Castros y Citanias HIST.
Categoria:
Historia
Se denominan castres a los poblados fortificados de la mitad noroeste de la península Ibérica. El término y el concepto son latinos. Se ha establecido una diferencia entre la palabra castro y citania. La citania, en principio, es un nombre genérico que significa ciudad amurallada con restos de viviendas permanentes (Briteiros, en Portugal), mientras que castro indica una simple posición fortificada sin restos de habitaciones, donde los habitantes de los vici próXImos se refugiarían en caso de invasión o de guerra (Troña). Naturalmente, esta diferencia sutil resulta difícil de establecer sin excavaciones. La toponimia de estos yacimientos es variada: castros, crastos, castelos, castrelos, cristelos, muradal, cerca, coroa, cividade, casarelhos, etcétera. La labor realizada en el estudio de los castros no es proporcional a los escasos resultados obtenidos. El nombre del portugués Martins Sarmento y la sociedad así llamada, están ligados a la investigación de esta cultura del noroeste peninsular. En Galicia las excavaciones han sido continuas y el material obtenido abundante, habiendo adolecido de falta de método.Los castros del noroeste se levantan en lugares elevados, defendibles, en confluencias de ríos por razones de aislamiento y de estrategia militar, diferenciándose de los restantes de la Península por sus particularidades constructivas, por sus defensas y sobre todo por la estructura de las viviendas de planta con tendencia circular, ovalada, irregular, con paramentos curvos y con impericia para resolver los ángulos. Las plantas cuadradas existen en menor proporción llegando hasta Asturias. Su número es inmenso por la gran fragmentación de tribus prerromanas, como consecuencia de la geografía y del carácter interno de las comunidades del noroeste. La cronología de los diferentes castros no es sincrónica, habiendo perdurado muchos de ellos en época romana. Su origen es desconocido, aunque sin duda muchos arrancan de finales de la Edad del Bronce e incluso de la época megalítica, habiendo sufrido posteriormente los efectos de los movimientos indoeuropeos. Esta densidad de población se explica por la humedad atlántica y por la riqueza de minerales, principalmente estaño y oro. El área de los castros del noroeste propiamente dicha se extiende del Duero al Navia y en Portugal por la zona norte hasta el Tajo. Los castros constituyen un hábitat fuertemente concentrado. Las viviendas de su interior, adaptándose a la topografía, aparecen muy agrupadas o diseminadas, aprovechando los rellanos para plazuelas y sin que eXIsta ningún plan urbanístico. Exteriormente están rodeados de murallas desproporcionadas con el número de viviendas y habitantes y formando uno, dos (Coaña), tres (Sanfins) o más recintos. Son frecuentes los castros con un solo recinto y con foso protector o sin él. Las murallas se construyen con paramentos de piedras irregulares con relleno interior. Su anchura varía desde 1,50 m. hasta cinco, y su altura alcanza más de cuatro metros (Pendía). Los fosos son en talud y cortan el istmo natural de una línea montañosa (Troña). En ocasiones la muralla dispone de bastiones en la entrada (Coaña). Las puertas se defienden con contramuros y dan acceso a vías de rampas (Coaña) o escaleras (Santa Tecla).Viviendas. Aparte de las construcciones típicas de piedra, existen otras mal excavadas con materiales deleznables de barro y madera que corresponden a las primeras fases de esta cultura (Cameixa). La techumbre se cubre con paja, retamas y césped. En el castro de Cameixa, López Cuevillas pudo determinar un estrato superior con habitaciones de piedra y cuatro inferiores, bien definidos, con construcciones de barro y ramajes. El origen de las casas circulares en el noroeste se ha querido buscar en la tradición mediterránea del fenómeno dolménico, mientras que las casas de barro y madera parecen de tradición atlántica. Desde el siglo pasado las casas de piedra son las mejor conocidas, con materiales graníticos o pizarrosos unidos en seco o con barro y siempre con pequeñas cuñas. Los aparejos de la construcción son de lajas de pizarra, de piedras irregulares, poligonales, con hiladas en espiral, con piedras hincadas verticales. Las plantas pueden ser circulares sencillas, redondeadas con vestíbulos redondeados o rectangulares, alargadas, angulares con vestíbulo y mixtas. Sus dimensiones son variadas, oscilando entre los 2,50 y los 11 m. Entre las circulares predominan los ejes de 3 por 5 m. Resulta problemático el sistema de cubierta, aunque se sabe que además de los materiales antes mencionados se utilizaban también las tégulas romanas. García y Bellido en su reconstrucción gráfica del castro de Coaña representa las techumbres cónicas y de paja protegidas por placas de pizarra y con un poste central. Este poste central se conjuga mal con la presencia de hogares centrales (Pendia). La falsa bóveda está demostrada en Coaña, Pendia y otros castros con paredes fuertemente inclinadas hacia el interior (Sabroso), técnica que recuerda a los tholoi de la Edad del Bronce. Las puertas son adinteladas, a veces monolíticas y adornadas con figuras geométricas, sin trabazón con el resto del paramento. Las ventanas se conocen exclusivamente por los dinteles calados. Es probable que algunas puertas colocadas en alto tuvieran acceso por medio de una escala de madera. El piso es el natural y en ocasiones de enlosado. En el interior, y pegados a las paredes, se extienden bancos de piedra que responden a las descripciones de Estrabón.Monumentos funerarios. Cronología. Se han considerado funerarios ciertos monumentos de los castros, hallados en Briteiros, Sabroso, Coaña y Pendia, semisubterráneos y que constan generalmente de tres cámaras que dan a un espacio casi circular a manera de horno. La primera cámara es rectangular con paredes de losas verticales. La segunda, también rectangular, presenta en Briteiros la famosa estela decorada oicoforme, llamada Pedra Formosa, que da acceso a otra cámara con techo a doble vertiente y a la parte final de falsa cúpula.Resulta difícil, a pesar de que se hayan excavado muchos castros, establecer una secuencia cronológica de la cultura castreña. Las cerámicas de época romana de los castros todavía no han sido estudiadas. Probablemente los primeros castros aparecerían en el noroeste peninsular, paralelos al fenómeno dolménico, pero la continuidad de habitación hace que solamente se conozcan, a través de excavaciones poco metódicas, sus momentos finales. El mejor documento para estudiar esta secuencia cronológico-cultural es el castro de Cameixa, con los cinco niveles antes citados.La cultura de los castros es la más característica y espectacular del noroeste peninsular, pero a través de los datos obtenidos arqueológicamente sólo puede demostrarse su existencia en un periodo que va desde el S. IV a. C. hasta ya entrado el Imperio. Sin duda, esta cultura se basa en un sustrato arcaizante del Bronce I hispano fuertemente influido por corrientes del Bronce atlántico. Las fuentes escritas son tardías y escasas. Los hallazgos más importantes de bronces corresponden a depósitos aislados aparecidos frecuentemente en circunstancias dudosas. La celtización prestó carácter a esta cultura y la romanización escasa, apenas influyó en su desenvolvimiento. Su extensión está limitada hacia el E por los ríos Navia y Eo, donde todavía las casas son circulares, imponiéndose las rectangulares hacia el E (Caravia).Los ritos funerarios son problemáticos. Aparte del viejo megalitismo, parece que se impone posteriormente, en el Bronce Final, la incineración en cámaras o en fosas. Los túmulos de enterramiento (Mamóas), a pesar de ser muchos los excavados, han aportado pocos datos concretos. Quizá ante la falta de hallazgos de necrópolis haya necesidad de aceptar la idea del rito de exposición de los cadáveres a las aves, como indican las fuentes clásicas.M. PELLICER CATALÁN.
BIBL.: J. MALUQUER, Pueblos celtas, en Historia de España, ed. R. MENÉNDEZ PIDAL, I, vol III, Madrid 1963; F. LóPEZ CUEVILLAs, La Edad del Hierro en el N. W., Madrid 1954; ID, Etnología de la cultura castreña, "Zephyrus", III, Salamanca 1952; ID, Notas arqueológicas del castro de Cameixa, "Rev. de Guimaráes" LVIII (1948); A. JORGE DíAz, Las construcciones circulares del N. W. de la Península Ibérica y las citanias, "Cuaderno de Estudios Gallegos" (1946).
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