Cemento y Derivados, Industria Del CIENCIA
Categoria:
Ciencia
La importancia del sector de la construcción dentro del conjunto de las actividades económicas ha aumentado considerablemente en los últimos años, como consecuencia no sólo del enorme incremento experimentado por la edificación de viviendas, sino también debido a la creciente importancia de la política de obras públicas, encaminada a modernizar y ampliar el capital fijo social. Esta notable expansión del sector de la construcción ha sido a la vez causa y efecto del rápido desarrollo que en forma paralela ha alcanzado en todos los países del mundo la industria del c., producto que ocupa un puesto clave entre los materiales para la construcción. Pero, además, las características del c., en combinación con los avances de la técnica, han permitido la aparición de un numeroso grupo de industrias derivadas que constituyen actualmente un subsector de gran importancia no solamente para la industria de la construcción, sino también para otros sectores de la economía.La localización de las plantas de fabricación de c. presenta una doble vertiente: por un lado, el elevado volumen de materias primas empleado en su fabricación requiere que se sitúen en zonas cercanas a las fuentes de abastecimiento y, por otro, este factor condicionante de su localización ha de considerarse en función de la distancia a los centros de consumo, puesto que el excesivo alejamiento de las plantas respecto del mercado entrañaría un notable encarecimiento del producto por la incidencia del coste del transporte, muy elevado si se tiene en cuenta el bajo precio del c. en relación con su peso.Uno de los problemas más graves que tienen planteados tanto la industria del c. como la de sus derivados consiste en la aparición de nuevos materiales para la construcción, sobre todo plásticos y resinas, que, además de presentar unas características muy adecuadas para las técnicas modernas de construcción, ofrecen también ventajas de tipo económico. La cada vez más frecuente utilización de estos nuevos materiales supone una peligrosa competencia para la industria del c. y la de sus derivados, aunque el hecho de que esos nuevos materiales estén todavía en periodo de experimentación y también el de que las industrias auxiliares de la construcción se encuentren en constante proceso de modernización y renovación, permite prever que los productos tradicionales seguirán constituyendo, por lo menos en un futuro inmediato, los materiales básicos y más utilizados por dicho sector.La producción mundial de c. ha experimentado un fuerte aumento en los últimos años, pues mientras en 1962 dicha producción fue de 358 millones de t., a fina1s de 1967 alcanzó la cifra de 483 millones. Es decir, que en un periodo de cinco años tuvo un crecimiento absoluto de 105 millones de t. y relativo de casi el 30%. El 60,5% (292.399.000 t.) de la producción total fue obtenido solamente por siete países, mientras que el 39,5% (190.601.000 t.) restante se repartió entre 93 países, lo que es una prueba concluyente de la enorme concentración de la producción de c. en un número muy reducido de países.Los principales países productores de c. son la Unión Soviética, que obtuvo en 1967 cerca de 85 millones de t., siguiéndole en importancia Estados Unidos, con 64.449.000 t.; Japón, con 42.494.000; República Federal Alemana, que obtuvo 31.711.000 t.; Italia, con 26.271.000 t.; Francia, con 24.773.000; y el Reino Unido, con 17.892.000 t.La industria del c. en España no adquiere importancia hasta 1962, a pesar de haberse instalado la primera fábrica a finales del pasado siglo. A partir de ese año, el subsector del c. ha entrado en una fase de rápido crecimiento, modernizándose y ampliándose las instalaciones, lo que ha permitido que las cifras de producción aumenten a un ritmo muy rápido, como demuestra el hecho de que la producción en 1962 fue de poco más de siete millones de t., mientras que en 1967 ascendía ya a casi 14 millones, cifra que coloca a España en el octavo lugar de la producción mundial, inmediatamente después del Reino Unido. La geografía española se ha dividido en ocho zonas productoras y consumidoras de c., siendo las de mayor capacidad de producción las zonas del Centro, Norte, Cataluña-Baleares y Sur.Una consecuencia del fuerte auge de la industria del c. en España ha sido la expansión que paralelamente han experimentado las industrias derivadas, que anteriormente se habían mantenido en unos niveles muy modestos debido precisamente a la atonía del sector fabricante de c. Entre estas industrias derivadas tiene una especial importancia la de preparados de hormigón, la de grandes prefabricados (aunque el bajo índice de mecanización del sector dificulta su desarrollo) y, por el relieve que tiene dentro de las industrias auxiliares de la construcción, la fabricación de fibrocemento. Este proceso expansivo ha partido desde una desequilibrada estructura productiva, ya que en la industria del c. ocho fábricas, de un total de 55, obtenían el 37% de la capacidad total, mientras que 22 fábricas sólo conseguían el 74%. La concentración empresarial es aún más acusada en la fabricación de fibrocemento, pues entre dos fábricas se reparten prácticamente el 100% de la producción.En Iberoamérica la actividad de la industria del c. es muy reducida, por lo que las cifras de producción son muy bajas. Entre 15 países solamente se obtuvieron en 1967 un total de 18.704.000 t., siendo los únicos productores de c. de relativa importancia Brasil, con 6.405.000 t.; Argentina, con 3.552.000; Colombia, con 2.900.000; y Venezuela, con 2.278.000 t.El consumo de c. en el mundo ha seguido una línea ascendente, siendo el país con mayor demanda la Unión Soviética y después los Estados Unidos, este último país con un consumo aparente superior a los 67.406.000 t. en 1966. Le siguen en importancia Japón, que en el mismo año consumió 36.089.000 t.; Alemania, con 33.620.000 t.; Francia, con 22.598.000; Italia, con 22.073.000; y el Reino Unido, con 16.728.000 t. El total de países que integran el Mercado Común absorbió en aquel año 87.621.000 t., mientras que los países de la EFTA solamente consumieron 33.982.000 t. El consumo por habitante presenta, sin embargo, notables diferencias entre los distintos países, siendo Suiza la nación con mayor consumo de c. per cápita, con 715 Kg. en 1966, seguida de Islandia, con 595 Kg., y de Austria, con 593. Entre los países grandes productores de c., Alemania Federal es el de mayor consumo por habitante, con 563 Kg. en 1966.El consumo de c. en España ha crecido a un ritmo mucho mayor que la producción, pese al rapidísimo incremento de esta última. En efecto, mientras que en 1966 la producción fue de 11.812.000 t., el consumo se elevó a 12.904.000 t., teniéndose que cubrir el déficit con importaciones. El consumo por habitante en España fue en 1966 de 405 Kg., cifra superior a la de Estados Unidos para dicho año, a la de Canadá (398 Kg.) y a la del Reino Unido (305 Kg.).El comercio internacional del c. tiene escasa importancia, ya que la producción es absorbida prácticamente en su totalidad por los propios países. Entre los exportadores de este producto además de los países del Este, que en ocasiones venden a precios dumping, destacan Japón, que en 1966 vendió al exterior 1.185.500 t., la Unión Económica Belgo-Luxemburguesa, que exportó en el mismo año 1.099.900 t., y Alemania (R. F.) y Francia, que vendieron a otros países 787.000 y 713.000 t., respectivamente. Las importaciones más destacadas en dicho año las realizaron Holanda, que compró 1.584.000 t. y los Estados Unidos, que adquirieron en el exterior 1.094.700 t. España es un país fuertemente deficitario de este producto, teniendo que cubrir el exceso de la demanda sobre la producción con importaciones, que en 1966 alcanzaron la cifra de 1.108.100 t.R. MARTÍNEZ CORTIÑA.
BIBL.: C. F. JONES jr G. G. DARKENWALD, Geografía económica, México 1962; NACIONES UNIDAS, Estudio económico de América latina, Nueva York 1968; fD, Statistical Yearbook, 1967, Nueva York 1968.
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