Cartujos (orden Cartujana) HIST.
Categoria:
Historia
HISTORIA. La costumbre de simplificar asignando a cada orden religiosa un fundador, es la causa de haber elevado a Magister Bruno a un rango que propiamente no le compete. El Bruno de los documentos aparece como un enamorado de la soledad. En realidad, la Orden cartujana es obra de tres personalidades: Magister Bruno, el iniciador; Hugo de Grenoble, el plasmador, y Guigo I, el legislador. Del esfuerzo mancomunado de los tres, nace el Propositum cartusiense, que en 1127, con la publicación por Guigo I de las Consuetudines Cartusiae, comienza a presentar una fisonomía propia y estable, y que, jurídicamente, queda establecido como una verdadera familia monástica en 1140. Dos hechos clave vienen en este año a cristalizar el gesto de Bruno y de sus seis compañeros en junio de 1084, estableciéndose en Chartreuse (v.): la celebración del I Capítulo General, y la sumisión a él, con exención de sus respectivos obispos, de las cartujas de Portes, Les Ecouges, Durbon, Sylve Benite, Meyriat y Arviéres. Los priores de S. Sulpicio, Montrieux y Mont-Dieu no tomaron parte en el Capítulo, quizá por no haber obtenido de sus obispos la exención, condición puesta por S. Antelmo para celebrar en Chartreuse el Capítulo General.Movimiento expansivo. A la hora, pues, de la constitución jurídica de la Orden, ésta cuenta con 10 casas, más la de Calabria que siguió su propia línea de evolución, al margen de la agrupación "cartujana", hasta su paso a los cistercienses entre diciembre de 1192 y febrero de 1193. Este movimiento expansivo de la obra iniciada por Bruno, es dirigido y fomentado por Hugo de Grenoble, el primero que tuvo la intuición de una posible irradiación fundadora: interviene en las primeras fundaciones (consta expresamente para Portes, Les Ecouges y Durbon), y fuerza a Guigo I a escribir las Consuetudines. Si exceptuamos la cartuja de Calabria, el movimiento eremítico iniciado por Magister Bruno en Francia, manifiesta su fecundidad durante su primer medio siglo de historia en sólo su país de origen, en el que a lo largo del s. XII llegan a fundarse nada menos que 26 cartujas masculinas y dos femeninas; Francia mantendrá, disminuido pero continuado, el ritmo fundacional; cuenta en su efectivo un total de 101 cartujas, 15 de ellas femeninas. Sólo cuatro masculinas quedan actualmente en pie: Chartreuse, Montrieux, Sélignac y Mougéres; y dos femeninas: Beauregard y Nonenque.Pero el monopolio francés desaparece muy pronto. En 1146, con la fundación de Oujon, la Cartuja rebasa la frontera francesa, dando el salto a la vecina Suiza, que llegará a tener hasta 10. La Valsainte se erige en 1295 y, después de varias vicisitudes, todavía perdura. La tercera nación que acoge a los c. es Austria. Ya en 1160 se funda Seitz, y nueve años más tarde se erige Geirach; en el s. XIV son nueve las fundaciones cartujanas en Austria. Posteriormente, en 1627, se erige la de Walditz. Suecia recibe a los c. en 1162, dos años después que Austria, en una fundación efímera: Lunden. En 1484 se ponen los cimientos de la segunda y última fundación: Grispshohn. Italia, en cambio, que en 1089 recibía a Bruno para no desprenderse ya de él, con sus 45 fundaciones, es, después de Francia, el país más rico en eremitorios cartujanos. De ellos subsisten: Calabria, Farneta, Vedana y Florencia, para varones, y dos femeninos: los de Motta Grossa y S. Francesco.España se suma muy luego al movimiento cartujano; ca. 1163, el eremitorio de Montsant (Tarragona) da origen a la primera fundación española, Scala Dei, que será el fermento fecundo de esas 24 cartujas hispanas, si aceptamos el más que problemático eremitorio femenino del Espíritu Santo (Murviedro), y la casa-refugio de Tarragona (1903-1933). España no poseyó más que 16 cartujas simultáneas, que la desamortización de 1835 suprimió. Actualmente existen cinco masculinas: Miraflores (v.), Montalegre, Aula Dei, Portaceli y Jerez; y una femenina: Benifazá (Castellón), inaugurada el 24 sept. 1967.Ya en 1178 la cartuja, en su movimiento expansivo, da el salto a las Islas Británicas, donde se establece con la fundación de Witham, a la que se añaden 11 más. Sus mártires de la persecución religiosa del s. XVI, dan la medida de lo hondo que arraigó allí la Cartuja masculina, pues la femenina no pasó a Inglaterra. Parkminster, fundada en 1873, todavía existe. A ella se trasladó la imprenta cartujana, actualmente en paro.Al cumplirse el primer siglo cartujano (1084-1184), siete naciones cuentan ya con instituciones derivadas de Chartreuse y sometidas a ella. Pasa algo más de medio siglo hasta que una nueva nación acoja a los hijos de S. Bruno. En 1238 se funda Eres en Hungría, cartuja de efímera duración; le seguirán cinco fundaciones más, de las que ninguna ha sobrevivido. En 1279 se funda, en Irlanda, país de recio abolengo monástico, Kinalekin, que no ha subsistido. Enghien (1314) es la primera cartuja de Bélgica, a la que siguieron 17 fundaciones, dos de ellas femeninas. Una de éstas, fundada en el s. XX, albergó desde 1906 hasta 1928 a las monjas cartujas de N. D. du Gard, hasta su traslado, en 1928, a Nonenque (Francia).Hasta 1320, con la erección de la cartuja de Maguncia, la orden de Magister Bruno no penetra en territorio alemán, cuna del fundador. En lo sucesivo, Alemania dará acogida en tal escala a los c., que se colocará en tercer lugar en la clasificación numérica de las fundaciones: 33 en total. En el s. XIV se construyen nada menos que 18 casas, entre ellas la de Colonia (1334) recientemente trasladada a Wurtemberg. En 1869 se funda Hain, la única cartuja alemana que todavía subsiste. Holanda inicia en 1328, con Mont-Sainte-Gertrude, la serie fundacional de sus 10 cartujas, ninguna de las cuales pervive. En 1360 se funda Catania, en Sicilia. Yugoslavia erige su única cartuja de Pletriach en 1403, que todavía subsiste. Perth, en Escocia, data de 1429. Polonia intenta erigir en Cracovia, en 1479, una cartuja, proyecto que no llega a realizarse; pero logrará introducir a los c. en su suelo al fundar, esta vez con éxito, la casa de Gidle. Portugal funda en el s. XVI, durante su anexión a España, dos cartujas: Scala Caeli (1587-1835) y Valle de la Misericordia (1593-1835). Scala Caeli (Evora) es nuevamente habitada desde el 14 sept. 1960.Durante más de ocho siglos y medio, la Orden cartujana se mantuvo circunscrita en la geografía europea, pese a varios intentos de pasar al Nuevo Mundo. En 1951 da el salto a los Estados Unidos de América, con la fundación de Arlington. Iniciada en Sky Farm, Whitingham (Vermont), en 1960 se trasladó a Mount Equinox, cerca de Arlington (Vermont), donde en la actualidad residen varios padres y algunos hermanos. Tal es el movimiento expansivo de la Cartuja: 283 fundaciones a lo largo y ancho de la geografía europea y, últimamente, en EE.UU.., de las que hoy perviven 18 cartujas masculinas y cinco femeninas. Como es fácil prever, ni todas las fundaciones ofrecen el mismo índice de seguridad histórica, 16 son dudosas, ni todas existen con simultaneidad: sin contar con las supresiones subsiguientes a las luchas de religión y a la Revolución francesa, 22 cartujas nacen de otros tantos traslados, con o sin abandono de las cartujas de erigen. Los datos educidos del efectivo en personal nos aportarán el correctivo de la realidad. En 1520, momento del máximum numérico, existían 3.200 padres y 2.200 hermanos. En el generalato de dom Le Masson (1675-1703), había 2.300 padres y 1.500 conversos y donados, lo que da un efectivo medio de 14 padres y 9 ó 10 hermanos por casa. Había, además, 170 monjas. Las casas de más de 12 celdas eran poco numerosas. En 1789, en vísperas de la Revolución, había 2.230 padres y 1.250 hermanos. Así, pues, en toda época de su historia, los c. han permanecido con un débil efectivo numérico en comparación con otras órdenes.La prueba de los siglos. He aludido a las luchas de religión y a la Revolución francesa; dos episodios que se suman al conjunto de pruebas que inevitablemente debe atravesar una institución religiosa. La Orden Cartujana no es, ciertamente, una excepción. A los seis años de iniciada la vida en Chartreuse, Bruno, alma del pequeño grupo eremítico, es llamado a la corte papal y sus compañeros se dispersan. Poco después vuelven a reagruparse y a dar continuidad al Propositum cartusiense. La orden naciente se ha salvado. 42 años más tarde, 30 en. 1132, un alud destruye en casi su totalidad el pequeño eremitorio de Chartreuse: 6 monjes y 1 novicio sucumben en el desastre, cuando la Orden cartujana todavía no era un ente jurídico. Durante los aciagos días de la peste negra (v.), que por tres años asoló Europa, los c. perdieron 900 religiosos: ¡465 en sólo el a. 1349! Hubo cartujas, como Montrieux, en que de 35 personas, sólo quedó un superviviente. Pero las pruebas más sensibles proceden de las disensiones creadas en el seno mismo de la Orden. Esta prueba fue especialmente dolorosa durante el gran Cisma de Occidente (v. CISMA III), en que la Cartuja, como el resto de las instituciones internacionales, fue afectada por la división misma de la Iglesia. Estudios e investigaciones han llevado a la conclusión de que el Cisma dentro de la Orden cartujana, comenzado el 30 mayo 1380, no terminó ni con la elección de Alejandro V en Pisa, como quieren los autores c., ni siquiera con la elevación de Martín V (11 nov. 1417): la unión de los c. no se verificará hasta el 9 mayo 1419. La Cartuja había superado una nueva prueba.Bien necesitaba templar el ánimo, pues un siglo más tarde las guerras de religión la afectarán más íntimamente. La Orden se hallaba en el apogeo de su expansión: Francia contaba con 95 florecientes cartujas. De ellas, 39 fueron suprimidas por los "reformados" y más de 50 c. derramaron su sangre. En 1562 la Grande Chartreuse fue saqueada a conciencia y finalmente incendiada por los soldados hugonotes (v.) del terrible barón des Adrets. En el s. XVII, la herejía jansenista (v. JANSENIO Y JANSENISMO) logró penetrar hasta en las mismas cartujas. Es cierto que, fuera de Francia, ni un solo c. se separó de la Iglesia; y de las 7 provincias francesas, sólo una, la de France-sur-Seine, dio cabida a la herejía. En 1724 muchos religiosos se negaron a firmar el Formulario antijansenista redactado por el Capítulo General, alegando diversas razones: 50 c. sobre un efectivo total de unos 1.200, se dejaron embaucar por la herejía; de los cuales 30 rehusaron someterse, y huyendo a Holanda, fundaron una cartuja, que no fue reconocida por la Orden.En el mismo siglo y en vísperas de la Revolución, que clausuró, 16 ag. 1792, todas las cartujas francesas, rudos golpes recibía la Orden en otros países: en 1784 las 16 cartujas españolas se apartaban de la obediencia del prior de Chartreuse y se constituían en Congregación autóctona (1784-1835); en 1778 se suprimían las cartujas de Valsainte (Suiza) y Hildesheim (Alemania); en 1782 y 1783 José II destruyó en sus Estados de Lombardía, Austria y Flandes, 24 cartujas. En vísperas de la Revolución quedaban 122: las 67 de territorio francés desaparecieron en 1792; las dos de Portugal serán suprimidas en 1835. La Orden llevaba trazas de desaparecer. Pero nuevamente se alzó vigorosa y, pese a las supresiones de 1903, hoy cuenta ya con 20 cartujas masculinas y cinco femeninas.Fisonomía jurídica. En 1120, Lamberto, III Magister eremi de Calabria, redactaba unas Constituciones para regular el complejo anacorético-cenobítico creado en torno al eremitorio de la Torre. Al desaparecer en 1193 este eremitorio y pasar el cenobio a los cistercienses, las Constitutiones Lamberti dejan de ser regla viva, para convertirse en documento histórico. Más éxito tienen las Consuetudines de Guigo I, aparecidas siete años más tarde. Escritas a petición de las cartujas existentes y a instancias de Hugo de Grenoble, las Consuetudines reciben el espaldarazo consecratorio con la creación, en 1140, de los Capítulos Generales y convertirse Chartreuse en cabeza de orden y sede del prior general. A partir de 1155 queda plenamente regulado el Capítulo General, que año tras año insiste en el exacto cumplimiento de las Costumbres de Guigo I y dicta nuevas disposiciones. En 1259, dom Riffier recoge estas ordenaciones capitulares y las clasifica a continuación de las Costumbres, reteniendo la triple división de Guigo 1: Oficio, monjes, conversos. Riffier añade un capítulo destinado a las monjas cartujas incorporadas a la Orden en 1145 y cuyo legislador fue Juan de España. Las siguientes ediciones de estos Statuta Antiqua de dom Riffier, siguen este mismo esquema. En 1570 y a raíz del conc. de Trento, dom Bernardo Carasse fundió las codificaciones anteriores, formando un todo compacto siempre sobre el mismo esquema de Guigo I. Es el sistema que ha prevalecido hasta nuestros días, incorporando las normas subsiguientes al Vaticano I y a la aparición del Código de Derecho Canónico.En esta legislación se detalla el gobierno de la Orden. La primera autoridad es el Capítulo General celebrado desde 1140, al principio anualmente y ahora cada dos añoS. VIene luego el prior general que coincide siempre con el prior de la Gran Chartreuse, y es elegido por la comunidad de la casa madre. En él reside intra annum el poder del Capítulo General. Están luego los visitadores y, finalmente, los priores locales. Éstos son elegidos por la comunidad respectiva sólo en determinados casos; normalmente los elige el prior general o el Capítulo. Desde principios del s. XV la Orden tiene un procurador general en Roma. Como observancias, la oración interferida por el estudio y el trabajo, normalmente en soledad, excepto el oficio de Maitines, Misa Conventual y Vísperas. Los domingos y algunas fiestas principales rezan todo el Oficio en el coro, comen juntos y hacen una hora de recreo. Una vez por semana dan un paseo largo fuera de la clausura. Como mortificación tienen, a partir del s. XIV, la abstinencia perpetua de carne y el levantarse a media noche.V. t.: CHARTREUSE, CARTUJA DE; BRUNO, SAN.ILDEFONSO GÓMEZ.
BIBL.: Existe, inédito, un ensayo de Bibliografía cartujana casi exhaustivo. Sólo de Vidas de S. Bruno recoge más del medio centenar. T. ZAMARRIEGO, Enciclopedia de orientación bibliográfica, Barcelona 1964, no 661: escuela cartujana de espiritualidad; 706-710: figuras cartujanas; 1790-1795: historia general: S. AUTORE, Chartreux, en DTC II, 2274-2318; P. DE FARCONNET, Bruno, saint, en DHGE X, 951-954; L. RAY-P. MOUTON, Chartreuses (régles des moniales), ib. III, 626-632; A. DEGAND, Chartreux (liturgie), en DACL III, 1045-1071; Y. GOURDEL, en DSAM II, 705-776; L. RAY, Chartreux (régles), en Dictionnaire de droit canonique, ed. R. NAZ, París 1935-65, 111, 632-662.
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