Capital ECON.
Categoria:
Economía
I. ECONOMÍA. 1. Concepto genérico y acepción vulgar. El término c. equivale, en su sentido más amplio, a existencia o suma de bienes; sinónimo, por tanto, de hacienda, caudal o patrimonio por cuanto puede representar el valor permanente y tangible de lo que de modo accidental o periódico produce rentas, bien sean éstas expresadas en forma de beneficios, bien como intereses. En otro sentido hace referencia al dinero (monetización del concepto general), considerado como un factor más de los integrantes del proceso de producción, y capaz de proporcionar lo necesario para el establecimiento y prosperidad continuada de una empresa o actividad económica cualquiera.Así, pues, en una primera aproximación, podemos afirmar que c. lo son tanto los bienes llamados de capital (sentido real), como el poder adquisitivo necesario para obtener aquellos bienes (c. en sentido monetario) pero ninguno de ambos es, por sí solo, c., el cual es un conjunto de bienes producidos, que son destinados por el hombre a un ulterior proceso de producción; es decir, el c. es un factor de la producción (v.).La Ciencia económica, al tratar de precisar el concepto, parte de la clasificación general de bienes (v.). Dentro de ellos, los que son factores originarios de la producción (tierra y demás agentes naturales) y la capacidad potencial o efectiva de trabajo que pueda poseer cada sujeto (bien de último orden) quedan excluidos; el resto, bienes que van del primero hasta el penúltimo orden, ambos inclusive, forman un tramo intermedio y pueden subsumirse en un concepto formal, como otro factor de la producción, no originario sino derivado, que recibe la denominación de c. Es, pues, un tercer factor de la producción, primordial, de cuyo crecimiento dependerá, en definitiva, la intensidad con que la misma se desarrolle.Partiendo de esa clasificación elemental, diremos que el conjunto de bienes de primer orden, o sea, aquellos que en su forma natural, o después de una transformación, se aplican inmediatamente a la satisfacción de las necesidades humanas, reciben el nombre de c. consuntivo o de uso, mientras que los bienes de segundo o más orden, que no se utilizan directamente, sino que se emplean como medios de producción de los de orden inferior salvo el último, forman el c. productivo, considerado más propiamente como el tercer factor de la producción, por cuanto se aplica directamente al proceso como un medio más.2. Discusiones teóricas. La aparente simplicidad del concepto vulgar no se corresponde con una unidad de criterio acerca de lo que es o debe constituir el c. en el plano científico. Es precisamente sobre la naturaleza del c. donde los economistas han discrepado más abiertamente, y en nuestros días no parecen solucionadas las discusiones teóricas. Los mercantilistas (s. XVII, v. MERCANTILISMO) fueron los primeros que definieron el c. como un factor de la producción, concibiéndolo como un fondo de bienes, que, aunque con una expresión monetaria, no constituía en sí dinero. Escuelas posteriores, fisiócratas (v. FISIOCRACIA) y liberales (v. LIBERALISMO L1), tuvieron que resolver el problema del origen del c., cuestión que los mercantilistas dejaron pendiente.El origen del c. es, para una parte de los autores, trabajo acumulado; también podría admitirse que no sólo es trabajo acumulado, sino servicios de la tierra o de la naturaleza; en este sentido se manifiesta Bóhm-Bawerk. Hasta hace unos años la Ciencia mantuvo vigentes las tesis de Bóhm-Bawerk y Wicksell, tanto en el campo de la investigación como en el de la enseñanza. El concepto central de la teoría del c., según estos autores, es el periodo de producción, o, dicho de otra manera, la duración del periodo de producción. Por "duración del periodo de producción" entienden Bóhm-Bawerk y Wicksell el tiempo que media entre el momento del empleo de los medios de producción originales (tierra y trabajo en la terminología clásica) y el momento en que se obtiene el producto dispuesto para el consumo (producto terminado). Hay, no obstante, que tener en cuenta que definen este concepto de un modo meramente cuantitativo y no lo emplean sólo para una descripción cualitativa de los procesos productivos. El ensayo sobre el c. de Menger (1888), maestro de Bóhm-Bawerk, es principalmente una crítica de las tesis del discípulo, cuyo primer trabajo acababa de aparecer. Se refiere en gran parte a las distinciones y aclaraciones terminológicas, en un campo en el que este tipo de análisis ha sido siempre necesario, atacando la idea de que la tierra y la mano de obra son factores "originarios" en contraste con el c., o los "medios de producción producidos", sosteniendo que esta distinción no puede hacerse en la práctica, y en todo caso es económicamente inaplicable. Arguye, al final, que los economistas deberían seguir lo que considera el concepto monetario y práctico del c. e interés (Works, 111,37,44).En otro sentido, la cuestión de la mensurabilidad del periodo de producción fue la oposición más aguda que planteó Lexis; en efecto, tal cuestión es esencial para la utilidad del concepto y de todas las demás reflexiones vinculadas a él y evidentemente resulta imposible de medir el periodo de producción, al menos con carácter absoluto, como luego reconocería Bóhm-Bawerk. De esto resulta que no hay aplicación del concepto de periodo de producción absoluto en una teoría exacta de la producción, cuyo objeto sea formular principios con certeza cuantitativa; pero incluso si fuera posible medirlo será totalmente inútil, a los fines de un análisis del moderno proceso productivo capitalista, pues en la empresa privada no aparece en ningún lugar un proceso en el cual un producto resulte de una cooperación exclusiva e inmediata del trabajo y de la tierra, cualquiera que sea la rama o el grado de producción que consideremos.Como afirma Schneider, el centro de gravedad de las modernas teorías de la producción se encuentra en una dirección completamente distinta, pues lo que hay que descubrir son las relaciones entre los rendimientos del trabajo, de la tierra y del c. real fijo en la industria privada. Si bien es cierto, continúa el autor, que el tiempo juega un papel importante en el estudio de estas relaciones, cuyo análisis constituye precisamente una de las principales misiones de la teoría positiva del c., no hay que olvidar que en una teoría de tal’ índole no tienen cabida las consideraciones históricas genéticas expresadas en un concepto de periodo de producción como el de Bóhm. Como resumen queda establecido que el análisis periódico de Bóhm es inservible, porque el concepto fundamental de "duración del periodo de producción" es vago e inconcreto y no puede concebirse como dato cuantitativo; suponiendo que el concepto fuera dato susceptible de medición, sería inútil para el análisis del moderno proceso de producción industrial y agraria, puesto que nunca cooperan los factores originales, sino que todo producto, hoy en día, resulta de la interacción del rendimiento del trabajo y la tierra con un c. real fijo; es problema apremiante de la investigación introducir adecuadamente el factor tiempo en los análisis teóricos para abrir nuevas perspectivas al estudio del fenómeno del c.3. Ciclo del capital. Un rasgo esencial que caracteriza el proceso económico moderno es la aplicación extensa de medios de producción ya producidos. El c. es, en este orden de ideas, "trabajo hecho de antemano" (Adolf Weber), que hará más productivo el trabajo posterior. Puesto que el c. sólo puede crearse, aumentarse o renovarse, retirando del consumo inmediato una parte de la provisión de bienes y fuerzas del trabajo disponibles en un momento dado, se hace necesaria una especie de "abstinencia" (Senior). Esta abstención, como indica Cassel, significa un "esperar" los bienes del consumo más abundantes que se producirán merced al empleo del c. retenido. Se aprecia un crecimiento constante de las necesidades de c., para atender a la ordenación del crecimiento, que junto a la restricción del consumo y la actitud de espera, constituyen los tres rasgos del concepto de c. desde un punto de vista económico social. Pero esta atención al crecimiento no pretende tan sólo aplicar el fruto de la producción a reemplazar las instalaciones, compensar su desgaste y renovarlas. Se aplica el c. según el principio económico de la productividad (v.), es decir, cuando ello trae consigo la formación gradual de más c. que pueda satisfacer las necesidades cada vez más amplias de la economía, es decir, las necesidades del futuro.En la moderna economía de complicados procesos de producción el c. es escaso, por lo que resulta necesario pagar un precio por él, lo mismo que por cualquier otro bien escaso; este precio por la utilización del c. tiene que ser recuperado a su vez con el c. procedente del rendimiento de la producción, o sea, de las mercancías y los medios de producción obtenidos.a) Capital como factor de la producción. Al repartir los medios de producción en ciertas categorías fundamentales veíamos que la tierra y el trabajo, como factores originarios, quedaban excluidos; entre los restantes medios los productos materiales que se encuentran comprendidos en el proceso reciben el nombre de c. real caracterizado por dos notas: la espera, y disponibilidad, que siendo términos sinónimos destacan por un lado el aspecto negativo: renuncia; de otro, la disponibilidad del c. durante el mismo tiempo, limitando dicha disposición sin extenderla a la espera de los servicios de algunos bienes duraderos que ya han pasado definitivamente a los consumidores.La disponibilidad de c. es no sólo un medio de producción necesario, sino también un factor elemental por cuanto puede reemplazar a otros factores. La sustitución recíproca del c. disponible y del trabajo es un fenómeno de gran relevancia tanto para la teoría del interés como para la de los salarios; aquí basta con exponer el carácter general de esta sustitución para mostrar que puede realmente equipararse la disponibilidad de c. al trabajo como factor de producción (v. TRABAJO HUMANO i v,2).b) Formación del capital por el ahorro. La oferta de c. disponible tiene su fuente en el ahorro (v.); sin embargo, en la economía actual de carácter continuo, no se hacen reservas sustanciosas de medios de existencia. El proceso continuo de la producción rinde un torrente de productos, parte de ellos destinados a la satisfacción inmediata de las necesidades, y parte a la formación de c. real, de ahí que la abstención del consumo (ahorro) sea pieza clave en la formación del c. Y esto ocurre tanto a nivel de sujeto privado como desde el punto de vista macroeconómico (v. MACROECONOMÍA Y MICROECONOMÍA) pues el ahorro nacional está constituido por el volumen de bienes y servicios producidos que no se destinan al consumo de la colectividad. Parece que el ahorro, y con él la oferta de c., habían de venir condicionados eficazmente por el tipo de interés, y así se ha mantenido por los economistas durante bastante tiempo; sin embargo, esta tesis se encuentra actualmente superada, ya que el tipo de interés determinaría la forma de colocación del ahorro, pero no el ahorro en sí.4. Sentido instrumental y significación financiera. El c., en su significación instrumental, como conjunto de bienes o instrumentos de producción, es susceptible de dividirse en dos categorías: circulante y fijo. Aquél está constituido por los bienes utilizados en el proceso productivo que desaparecen o se extinguen en cada periodo de producción, mientras que el fijo está integrado por los elementos de producción que permanecen a lo largo de varios periodos, en cada uno de los cuales sólo experimentan pérdida de valor por la depreciación a que están sujetos. En uno u otro caso los bienes que integran el c. se extinguen a corto o largo plazo, pero el c. en abstracto no se reduce, sino que, por el contrario, tiende a aumentar; esto nos lleva a enfocar el asunto como expresión de un dato cuantitativo, variable en el tiempo, con lo que introducimos la noción de c. financiero.La distinción entre c. en sentido instrumental y c. en sentido financiero se encuentra en la literatura económica clásica, si bien, con otra terminología, pues los economistas clásicos hablaban de c. en abstracto (expresión monetaria del concepto) o disponibilidad de c. y c. concreto. Hemos visto que el c. como expresión financiera, es variable en el tiempo; ello se debe a que el existente en un determinado momento se ve incrementado por la parte de producto obtenido que no se consume, o disminuido en el caso de que el consumo de los sujetos económicos exceda a lo producido. Esta particularidad, que nos permite definir el c. en sentido financiero como una función del tiempo, nos sirve para elaborar el concepto de productividad del c. o su productividad temporal.5. Mercado de capitales. Puede considerarse como el mecanismo mediante el cual los fondos acumulados se hacen disponibles para aquellos que buscan financiamiento a medio y largo plazo, sea en forma de deuda o patrimonio. Su peculiaridad, en el mundo occidental, radica en la relativa libertad con que operan los participantes para aprovechar las diferencias en precios, términos y conveniencias, cuando deciden colocar sus ahorros u obtener financiamiento externo. La parte directa de la oferta de fondos comprende las relaciones de oferentes originarios y demandantes finales de c.; se canaliza fundamentalmente hacia la inversión en valores mobiliarios. Existe un caso en el que coinciden ambos sujetos, -de forma que su demanda, total o parcial, es satisfecha por su propia oferta; a este fenómeno, en términos económicos, se le denomina autofinanciación. Sin embargo, lo normal es la aparición de los llamados intermediarios financieros (Bancos, Institutos de Crédito, Compañías de Seguros y Mutualidades, Cajas de Ahorros, etc.), cuya misión reside en acumular fondos de los distintos sujetos oferentes para luego prestarlos, nutriendo y activando el circuito económico, según criterios de selectividad y rendimiento financiero, y retribuir así a sus depositarios.Las corrientes de demanda están, prácticamente, monopolizadas por dos sujetos económicos: las empresas y el Estado. Aquéllas requieren c., tanto en los momentos iniciales de su constitución como en eJ transcurso de su actividad a través de varios procedimientos: dividendos pasivos, emisión de acciones (valores mobiliarios de renta variable) o de obligaciones (renta fija). El Estado, debido a su intervencionismo creciente en la vida económica, ha pasado a ocupar un lugar preferente como demandante de c.’ No obstante, sus necesidades financieras se cubren también por otros procedimientos que no entrañan la libre concurrencia en el mercado de c. (emisión de empréstitos, control de emisiones privados, sistema tributario, etc.).6. Conceptos jurídico-contables. C. fundacional de una sociedad es aquel cuyo importe viene determinado en la escritura de constitución. El aumento o disminución de dicho c., según la legislación española, deberá consignarse necesariamente, por lo que se llama c. nominal al que figura, en un momento dado, en la escritura de constitución, con los aumentos o disminuciones que haya experimentado por disposición estatutaria legalmente válida. El c. de una sociedad puede hallarse en alguna de las siguientes situaciones: a) Suscrito. La suscripción implica una declaración de voluntad, por la cual una persona se compromete a ser socio mediante la adquisición de una o varias acciones de la sociedad; la contrapartida es la obligación frente a ella de aportar una parte del patrimonio social, equivalente al importe nominal de las acciones suscritas. b) Sin suscribir. Algunas legislaciones permiten el llamado c. en cartera, que no exige la íntegra suscripción del c. en tiempo de constituirse la sociedad. c) Desembolsado. Una vez suscritas la acciones y realizadas íntegramente por los accionistas las aportaciones correspondientes, se dice que el c. está desembolsado.V. t.: AHORRO; INTERÉS; BANCOS 1; BOLSA 1; DESARROLLO ECONÓMICO Y SOCIAL I; MONEDA; CICLO ECONÓMICO; MARX Y MARXISMO; MANCHESTER, ESCUELA DE; SOCIALISMO 11.C. HORNILLOS GARCIA.
BIBL.: K. BouLDING, Análisis económico, Madrid 1967; G. CASSEL, Economía social teórica, Madrid 1960; J. M. FERNÁNDEZ PIRLA, Curso general de Economía, Madrid 1962; J. R. HICKS, Valor y capital, México 1968; T. W. HUTCHISON, Historia del pensamiento económico 1870-1929, Madrid 1967; J. MESSNER, Ética social, política y económica, Madrid 1967; E. SCHNEIDER, Teoría económica, Madrid 1967.
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