Brasil III HIST.
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Historia
HISTORIA. 1. Época precolombina. Poco se sabe del B. anterior al descubrimiento. Los indígenas habitantes de esta tierra no llegaron, ni por asomo, al estado de civilización de sus semejantes aztecas o incas. Genéricamente, se les suele dividir en dos grupos: los tapuias o tamoios, habitantes del interior; y los tupiguaraníes (v.)del litoral, algo más civilizados. Por lo general, formaban numerosas tribus nómadas o seminómadas, que vivían en una fase de cultura primitiva entre la piedra tallada y la pulimentada. Sus medios de vida eran la caza, ’ la pesca y una agricultura incipiente. Su organización social giraba alrededor de un jefe temporal y de otro espiritual. Adoraban los fenómenos naturales y algunas tribus practicaban la antropofagia, más como rito guerrero que como canibalismo propiamente dicho. Se cree que en todo el territorio de B. la población indígena no sobrepasaba el millón de hab.
2. Época colonial. El descubrimiento. La expansión ultramarina constituye un capítulo transcendental de la historia de los pueblos ibéricos, consecuencia del desarrollo sociocultural,. político y, sobre todo,, económico de la Europa del s. xv. En Portugal, el infante D. Enrique (V. ENRIQUE EL NAVEGANTE) (13941460) da un gran impulso a los viajes marítimos como consecuencia de la fundación de la Escuela de Ságres; y, en los dos últimos decenios de ese siglo, los portugueses se lanzan a la aventura de circunnavegación del continente africano. Logran establecer un activo comercio con el Oriente e instalan, al mismo tiempo, verdaderas plazas fuertes cristianas contra el avance de los turcos sobre Europa. Los historiadores suelen justificar de dos maneras el viaje de Pedro Alvarez Cabral (v.), hidalgo portugués descubridor de B., que parte de Lisboa el 9 mar. 1500 y llega a las nuevas tierras occidentales al mes siguiente: o se alejó demasiado de su verdadero destino, África, con objeto de evitar la calma chicha, o realmente viajaba con la misión de descubrir las tierras que, en virtud del tratado de Tordesillas (1494), pertenecían a Portugal. Se afirma, no obstante, que mucho antes de 1500 varios pueblos europeos habían cruzado ya el Atlántico. La fecha del descubrimiento de B. que actualmente se acepta como definitiva es la del 22 abr. 1500. El primer nombre que se le dio a esta tierra fue Isla de Vera Cruz; después, Tierra de Santa Cruz, y, finalmente, Brasil. Este último proviene de la abundancia del Lignum Brasile, madera rojiza de la que se extraía una tinta encarnada y que constituyó, durante mucho tiempo, el único interés económico de la colonia. De 1501 a 1503, Portugal envió dos expediciones, en las que participó Américo Vespucio (v.). El objetivo de las mismas era el reconocimiento de la tierra, cuyos accidentes geográficos se bautizaron con nombres del calendario cristiano, muchos de los cuales aún se conservan.’Durante un cuarto de siglo, el país permaneció en completo abandono. El mercado con el Oriente era para Portugal más ventajoso, y por eso el rey arrendó la nueva tierra a un grupo de comerciantes, conservando la Corona el monopolio del palobrasil. Las frecuentes noticias de incursiones de corsarios ingleses y franceses, atraídos por ese comercio, y el aumento de la competencia comercial en el Oriente, contribuyen a que Juan III inicie la colonización sistemática de las tierras occidentales, aun a costa de la escasez de hombres para la expansión ultramarina. En 1530 envía una expedición al mando de Martini Afonso de Souza. Éste, además de explorar el litoral y combatir a los piratas, se establece, con las 400 personas que lo acompañan, en el sur de la colonia. Introduce notables mejorías en el primitivo núcleo de población ya existente, Sáo Vicente. Funda los primeros ingenios de azúcar y fomenta las primeras especies de ganados.En 1534, el rey divide la tierra en 15 capitanías, áreas cuyos límites eran líneas rectas paralelas que se extendían entre la costa y el meridiano de Tordesillas. Pero aunque las tierras eran sólo concesión y no posesión, constituían verdaderos feudos en manos de los capitanes o donatarios, los cuales ejercían un poder casi absoluto, con la única condición de la colonización del país con sus propios medios. Con el correr del tiempo, se pudo comprobar el fracaso del sistema a causa de la inmensidad de la colonia, del aislamiento de sus diferentes núcleos y de la hostilidad de los indígenas. Hubo únicamente dos excepciones: Sáo Vicente, llamada después Sáo Paulo, y Pernambuco. La primera capitanía citada contaba con 5.000 hab. a fines del s. xvi, con el puerto de Santos y la ciudad de Sáo Paulo (v.), cuya actividad era cada día más creciente.Gobierno central. Se hacía necesario, indudablemente, un gobierno central que organizase el orden político y social en el dominio. Con esta intención llega el primer gobernador general, Tomé de Souza, en marzo de 1549. Se establece en Salvador de Bahía. Trae la misión de fundar ciudades, administrar justicia, defender la tierra contra los extranjeros y estimular el desarrollo económico. Le acompañan algunos jesuitas, encargados de la catequesis de los indígenas y de la orientación moral de los colonizadores. Viene entre ellos el P. Manuel da Nóbrega. En 1553, con el segundo gobernador, Duarte da Costa, llega otro grupo de religiosos, entre los que se destaca el P. José de Anchieta (v.), natural de Tenerife, Canarias, llamado el "apóstol de Brasil". Los jesuitas, protectores de los indios contra la explotación de los colonizadores, se enemistaron con muchos de estos últimos, necesitados de esclavos para la agricultura. Cuando el rey coloca las aldeas indígenas bajo la protección jesuita, se produce la importación de negros africanos en gran escala. Los conflictos entre colonos y religiosos crecen gradualmente y llegan a su punto álgido en 1759, año en que Sebastiáo José de Carvalho e Mello, marqués de Pombal, primer ministro de José I de Portugal, dicta un decreto expulsándolos de la colonia, amarga retribución para un grupo de religiosos, que contó con muchos mártires, que pacificó a los indios y que fundó misiones y colegios, algunas de las cuales se transformaron en prósperas, ciudades, como Sáo Paulo.Durante el gobierno de Duarte da Costa, los franceses, que en contra de lo acordado, venían frecuentando las costas brasileñas, organizan una expedición con el apoyo de Eprique II de Francia, y entran, el 10 nov. 1555, en la bahía de Guanabara. Construyen un fuerte e intentan erigir una ciudad, base comercial y refugio de los calvinistas franceses y suizos. Pero el poco talento del comandante Nicolás Durand de Villegagnon, y su intolerancia religiosa, hace que el proyecto fracase. En 1558 llega el tercer gobernador, Mem de Sá, que gobierna con éxito la colonia hasta 1572. Durante ese periodo se expulsa a los franceses de la bahía de Guanabara y los portugueses fundan la ciudad de Río de .Janeiro (v.), con lo que se aseguran el dominio de esa tierra. A la muerte de Mem de Sá, la colonia se divide en dos administraciones: una, con centro en Salvador, y otra en Río de Janeiro; no obstante, seis años después se vuelve al régimen de gobierno único. Los franceses aún insistirán en instalarse en B., e incluso llegan a fundar la ciudad de Sáo Luis do Maranháo, en homenaje al futuro Luis XIII, y son expulsados en 1615. Intentan de nuevo establecerse en Río de Janeiro, en 171011, pero sin éxito.El dominio español. En 1580, muertos los últimos reyes de Portugal sin dejar herederos del trono, Felipe II de España, sucesor por línea indirecta, ciñe la corona portuguesa con el nombre de Felipe I. El gobierno español dura hasta 1640 y no introduce modificación en las instituciones de Portugal ni de la colonia. Comienza entonces la gran expansión territorial de B., ya que el meridiano de Tordesillas deja de tener sentido. También es la época de la invasión de los holandeses, serios enemigos de España por razones comerciales. En 1624 invaden Bahía sin éxito, con un plan de conquista y comercio. Seis años después, la Compañía de Comercio de las Indias Occidentales organiza una escuadra de 7.500 hombres. Los holandeses buscan la tierra más próspera y rica en azúcar, Pernambuco, y se instalan en la ciudad de Recife (v.). La excepcional capacidad administrativa del gobernador holandés Juan Mauricio de Nassau dio brillo a esa dominación, pero la civilización lusobrasileña ya había echado profundas raíces. Cuando, en 1640, la corona pasa de nuevo a Portugal, con Juan IV, duque de Braganza, su gobierno, interesado en la amistad con Holanda, está a punto de ceder la colonia americana. Surge entonces, en Pernambuco, un grupo que, contra los intereses de la metrópoli, combate al invasor, y, tras. sucesivas victorias, consigue su expulsión definitiva en 1654. Es el primer brote de conciencia de una nacionalidad que se está .formando, y bajo la que se cobijan blancos, indios y negros en pro de un objetivo común.,La expansión territorial. Durante el primer siglo, los portugueses se limitaron a ocupar el litoral. Las causas son perfectamente comprensibles: se hacía necesario fundar núcleos urbanos para garantizar la posesión de la tierra e impedir el establecimiento en ella de colonias extranjeras. Además, todo se subordinaba al tráfico marítimo: el contacto con la metrópoli, la importación de los productos manufacturados y la exportación de las riquezas coloniales (maderas, especias, azúcar). A partir del segundo siglo todo esto se altera, como consecuencia de las expediciones de bandeirantes (v.) en busca de mano de obra indígena. Partiendo la mayoría de Sáo Paulo, se dirigen al interior, hacia el Sur y Oeste, en busca de las aldeas en que los jesuitas habían reunido gran número de indios. Causas económicas, como la necesidad de esclavos para la agricultura y el miedo a que los colonos españoles pudieran ocupar las tierras al N de la cuenca del Plata, se alegan para justificar este capítulo poco edificante de la historia del país, en que los portugueses invaden y destruyen totalmente varias misiones jesuíticas y hasta núcleos de población oficial. Las reducciones del valle amazónico en tierras de B. tuvieron mejor suerte. El conflicto entre colonos y misioneros lo provocó el intento de aquéllos de explotar al indio en la recolección de especias, única riqueza de la región por aquel tiempo, trabajo para el que éste se encontraba habilitado como nadie. Pero aquí contaban los religiosos con el apoyo de la corona portuguesa y la conquista de toda esa área fue pacífica, con la fundación de varias poblaciones a ld largo de los ríos.
En las regiones de Pernambuco y Bahía, el cultivo de la caña de azúcar contribuyó al desarrollo de la actividad pecuaria y al fomento de los centros de población del litoral. El ganado se desparramó de N a S por el interior y esto trajo como consecuencia la ocupación de nuevas áreas territoriales. En el Sur la ganadería se desarrolla mucho. El gaanado de las reducciones, súbitamente abandonadas, encontró tierra y ambiente propicios para su crecimiento y reproducción.Por suerte, los bandeirantes no se limitaron a perseguir a los indios de las reducciones (v.). Hacia fines del s. xvir, el colonizador portugués encuentra las minas de oro y piedras preciosas que buscaba desde el descubrimiento. En este punto, divergen mucho las características colonizadoras de España y Portugal en América. España encontró pronto, durante el primer siglo, el oro y la plata; Portugal, sólo en el tercero. En tierras españolas, las minas ya eran coñocidos e incluso explotadas en muchos casos por las poblaciones indígenas; en tierras portuguesas, esas poblaciones no poseían conocimientos de minería y el descubrimiento de depósitos auríferos sólo surgió después de haberse colocado las bases agrícolas, que estructuraron económicamente el país y dieron lugar a su formación sociocultural, en virtud de la introducción del elemento humano africano. El nuevo descubrimiento provocó profundos cambios. En primer lugar, un verdadero rush o carrera se dirigió hacia la meseta (después denominada Minas Gerais), población colonial y metropolitana. Los colonos ya establecidos en la región entraron en conflicto con los adventicios, sobre todo con los paulistas, que se consideraban los únicos con derecho a la explotación de las minas que habían descubierto. Tal choque provoca el episodio de los emboabas o forasteros, nombre que los paulistas otorgaban indistintamente a los demás grupos. Después de varios encuentros armados, los paulistas fueron arrojados en 1708 de la región minera.Desviándose de su primitivo rumbo, los bandeirantes se infiltran más aún en el interior, y descubren minas en los actuales Estados de Goiás y Mato Grosso. El ciclo de la minería trajo, entre otras consecuencias, las siguientes: la colonización de una vasta zona del interior del país; el nacimiento de una aventajada clase social, aunque procedente de ambientes rudos, que utilizaba el oro en la decoración de iglesias y palacios y en el fomento de las artes; la apertura de caminos de la costa en dirección al interior y de otros que unían entre sí diversos núcleos de población. El Gobierno central se instala en Río de Janeiro, ciudad más próxima a las minas. Surge en el interior un mercado de importantes proporciones, merced al crecimiento demográfico y a la facilidad del poder adquisitivo, lo que provoca también un desplazamiento de la actividad pecuaria. El régimen de monopolio comercial y de secreto llega al máximo. Todo el oro se dirige a la metrópoli, pero no permanece en ella; la mayor parte se acumula en Inglaterra, desde donde se financia el desarrollo industrial que caracteriza al capitalismo moderno. En líneas generales, los embarques brasileños de oro cuadruplicaron la reserva europea de este metal.Límites. A principios del s. XVIII, y como resultado de los numerosos factores de expansión territorial ya conocidos, España y Portugal deciden demarcar nuevos límites a sus posesiones coloniales. En 1750 se firma el tratado de Madrid, cuyo principio básico (el uti possidetis) constituyó posteriormente la base jurídica internacional del Nuevo Mundo. Otra cláusula, la de la neutralidad de las colonias en relación a las guerras de las metrópolis, contiene ya gérmenes de sentimiento panamerícano. Pero a raíz de ciertas luchas fronterizas en las colonias, ese tratado fue anulado y sustituido por el de El Pardo (1761). En 1777, el tratado de San Ildefonso, que prácticamente ratifica el de Madrid, ofrece, en líneas generales, la actual configuración de B.Primeros movimientos autonomistas. La causa común que impulsó a los colonos a luchar contra los invasores extranjeros, y su victoria sobre los holandeses, contribuyeron a crear en la población brasileña un sentimiento nacional. Tímidos movimientos de rebeldía ponen de relieve, al principio, el descontento local en relación a la autoridad metropolitana. La sedición de Beckman, en Maranháo (1684), contra el monopolio que el rey de Portugal había concedido a una compañía de comercio, es uno de los primeros reflejos autonomistas. La guerra de los mascates, en Pernambuco (1711), promovida por tales colonos ya naturales de B. contra los comerciantes portugueses, es otro. Y un tercero la rebelión de Felipe dos Santos Freire (1720), en Minas Gerais, contra la excesiva contribución en oro exigida por Portugal. En 1789 estalla un movimiento de mayor importancia: La Inconfidencia Mineira. Un grupo de jóvenes patriotas, poetas e intelectuales, inspirados en la reciente Constitución de los EE. UU. de Norteamérica, pretenden instalar una república en Minas Gerais. Entre sus planes, además de la independencia del país, estaba la libertad de los esclavos, mejoras urbanas y creación de universidades. Uno de los jefes del movimiento, José Joaquim da Silva Xavier (V. TIRADENTES), condenado a morir en el patíbulo, es considerado el héroe nacional por excelencia del B. Numerosas conspiraciones, más o menos secretas, revelaban un efervescente estado de espíritu en la colonia.La administración colonial. Pocos años después de la división del país en capitanías, el gobierno metropolitano sintió la necesidad de establecer un control administrativo centralizado en la colonia, y a mediados del s. xvi instala un Gobierno general. Poco a poco, la colonia recupera las capitanías, que pasan a ser administradas directamente por un representante real, adicto al Gobierno central, establecido en Bahía hasta 1763, año en que la colonia se transforma en virreinato, con capital en Río de Janeiro. Se intenta por dos veces la descentralización administrativa, con dos capitales, una al N y otra al S. Falla el intento, y el Gobierno central, al asumir no sólo la administración política, sino también la económica, militar y jurídica, ofrece al pueblo, a pesar de la considerable autonomía de los gobiernos locales, una noción de Estado centralizado y de unidad. Existían también las cámaras municipales o senado de las cámaras, constituidas por nobles o burgueses que no ejercieran oficios manuales o mecánicos, los llamados hopibres buenos u hombres de calidad, que eran presididas por un juez y tenían a su cargo la organización de la vida económica (establecimiento de precios y salarios), la organización militar, etc. La importancia de estos órganos locales variaba mucho, según estuviesen situados en. regiones de gran interés económico, como en las zonas de minería, donde la máquina políticoadministrativa era compleja, o bien en lugares más aislados, o en zona azucarera, donde llegaban a sustituir por completo al poder público. De esas cámaras, que a veces se reunían en grandes asambleas regionales, salían los representantes del tercer estado (pueblo), en la reunión de las Cortes generales. El órgano supremo era el Consejo de Ultramar, que se comunicaba directamente con el rey.La sociedad colonial. La sociedad brasileña, a principios del s. xix, es el resultado de la mezcla de tres razas: blanca, india y negra, y no llega a constituir un tipo étnico uniforme. Los primeros colonizadores portugueses pertenecían, por lo general, a familias hidalgas de la Península. Independientemente de algunos grandes señores, cómo los Sá y los Albuquerque, arribaron numerosos hidalgos arruinados en busca de rápidas fortunas. Como ya se dijo, la población metropolitana era demasiado escasa para poblar una nueva tierra de tan grandes dimensiones como la brasileña, y la corona decidió enviar un número relativo de condenados, sacados de las cárceles portuguesas, aunque no tan grande como se ha creído. Fruto ya de una variedad de pueblos, el elemento portugués se caracterizó por una fuerte tendencia a nuevas mezclas, raramente conocida en la historía. Las mujeres no participaban de las primeras expediciones colonizadoras, y los portugueses se unieron al elemento indígena, dando origen al tipo mestizo llamado mameluco. Tal mestizaje fue vasto y constante, y no manchaba la nobleza de sangre, al contrario de lo que sucede más tarde en el mestizaje con elementos negros, que, como se sabe, se introducen en la colonia al comprobar la incapacidad del indio para los trabajos duros y serviles. Las constantes luchas con los colonizadores acabarán por hacer desaparecer casi completamente a estos primeros habitantes de América. El africano se introduce oficialmente en B. a partir de 1549, para trabajar en la industria del azúcar. En este ambiente tropical, no muy diverso de su habitat africano, el negro constituyó una columna básica de la economía brasileña y dejó profunda influencia en la formación étnica, por su contacto con el blanco y, en menor escala, con el indio, en el folklore del país. La clase superior de la sociedad seguía considerándose blanca, aunque era patente el mestizaje de muchos de sus elementos. En 1801, cuando la población de la metrópoli era de 2.960.000 hab., ya tenía la colonia ultramarina 3.500.000.En la región azucarera se produjo ui1 gran desnivel entre la clase dominante y la servil, y surgió una verdadera nobleza del azúcar, con características feudales. Esta tendencia aristocratizante no existía, en parecida proporción, en las regiones en que la economía se basaba en la ganadería o en la explotación de las especias, economía de características más niveladoras. Como consecuencia de la minería, aparece en la estructura colonial la clase media, integrada por el creciente número de mercaderes, el clero y los funcionarios de la administración. Sin embargo, la estructura social típica era la patriaZcal, importada de Portugal. Las grandes fortunas se acuñíulaban en manos de una oligarquía y, salvo el periodo de la minería, la esencia social y económica era básicamente rural. A pesar de la segregación en que Portugal mantenía a su colonia, no pudo impedir que ésta se desarrollara culturalmente, sobre todo a partir del s. xvin. Empezaron a difundirse ideas filosóficas nuevas, secretamente filtradas desde Europa y los EE. UU., lo que contribuyó a formar una nueva conciencia en los elementos más cultos e inquietos.La corte lusitana en Brasil. A principios del s. xix, B. aún sigue siendo un capítulo de la historia portuguesa y, por consiguiente, no podía permanecer ajeno a los sucesos europeos. Las guerras napoleónicas, que comprometieron la autonomía política, económica y hasta territorial de Portugal, provocan cambios radicales en B. Como consecuencia del bloqueo continental decretado por Napoleón en 1807, con el objetivo de aislar comercialmente a Inglaterra, España capitula y los franceses están a punto de emprender la conquista de Portugal, vieja aliada de los ingleses. Pero el mismo día en que las tropas francesas llegan a las costas lusitanas, los invasores reciben la noticia de la fuga de la. familia real con casi toda su corte y tesoros. El príncipe regente, después Juan VI, percibiendo la inutilidad de la resistencia y dando un significado más amplio a la palabra patria, había conseguido, secretamente y de acuerdo con los ingleses, que la escuadra británica protegiera el éxodo de la corte para Brasil. En Portugal queda un Consejo de Regencia. El rey zarpa de Lisboa con un séquito de 15.000 personas el 29 de noviembre, y llega a Bahía el 22 en. 1808.Por primera vez en la Historia, una colonia se transforma en centro del gobierno metropolitano. Los brasileños reciben con entusiasmo a la familia real; veían en esto un factor de progreso para la nación. Y, realmente, así fue. Pocos días después de su llegada a Bahía, el príncipe decreta la apertura de los puertos brasileños al comercio exterior, aconsejado por José da Silva Lisboa, vizconde de Cairú, exponente de los nuevos valores intelectuales formados en la colonia. Fue como una señal de rompimiento de las viejas restricciones coloniales. La corte se encaminaba, desde el principio, a Río de Janeiro, y a esta capital llega dos meses después. La intención evidente de Juan VI era construir en B. un auténtico Imperio. Entre sus primeras acciones importantes se destacan la creación de Ministerios y una gran cantidad de órganos administrativos y jurídicos (Consejos de Estado y de Hacienda, Consejo Supremo Militar, Intendencia de Policía, Casa de Suplicación o Tribunal Supremo, Juntas de Agricultura, Fábricas y Navegación, etc.). No pretendía con ello únicamente atender a las necesidades de la nueva situación del país, sino también dar empleo y sustento a la muchedumbre de recién llegados. Otra medida importante se refiere a la urbanización de la ciudad, súbitamente aumentada en millares de habitantes, y a la fundación de instituciones socioculturales dignas del asiento de un reino: Hospital Real, Imprenta Regia, Teatro, Biblioteca Pública, jardín Botánico, Academia Militar y de Marina, Escuela de Medicina, de Bellas Artes y otras. El desarrollo del comercio fue enorme.
Eliminada la mediación de Lisboa, dos son los grandes beneficiados: B., cuyos productos rápidamente duplicaron su valor, e Inglaterra, a la que se dieron condiciones aduaneras especiales, superiores aun a las de Portugal, y que instaló en B. diversas representaciones comerciales. La industria nacional es estimulada por primera vez, y hasta se intentó establecer la industria siderúrgica. El país abre sus puertas a viajeros europeos (científicos, artistas y .curiosos), y de esta época datan muchas obras publicadas en Europa que revelan al mundo aspectos de esta tierra prácticamente desconocida hasta entonces. En 1815, tras la derrota de Napoleón I, se convoca el Congreso de Viena, con el objetivo de reestructurar Europa y establecer sus nuevas condiciones políticas. Los participantes portugueses acatan una sugerencia del embajador francés Talleyrand y B. es elevado a la categoría de reino unido a los de Portugal y Algarve. Al año siguiente, con la muerte de la reina María I, el príncipe ocupa el trono con el nombre de Juan VI.Dos episodios militares caracterizaron la política exterior del monarca en este periodo. El primero fue la declaración de guerra a Francia, en junio de 1808. Como ya no podía hacer nada en Europa, el regente ordena, como represalia, el ataque a la colonia francesa en América, la Guayana. Una escuadra compuesta de portugueses, brasileños e ingleses desembarca en Cayena y en sólo dos días de lucha domina la ciudad, el 14 en. 1809. El brasileño Joáo Severino Maciel da Costa, futuro marqués de Queluz, hábil administrador, ejerce el gobierno de esa región hasta 1817, en que la Guayana retorna a manos francesas. Por esos mismos años tiene lugar la independencia de las colonias españolas en América. Al no existir prácticamente la metrópoli, el área colonial americana se fragmenta como consecuencia de las luchas militares del s. xix. La corona portuguesa interviene activamente en el Río de la Plata. Le obligaba a ello, en primer lugar, la necesidad de impedir que la región cayera bajo dominio francés. Con ese pretexto, Juan VI ofrece su protección a Buenos Aires. Le apoyaba el hecho de que su mujer Carlota Joaquina y su sobrino y yerno pertenecían a la dinastía de los Borbones, cuyos demás miembros habían sido hechos prisioneros por Napoleón en España. La propuesta fue rechazada, en virtud de la desconfianza que despertaba la alianza portuguesa con Inglaterra, que había intentado en dos ocasiones conquistar las tierras del Plata. Las razones de Juan VI pierden validez al constituirse en España el nuevo gobierno de Fernando VII. Pero surge otro motivo: la creación independiente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, con asiento en Buenos Aires. De esa unión no participaba la Banda Oriental, con centro en Montevideo. Con la finalidad de asegurarse las tierras de la frontera S, que ya eran escenario de encarnizadas luchas, tropas lusobrasileñas se dirigen a Montevideo. Con la retirada de los platinos y la derrota de Artigas (v.), el Estado Oriental del Río de la Plata se incorpora al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, el 31 jul. 1821, con el nombre de Estado Cisplatino.Hacia la independencia. A pesar de la simpatía que Juan VI gozaba entre sus súbditos de B. y de la próspera situación económica del país, el nuevo reino no podía permanecer ajeno a los sucesos internacionales. Durante el siglo anterior habían estallado ya algunos movimientos autonomistas, inspirados en las nuevas ideas liberales; y ahora, como consecuencia del influjo de la Revolución francesa, de la acción subterránea de las sociedades secretas (sobre todo la masonería), de los movimientos de liberación de las colonias de la América española y de la falta de talento administrativo de los representantes reales, estalla en Pernambuco la revolución de marzo de 1817, sofocada sólo casi tres meses después de haberse llegado a proclamar una república independiente.Con el término de las hostilidades en Europa, la actitud lógica del rey sería el regreso a Portugal, perotal decisión se aplaza día a día. Las ideas liberales que invadían Europa, aliadas al desasosiego provocado por la tiranía de la nueva regencia, que prácticamente pone a Portugal en manos de la diplomacia inglesa, dan origen a diversos movimientos que culminan con las revoluciones de Oporto y Lisboa en 1820. Con el fin de implantar el constitucionalismo, triunfo máximo de la Revolución francesa, se reúnen las Cortes generales y extraordinarias constituyentes de la nación portuguesa, en las que participan, incluso, representantes brasileños. La asamblea pasa a elaborar el texto de la Constitución. Forzado por las circunstancias, Juan VI vuelve a Lisboa. Queda en B. como regente del reino, el príncipe Pedro, heredero de la corona (v. PEDRO I DEL BRASIL). Pedro I se muestra, desde los primeros instantes, un soberano fuerte y decidido. Al día siguiente de haber `sido nombrado regente, dispersa una manifestación de un grupo de nacionalistas fanáticos, asumiendo, de hecho y de derecho, la jefatura de la nación. Los ánimos andaban bastante exaltados. Las Cortes, reunidas en Portugal, deciden retirar la autonomía y las regalías conquistadas por B. como consecuencia de su elevación a reino unido. El gobierno y los tribunales superiores serían los de Lisboa. La única solución para oponerse a tales medidas que encontraron los patriotas brasileños, entre los que sobresalía el paulista José Bonifacio de Andrada e Silva, naturalista, poeta y ex profesor de la Univ. de Coimbra, llamado después el "patriarca de la indépendencia", era la adopción de una monarquía constitucional bajo el mando del regente designado por la corona. Cuando las Cortes deciden revocar los poderes que el rey había otorgado a su hijo y ordenan su inmediato regreso a la metrópoli con el pretexto de concluir su educación, un grupo de representantes brasileños se manifiesta contra semejante decisión y pide la permanencia de D. Pedro. El regente accede, y acto continuo ordena el retorno de las tropas portuguesas a la metrópoli. Acepta el título de Defensor perpetuo de Brasil y nombra ministro al propio José Bonifacio. Decreta que carecen de valor en B. los despachos procedentes de Portugal. Convoca, en junio de 1822, una Asamblea constituyente y prohíbe el desembarque de tropas portuguesas en B. sin su orden expresa. El rompimiento definitivo se sella el 7 sept. 1822, a las márgenes del río Ipiranga, en Sáo Paulo, con el famoso grito de "independencia o muerte", dado por el propio D. Pedro, y el 1 de diciembre éste es coronado emperador de B.
3. Brasil independiente. La guerra con los portugueses era inevitable. Mientras la mayoría de las provincias iban siendo pacíficamente incorporadas, en otras regiones (Bahía, Maranháo y la Cisplatina) las tropas o juntas gubernativas permanecían fieles a Portugal. El nuevo Gobierno inicia la lucha inmediatamente. Se dirige primero a Bahía, donde era más intensa la reacción portuguesa. El comando de la recién formada escuadra brasileña fue confiado a lord Cochrane, almirante británico que ya se había destacado por su colaboración en la emancipación de otros países sudamericanos. Éste sitia la región por mar y tierra, y las tropas lusitanas son obligadas a evacuar la ciudad. Una parte de ellas se dirige a Maranháo, donde Cochrane, con el apoyo de la población local, les combate y fuerza su regreso a Portugal. En el sur, las tropas de la Cisplatina estaban divididas entre el nuevo Imperio y la causa portuguesa; y no faltaban los que apoyaban la independencia total de la provincia o su anexión a Buenos Aires. El general Lecor recibe refuerzos del gobierno de Río de Janeiro y las tropas fieles a Portugal se retiran de Montevideo. En febrero de 1824 estaba ya instaurado el nuevo régimen en todas las provincias.Las potencias extranjeras no tardaron en reconocer el nuevo Imperio. El ejemplo lo dieron, en primer lugar, los EE. UU. Le siguen después Inglaterra, Francia, Austria, el Vaticano, y, más tarde, el resto de los países europeos, así como las jóvenes repúblicas americanas. Finalmente, Portugal reconoce la independencia de B. sirviendo de intermediarios los representantes ingleses George Canning y Charles Stuart. Por el tratado del 29 ag. 1825, B. se compromete a pagar a la antigua metrópoli una indemnización y a ceder a Juan VI el título honorífico de Emperador.La Asamblea constituyente, convocada desde 1822, se reúne en mayo del año siguiente. A pesar de contar entre sus participantes con algunos intelectuales de valor (bien intencionados sin duda aunque desconocedores de las reglas parlamentarias), la Asamblea degenera en anarquía al querer resolver demasiados asuntos al mismo tiempo. Además, existía otro problema: la incompatibilidad entre el Gobierno y la Cámara. Pedro 1 exigía la aprobación imperial antes de promulgarse la Constitución; la Cámara juzgaba innecesaria la sanción imperial. Los trabajos de la Asamblea se prolongan indefinidamente y el Emperador decide su disolución, apoyado por el ejército. José Bonifacio y sus hermanos António Carlos y Martim Francisco de Andrada e Silva participan en movimientos hostiles al Emperador y se unen a una corriente de liberales extremados; esta actitud provoca el exilio de los mismos. Él 13 nov. 1823 Pedro I publica el decreto que instituye el Consejo de Estado, presidido por el propio Emperador, para elaborar la Constitución. Psta, después de haber sido aprobada por las municipalidades, es jurada solemnemente por Pedro I el 25 mar. 1824. Se trata de una regulación realmente sensata y liberal que rige el Imperio hasta 1899.El Emperador se reservaba la elección de los presidentes de los Estados. Contra tal prerrogativa reaccionan en Pernambuco algunos federalistas convictos, antiguos participantes del movimiento de 1817; contrarios a cualquier institución monárquica, proclaman la Confederación del Ecuador, pero bloqueados por las fuerzas imperiales, los republicanos se rinden en 1826 y aceptan el nuevo régimen. Algunos de sus participantes fueron ejecutados, pero la mayoría de ellos fueron amnistiados al cabo de algún tiempo, llegando incluso a participar del nuevo Gobierno, como es el caso de Manuel de Carvalho Pais de Andrade, uno de los principales jefes.En el sur, seguía en pie el viejo problema del Estado Cisplatino. Los elementos autonomistas, apoyados por Buenos Aires, imbuidos aún del espíritu de Artigas, aprovechan las confusiones políticas de B. con el objetivo de intentar la propia liberación. Pedro I envía un ejército al sur, pero no cuenta con el apoyo de Rio Grande do Sul, provincia brasileña limítrofe de la Cisplatina. Los orientales, por otro lado, reciben auxilio bélico de Buenos Aires. La guerra sólo se define en 1828, con la solución más lógica: surge la república del Uruguay, independiente tanto de B. como de Buenos Aires.Además de las cuestiones internas, a D. Pedro le preocupaba el problema dinástico portugués. Juan VI, nuevamente jefe absoluto del poder, nombra heredero del trono lusitano al monarca de B. D. Miguel, su otro hijo, hacia el que se inclinaban las simpatías del pueblo, queda al margen de la sucesión. A la muerte de Juan VI, el heredero, impedido por la Constitución brasileña de ejercer ambos gobiernos, abdica en favor de su hija, la pequeña María II. La opinión pública portuguesa, dividida entre la causa de D. Miguel y la de Da María, provoca una verdadera lucha ideológica, en la que participa Pedro I, lo que disgusta a sus súbditos de B. Los constantes desacuerdos entre el monarca y la Asamblea, los frecuentes cambios ministeriales, las deficientes condiciones económicofinancieras en virtud de la deuda con Portugal, aumentan la impopularidad del gobernante. Crece, simultáneamente, el sentimiento antilusitano, estimulado por los diputados extremistas y por la prensa partidaria. En 1829 Pedro I nombra ministro al marqués de Barbacena, que gozaba de gran prestigio popular; pero el marqués también disiente del Emperador y se une a la corriente liberal. D. Pedro intenta la organización de un nuevo ministerio, que tampoco satisface al pueblo ni al ejército. El 7 abr. 1831 abdica en favor de su hijo, Pedro de Alcántara, que a la sazón contaba cinco años de edad. José Bonifacio es nombrado tutor, y al día siguiente Pedro I parte con destino a Europa. Así se clausura el primer reinado, que, a pesar de breve, transformó intensamente el país, política, económica y socialmente.La regencia. La renuncia de Pedro I origina una situación nueva en B. Los últimos lazos que unían el país a la antigua metrópoli parecen completamente rotos. La nación, ya libre, pero aún sin rumbo fijo, entra en una fase de intranquilidad y de anarquía. Tres partidos se disputan el poder: el conservador o restaurador, que anhelaba la vuelta al trono de D. Pedro; el federalista o exaltado, que pretendía derrumbar el statu quo y construir una república definitiva; y el liberal moderado, partidario del orden, que veía en el nuevo gobierno la única fuerza capaz de mantener unida a la nación. El mismo día en que abdicó el Emperador, se nombró apresuradamente una regencia triple provisional, hasta la elección de una permanente, que se instala el 17 de junio; la componen el general Francisco de Lima e Silva, y los diputados José da Costa Carvalho y Joáo Braulio Muniz. La primera preocupación de la misma es contener la indisciplina que reinaba en las provincias y comprometía la unidad nacional. Para ello, se funda una milicia y, posteriormente, la Guardia Nacional.Para tranquilizar los ánimos, se hacía imprescindible una reforma de la Constitución. Tal proyecto, que se remontaba a 1831, sólo se pone en práctica el 12 ag. 1834, debido a las incomprensiones entre Cámara y Senado. La reforma, o Acta adicional a la Constitución, consistía, en líneas generales, en la creación de Asambleas legislativas provinciales, a las que incumbía la organización civil, jurídica y eclesiástica de sus circunscripciones, así como la instrucción pública, policía, economía, obras públicas, etcétera. Desaparece el Consejo de Estado y se nombra, a través del voto popular, un solo regente para un periodo de cuatro años. B. se transforma, de hecho, en una república presidida por un Emperador. La reforma del CP, del sistema electoral, del reglamento aduanero, del servicio de recaudación de impuestos; la inauguración de hospitales, escuelas de Medicina y Derecho, etc., parecían indicar que el Imperio encontraba, por fin, su verdadero rumbo. En 1835 es elegido regente el P. Diogo António Feijó, brillante ministro de justicia en 183132. Como regente, su gestión no fue acertada: su falta de tacto político y un conflicto con el Vaticano provocan su renuncia. La regencia pasa a manos del senador Pedro Araújo Lima, el 19 sept. 1837, que gobierna interinamente durante un año, hasta su elección definitiva para el cuatrienio 183842. La elección de un nuevo gabinete, medidas de orden cultural y la represión de algunos movimientos en las provincias, caracterizaron esta regencia, que no llegó al fin en virtud de la anticipación de la mayoría de edad del nuevo Emperador.Las sediciones. Las sublevaciones de carácter regional que sucedieron a la abdicación fueron muchas y graves. La mayoría de ellas se sofocaron durante las regencias, pero otras llegaron a perturbar los primeros años del segundo reinado. En Río de Janeiro estallaron numerosos tumultos entre los partidos exaltado y restaurador, durante 183132, contra los moderados que ejercían el poder. La mayoría de los rebeldes eran oficiales del Ejército. Laregencia triple domina la situación. Durante la fase de Feijó estallan movimientos más graves. En Pará, la Cabanagem (183540), de carácter eminentemente local, y popular, se levanta contra el tipo dé gobierno impuesto por la regencia. En Bahía, la Sabinada (183738), bajo el mando del médico Francisco Sabino da Rocha Vieira, fue obra personal suya y tuvo como objetivo implantar una república provisional, hasta la mayoría de edad del Emperador. En Maranháo, los movimientos políticos sirvieron de pretexto a actos de bandidaje. Las fuerzas gubernamentales, bajo las órdenes de Luis Alves de Lima, futuro duque de Caxias, derrotan a los rebeldes y matan a su jefe, Manuel dos Anjos Ferreira, cuyo apodo Balaio, dio nombre a la rebelión de 183841, Balaiada. La más prolongada de todas estas revoluciones tuvo como escenario el sur de la nación y se llamó Parroupilha o guerra dos Farrapos (183545).Sáo Pedro do Rio Grande do Sul y Santa Catarina formaban un grupo aparte entre las provincias brasileñas, por su afinidad con las poblaciones de origen hispánico de la cuenca del Plata. A los oposicionistas del Gobierno central se les llamaba allí farrapos (harapos), por reunir en su mayoría hombres del pueblo. Al mando del caudillo Bento Gongalves expulsan de la región a las autoridades locales y proclaman la república de Rio Grande. El poder de los separatistas asumió tales proporciones que sólo durante el gobierno de Pedro 11 se les pudo someter. El entonces barón de Caxias ejerció papel preponderante en la pacificación del sur. Los liberales, deseando acabar definitivamente con este estado de cosas en el país, consiguen aprobar, el 23 jul. 1840, con el apoyo del pueblo, el proyecto de anticipación de la mayoría del rey, tres años y medio antes del plazo legal.El segundo reinado. Pedro 11 del B. (v.) conquista inmediatamente la simpatía y el respeto popular. Durante los primeros 10 años de su gobierno aún estallan algunas sediciones y choques entre liberales y conservadores. El primer grupo sólo permanece en el poder hasta 1841. Los conservadores gobiernan los tres años siguientes. Durante ese periodo prosigue la acción centralizadora. Se restablece el Consejo de Estado y se promulga el Código del Proceso, medida que fortalece a las autoridades nombradas por el Gobierno. Pero la disolución de la Cámara de diputados, que había sido elegida bajo inspiración popular, provoca los movimientos armados de Sorocaba, en Sáo Paulo, y de Santa Luzia, en Minas Gerais. Tornan al poder los liberales, hasta 1848, cuando, con la ascensión de los conservadores, estalla la última revolución del periodo imperial, la Praieira, en Pernambuco. Los dos partidos se irán disputando el poder constantemente, salvo el periodo de 186268 en el que lo detentó la Liga progresista, coalición de ambos partidos.La Constitución de 1824 otorgaba al Emperador la libertad de nombrar o disolver los gabinetes ministeriales. El parlamentarismo, en que los ministerios dependen de la Cámara de diputados para mantenerse en el poder, es una creación natural del Derecho político brasileño, iniciada en 1847, con la presidencia del Consejo de ministros. A la acción personal de Pedro II, eficiente desde todos los puntos de vista, se une el desempeño activo del Consejo de Estado. El nuevo régimen trajo como consecuencia el respeto al adversario político y la formación de eminentes grupos de estadistas. Durante casi medio siglo de paz interna, B. se integra, a través de fórmulas propias, a las demás naciones del mundo civilizado.Política exterior. El capítulo más importante de este momento histórico lo representa la cuestión platina y la consiguiente guerra del Paraguay. Viejas herencias de incompatibilidades que no desaparecen con la independencia fomentan luchas constantes entre las jóvenes repúblicas del Plata y los habitantes del B. meridional. Juan Manuel de Rosas (v.), que gobierna en Argentina, desea resucitar a cualquier precio el antiguo virreinato del Plata. Se inmiscuye, para ello, en las luchas partidarias del Uruguay, y apoya al general Manuel Oribe (v.), del partido de los blancos, para la presidencia. El general Fructuoso Rivera (v.), jefe de los colorados, consigue el apoyo de los habitantes de Rio Grande do Sul, con lo que se compromete la neutralidad brasileña. Para impedir el avance de los blancos por tierras de B., el gobierno imperial se une al general Justo José de Urquiza, gobernador de la provincia de Entre Ríos, que se había separado del gobierno central de Rosas. El 29 mayo 1851 se firma en Corrientes una alianza entre B. y los enemigos de Rosas y Oribe. En octubre, tropas brasileñas al mando de Caxias. obligan a Oribe a levantar el cerco de Montevideo, y el jefe blanco se rinde a Urquiza. Tras la destitución de Rosas y la reorganización del gobierno de aquel país, se firma en 1856 un tratado de amistad entre B. y Argentina.En Uruguay, prosiguen aún las luchas entre blancos y colorados. B. se ve directamente comprometido en ellas en virtud de las constantes amenazas a sus límites territoriales. A principios de 1865, fuerzas brasileñas al mando de Joáo Propicio Mena Barreto, por tierra, y de Joaquim Marque$ Lisboa, barón de Tamandaré, por mar, unidos a Venancio Flores y sus tropas uruguayas rebeldes, cercan Montevideo. El presidente oriental, Atanasio Cruz Aguirre, se ve obligado a renunciar, y el 20 feb. 1865 se firmó un convenio entre B. y Uruguay. El barón de Rio Branco (v.), José Maria da Silva Paranhos, una de las mayores autoridades diplomáticas brasileñas, fue la gran figura en estos acuerdos.Toda esa situación provoca, indirectamente, un conflicto con Paraguay. El presidente de esa república, Francisco Solano López (v.), que disponía del ejército mejor armado de los países sudamericanos, cuyo auxilio había sido solicitado por los blancos, entra en tierras de B. y de la Confederación Argentina. Como consecuencia, el 1 mar. 1865, B., Uruguay y Argentina firman una Triple Alianza contra el Gobierno paraguayo. En junio, junto a la desembocadura del Riachuelo, la escuadra brasileña, dirigida por Francisco Manuel Barros da Silva, vence a la paraguaya. B. prepara nuevas tropas, los Voluntarios de la Patria y la Guardia Nacional, y en abril de 1866 invade Paraguay. Vence en Paso de la Patria y Tuiuti, mientras los argentinos son derrotados en Curupaiti. Caxias asume el mando y la reorganización de las fuerzas brasileñas, que menguaban en virtud de epidemias. Aunque en mayo de 1867 los brasileños son vencidos en Laguna, en agosto toman Humaitá, principal centro de resistencia paraguaya, y posteriormente vencen en Itororó, Ivaí, Lomas Valentinas y Angostura. El 5 en. 1869 los aliados ocupan la capital paraguaya. Sin embargo, Solano López, que no se había rendido, organizaba otro ejército en las Cordilleras, al este de Asunción. En agosto de 1869 se registran dos victorias decisivas del ejército brasileño en Peribebui y Campo Grande. Va al mando de las tropas el príncipe Gaston de Orleáns, conde de Eu, casado con D° Isabel, hija de Pedro 11. Finalmente, en Cerro Corá, el 1 mar. 1870, el caudillo es vencido y muerto durante la fuga, terminando la guerra de la Triple Alianza (v.). Dos años después se firma un tratado entre B. y Paraguay, delimitando también las respectivas fronteras.Apogeo y declive del Imperio. El segundo reinado representó para la nación un periodo de progreso político, económico y social. En 1881 se establece, por ley, la elección directa. En el terreno jurídico, se elabora el Código del proceso criminal y el C. de c. El café sustituye al azúcar como producto básico de la economía. Comienza la navegación a vapor, se construyen las primeras carreteras y vías de ferrocarril, se desarrolla la industria y se mejoran los puertos y ciudades. En este aspecto se destacó la acción del vizconde de Mauá, Irineu Evangelista de Souza. Culturalmente, el Emperador, aficionado a las artes y ciencias, incrementa considerablemente la enseñanza en todos sus grados y asegura el respeto a la libertad de pensamiento. La inmigración extranjera crece y se beneficia de una legislación especial; llega un gran número de españoles de las antiguas colonias americanas, así como franceses, ingleses y norteamericanos, generalmente agricultores. Los suizos fundan una colonia. Suecos y alemanes impulsan la industria siderúrgica naciente.Sin embargo, algunos problemas internos provocan el declive de este régimen. Uno de ellos fue el de la esclavitud. El desarrollo de la agricultura, en especial a principios del s. xix, fomentó la entrada masiva de negros esclavos en el país. Con la independencia política y la vigencia de las ideas liberales, ello planteó un serio problema difícil de resolver sin estremecer las estructuras económicas. La solución viene por etapas: en 1830, un decreto declara libres a los negras que entren en el país después de esa fecha; y aunque el tráfico continúe durante algunos años en forma de contrabando, cesa definitivamente por ley en 1850. La medida siguiente fue la aprobación de la llamada Ley del Vientre Libre, en 1871, que declara libres a los futuros hijos de los esclavos. Finalmente, el 13 mayo 1888, la princesa regente promulga la Ley Aurea, que extingue la esclavitud. Aunque la mayoría de los esclavos permanecieron en las haciendas recibiendo parcos sueldos a cambio de su trabajo, los comerciantes de esclavos y los grandes terratenientes quedaron insatisfechos.La cuestión religiosa constituyó otro problema. La religión oficial era la católica, apostólica y romana, pero proseguía en el país el régimen de patronato, heredado de Portugal. Los documentos papales necesitaban el beneplácito imperial; el Gobierno distribuía los cargos eclesiásticos de mayor importancia, y se encargaba de los salarios del clero. Todo esto provocó conflictos con el Vaticano, que se agravaron con la infiltración del espíritu masónico en varias hermandades religiosas. Tanto la Iglesia como el Estado se juzgaban con derecho a resolver los problemas que surgían entre sacerdotes y masones. En 1875, resultaban evidentes, los males del sistema de la unión entre la Iglesia y el Estado.Por otro lado, pequeños desacuerdos internos entre militares, sagazmente aprovechados por los republicanos, crearon un clima de desconfianza en relación al Gobierno: el problema militar. La guerra del Paraguay había colocado a los oficiales en contacto con el régimen republicano de los países rioplatenses. Las doctrinas positivistas se enseñaban libremente en la Escuela militar. La propaganda republicana se intensifica. Escudándose en el pretexto de la censura del Gobierno a un grupo de oficiales, el mariscal Deodoro da Fonseca derriba el régimen imperial mediante un golpe militar. Pedro II, pacífico y liberal, y además alejado del gobierno por deficiencias de salud, se resigna serenamente a ello, y el 15 nov. 1889 se proclama el nuevo régimen republicano federativo en B.La república. El Gobierno provisional, al mando del mariscal Deodoro da Fonseca, integró a los miembros más destacados de la revolución, que resultaron ser eminentes estadistas tales como Benjamin Constant Botelho de Magalháes, Rui Barbosa y Quintino Bocaiúva. El pueblo acepta complacido el nuevo régimen. El Emperador y su familia embarcan para Europa. Las provincias se transforman en Estados autónomos y el país recibe el nombre de Estados Unidos do Brasil. A la bandera nacional se le añade la divisa positivista de Orden e progresso. Se disuelven las Cámaras y el Senado pierde su carácter vitalicio; se proclama la libertad de culto y se concede ampliamente la nacionalidad brasileña a todo extranjero que no manifieste el deseo expreso de conservar la suya propia. La Asamblea constituyente, reunida el 15 nov. 1890, aprueba los actos del Gobierno provisional y elige presidente al propio Deodoro da Fonseca y vicepresidente a Floriano Peixoto.Las presidencias En 1891 se promulga la Constitución republicana, fundamentada en los principios más liberales de la ciencia política. Deodoro da Fonseca cae en desgracia: entra en choque con el Congreso y disuelve la Cámara y el Senado, exigiendo nuevas elecciones. Para evitar una probable guerra civil, renuncia en favor del mariscal Floriano Peixoto el 23 nov. 1891. Este hace frente con energía a dos revoluciones: la federalista, de Rio Grande do Sul, y la sublevación de la Armada, al mando de los almirantes Custodio de Melo y Saldanha da Gama. En 1894 asciende el primer presidente civil, Prudente José de Moraes Barros, cuya mayor tarea fue la de apaciguar las agitaciones heredadas del gobierno anterior. Durante su gestión se desarrolló la Campanha de Canudos, grupo de fanáticos mandados por António Mendes Maciel, llamado António Conselheiro, que se levantaron, en plena selva al NE de Bahía, contra las autoridaúes civiles y religiosas. El reducto fue destruido al cabo de seis meses de lucha. Manuel Ferraz de Campos Sales (18981902) dedica sus esfuerzos a la restauración financiera del país.Durante los cuatro años siguientes, Francisco de Paula Rodrigues Alves lleva a cabo grandes reformas urbanas en la capital, que trapsforman a Río de Janeiro en una de las más bellas ciudades del mundo. Durante ese gobierno, Osvaldo Cruz termina con la plaga de la fiebre amarilla. De 1906 a 1909 gobierna Alonso Moreira Pena, quien estimula la construcción de vías férreas y de puertos, incrementa la inmigración y la colonización, y reforma el Ejército y la Marina. A su muerte, completa el mandato el vicepresidente Nilo Peganha, que restaura el Ministerio de Agricultura, Industria y Comercio. El mariscal Hermes da Fonseca (191014) disputó la presidencia con Ruy Barbosa, eminente jurisconsulto y ex ministro de Hacienda, y, aunque en la opinión general este último haya sido el victorioso, Fonseca se vio investido del poder mediante el apoyo del ejército. Sofoca sediciones en la escuadra y en el batallón naval, y dirige la intervención federal en algunos Estados con el fin de extinguir las oligarquías dominantes. Desde el gobierno de Floriano Peixoto hasta el de Hermes da Fonseca, el barón de Rio Branco muestra sorprendentes dotes diplomáticas y de pacificación, representando a B. en la delicada cuestión del establecimiento de límites con los países vecinos.Venceslau Bras Pereira Gomes (191418) gobernó moderada y prudentemente en una época en que se dejan sentir las consecuencias económicofinancieras de la I Guerra mundial. B. se mantuvo neutral; la simpatía popular, no obstante, tiende hacia los aliados. En 1917, como consecuencia del torpedeamiento por los alemanes de un navío brasileño, B. rompe relaciones con el Imperio alemán y comienza a mandar víveres a los aliados, a patrullar las costas africanas del Atlántico y a participar con una misión médica. En 1918 Rodrigues Alves es elegido de nuevo presidente, pero, gravemente enfermo, muere antes de tomar posesión del cargo, y el vicepresidente Delfim Moreira gobierna interinamente hasta el año siguiente, cuando nuevas elecciones conducen al poder a Epitacio da Silva Pessoa. Durante este periodo, los Grandes Estados, Sáo Paulo y Minas Gerais, dirigen políticamente al país y consiguen las dos presidencias siguientes. Epitacio Pessoa tuvo que enfrentarse a rebeliones en Bahía y Mato Grosso y algunos levantamientos militares provocados por el problema de la sucesión presidencial. En 1920 se funda la primera universidad del país, la actual Univ. de B. Sel inician obras en el nordeste del país para proteger aquellos habitantes contra las sequías periódicas, y se renueva la capital. La presidencia de Artur da Silva Bernardes (192226) transcurre perturbada por las sediciones de Rio Grande do Sul (1923) y Sáo Paulo (1924). En estos años se forma la Columna Prestes, dirigida por el jefe comunista Luis Carlos Prestes. El presidente Washington Luis Pereira de Sóuza (192630) ocupa el poder sin competidores e inicia una reforma financiera, interrumpida por la crisis económica internacional de 1929. Se complican las cuestiones referentes a la sucesión presidencial. Las fuerzas políticas de Minas Gerais, Rio Grande do Sul y Paraíba, articuladas con las oposiciones de los demás Estados en la llamada alianza liberal, se rebelan contra la elección del candidato oficial, julio Prestes de Albuquerque. El 3 oct. 1930 estalla la más grave de las revoluciones brasileñas. Washington Luis es depuesto y sustituido por un triunvirato hasta la llegada del jefe revolucionario Getulio Vargas (v)., que instala un gobierno dictatorial.B. se presentaba como un gran cuadro rural, apoyado sobre una estructura colonial en que dominaban los terratenientes, aliados a grupos económicos externos. El desarrollo de la industria nacional, como consecuencia de la I Guerra mundial, intensifica la acción de la clase media y del proletariado, con la consiguiente intervención de estas fuerzas en los problemas socioeconómicos del país. La necesidad de sustitución de las viejas estructuras, unida al incremento de una verdadera conciencia nacional, provocaron la revolución brasileña de 1930.Getulio Dorneles Vargas gobierna provisionalmente hasta 1934, año en que se promulga la nueva Constitución. La Asamblea lo elige presidente constitucional hasta 1938. Poco antes de expirar el mandato, Vargas, con el pretexto de impedir la conquista del país por grupos totalitarios de derechas y de izquierdas, da un golpe de Estado el 10 nov. 1937, y, mediante una carta constitucional, se inicia el Estado Novo, época de grandes reformas sociales. La II Guerra mundial, en que B. participa al lado de los aliados, trajo la victoria del espíritu democrático, incompatible con el gobierno dictatorial de Vargas, lo que provoca su destitución el 29 oct. 1945. Se promulga una nueva Constitución. El voto directo lleva a la presidencia al general Eurico Gaspar Dutra (194651), que fomenta las prospecciones petrolíferas nacionales, la construcción de carreteras y la instalación de centrales hidroeléctricas. En 1951 vuelve al poder Getulio Vargas, por voto popular directo. Escándalos administrativos de todo tipo intensifican la acción de la oposición, que exige la dimisión del presidente. Éste, sin fuerzas para continuar, se suicida el 24 ag. 1954, y asume el cargo el vicepresidente Jodo Café Filho, que preside las nuevas elecciones. Se propaga que el candidato vencedor no asumiría el poder por no haber conquistado la mayoría absoluta de votos, y se forman dos corrientes de opinión. Café Filho, enfermo, pasa el cargo al presidente de la Cámara de diputados, Carlos Luz. Bste, al querer destituir al ministro de la Guerra, general Henrique Teixeira Lott, partidario de la toma de posesión del candidato, provoca un pronunciamiento del Congreso nacional, que declara impedido al presidente en ejercicio y al presidente legal, Café Filho.Nereu Ramos, vicepresidente del Senado, es nombrado jefe interino de la nación, el cual, finalmente, transmite el poder al vencedor de las elecciones constitucionales, Juscelino Kubitschek de Oliveira (v.), el 31 en. 1956. El nuevo presidente da gran impulso a la construcción de carreteras, a las actividades industriales, principalmente automovilísticas, y a obras hidroeléctricas. Su mayor obra es la construcción de la nueva capital del país, Brasilia, en la meseta central, Estado de Goiás, genial monumento de arquitectura vanguardista. Río de Janeiro, antigua capital, se transforma en el Estado de Guanabara. Tan gran desarrollo provoca la inflación y debilita al Gobierno. El 31 en. 1961 conquista la presidencia, por primera vez en la historia de B., un candidato de la oposición, Janio da Silva Quadros, con impresionante apoyo popular. Intenta contener la inflación, pero pronto entra en conflicto con el poder legislativo, en virtud de su personalismo político y administrativo. Actitudes extrañas en relación a la política exterior, aliadas a la sospecha de un eventual golpe de Estado, provocan un clima de desconfianza. Janio Quadros renuncia al cargo y se ausenta del país el 25 ag. 1961.Asume el puesto el presidente de la Cámara de diputados, Pascoal Ranieri Mazzilli, pues el vicepresidente del país se hallaba en el extranjero. El Congreso, mediante un Acta adicional a la Constitución de 1946, instaura el parlamentarismo, y el vicepresidente Jodo Belchior Marques Goulart, heredero político de Vargas, toma posesión el 7 sept. 1961. Aumenta el clima de inestabilidad política y social. Un plebiscito rechaza el régimen parlamentarista y se vuelve al presidencialismo. Son frecuentes los desórdenes públicos. La visible tendencia del Gobierno hacia las izquierdas provoca el repudio de la mayoría de la nación. En marzo de 1964, la actitud presidencial llega al punto de soliviantar los ánimos y la indisciplina en los cuarteles. Con la cooperación de los Gobiernos estatales de Sáo Paulo, Minas Gerais, Guanabara y Rio Grande do Sul, se inicia un movimiento revolucionario que termina venciendo el 1 abr. 1964, con la fuga del presidente al exterior. Pascoal Ranieri Mazzilli asume interinamente la presidencia, hasta que el alto mando revolucionario, integrado por los nuevos ministros de Guerra, Marina y Aeronáutica, promulga un Acta institucional, aprobado por el Congreso. El Congreso nacional elige para la presidencia al coordinador del movimiento, mariscal Humberto de Alencar Castello Branco, que toma posesión el 15 de abril, y al que sucede, a través de elecciones indirectas, Artur da Costa e Silva, el 15 mar. 1967. La preocupación constante de estos dos últimos gobiernos es la moralización administrativa y la estabilidad económica.País de dimensiones continentales, con un potencial económico fabuloso, con una población diversificada en busca de un destino nacional común y definitivo, B., país de futuro, como se le ha venido denominando, construye en este instante, aceleradamente, las sendas que han de transformarlo en el país del presente, a lo que aspiran las generaciones de hoy. Desde 1968, el país se denomina oficialmente República Federal del B.J. PARAVICH SARHAN.
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