sus novelas y existen numerosas poesías sueltas debidas a su pluma. Cultivó por igual la poesía tradicional en metros cortos, como la de tipo italianizante en endecasílabos; por esta última se decantó en los comienzos de su carrera literaria; la admiración que sintió por Garcilaso se pone de manifiesto en numerosos pasajes de sus obras. En La Galatea, como obra de su primera época, es donde pueden encontrarse más abundantes composiciones de inspiración italiana y garcilasista; pero aquí están los versos más endebles de C. Su afición al bucolismo perduraba todavía cuando compuso la primera parte del Quijote, como lo demuestra la Canción de Grisóstomo. Como sonetista logró magníficos aciertos, sobre todo en el tono satírico y humorístico, patente en el conocido soneto con estrambote Al túmulo de Felipe II en Sevilla (que comienza "Voto a Dios que me espanta esta grandeza...").A la poesía de tipo tradicional, romances y letrillas, cultivada preferentemente en época posterior, pertenecen numerosas composiciones intercaladas en las Novelas ejemplares y en el Quijote.Entre sus poemas extensos destacan tres: el Canto de Calíope, en octavas reales e incluido en La Galatea, poema laudatorio en el que pasa revista a los poetas de su tiempo; la Epístola a Mateo Vázquez, que encierra momentos de verdadera calidad poética y notable inspiración, y el Viaje del Parnaso, extenso poema en tercetos, su obra de mayor empeño, y que pertenece al mismo tipo del primero: conjunto de juicios, generalmente laudatorios, sobre poetas contemporáneos.El valor de C. como novelista ha eclipsado su famacomo poeta. Es cierto que muchas veces su poesía no raya a la altura de la prosa; pero en otras ocasiones logra notables aciertos, sobre todo en el terreno de la poesía satírica y en la escrita en los metros tradicionales.3. El dramaturgo. La obra dramática de C. ha sido menos discutida que su obra lírica. Los estudiosos le atribuyen un alto lugar en el total de su producción. Hoy se le considera como el dramaturgo español más importante anterior a Lope de Vega. Se desconoce el número exacto de piezas que escribió. Según confesión propia (prólogo a las Ocho comedias y ocho entremeses) en su primera época escribió unas 20 6 30 comedias de las que sólo se conservan Los tratos de Argel y La Numancia, así como los títulos de ocho más. En Los tratos de Argel aparece por primera vez el tema del cautiverio y consta de una serie de cuadros enlazados por una leve acción. La Numancia representa el más alto intento español por crear una forma de tragedia inspirada en los modelos clásicos, pero con libertad de construcción y empleo de figuras alegóricas, que desempeñan un papel similar al del coro en la tragedia griega.A su segunda época, posterior a la aparición de Lope de Vega en la escena, pertenecen las comedias que el propio C. publicó en 1615 con el título de Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados. En esta colección aparecen los tipos de comedia en boga en aquel momento, además de las "comedias de cautivos", creación de C. Son comedias de cautivos: Los baños de Argel, El gallardo español y La gran sultana. De intriga a la manera italiana: La casa de los celos y Laberinto de amor. De capa y espada: La entretenida. De santos: El rufián dichoso. Picaresca: Pedro de Urdemalas. Su valor es desigual; puede que algunas de estas comedias sean coetáneas a las de la primera época, aunque retocadas para darlas a la imprenta, siguiendo ’ en lo posible, el tipo de comedias de Lope de Vega (v.).Pero donde C. se muestra como maestro insuperable del género dramático es en sus entremeses, breves piezas cómicas de carácter costumbrista, en la línea iniciada por Lope de Rueda (v.), pero con mayor duración, más perfectas en la presentación de tipos, superior desarrollo de la intriga y más agudeza satírica. Están escritos en prosa: El juez de los divorcios, La guarda cuidadosa, El vizcaíno fingido, El retablo de las maravillas, La cueva de Salamanca y El viejo celoso; en verso: El rufián viudo y La elección de los alcaldes de Daganzo. En todos ellos, C. dibuja con asombrosa seguridad de trazo y en breves palabras una serie de personajes o plantea situaciones animando vivísimas escenas de la vida real, tejidas de menudencias cotidianas.4. El novelista. Dejando aparte el Quijote (v.), la obra narrativa de C. se orienta siguiendo las modas principales de la narrativa de la época: La Galatea, novela pastoril; las Novelas ejemplares, al modo de los relatos italianos; y Los trabajos de Persiles y Sigismunda, novela bizantina.La Galatea, dividida en seis libros y a la que C. no tituló novela, sino égloga, reúne todos los rasgos característicos de la novela pastoril: relato de clave con pastores idealizados en un manso ambiente bucólico, argumento sencillo con gran cantidad de acciones secundarias que se entretejen con la principal valiéndose de toda clase de recursos: hallazgos sorprendentes, casuales encuentros, equívocos basados en el parecido de personas, etc., y todo ello en un clima de ideales y apasionados amores, muchas más veces contrariados que felices. Asimismo aparecen una gran cantidad de poesías intercaladas. Escribió C. únicamente la primera parte del relato, y a lo largo de su vida y en otros escritos prometió reiteradamente una continuación que nunca llevó a efecto.Aunque C. no hubiese escrito el Quijote, ocuparía un lugar distinguidísimo en la narrativa española por sus Novelas ejemplares, 12 relatos breves a la manera de las novellas italianas, o novelas cortas, y de las que C. tomó para las suyas la extensión y proporciones del relato, la unidad y continuidad del argumento, la introducción del diálogo en la narración, la ausencia de comentarios y citas y la falta de descripciones de la naturaleza y del paisaje. Pero dentro de este marco italiano, C. construye sus propios cuadros con caracteres tan personales que acreditan su arrogante afirmación del prólogo del libro, de haber sido "el primero que había novelado en lengua castellana". Y así, no sólo nacionaliza la mayoría de los asuntos y personajes, sino que dota a sus relatos de una mayor amplitud y de un ambiente más realista. Podemos clasificar estas narraciones en tres grupos: 1) novelas donde es notable la influencia italiana, principalmente en lo que respecta a la intriga y al desarrollo del argumento, como El amante liberal, Las dos doncellas y La señora Cornelia; son los relatos más endebles; 2) novelas en las que se equilibra la intriga (relato novelesco a la italiana) con la presentación psicológica de los personajes y la presencia de detalles realistas. Son: La gitanilla, La española inglesa, La fuerza de la sangre, El celoso extremeño y La ilustre fregona; 3) novelas que son a modo de un amplio espectáculo de la vida social de la época y en las que el autor adopta una posición satírica para censurar los vicios y corregirlos. Son: Rinconete y Cortadillo, El licenciado Vidriera, y tambiénEl casamiento engañoso y El coloquio de los perros, estas dos últimas forman un solo relato, ya que la primera en realidad únicamente sirve de introducción a la segunda. En las novelas de este grupo no hay trama amorosa, y el argumento, si existe, se reduce a una serie de cuadros sin principio ni fin, sin pretensión siquiera de llegar a un desenlace.La última novela de C. es Los trabajos de Persiles y Sigismunda, que terminó poco untes de su muerte y no llegó a ver publicada, aunque venía trabajando en su composición desde bastante tiempo atrás, alternándola con la de otros libros, según repetidamente anunció en varios de ellos. Es la novela en que C. puso más esmero y cuidado, y la que probablemente representaba para él la cima de la perfección. La obra consiste en las innumerables aventuras que sufren los protagonistas, primero por los helados y fantásticos países nórdicos; después por los itinerarios más realistas de Portugal, España y el Mediterráneo, hasta su encuentro final. En su conjunto forma una combinación muy peculiar de lecturas, recuerdos e invenciones fantásticas, desde los maravillosos países nórdicos al realismo en las descripciones de las tierras meridionales. En el Persiles logra C. su prosa más perfecta, armoniosa y densa (aunque como relato, al igual que La Galatea, no despierte excesivo interés en el lector contemporáneo), y en él convergen todos los ideales estéticos del novelista, todas sus formas expresivas: desde el mejor realismo hasta la máXIma estilización idealizada, desde los pasajes de armoniosa belleza clásica hasta los derroches descriptivos del más típico barroco.5. Características de sus obras. La honda complejidad de la producción de C. deriva en buena parte de hallarse situada en la encrucijada de los s. XVI y XVII, de cuyas culturas viene a ser una perfecta síntesis. No fue C., como algún tiempo se dijo, un escritor inculto. Una lectura detenida y un estudio atento de sus obras nos demuestran que estaba al tanto de lo más esencial de las corrientes y teorías del Renacimiento y de sus escritores más importantes, tanto españoles como extranjeros. Conocía las doctrinas de León Hebreo (v.) y en La Galatea se aprecia el influjo de Sannazaro (v.) y Ariosto (v.), y sobre todo de Mario Equicola (1470-1525) y Pietro Bembo (v.). Es evidente en sus Novelas ejemplares, la influencia de la novelística italiana: Bandello (v.), Erizzo (1525-85), Poggio-Lando, Selva-Costo, Caravaggio, Cinthio, Malespini, etc. En el Persiles se aprecian las huellas de Aquiles Tacio (s. II d. C.) y de Alonso Nú ñez de Reinoso (primera mitad del s. XVI). Bien sabida es la admiración que sentía por Lope de Rueda (v.) y el influjo de los "pasos" de éste en los entremeses de C. Sus constantes alusiones a Aristóteles, Platón, Horacio, etc., corroboran asimismo que conocía lo fundamental del pensamiento humanístico (v. HUMANISMO).La ideología de C., como ha puesto de manifiesto Américo Castro, se halla en todo de acuerdo con la del s. XVI. Sus puntos de vista, gratos al hombre renacentista (idealismo, platonismo, fe en la naturaleza, admiración por lo pastoril y la Edad de Oro, valoración de la lengua vulgar y utilización del refranero, unión de las armas y las letras, comprensión tolerante de los fenómenos y los hombres, reminiscencias erasmistas, visión crítica amplia y humanística, etc.), dan lugar a un arte integral y armónico en el que con frecuencia también se advierte el optimismo de quien ha visto triunfar a España en momentos decisivos.Pero las circunstancias personales de su vida y el curso de los acontecimientos históricos que marcan el comienzo de la decadencia española, añaden con el tiempo un elemento de crítica que, poniendo en tela de juicio cuanto había afirmado el Renacimiento, se acerca a la postura barroca del desengaño. De ahí, p. ej., el papel que ejerce en toda su obra el juego de ilusión y verdad. Sin embargo, esta actitud (crítica, escepticismo, doble valor de la realidad), no da nunca origen a posiciones negativas como en los escritores barrocos. Por eso, C. no escribió una novela picaresca (v.); nada más alejado de su propósito e ideología. En sus novelas no hay técnica naturalista como en la picaresca; sus personajes no ven la vida "picarescamente", no gustan la existencia con mal sabor de boca, y sus relatos causan un efecto de belleza plena y noble, cosa que sería impensable en la picaresca. Es cierto que en las obras de C. existen pícaros: Ginés de Pasamonte, los rufianes del teatro, la gentuza que desfila por el Coloquio, y sobre todo los personajes del Rinconete; pero son tipos que C. manipula artísticamente como figuras de retablo, y que no entorpecen, sino que realzan, la visión idealista del autor apareciendo subordinados a su compleja visión del mundo. Son personajes y motivos picarescos, pero nada más, porque el arte profundo de C. le lleva igualmente a tocar temas ideales junto con otros sensibles y materiales. Y cuando se fija en estos últimos, su humor es sano, luminoso, desprovisto de acritud; humor que, lejos de destruir, eleva y dignifica todo cuanto toca porque tiene su raíz en un sentimiento de generosa comprensión. En el amplio campo literario de la Edad de Oro, sólo C., frente a las visiones fragmentarias y limitadas de la picaresca, la novela pastoril, la caballeresca, la sátira inconformista, acoge con una visión amplia y bondadosa todos los aspectos humanos, todas las manifestaciones de la realidad, todas las inquietudes de la vida, todas las clases sociales, altas y bajas, todo lo que es el hombre concreto de su tiempo en sus contrapuestas facetas mezquinas e ideales, con una panorámica ilimitada de todo el complejo fenómeno humano.En cuanto a su técnica artística, C. se halla igualmente entre el Renacimiento (v.) y el Barroco (v.). El lenguaje, más cuidado, armonioso y escrito en amplios periodos en La Galatea y en el Persiles; más sencillo, animado y suelto en el Quijote y en las Novelas ejemplares, nace de orientaciones renacentistas; pero ciertos recursos (contrastes, juegos de palabras y de ingenio, etc.), se aproximan a procedimientos estilísticos propios del s. XVII.V. t.: QUIJOTE, EL.E. VERES D’OCÓN.
BIBL.: Fuentes: Obras completas de Miguel de Cervantes Saavedra, ed. de R. SCHEVILL y A. BONILLA Y SAN MARTÍN, Madrid 1914-1923.
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