Canaán HIST.
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Historia
EN LA HISTORIA Y EN LA BIBLIA. 1. Delimitación geográfica y étnica. En hebreo Kéna’an; en acadio aparece con distintas grafías como Kinajna, Kinajji, o Kinnahi (en las que se aprecia la dificultad de transcribir la gutural `ayn, típicamente semítica, en el sistema cuneiforme de origen sumerio); en egipcio kn’n. De C. se deriva el gentilicio cananeo. El hecho de que cananeo equivalga en muchas ocasiones a mercader, y la equivocidad de la palabra C. con la palabra semita que significa púrpura, kinnaju, contribuyeron a que el pueblo considerase a la púrpura como origen etimológico de C. (v. la etimología de FENICIA).En los documentos egipcios aparece C. con cierta insistencia a partir del s. xv a. C., y siempre contradistinto de rtnw, la parte montañosa de Palestina; aunque no siempre indica C. toda la región costera. Se puede establecer que, a partir del s. xv a. C., Dahy indica Fenicia, y C. la costa sur de Palestina, aunque el límite entre ambas sea más bien indeterminado; con la llanura costera forma parte de C. la zona llana, como Esdrelón y Beisán. En la Biblia C. indica prácticamente toda la Tierra Prometida a los Patriarcas, es decir, Palestina (v.): no sólo la costa, sino también la región montañosa del interior. Limitaba, por tanto, al O con el Mediterráneo, al E con el río jordán, al S con el Torrente de Egipto, hoy Wádi al`Aris, y al N bien con °Akkó (Acre), bien con la propia Tiro. Algún texto hitita utiliza la palabra C. con el mismo valor que los textos egipcios de su época. C., así delimitado, es un estrecho puente que une Egipto con el Asia Occidental y, por medio de ella, con la no lejana Europa y el Asia Central. El dominio de este puente será, en el decurso de la historia, objeto de numerosas expediciones bélicas tanto egipcias, como de los imperios asiáticos (hitita, asirio o babilónico, persa), y, más tarde, de los griegos y romanos.En el aspecto étnico resulta difícil establecer, con tantas incursiones bélicas, la auténtica cuna de los cananeos y sus características raciales. Aunque viejas tradiciones sitúen su origen en las costas del Mar Rojo y los emparenten con el mundo camita (v.; v. t. CALI), generalmente son calificados entre los semitas del norte, por su lengua y cultura, ya que antropológicamente resulta imposible su estudio, dada la mezcla de gentes que conviven en tan pequeño espacio de tierra. Una vieja calzada, el camino del mar, atravesaba todo C., de norte a sur. Este camino era paso obligado de todas las caravanas que unían, en tiempos de paz, Egipto con sus mercados del norte y del este. C. y sus habitantes se beneficiaron de este trasiego de mercancías, como sufrieron los rigores de la guerra entre sus poderosos vecinos. Las ciudades cananeos atestiguan estas influencias en toda su cultura y su arte.2. Historia. A partir de la primera invasión semita de Palestina (ca. 3000 a. C.) existe unidad de organización, urbanismo, arte militar, etc., entre todas las ciudades de C. y las de la zona montañosa de Palestina; su historia es común, con pequeñas vicisitudes peculiares de cada ciudad. Las fuentes fundamentales para su estudio son las conclusiones y hallazgos de las distintas expediciones arqueológicas y los pocos documentos escritos hallados (fundamentalmente fuera de C.). Entre éstos destacan por su antigüedad los textos execratorios egipcios, y los que hablan en concreto de alguna ciudad fenicia, como Biblos (v.), y, para los tiempos florecientes de la civilización cananoa, los abundantísimos textos de Ugarit (v.).Los ocupantes de Palestina de ca. 3000 a. C., ¿cananeos?, parece ser que entran por el este. Las ciudades que de ellos conocemos, tanto en la zona montañosa como en las llanuras y costas, coinciden en la solidez de sus muros defensivos, como los de `Ay, Tirsah, Jericó, Dotayn, etc.; además son de bastante extensión, lo que indica una población urbana numerosa con toda la complejidad de servicios y el consiguiente desarrollo económico. Parece ser que la principal fuente de riqueza es la agricultura de los campos inmediatos a las ciudades: regadíos, como los de Jericó (v.), o secano bien explotado, como en el caso de`Ay. En el trazado de las ciudades hay un destacada interés urbanístico: alcantarillados, calles rectas y bien trazadas, armonía de edificios públicos con las viviendas particulares, etc. Esta disposición urbanística es nueva por completo en Palestina y exige una fuerte autoridad interna. Desgraciadamente faltan los documentos escritos que permitan reconstruir la historia durante los casi nueve siglos que duró esta civilización sin variantes. Las destrucciones totales de las ciudades hablan de las conquistas guerreras de las mismas. Pero, frecuentemente, las destrucciones no son totales, y los mismos pobladores rehacen las partes dañadas de las ciudades al desaparecer el peligro que las aquejaba. Para más detalles sobre la cultura de la época, V. PALESTINA II.
Poco antes de finalizar el tercer milenio, una nueva incursión de gentes de vida nómada, al menos aparentemente, destruye casi por completo las ciudades de la zona montañosa, aunque las del llano, menos conocidas, puede que no sufrieran tanto (especialmente las bien conocidas de Fenicia, como Biblos). Ordinariamente se considera amorreos (v.) a los nuevos invasores (así K. M. Kenyon). Los descendientes de los pobladores de las antiguas ciudades, muy mermados en su número, pronto volvieron a reconstruir las antiguas ciudades de la zona montañosa, en menor tamaño, con otras técnicas defensivas y sin tanta atención urbanística. Como la cultura es uniforme, resulta prácticamente imposible saber si alguna de estas ciudades fue poblada por los recién venidos, ya sedentarizados después de varias generaciones, o si convivían en las ciudades los dos elementos étnicos. Debido al abandono de grandes extensiones de terreno por no necesitarlas la disminuida población, crece el contingente de pastos para ganado y pueden convivir con los habitantes de las ciudades grupos nómadas de alguna consideración. Los documentos egipcios ya hablan de expediciones guerreras en Palestina, aún no conocida con el nombre de C.; entre estas expediciones hay que destacar la de Sesostris III (ca. 1850 a. C.).Al dominar Egipto los hicsos (v.) sometieron también a Palestina; hasta se han hallado en los estratos correspondientes a su ocupación más escarabeos y cerámica suya que en las propias ciudades egipcias. Con los hicsos se introducen, por razones militares, nuevas técnicas en las ciudades; los muros, que ya no eran tan sólidos en la época anterior, se refuerzan con los característicos glacis hicsos, y las puertas son de tenaza; se aprecia una mayor diferencia entre las viviendas de los nobles y la de los semisiervos que las rodean. Con la decadencia de los hicsos coincide la llegada de una nueva oleada de pobladores, esta vez del norte y de origen indoeuropeo: los hurritas.Los hurritas (v.) llegarán a establecerse de tal forma en C., que en los documentos egipcios de la época pasa a llamarse hwrw, país de los hurritas. La prosperidad económica y el incremento de la población a lo largo de este periodo (17501550 a. C.) es patente en las excavaciones de los estratos correspondientes: son ya más numerosas las ciudades. Algunas surgen totalmente de nuevo, otras se repueblan. El comercio florece y no sólo en los productos manufacturados, sino especialmente en las primeras materias para la industriaartesanía: los colorantes para la cerámica, los minerales metálicos traídos desde muy lejos; pero el bronce es usado principalmente para fines bélicos: armas y armaduras.El dominio hurrita fue desmontado en C. por los grandes faraones egipcios del Imperio Nuevo. Tutmosis III, ya en el s. xv a. C., invadió triunfalmente C. por el camino del mar, ocupando Yajó (Joppe, v.), Lidda, Gezer, Mégiddo y Ta’ának, convirtiendo en feudatanas a todas las ciudades (v. EGIPTO IV). Pero pronto otro imperio surge al norte, en Anatolia: los hititas (V.), que saldrán al encuentro de los egipcios y aprovecharán cualquier desfallecimiento del poder faraónico para llevar su influencia hacia el sur, estableciendo cabezas de puente incluso en C. y la parte montañosa de Palestina. Cuando decaen los imperios, las rencillas entre los nobles cananeos y unos grupos misteriosos de hombres armados, los hapiru, impiden la paz: decae la cultura y reina el miedo. Se compra lo que la falta de paz no permite fabricar, aumentando las importaciones, incluso de cerámica. La descripción de C. en las tablillas de Tell elAmarna (v.), archivo de estado de Akenatón (v. AMENOFIS Iv), no puede ser más desoladora: la anarquía se apodera de C. en el s. xiv. Los faraones de la XIX dinastía a fines del siglo y principios del siguiente intentan restablecer el dominio del vital paso de C., pero el neoimperio hitita les sale al paso hasta que se consigue un tratado de paz con la delimitación de las mutuas esferas de influencia: el actual Nahar alKalb, río que desemboca entre Biblos y Beirut, separará las regiones dominadas por los hititas, al N, de las feudatarias de Egipto, al S; queda por tanto C. bajo la dominación faraónica una vez más. Pero este acuerdo había de durar poco por la decadencia respectiva de ambos imperios, que no tardó en. llegar (ca. 1250).’Nuevos invasores se presentan en C. Los pueblos del mar desembarcan en las costas y con sus armas de hierro, deshecho el monopolio hitita al derrumbarse el imperio de Jattusas (Bogazkóy), se adueñan de la costa de C. Los habitantes pronto se confederan con ellos, repartiéndose amigablemente el terreno, pues por el este especialmente, llegan otros invasores: los israelitas, atrasados militarmente, pero los verdaderos enemigos de C. por su cultura, concepción de vida y sobre todo por su religión. Ante el peligro, la unión con los europeos venidos de las islas es el mal menor; aunque la lucha entre ambos grupos no cesará hasta el dominio definitivo de uno de ellos. Los israelitas logran con el tiempo dominar todo el territorio, aunque precisamente el antiguo C., la zona costera, será lo último en caer en sus manos (V. HEBREOS I). Con esta victoria finaliza la historia de C.3. Orden social. Aunque las más antiguas figurillas de execración egipcias presuponen una organización tribal, en el segundo lote de estos textos ya se reconoce una organización más o menos monárquica. Esta monarquía se irá afianzando con el tiempo en cada ciudad. El rey en Ugarit, donde los textos permiten conocerlo mejor, es la garantía del orden y bienestar del pueblo; tiene una clara función sacerdotal y es administrador de la justicia; el ejército es mandado por él. Con el tiempo el rey se rodea de los oportunos funcionarios o siervos (`abúd¡m), que le sustituyen en algunas de sus funciones. El rey extendía sus dominios de algún modo sobre toda la tierra, y especialmente sobre todas las fuentes de la economía; su dominio podía incluso llegar a disponer de sus súbditos para trabajos forzados o para hacer la guerra como mercenarios. La familia real, y especialmente el príncipe heredero, se mantenían al margen del gobierno; durante la enfermedad del rey, es la reina, y no el príncipe, quien confiere con los altos dignatarios. En algunas tabletas aparecen junto al rey unos personajes, bastante numerosos con nombres de animales: toros, y gacelas; J. Gray piensa que podrían ser los representantes de dos sacerdocios, de los dioses Baal y Resef, respectivamente, o tal vez los jefes de las tribus sedentarias (toros) y nómadas (gacelas). Las instituciones jurídicas, como la venganza de sangre, coinciden con las de otros pueblos semitas. El matrimonio era celebrado con ceremonias ya conocidas en Oriente. Famosa y trascendental en la vida de las comunidades cananeos era la sabiduría; se han conservado numerosos proverbios y consejos.4. Cultura. Aparte de la cultura material, ya indicada, C. destaca por su cultura escrita y su literatura. En las excavaciones se han hallado documentos, prácticamente contemporáneos, escritos en egipcio, acadio, y dialectos semitas cananeos en distintos sistemas de escritura. Estos últimos procedimientos se caracterizan por simplificar los complejos métodos extranjeros, el jeroglífico egipcio (v. EGIPTO xI) y el silábico cuneiforme (v.) que tienen uno y dos millares de signos, respectivamente (y con frecuencia diversas lecturas para un signo). La primera simplificación es el silabario de Biblos, que totaliza un centenar aproximado de signos diferentes. Pero el gran hallazgo es el alfabeto (V.), al que se llega por dos caminos: el cuneiforme de Ugarit, con sus consonantes y el alef con los tres sonidos vocálicos, y él alfabeto del Sur o cananeo propiamente dicho, que se inicia en las inscripciones encontradas en $arabit alJádim y dará origen, desde sus signos originariamente egipcios, al cananeo, o triangular o linear, del calendario de Gezer o de la inscripción de ’Áhiram de Biblos. De éste se derivarán el alfabeto griego y el abecedario latino. La lengua cananoa es un dialecto arameo (V. ARAMEOS III), muy próximo al hebreo. En los textos ugaríticos, muy abundantes se ve que conserva algún elemento enriquecedor, perdido por el hebreo, como son los casos del nombre, y que coinciden en líneas generales con las grandes lenguas semitas, árabe y acadio (v. SEMITAS III).Las excavaciones arqueológicas han permitido conocer el arte de los cananeos. En general es muy pobre; no hay arquitectura monumental ni preocupación de embellecer los edificios con motivos ornamentales. Llama la atención la pobreza de los templos o palacios, sin capiteles en sus columnas, sin entallados en las puertas, etcétera. La escultura queda relegada, ordinariamente, a relieves y pequeñas figuras, casi siempre de dioses, y a trabajos de marfil y modelados de cerámica y terracótas. La mayor pieza hallada en C. entre las esculturas de piedra es el ídolo del templo de Hasór de la época del Bronce Reciente (ca. 1500 a. C.) que no llega al tamaño natural. Los idolillos y exvotos hallados en los santuarios, especialmente baales de Ugarit, y tabletas de la diosa de la fecundidad halladas en todas partes, nos hablan de un arte de origen remoto mesopotámico, pero de ejecución egipcia. Tanto los idolillos como las plaquitas son de algunos cm. de altura. Una excepción puede ser la estela de la diosa serpiente de Tell Bayt Mirsim. Los marfiles tallados recuerdan los egipcios, aunque ya se ven influjos mesopotámicos e incluso elementos de los nómadas del próximo desierto.5. En la Biblia. Como ya hemos visto, C. es el nombre común de Palestina (cfr. Gen 10,6ss.). La importancia de esta tierra estriba en que ha sido prometida por Dios a los Patriarcas y recorrida por ellos (cfr. Gen 12; 17,8). Dios podía entregarla a los descendientes de los Patriarcas pues la tierra es suya (2 Par 7,20). En la Biblia es calificada de buena (Num 13,20; 14; 7), feliz (Dt 1,25), que mana leche y miel (Dt 6,3 et pass.; los 5,6). Los israelitas tomarán posesión de ella porque es suya (Dt 11,14; 32,43), en ella vivirán y en medio de ellos habitará la gloria de Dios, en el lugar que Él ha elegido (Dt 12,5) [V. NOÉ; ABRAHAM; ALIANZA (Rel.) II; etc.].Los pueblos que la habitaban, pueblos grandes y poderosos (Dt 4,38), han sido desposeídos de ella, pasando a ser herencia de Israel, porque la habían hecho inmunda (1 Esd 9,11; cfr. Ez 36,17). Por esta causa Dios entrega a Israel la tierra de C. (Dt 9,4). Pero el Deuteronomio insiste hasta Ja saciedad en los peligros que entraña la posesión de C. Al estar la tierra contaminada por las abominaciones de los pueblos que la habitaron, no se podrán comer sus frutos hasta que haya sido totalmente purificada. Dos peligros, principalmente, aguardan a Israel en la tierra de C.: el enorgullecerse por la posesión de la misma y la victoria, que no le pertenece puesto que es de Dios (cfr. Dt 8,720), o por pensar que Dios se la ha entregado por su justicia y recta conducta (Dt 9,4); y el dejarse seducir por la idolatría (v.), apartándose del Dios de Israel (Dt 11,16; y de forma detallada Dt 12,19 13,19). V. t.: PALESTINA; FENICIA; SEMITAS; CRONOLOGÍA.V. VILAR HUESO.
BIBL.: A. BARROIS, Canaan, en DB. (Suppl.) 1,9971022 H. DE BAAR, Canaan, en Enc. Bibl. IL7986; F. M. ABEL, Géographie de la Palestine, II, París 1938; M. Du BUIT, Géographie de la Terre Sainte, París 1958; W. F. ALBRIGHT, The Archaeology of Palestine, Baltimore1960; K. M. KENYON, The Archaeology of the Holy Land, Londres, Nueva York 1960; P. LEMAIRE, D. BALDI, Atlante Storico Biblico, Turín 1955; E. ANATI, Palestine before the Hebrews, Londres 1962; I. GRÁY, The Legacy of Canaan, Leiden 1947; R. DE VAux, varios artículos de "Rev. Biblique", p. ei., 53 (1946) 99124 y 320348; S. MOSCATI, I predecessori d’Israele, Roma 1956; I. B. PRITCHARD, La sabiduría del antiguo Oriente, Barcelona 1966.
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