Catalina de Médicis
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Biografía GER
Catalina María Rómola de Médicis, reina de Francia, es una de las figuras más interesantes del s. XVI. Hubo de regir los destinos de Francia en una época en que, a los problemas tortuosos de la política europea, había que sumar el grave hecho de una guerra civil: las guerras de religión. Su actividad política se desarrolla durante los reinados de Enrique II (v.), Francisco 11, Carlos IX y Enrique 111 (1547-89).Catalina, reina y regente de Francia. C. nace en Florencia el 13 abr. 1519, del matrimonio formado por Lorenzo lI de Médicis y Magdalena de la Tour d’Auvignan. Huérfana de padre y madre, su juventud transcurre en Roma en el palacio de los Médicis, bajo la tutela de su tío el papa Clemente VII, quien piensa sacar de ella el máXImo provecho posible, mediante un matrimonio político. En toda Europa hay numerosos pretendientes a la mano de C. Francisco I de Francia la solicita para su hijo Enrique de Valois, mientras que Carlos V, temeroso de su matrimonio con un francés, apoya a Francisco Sforza, duque de Milán; pero la oferta de Francisco I retiene la atención del Papa, y el 27 oct. 1533 Clemente VII bendice el matrimonio de C. y Enrique de Valois. En la corte francesa C. vivirá humillada a causa de la unión de su marido con Diana de Poitiers; sin embargo, su extraordinaria cultura y su carácter alegre le granjearon la simpatía de la corte, aunque en los primeros 10 años de matrimonio no diera ningún hijo a la corona.Muerto en 1547 Francisco I, Enrique de Valois y C. fueron proclamados reyes de Francia, pero este hecho no aumentó el influjo de la reina en la corte de los Valois, pues la auténtica soberana durante la vida de Enrique II fue siempre Diana de Poitiers. Por la paz de Cateau Cambrésis (1559), Enrique I I renunciaba a sus pretensiones sobre Italia, estipulándose el matrimonio de Isabel de Valois, hija de Enrique y C., con Felipe II de España. Durante la celebración de las fiestas de esta boda, murió en un torneo Enrique II (1559).A Enrique II le sucede su hijo mayor Francisco II. Este acontecimiento abre indirectamente las puertas del poder a los Guisas, partido católico de Francia, que estaba apoyado por María Estuardo, esposa del monarca. Francisco II, de natural enfermizo, no podría nunca ejercer plenamente las funciones de rey y, por tanto, C. asume el papel de regente, comenzando a desarrollar su política hábil, pero aún insegura. Desde este momento tiene que enfrentarse con las dos casas que ambicionan obtener la tutela del joven rey: los Borbones y los Guisas, rivalidad aumentada por la cuestión religiosa. Los Guisas personificaban el partido católico, mientras que los Borbones representaban a los hugonotes. En medio de este caos, C., manejando a los unos y a los otros, practica una política de equilibrio, intentando, con la ayuda de Miguel de L’Hópital, establecer un régimen de tolerancia entre católicos y calvinistas.Entre tanto muere Francisco II (1560), y le sucede Carlos IX, menor de edad, atribuyéndose la regencia su madre, quien viendo cuánto se había elevado el poder de los Guisas, trata de levantar el poder de los hugonotes, para ser siempre fiel a su política de conciliación. Así, la regente promulga el edicto de Saint Germain (1562), autorizando a los hugonotes a celebrar públicamente su culto. Es, pues, C. la primera gobernante del mundo dispuesta a aceptar la libertad de conciencia de sus súbditos. Esta política le acarrea la enemistad de dos poderosas potencias: la persecución de los protestantes le indispone con la reina Isabel de Inglaterra, mientras que la benevolencia hacia éstos es mirada con malos ojos por el monarca español, Felipe II. De esta manera, en un clima de persecuciones y asesinatos, por parte de hugonotes y católicos, recibe la corona Carlos IX en Reims, el 15 mayo 1562.El primer objetivo que proyecta ahora C. es hacer un largo viaje con el joven rey y todo su séquito, con el fin de asegurar la autoridad real. En el curso de este viaje tiene lugar la entrevista de Bayona (30 jun. 1565), a la que Felipe II, desconfiando de la florentina y de sus artimañas, rehúsa asistir, y envía como representante al duque de Alba. C. aboga por la conciliación entre católicos y hugonotes, mientras que Felipe II muestra su intransigencia, eXIgiendo que los hugonotes sean arrojados de Francia. En consecuencia, la regente de Francia vuelve de su viaje sin haber obtenido nada de la entrevista, y habiéndose ganado la enemistad de católicos y hugonotes, que en adelante desconfiarán de su sinceridad.Las luchas religiosas. Los hugonotes, atemorizados, hicieron estallar la lucha religiosa. En la confusión de los ánimos, los católicos pidieron auXIlio al Papa y a Felipe II; los hugonotes a Inglaterra y a los príncipes alemanes. La paz de Amboise (1563) abrió una tregua de cuatro años, durante la que se garantizaba la libertad de conciencia para los hugonotes, pero restringiendo el culto con arreglo a las disposiciones de 1562. Por la paz de Saint Germain (1570) los reformados obtienen libertad de conciencia en todo el reino, salvo en París, amplia libertad de culto, y cuatro plazas de seguridad: La Rochela, Montauban, Cognac y La Charité. Esta paz fue el resultado de un cambio de actitud de C. con respecto a la política internacional. Después del fracaso de Bayona, la alianza con España se invierte, debido a las dificultades de dicho país en Flandes desde 1566. Si a estos sucesos añadimos que el partido hugonote se adueña del gobierno real, se comprenderá que la nueva política de Francia sea por completo antiespañola y filoprotestante. Sin embargo, la política de C. seguirá un nuevo rumbo. Con motivo de la boda de Enrique de Navarra y Margarita de Valois hubo una concentración de hugonotes en París y entonces tuvo lugar la famosa matanza de hugonotes conocida bajo el nombre de Noche de San Bartolomé (24 ag. 1572; v.), por orden de la reina.Después de estos acontecimientos los triunfos políticos de C. dan su fruto: Felipe II satisfecho, Isabel de Inglaterra temerosa y su hijo predilecto, el duque de Anjou, nombrado rey de Polonia. Pero la pacificación interior no se logró con la Noche de San Bartolomé, pues el derramamiento de sangre dio nuevos bríos a los hugonotes.Carlos IX muere en 1574, ocupando la regencia su madre, que gobierna hasta la llegada de su hijo Enrique 111, rey de Polonia. Era éste el más amado por C. y el que más ingrato se le manifestó, haciéndola vivir separada del trono. Temeroso de la preponderancia que estaban alcanzando los Guisas y más aún del partido de su cuñado Enrique, rey de Navarra, Enrique III decide asesinar a Enrique de Lorena, tercer duque de Guisa. Este golpe fue el definitivo para C., que calificó el hecho de torpeza política, pues pensaba que mientras hubiera dos partidos que se equilibrasen, el trono de los Valois estaba seguro. Muerto el de Guisa, la corona de Francia sería de su más legítimo aspirante: Enrique de Navarra, esposo de su hija Margarita. C., agotada por el peso de los años y por una gran amargura m. en Blois el 5 en. 1589, cuando iba a cumplir 70 años.C. ha sido una de las mujeres más calumniadas y más exaltadas de la Historia. Su vida consistió en mantener a raya a los Guisas y a los Borbones, para defender una corona que de derecho perteneció a cuatro reyes, pero que de hecho sólo fue suya. Para lograr esto llevó a cabo una política tortuosa, complaciente en exceso, y a veces terriblemente cruel. Al defender el catolicismo o bien el protestantismo, no luchaba por un ideal religioso, sino tan sólo para defender su propio poder. Enjuiciar las virtudes y los defectos de C. es tarea difícil para el historiador. Justo es reconocer que estaba dotada de una gran sagacidad política. Sin embargo, juzgar sus pecados es juzgar los pecados de toda una época con los acontecimientos y circunstancias que en ella confluyeron.E. RELIMPIO FERRER.
BIBL.: Lettres de Catherine de Medicis, ed. H. DE LA FERRIÉRE, en Collection de documenta inédits sur L’histoire de France, 10 vol., París 1880-1905; L. RoMIER, Le royaume de Catherine de Medicis, vol. 2, París 1925; P. VAN DYKE, Catherine de Medicis, vol. 2, Nueva York 1922; H. MARIEJOL, Catherine de Medicis, París 1922; L. ROMIER, La conjuration d’Amboise, París 1923; íD, Catoliques et huguenots á la cour de Charles IX, París 1924; íD, Les origines politiques des guerres de Religion, París 1913-1914; H. DE LA FERRIÉRE, Le XVIe siécle et les Valois, París 1879.
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