Catalina II de Rusia
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Biografía GER
La que sería después Catalina II la Grande era una princesa alemana, n. el 2 mayo 1729, en Stettin, y educada en las más finas maneras de la corte y en la que puso los ojos Federico II el Grande para proponerla en matrimonio al gran duque Pedro, futuro zar de todas las Rusias. Su matrimonio implicaba una serie de abnegaciones (aislamiento, choque cultural, cambio de religión, etc.) que el pueblo de Rusia supo comprender y valorar de forma que, desde los primeros tiempos, su figura ganó en popularidad a la de su esposo. Por otra parte, C. supo compenetrarse con el espíritu del pueblo ruso, lo que no llegó a realizar Pedro, profundamente inmerso en la cultura germánica. Cambió sus primeros nombres de Sofía Augusta Federica por el de C.Contrajo matrimonio con el entonces gran duque Pedro, en 1745. En 1762 éste subía al trono con la animadversión de parte de las clases dirigentes. C., mujer sensual, autoritaria y dominante, hizo pasar por la corte a una serie de favoritos que la ayudaron a cumplir sus objetivos: aprovechar la situación de descontento reinante para dar un golpe de Estado y colocarse ella en el lugar de su esposo, con el pretexto de defensa de la gloria y ortodoXIa de Rusia. El reinado de C. coincide con el periodo de eclosión del imperialismo ruso. Curiosamente, C. representó en la corte el partido inglés, mientras que su esposo intentaba restablecer un régimen al estilo prusiano; por esta razón, el embajador inglés, temiendo una alianza ruso-prusiana, colaboró en la preparación del golpe de Estado, al que se unió también la nobleza, deseosa de adquirir mayores libertades.Uno de sus muchos amantes, Orlov, que se encargó de hacer prisionero al zar y de darle muerte, instaba a C. a que diese libertad a los siervos que se encontraban en muy penosa situación, pero C. no olvidó que debía el trono a dicha nobleza, enemiga de tales innovaciones. Sus reformas, tamizadas en la moda ilustrada, jamás fueron en beneficio de las masas campesinas, sino de las clases altas y, en todo caso, de una incipiente clase media. Para contentar a la nobleza reformista y para obtener el beneplácito de los filósofos, aceptó las bases del liberalismo teórico; se relacionó con los filósofos enciclopedistas, con Voltaire, Montesquieu, Beccaria, etc., con los que mantuvo una asidua correspondencia; intentó aplicar sus ideas a la reforma de la administración, justicia y enseñanza, pero sin renunciar nunca a un gobierno despótico.Política exterior. En lo que concierne a la política exterior, en su reinado pueden distinguirse tres etapas. La primera abarca aproXImadamente desde el comienzo de su reinado (1762) hasta 1771, en la cual Rusia mantiene sus alianzas con Prusia y con Inglaterra. Suecia (v. SUECIA IV), con un gobierno un tanto desorganizado, es el blanco de las potencias aliadas que pretenden su desmembración paulatina. Consigue emanciparse a la subida al trono de Gustavo 111, que instaura un nuevo periodo absolutista y libera a su país de una segura absorción por parte de los dos grandes colosos vecinos. En Polonia (v. POLONIA IV), la muerte de Augusto III plantea una crisis de sucesión que C. resuelve enviando un ejército de 10.000 soldados, tomándola por la fuerza y colocando en el trono a otro de sus favoritos: Estanislao Poniatowski, en 1764. Cuatro años más tarde, cuando Poniatowski pretende sacudirse el yugo de la zarina, de nuevo un ejército ruso penetra en Polonia, invade el país y pone la Constitución polaca bajo la garantía de Rusia. El favorito de turno, Potemkin (v.), aconseja a C. en los planes orientales tendentes a restablecer el antiguo Imperio bizantino sobre los territorios de la Turquía europea. Para más similitudes, estaba previsto que el futuro Emperador sería el nieto de C., al que se le había puesto el nombre de Constantino. Además, siguiendo los proyectos imperialistas, con Moldavia y Valaquia, se formaría otro reino satélite de Rusia, la Dacia, donde reinaría Potemkin.La segunda etapa de la política exterior de C. comprende desde 1782 a 1788; en ella se firman sendas alianzas con Francia y Austria tendentes a ocupar Turquía (v. TURQUíA IV). Con el apoyo de estos colosos, el ejército ruso penetra en Turquía y ocupa Crimea y Kubán. C. se aneXIona estos territorios por decreto. Funda algunas ciudades para reforzar su influencia militar, tales como Yeratinoslav y Sebastopol. Turquía hubiera sido destruida y aneXIonada a no ser por la intervención fortuita de Suecia en la acción bélica. El sultán contesta a las provocaciones rusas con la declaración de guerra, en agosto de 1788. Gustavo III de Suecia aprovecha la situación para atacar a Rusia por otro frente. José 11 de Austria se desentiende de la alianza y abandona la guerra, con lo cual C. se ve obligada a interrumpir su rápido ascenso imperialista.Durante la última etapa, continúan las desmembraciones de Polonia y Turquía. C. consigue apoderarse de todas las tierras ex lituanas. En 1791 muere Potemkin, impulsor de la política orientalista de C., y esto, unido al estallido de la Revolución francesa, alarma de tal manera a la zarina que firma con Turquía la paz de Yasi (1792), en virtud de la cual se aneXIona la costa del mar Negro, pero abandona definitivamente los proyectos de formar un Imperio oriental. Su reinado valió a Rusia un ensanchamiento prodigioso de territorios, continuando la obra de los grandes zares que le precedieron y haciéndose merecedora del título de Grande con que la Historia la ha conocido. C., decepcionada con las ideas del enciclopedismo y un tanto amedrentada por las posibles consecuencias de los avances de la Revolución francesa, se prepara a intervenir contra este país cuando le sorprende la muerte, a causa dé una apoplejía, el 17 nov. 1796, en San Petersburgo.Política interior. C. continuó la tarea europeizadora de su antecesor Pedro I el Grande (v.), favoreciendo la industria y el comercio internacional, de forma que se le permitiese la incorporación a la vida económica mundial. Pero verdaderamente la legítima occidentalización de Rusia no se llevó a cabo, ya que no era la actitud europeizadora del gobierno más o menos ilustrado la que debía cambiar la mentalidad de pueblo ruso hacia las innovaciones, sino un cambio real de estructuras sociales a lo que C. no llegó. La actitud de gusto europeo y de modas occidentalizantes afectaron solamente a los círculos cortesanos, mientras que la gran mayoría del pueblo ruso permanecía adscrito a la vieja cultura tradicional. Sus reformas administrativas no afectaron a la masa del pueblo, sino a una pequeña minoría de terratenientes que supieron sacar buen provecho de ellas. Un 80% de las clases humildes permanecieron sometidas a los señores que poseían tierras. La necesidad de encauzar una política tendente a crear una clase media poderosa, visión ya reconocida por su antecesor Pedro I, le llevó a determinadas reformas audaces sin lograr su objetivo.En el campo de las reformas, también se distinguen dos etapas marcadas por la mayor o menor influencia del fenómeno Ilustración (v.). Durante la primera, C. hace concesiones al espíritu ilustrado del siglo y de ella merecen citarse las instrucciones dictadas en 1764 para formar una Comisión con el encargo de redactar un código legislativo en el que se recogieron opiniones de los más destacados miembros de l’Encyclopédie Franpaise. Sus reformas económicas se inspiran en la Soc. Libre de Economía, fundada en 1765 bajo los mismos auspicios enciclopedistas. En 1763 funda un Inst. de Colonización para poblar con extranjeros, principalmente alemanes, las estepas del interior. C. cuida la enseñanza y la cultura. En 1766, reforma la Escuela Militar; en 1786, se promulga el Estatuto General de Enseñanza. En 1783, se funda la Acad. Rusa. Las reformas en el campo de la enseñanza prometían, en un principio, un adelanto muy considerable en el nivel cultural del país; según la ley, la enseñanza estaba abierta a todas las clases sociales, pero sus resultados fueron muy limitados en cuanto que era necesario un cambio de estructuras al que C. no estaba dispuesta a llegar, pues no en vano estaba protegida y había sido encumbrada al poder por los máximos interesados en que se mantuviese la situación anterior. Al lado de las reformas liberales, C. acentúa el autoritarismo y el absolutismo de la corona con la alianza de los nobles. La gran región de Ucrania, que había conocido la tranquilidad y el esplendor en los años de autonomía, tuvo que volver de nuevo a integrarse y a perder sus libertades y su espíritu propio.En un segundo momento, se hacen patentes el descontento del pueblo y la gravedad del problema social. El proceso de industrialización, de apertura a Europa y de competición en los mercados mundiales introducen en Rusia un mayor distanciamiento entre las distintas clases sociales. Son dos clases antagónicas en cuanto a poder económico, pero no en lo que se refiere a nivel cultural, puesto que ambas pertenecen a la vieja cultura, las que se levantan enarbolando la bandera de las libertades o protestando por los excesos reformistas de la zarina. Se trata, en primer lugar, de la sublevación de los siervos y campesinos dirigidos por Pucharev, que en 1773 y 1774 se alzan contra la opresión de los patronos y se dedican a una amplia tarea de destrucción hasta que son reducidos. De otro lado, se trata de la rebelión de los cosacos, señores feudales con gran espíritu de casta, que reaccionan ante las innovaciones que se estaban estableciendo en Rusia a nivel económico y administrativo. Sin embargo, su sublevación cesa y se trueca en apoyo a C. para combatir la revolución social de los siervos y campesinos. Después de tales fenómenos, la máXIma preocupación de la zarina es reforzar convenientemente la autocracia.En 1771 tiene lugar una gran reforma administrativa: C. divide el Imperio en gobiernos, y éstos en provincias y en círculos. En 1785, promulga la carta que garantiza a los nobles la completa propiedad de sus tierras, el poder absoluto y el dominio sobre los campesinos, al mismo tiempo que se granjea de una manera absoluta su apoyo eXImiéndoles del pago de tributos. Con todas estas prerrogativas, C. consigue integrar a la nobleza terrateniente dentro de la máquina burocrática, con lo cual triunfa su último objetivo de formar una autocracia burocrática. C. da un mayor esplendor europeo a la vieja Rusia, contribuye al engrandecimiento de su territorio y la coloca en situación de competir, pero añade muy poco a las instituciones del pueblo ruso.V. t.: RUSA V, 1.MARÍA JOSÉ SOBEJANO.
BIBL.: G. KAUS, Catalina la Grande, Barcelona 1985; E. BALLESTER ESCALAS, Catalina de Rusia, Barcelona 1962; H. VALLOTON, Catalina ll, Madrid 1960; A. M. MAYENCH, Catalina de Rusia, Barcelona 1959; A. MOUSSET, Histoire de Russie, París 1945.
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